Arjun quiere compartir con ustedes este texto, un relato común de su vida con Pandora como su compañero y amigo, y un poema. Arjun ama a Pandora e intenta cuidarla como si fuera un jardín, o más bien un pequeño tesoro. Para este vampiro su creadora es sin duda el símbolo de la belleza y la pasión.
Lestat de Lioncourt
Jardín del Edén
La contemplaba desde el otro extremo
del sofá. Allí arrojada debido al cansancio, con la calefacción
encendida en aquel pequeño hotel, y con el cuerpo levemente encogido
como si fuera una niña que deseaba reencontrarse con la ilusión
perdida. Su sonrisa estaba dibujada, o más bien pintada con
perfectas pinceladas, en una boca seductora que parecía inocente en
aquellos momentos. Sus largas pestañas parecían un hilo de
perfectas hormigas que recorrían el paraíso. Tan hermosa, de piel
de porcelana o arena del oasis de la esperanza. Cálida pese al frío,
tan cálida. Sus mejillas tenían cierto rubor y sus manos parecían
estar cubiertas por seda.
La había tumbado él, o más bien
obligado a tumbarse. Habían viajado durante días y se sentía
realmente agotada, sin embargo parecía querer conversar. Él se
había negado mientras le quitaba las botas y calcetines, masajeaba
sus pies y le sonreía. Ella lo sabía. Él no estaba dispuesto a ver
fatiga alguna en ella. Decidió relajarse hasta que el sueño pareció
dominarla. Faltaba aún una hora para el amanecer, sin embargo él
estaba allí con ella recostada como una hermosa flor en medio de un
mundo cruel y extraño. Susurró entonces en un leve canto una
canción que había escrito hacía años, a escondidas de todo y
únicamente por fascinación ante las imágenes que se formaban en su
mente.
Y en los jardines del edén
yace la fruta prohibida
vestida de seda y oro.
¡Mírala! ¡Está dormida!
El pecado rozó su mejilla,
besó sus ojos y tocó su alma
pero ella siguió intacta
en un paraíso en calma.
Eres la flor escondida
para que nadie te mire
ni pueda robar tu inocencia
que aún en ti vive.
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