Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 1 de diciembre de 2013

Seremos BFF

Bonsoir

¿Recuerdan como Armand caza? ¿Han olvidado quizás como era y como es a veces? Detesta a los vampiros jóvenes y a los idiotas. Él siempre lo ha demostrado cuando ha conversado sobre sus instintos de caza y su diversión a la hora de exterminar a todos. Aquí un ejemplo.

Lestat de Lioncourt 

Se hallaba sentado en uno de los grandes salones, en soledad y a altas horas de la madrugada. Tenía la televisión prendida y el murmullo del canal de noticias era como una nana agradable que lo adormecía. Sus ojos cansados no tardarían en cerrarse, quizás mucho antes de lo esperado. Posiblemente acabaría siendo tomado entre los brazos por alguno de los sirvientes de la mansión, llevado hasta su alcoba y arropado como si fuera un niño.

Había estado casi toda la noche fuera. Desde que llegó el atardecer y él decidió bajar de la cama, tomar una ducha rápida y vestirse con prendas simples y abrigadas. Una camisa blanca de algodón y botones de nácar, unos pantalones tejanos de color negro, botas negras de cordones y un chaquetón de plumas negro. Antes de salir de la vivienda tomó la bufanda azul turquesa y la echó entorno a su cuello, al igual que el gorro de lana del mismo color. Algunos mechones rojos salían del borde del gorro y le daban un aspecto infantil. Su escasa estatura, que ni siquiera le hacía merecedor del metro sesenta y cinco, le hacían ser observado con cierta curiosidad por adultos que se tropezaban con él.

Estaba más que decidido a terminar un asunto. Sus pisadas eran firmes y sus ojos flameaban con el rencor y odio. En sus labios asomaba una sonrisa traviesa que aumentó cuando llegó al parque donde aquellos estúpidos se reunían. Eran un grupo reducido pero solían decir que eran los reyes del mundo, asumían la actitud de vampiros de leyenda como él y ensuciaban su nombre con frases llenas de errores ortográficos, sucias blasfemias y un sinfín de tontos prejuicios.

-Buenas noches-dijo con un tono infantil mientras guardaba sus blancas manos en sus pantalones- Hermosa velada ¿no es así?

-Sí, ¿te unes? Somos vampiros-comentó la más estúpida de todas, por no decir la más fea. Tenía una nariz ancha, con las fosas nasales similares a las del ganado, y unos ojos llenos de envidia por la delicada belleza de Armand.

-Por supuesto-sonrió mientras ellos lo rodeaban provocándole náuseas.

-¿Realmente sois vampiros?-preguntó ocultando sus puntiagudos colmillos.

-Sí, muy peligrosos. Somos los vampiros de las crónicas-dijo una de ellas tendiéndole el libro del estúpido de Lestat- Yo soy este vampiro y aunque vivo muy lejos suelo venir hasta aquí, para poder codearme con mis hermanos y hermanas.

-Aja, vaya-dijo encogiéndose de hombros- Has cambiado mucho desde que te levantaste del suelo de aquella capilla. Dime Lestat ¿cómo es que no recuerdas a tu viejo amigo?

-¿Eres Armand? ¡No digas tonterías!-se echó a reír hasta que el brillo de los ojos de Armand le asustaron.

Quisieron huir todos, pero él se movía demasiado rápido rompiéndoles la columna, atravesando sus ropas con furia, clavando sus dientes y sacando inclusive el corazón de una de las mujeres. La sangre salpicaba sus prendas, pero eso no le importaba. Igual que no le interesaba saber si encontraban antes o después los cadáveres. Él se marchó de allí y recorrió toda la ciudad disfrutando el momento.

Había algo que detestaba más que un vampiro joven y estúpido y eran los humanos estúpidos con ideas preconcebidas. Armand era cruel, sobre todo si se burlaban de él. Era como si aquel muñeco delicado se transformara en un grotesco ser sediento de sangre y venganza. Aunque realmente siempre estaba sediento a pesar de sus siglos, pues era un momento en el cual su alma se sentía en consonancia con los pecados de aquellos a los cuales les arrebataba la vida.


En la televisión hablaba de los brutales asesinatos de unos jóvenes en un parque. Sus familias estaban rotas, pero él pensaba que tarde o temprano le darían las gracias. Según él había poco espacio, recursos y oxígenos para permitir que idiotas formaran parte del planeta.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt