Vengo a ofrecerles un pequeño relato sobre las sensaciones que posee Avicus cuando recuerda, o más bien cuando tararea canciones que inventó estando preso de la corteza del árbol.
Lestat de Lioncourt
En ocasiones puedo escuchar mi voz
alzarse entre las ramas de los árboles, cruzar los jardines,
bosques, valles y llegar a las colinas de las montañas donde se
despeñan en forma de lluvia. Mi dolor, la ira y los recuerdos
conjuran a mis espaldas la venganza más dulce y la más amarga. Me
convertí en lo que no debía, pero ya era tarde. Mis orígenes
quedaban borrados, pero la sangre que me habían ofrecido seguía muy
viva.
“In the forest of souls the garden of
winter are coming.
You are singing in the night with the
spirits
Dancing with the moon and the blood of
my knife.
Are you ready? Are you ready again?
The war is now”
La guerra contra la verdad, o más bien
contra sus carceleros. Me había convertido en un ave que cruzaba los
cielos nocturnos y no deseaba volver a sentir que era una jaula.
Aquellos árboles, los mismos que aún amo porque fui parte de ellos,
me transmiten bondad y rencor. Sé que ellos sienten, como puedo
sentir yo mismo, y que lloran aún mi cautiverio a pesar de tantos
siglos, tanto tiempo, mi partida y mi peculiar regreso cuando Zenobia
se marchó de mi lado.
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