Bonsoir
¿Recuerdan como Armand caza? ¿Han olvidado quizás como era y como es a veces? Detesta a los vampiros jóvenes y a los idiotas. Él siempre lo ha demostrado cuando ha conversado sobre sus instintos de caza y su diversión a la hora de exterminar a todos. Aquí un ejemplo.
Lestat de Lioncourt
Se hallaba sentado en uno de los
grandes salones, en soledad y a altas horas de la madrugada. Tenía
la televisión prendida y el murmullo del canal de noticias era como
una nana agradable que lo adormecía. Sus ojos cansados no tardarían
en cerrarse, quizás mucho antes de lo esperado. Posiblemente
acabaría siendo tomado entre los brazos por alguno de los sirvientes
de la mansión, llevado hasta su alcoba y arropado como si fuera un
niño.
Había estado casi toda la noche fuera.
Desde que llegó el atardecer y él decidió bajar de la cama, tomar
una ducha rápida y vestirse con prendas simples y abrigadas. Una
camisa blanca de algodón y botones de nácar, unos pantalones
tejanos de color negro, botas negras de cordones y un chaquetón de
plumas negro. Antes de salir de la vivienda tomó la bufanda azul
turquesa y la echó entorno a su cuello, al igual que el gorro de
lana del mismo color. Algunos mechones rojos salían del borde del
gorro y le daban un aspecto infantil. Su escasa estatura, que ni
siquiera le hacía merecedor del metro sesenta y cinco, le hacían
ser observado con cierta curiosidad por adultos que se tropezaban con
él.
Estaba más que decidido a terminar un
asunto. Sus pisadas eran firmes y sus ojos flameaban con el rencor y
odio. En sus labios asomaba una sonrisa traviesa que aumentó cuando
llegó al parque donde aquellos estúpidos se reunían. Eran un grupo
reducido pero solían decir que eran los reyes del mundo, asumían la
actitud de vampiros de leyenda como él y ensuciaban su nombre con
frases llenas de errores ortográficos, sucias blasfemias y un sinfín
de tontos prejuicios.
-Buenas noches-dijo con un tono
infantil mientras guardaba sus blancas manos en sus pantalones-
Hermosa velada ¿no es así?
-Sí, ¿te unes? Somos vampiros-comentó
la más estúpida de todas, por no decir la más fea. Tenía una
nariz ancha, con las fosas nasales similares a las del ganado, y unos
ojos llenos de envidia por la delicada belleza de Armand.
-Por supuesto-sonrió mientras ellos lo
rodeaban provocándole náuseas.
-¿Realmente sois vampiros?-preguntó
ocultando sus puntiagudos colmillos.
-Sí, muy peligrosos. Somos los
vampiros de las crónicas-dijo una de ellas tendiéndole el libro del
estúpido de Lestat- Yo soy este vampiro y aunque vivo muy lejos
suelo venir hasta aquí, para poder codearme con mis hermanos y
hermanas.
-Aja, vaya-dijo encogiéndose de
hombros- Has cambiado mucho desde que te levantaste del suelo de
aquella capilla. Dime Lestat ¿cómo es que no recuerdas a tu viejo
amigo?
-¿Eres Armand? ¡No digas
tonterías!-se echó a reír hasta que el brillo de los ojos de
Armand le asustaron.
Quisieron huir todos, pero él se movía
demasiado rápido rompiéndoles la columna, atravesando sus ropas con
furia, clavando sus dientes y sacando inclusive el corazón de una de
las mujeres. La sangre salpicaba sus prendas, pero eso no le
importaba. Igual que no le interesaba saber si encontraban antes o
después los cadáveres. Él se marchó de allí y recorrió toda la
ciudad disfrutando el momento.
Había algo que detestaba más que un
vampiro joven y estúpido y eran los humanos estúpidos con ideas
preconcebidas. Armand era cruel, sobre todo si se burlaban de él.
Era como si aquel muñeco delicado se transformara en un grotesco ser
sediento de sangre y venganza. Aunque realmente siempre estaba
sediento a pesar de sus siglos, pues era un momento en el cual su
alma se sentía en consonancia con los pecados de aquellos a los
cuales les arrebataba la vida.
En la televisión hablaba de los
brutales asesinatos de unos jóvenes en un parque. Sus familias
estaban rotas, pero él pensaba que tarde o temprano le darían las
gracias. Según él había poco espacio, recursos y oxígenos para
permitir que idiotas formaran parte del planeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario