Otro texto sin más. Soy algo torpe, aunque no llego a este punto (o eso quiero pensar), así que lo he reflejado un poco en este texto.
Lestat de Lioncourt
—Si te digo la verdad es difícil no amarte o no desearte. Me
muestro siempre como un estúpido ante ti porque a veces no sé cómo responder a
cada una de tus preguntas. Algo en mí estalla como una bomba de racimo
provocando que mis fuertes muros, esos que creía indestructibles, se conviertan
en papel mojado. Creo que me he convertido en un ilusionista que simplemente
intenta hacer el mejor truco, el más impactante de todos los tiempos, y acabo
sacando el típico conejo de una chistera que incluso termina mordiendo su
mano—estaba frente a él con las manos metidas en los bolsillos y tiritando por
el frío.
Fuera estaba diluviando. Creo que era el peor día de todo el
invierno y sin embargo ahí estaba. Se había dedicado a caminar bajo la intensa
lluvia que lo había calado de pies a cabeza. Ni siquiera las gruesas botas de
cuero habían impedido que se mojaran sus pies. Recorrió media ciudad en plena huelga
de autobuses para verlo. Si eso no era amor, ¿qué era entonces? Pudo haberle
enviado un mensaje de audio, un mail o simplemente insistido por alguna red
social esperando que cayera en sus encantos. Pero era demasiado tradicional en
ese aspecto, como en otros tantos, y había acabado caminando hasta llegar al
feo edificio de color gris azulado donde él vivía.
—¿No vas a decir nada?—preguntó.
—¿Y qué quieres que diga?—dijo apoyado en la puerta—. Eres
un idiota.
—¿Vengo hasta aquí para escuchar sólo eso? ¿Ni siquiera me
vas a decir por qué soy un idiota?—arrugó la frente y torció el gesto. No esperaba
un beso, ni un abrazo, tampoco que le correspondieran, pero al menos quería que
le dijeran cara a cara que estaba cometiendo la mayor de las locuras. Aunque si
no se cometían locuras por amor, ¿por qué se iban a cometer? ¿Por odio? Por
odio no tenía razón de ser. Las locuras debían ser siempre por algo especial y
no por algo terrible.
—Ya te he dejado clara mi postura muchas veces, pero no
escuchas—susurró.
—Comprendo—dijo dando media vuelta—. Será mejor que me
largue antes de seguir haciendo el idiota.
Entonces él lo tomó del rostro y lo besó. Besó esos labios
carnosos que tanto deseaba. Al fin lo tenía comiendo de su mano. Tantas veces
deseó hacerlo que se estaba muriendo por dentro y verlo allí, calado hasta los
huesos, provocó que se conmoviera. Sí, era idiota y absurdo, pero era sin duda
alguna el idiota que necesitaba en su vida para darle algo de color.
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