Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 30 de diciembre de 2013

Celos y pasión

En escasos días sería fin de año y me encontraba inmerso en los decorativos. Cada detalle contaba, inclusive si era un detalle de última hora. Contaba con un séquito de mortales que preparaban todo para mí después de describir que deseaba con lujo de detalles. Siempre me agradó rodearme de seres frágiles y bellos como ellos, pues su belleza radicaba en su propia fragilidad. La muerte podía sobrevenir en cualquier momento y truncar sueños, esperanzas y proyectos. Sin duda alguna podías ver a través de ellos, en su alma y en sus seductores gestos, la vida recorriendo sus venas y alimentando sus sentimientos.

Sin embargo, a pesar de la ayuda de mi diverso equipo, decidí seguir la evolución gracias a sendos informes que pedí que enviaran a mi dirección de correo. Detestaba en realidad trabajar online, aunque era una ventaja, ya que me agradaba el trabajo hecho a mano con sudor y esfuerzo. Pero no iba a ponerme exquisito, además era una perdida de tiempo. Necesitaba rapidez para manejar la situación.

Entonces, cuando me hallaba prácticamente desnudo acomodado en mi cama, escuché sendos pasos por el pasillo. Rowan no se encontraba en la mansión. Ella necesitaba trabajar aquel día, así como los siguientes, en el hospital. Los casos de quemados, accidentes de tráfico o infartos se multiplicaban e incluso triplicaban en estas fechas. Tenía un propio refugio hecho a su medida en los almacenes inferiores, en una sección prohibida si no eras un Mayfair y cuyo código únicamente poseía ella. Allí descansaba quedando lejos de mí y mis cuidados. Hazel tenía ciertos cuidados e informaban a mi mujer de cualquier evolución o problema en la pequeña. Era una mujer abnegada en su trabajo, pero ahora que era madre se había transformado en una fiera que no permitía que nada ni nadie dañara una hija que suponía para ella, al igual que para mí, un milagro y cierta esperanza. No obstante los pasos eran de un ser fuerte y formidable, igual que ella, y los restantes inmortales habían decidido huir de la mansión hasta que la nueva decoración no surgiese. Muchos de ellos querían sus días en soledad y otros simplemente habían salido a cazar lejos de New Orleans, amparados por los numerosos accidentes que ocurrían en carreteras.

Las pisadas se volvieron más firmes hasta que se detuvieron justo tras la puerta, el pomo giró lentamente y cuando esta se abrió contemplé su figura. Rápidamente cerré el portátil dejándolo a un lado en la mesilla auxiliar que poseía mi habitación y procedí a cerrar la puerta, pues el sorpresivo invitado ni siquiera tuvo el decoro de cerrarla. Él vestía con un traje impecable, de sastre, color azul marino y una camisa aguamarina. Sus duras facciones agradecían aquella tonalidad, sobre todo porque sus ojos poseían esos mismos colores y danzaban entorno a mi figura.

-Memnoch, ¿qué haces aquí? Es mi habitación-respondí buscando mis pantalones, pues no deseaba estar en ropa interior frente a semejante sujeto- Dijiste que... -murmuré notando como su pesada mirada se aseveraba- Me aseguraste que no me visitarías en estas fiestas permitiéndome estar completamente libre de tu presencia.

-Tú no me das órdenes-dijo llevando su mano derecha al gemelo de la manga izquierda, acomodándolo, mientras me miraba de soslayo de forma indiferente.

-¡Te recuerdo que me aseguraste que así sería!-espeté apretando los puños sintiéndome engañado y comprometido. Él en mi habitación sin duda era la prueba irrefutable que algo había aún entre ambos. No me gustaba siquiera pensar que Rowan pudiese olfatear su pegajosa, aunque agradable, colonia y ni mucho menos ese toque a madera quemada que en ocasiones le acompañaba.

-Sueñas-sonrió llevando sus manos tras su espalda mientras sus cabellos caían ligeramente sobre su rostro, dejando que su melena cobrara cierta vida a pesar de estar perfectamente peinada.

-¡En absoluto fue un sueño! ¡Me lo aseguraste!-grité golpeando el aire y señalándole de paso-¡Tú! ¡Demonio!

-¿Por qué tan nervioso?-susurró riendo socarronamente mientras se aproximaba a mí. Sus pasos eran cortos, elegantes y sonaban suavemente sobre la madera del piso. Tenía unos elegantes mocasines que sin duda había imitado a la perfección a unos que yo mismo poseía. Todo él era un ramillete de virtudes y belleza, por supuesto si olvidábamos que era el mismísimo anticristo revoloteando por la habitación cual incauto mortal intentando seducirme- ¿Temes volver a gritar como una puta?-aquello me molestó enormemente, sobre todo porque me había tomado del mentón y alzado ligeramente mi rostro hacia él-Putita.

-Largo-siseé empujándolo cargado de rabia.

-Me excita sentirte tan airado ¿vas a golpearme?-se carcajeó y terminó acorralándome en uno de los rincones de la habitación.

-Si eso hiciese que te fueras sí, lo haría encantado. Pero sé que no lograría nada y no estoy seguro si me permitieras ese lujo-arrugué la nariz intentando poner una barrera entre ambos con mis brazos, pero eran débiles en comparación con su fuerza y también porque sabía que podía salir perdiendo.

Noté entonces su aliento cerca de mis labios y sus imponentes ojos provocando que dejara de forcejear, llevando mis brazos a quedar sobre sus hombros mientras sus manos tiraban del elástico de mi ropa interior, deslizándola hacia abajo y provocando que quedaran en los tobillos. Mis labios buscaron los suyos, pero me negó algo que al menos no me dañaría en absoluto. Un beso no era más que el símbolo de la pasión, si bien él me estaba castigando por mi reacción.

-Eres una perra casquivana que no permite que te domestique. Al parecer olvidas rápido las lecciones y quizás deba dejar huella en ti en un lugar como este, con tu cama donde yaces cada noche con tu mujer y donde rezuma tu felicidad plástica- su pesada figura me aplastaba contra la pared, provocando que sintiera el papel pintado que Rowan había elegido, mientras sus fuertes manos me agarraban de las muñecas para hacerme girar.

Sentí entonces el cierre de su pantalón en mis nalgas, así como el bulto que estaba generándose detrás de la bragueta. Quise contener un jadeo pero fue imposible. Reaccionaba como una puta barata que ya conoce bien su oficio. Rápidamente tiró de mis brazos, echándolos hacia atrás pegándolo a la espalda, mientras su mano diestra abría mis piernas e introducía uno de sus largos dedos. Aquel dedo índice se hundía buscando mi próstata mientras su aliento caía sobre mi espalda.

-Basta...-murmuré jadeando con los ojos cerrados y los labios abiertos dejando escapar largos gemidos.

-¿Por qué debería hacerlo?-preguntó con voz dominante-Eres una mascota así que atiende a tu amo.

-No, no...-gemí agachando mi cabeza y permitiendo que mis cabellos rubios taparan mi rostro arrobado, perlado por el sudor ya que empecé a sentir un fuego interno abrasador y permitiendo de ese modo tapar la vergüenza.

Introdujo entonces dentro de mi recto un segundo dedo provocando que mis piernas temblaran. Mis rodillas se aflojaban mientras mis brazos se retorcían. Quería girarme y ver su rostro, aunque fuera el de un monstruoso ser que me torturaba y hundía en los infiernos sin salir de mi propia habitación, porque deseaba desesperadamente que me besara. Mis labios boqueaban aunque no precisaba de aire cuando mis rodillas cedieron provocando que me cayera de bruces.

-Mira nada más como te enloquecen mis dedos, Lestat-murmuró con un tono aún más masculino que me hizo que gimiera. Miré por encima del hombro viéndolo a él, con su rostro masculino y aquellos ojos encendidos que me derretían apagando la llama del odio.

-Mi amo...-logré decir con la voz quebrada para recibir como respuesta un tercer dedo y una fuerte carcajada.

-Sí, tu amo-soltó mis brazos para agarrarme por la cintura, no sin antes arañarme los costados y darme una buena nalgada.

Mis caderas se movían serpenteando mientras notaba como el líquido preseminal goteaba. Estaba llegando al orgasmo con sólo su trato brusco, su aliento y unos dedos que me hacían llegar al mismo centro del edén, justo bajo el manzano y saboreando la fruta fresca en mis labios. Sin embargo, lo único que saboreé fue un fuerte orgasmo nada más sentir un fuerte mordisco en mi cuello que me hizo caer por completo al suelo. Manché la madera y salpiqué el papel pintado, así como provoqué que su mano saliera de mí. No quería su mano fuera de mi orificio y protesté como un animal salvaje.

-Tranquila putita. Tu amo te dará todo el placer que desees, pero debes tener paciencia-masculló alejándose de mí para desnudarse.

Empezó a quitarse primero los gemelos, dejándolos sobre la cómoda, para luego desanudar su corbata y desabrochar su chaqueta. Yo me recosté en el suelo con las piernas inutilizadas, pues temblaba demasiado como para poder moverme. Había tenido un delicioso orgasmo sin siquiera tocar mi miembro. En aquel momento no existía Rowan y creo que ni siquiera existía yo. Sólo existía él, sus caricias y el placer que me regalaba.

-Lame todo lo que has manchado ¿a caso pretendes que yo lo limpie?-dijo clavando su mirada en mí.

Con dificultad me giré para poder empezar a lamer la madera. Cada mancha la fui tragando y saboreando aquellos espesos fluidos, mientras él se desvestía quedando desnudo con su miembro erecto augurándome una noche llena de dolor y a la vez de una intensa lujuria. Se aproximó de nuevo a mí tomándome del mentón, deslizando dos de los dedos de su otra mano contra mis mejillas y rió al comprobar que estaba perdido. Él había ganado. No podía resistirme a su trato o el timbre de su voz.

-Tantos años de lucha, Lestat... tantos...-susurró dejando su rostro próximo al mío-Tantos años que no te han servido.

Me tomó entonces del brazo y me incorporó del suelo para hacerme volar hasta la cama. Aquel movimiento brusco y salvaje era masculino, firme y cruel. Reboté en la cama y el cabezal se quejó golpeando la pared. Después su imponente figura cayó sobre la mía mientras extendían sus alas. Antes me aterraban, pero en ese momento deseaba que me arrancara el corazón para dejar de sentir el deseo que me generaba. Entonces, cuando se disponía a ofrecerme lo que parecía un beso, la puerta se abrió de un sólo golpe. Ninguno de los dos habíamos sentido la presencia de Nicolas, el cual se apareció con los ojos encendidos en ira y celos, pues estábamos demasiado ocupados jugando a la presa y la fiera.

-¡Hijo de puta! ¡Bastardo!-gritó acercándose a ambos, empujando al asombrado Memnoch para comenzar a golpearme como si su vida dependiera de ello- ¡Cómo te atreves! ¡Cómo! ¡Me destrozaste la vida! ¡Me rompiste la vida! ¡La convertiste en miserable! ¡Ahora que he regresado me quieres arrebatar lo único que me importa! ¡Púdrete!-no podía apartar sus manos de mí, tan fieras y con unas garras similares a las de un águila. Nicolas la enterraba en mis hombros y me golpeaba con una furia similar a la de un Titán.

-¡Detén tu ataque!-gritó agarrándolo de los hombros y sin sus alas, transformado en un hombre común de una belleza impresionante, para que éste se apartara.

-¡No!-dijo furioso y la respuesta que tuvo fue una bofetada.

-No has aprendido nada en absoluto, me decepcionas-dijo en tono herido, aunque sin dejar ese aire de poder que le envolvía.

Rápidamente pude observar como la ropa de Nicolas volaba hecha jirones por la habitación, cayeron algunos trozos de tela sobre la cama y otros sobre mi propio cuerpo. Además, también sobre las alfombras y suelo. Me quedé aturdido en la cama pues al contemplar su cuerpo recordé aquella primera vez, además de las siguientes noches en la taberna y posteriormente en París. Aquel cuerpo delgado y marcado por los trabajos físicos que a veces tenía que desempeñar, pero suavemente definido.

Me aproximé a él colocando una mano sobre el torso desnudo de Memnoch. El diablo iba a ejercer su castigo más cruel, quizás arrancarle el corazón, pero yo no lo permitiría. A pesar de todo aún tenía ciertos sentimientos hacia Nicolas, los cuales solía guardar en el más profundo silencio y lo encadenaba a la añoranza castigándome por no haber permanecido a su lado, protegido su mente y aguardado mejor momento antes de conferirle el inmortal lazo de mi sangre.

El diablo quedó en silencio, observando pensativo la escena. Parecía un ángel con el cabello enmarañado y el rostro perlado por las gotas de sudor. Quizás era un ángel que llevaba una invisible corona de espinas y que se apiadaba de aquel desgraciado ser que se retorcía esperando su final. Sin embargo, no era más que un viejo amante con los ojos llenos de lágrimas al tener frente a frente al hombre que logró arrancarle de su gris final en Auvernia y le confirió una luz mágica llena de esperanza.

Me incliné aún más acercando mi boca a la suya, para rozarla en un beso de perdón, y él no lo negó. Sus manos fueron a mi rostro mientras las lágrimas brotaban de sus ojos tan cristalinas, cálidas y hermosas como las de aquella primera vez. Dios se había apiadado de mí devolviéndolo, eso pensé, aunque en realidad fue obra del demonio que en cierta medida se sintió molesto. Los celos de Memnoch crecieron cuando comprobó que ambos nos besábamos como lujuriosos amantes mientras él me abrazaba.

-Perdóname-dije cuando pude apartarme.

-Nunca-replicó apartándose para refugiarse en el nuevo ser al cual veía como su salvador, nuevo amor y futuro. Se refugió en su propio verdugo y lo miró como jamás me había mirado a mí- Perdóname-balbuceó.

-¿Qué debo perdonarte? ¿Tu escena de celos o que te beses como una ramera frente a mí?-el rostro de Nicolas se ocultó en el torso de Memnoch mientras sollozaba.

Durante aproximadamente un minuto los tres permanecimos en silencio. Admito que fue doloroso guardar las palabras que brotaban de mi mente y deseaban con desesperación poder ser dichas, sobre todo cuando Memnoch lo arrojó a la cama e introdujo en él su dedo índice y corazón. Su mano izquierda, la cual estaba libre, me aproximó a él y me abrió las piernas para realizar la misma acción.

-Os ofrezco un trato-dijo con una sonrisa cruel que me preocupó y perturbó, aunque comencé a sumirme en el placer de sentir aquellos dedos que me guiaban al nirvana. O bueno, eso que llamaban nirvana algunos hipócritas cuando siempre fue el placer más intenso y bajo. Pues así muchos jóvenes llamaban a los orgasmos y la droga. Según ellos era nirvana de sensaciones- Un trato que no rechazaréis. Lestat ¿deseas probar las maravillas de Nicolas? Ha aprendido mucho en compañía y puede ofrecerte placeres que nunca hallarás en esa bruja que tanto amas. Es una auténtica puta, como esas que te gustaba visitar hace algunos años.

Nicolas gemía y comenzaba a sudar. Sus pezones estaban duros y podía ver como contraía su vientre mientras su miembro se endurecía. No pude negarme y comencé a besarlo. Él sólo aceptaba los besos porque así quería el diablo, aunque quiero creer que también añoraba el sabor de mi boca. Memnoch alejó sus dedos y yo me introduje en él, pues mi miembro había alcanzado cierta erección.

Entrar en él fue descubrirme a mí mismo con escasos veintiún años, en una pensión mugrienta y sobre unas sábanas usadas. Nicolas me acariciaba el rostro y lo cubría con sutiles besos, pero en ese momento, lejos de mis ensoñaciones, él tan sólo me miraba con sus labios abiertos y sus caderas moviéndose de una forma extremadamente erótica. Sin embargo, no fue el único que participó en ese momento y pude notar como el miembro del demonio entraba en mí. Los tobillos de Nicolas acariciaban mis costados, clavándose en ellos, mientras las manos de Memnoch pellizcaban mis pezones.

Nos movíamos suavemente, pero de un momento a otro terminamos desenfrenados. Podía sentir un placer insaciable pero pleno. El trasero de Nicolas seguía siendo redondeado, suave y estrecho. Sus manos buscaban poder tocar al diablo, unas manos que Armand amputó en su momento. Aquel pobre infeliz había hallado de nuevo la luz en otros infiernos, unos peores que los míos. Si soy sincero sentí celos.

-Te amo-escuché decir al violinista del diablo a su auténtico amor, aquel que no era yo- Amo, te amo. Te amo- lo decía de una forma tan sincera y entregada que me provocó moverme más rápido arrancándole unos gemidos profundos y desesperados.

Memnoch rió ante mi reacción, pues para él era profundamente divertido. Aunque podía sentir que le desagradaba que ambos nos tocáramos en exceso porque ambos éramos suyos, sus juguetes o mascotas. Finalmente Nicolas llegó al final, lo cual provocó que yo también lo hiciera al sentirme deliciosamente apretado entre las paredes de su entrada. El diablo se apartó arrojándonos a ambos al suelo y nos ofreció su miembro, el cual ya estaba manchado, y parecía querer estallar en nuestras bocas.

-Vais a compartirme mis queridas perras-agarró a Nicolas por el pelo recogiéndoselo, para luego introducir su miembro y moverse de forma violenta.

Con la mano que tenía libre me agarró de la nuca y me hizo posicionarme cerca de sus testículos. No tuvo que decir nada, pues ya intuí que quería que los chupara. Ambos nos comportábamos como auténticas putas parisinas y él parecía completamente seducido por la idea. Sin embargo, cuando menos lo esperaba echó su cabeza hacia atrás y llenó la boca de esperma a Nicolas.

-No lo tragues y comparte, he dicho-dijo tomándonos a ambos del pelo para ponernos frente a frente.

Besé entonces a mi antiguo amante y él lo hizo conmigo, pero justo cuando nos emocionábamos compartiendo la esencia del demonio este nos apartó y volvió a ofrecernos su sexo. Esta vez quería que lo limpiáramos antes de desaparecer.


Nicolas me miró confuso y después me ofreció su peor mirada. Me observó como si fuera insignificante y que aquella tregua no duraría. Efectivamente, nada más poder incorporarse del suelo, ya que le temblaban las piernas, me abofeteó y pateó antes de marcharse jurando venganza. Yo quedé en el suelo recordando cada momento y aceptando aquellos golpes, pues me sentía culpable por toda la serie de desgracias que él había padecido.  

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Lestat de Lioncourt