En unas semanas es el cumpleaños de mi pareja... Llevo semanas con esto en la cabeza y si no lo escribo se va a perder en las arenas del tiempo. A lo que vamos... Es un texto que he hecho para él porque sé que este mito le gusta y espero que le agrade que le haya incorporado este tema. Pues nada.. saludos a todos y buenas noches.
Estaba sentado frente a aquel
gran tanque con una copa de champán en la mano y la corbata desatada. Observaba
las aguas cristalinas mostrando aquellos elegantes peces de colores de agua
salada, las sinuosas algas y los hermosos corales que formaban un paraíso de
colores que maravillaría a cualquiera. Disfrutaba del espectáculo esperando que
el agua se tiñera de granate.
Una mano con un hermoso anillo de
bodas de oro blanco caía hasta el suelo cubierto de guijarros de colores. Trozos
de tela comenzaban a flotar cerca de la parte superior del acuario. Las aguas se
agitaban y comenzaban a ser tan rojas como las llamas del infierno. Los restos
humanos se unían al fondo, junto a la mano enjoyada, mientras aquella enorme
cola asomaba como si fuera la aleta de un tiburón. Sus escamas cambiaban de
tonalidad, entre el azul más profundo y el púrpura más llamativo, dependiendo
de la incidencia de la luz.
Aquel honorable empresario de
éxito, debido al sudor de su frente y a su soberbia inteligencia, encendió los
motores de limpieza de su acuario privado. La habitación entera era una hermosa
caja de cristal que mostraba las maravillas del océano. Y una de esas
maravillas era peligrosa. En mitad de aquella vorágine de restos óseos, carne
mal masticada, diversos tejidos y documentación caída de una cartera apareció
el dulce rostro de un muchacho. Sus ojos eran fríos y frívolos, pero sus labios
carnosos parecían moverse con una sonrisa peligrosa debido a sus dientes
serrados. Era un tritón. Un ser que no debía existir pero que nadaba moviéndose
como un delfín en aquel mundo artificial. Sus largos cabellos dorados parecían expandirse
como rayos de sol en mitad de la profunda oscuridad de la habitación. Sólo la
luz del tanque iluminaba ligeramente ese macabro ritual de alimentación.
Desde que era niño, Peter W.
Stuart, estuvo fascinado por la mitología de los sirénidos hasta el punto que todo
el mundo pensaba que estaba loco. Sin embargo sus sueños infantiles cobraron
forma gracias a la tecnología aplicada a la ciencia genética. Mezclando genética
de diversos animales, entre ellos el hombre, logró crear un feto que se
convertiría con el paso de los años en un muchachito de torso poco definido y
belleza angelical. Invirtió parte de su fortuna ganada con esfuerzo en la industria
farmacológica y diversas empresas de tecnología. Lo hizo sólo para contemplar
con sus propios ojos a un tritón.
Sus cabellos canosos caían sobre
su frente limpia de arrugas. Parecía mucho más joven de lo que era, pero aquel
caballero podía tener casi los sesenta años. Sesenta años de los cuales más de
la mitad había anhelando tener aquel monstruo frente a él. Durante décadas lo
cuidó en un pequeño tanque, lo alimentó ofreciéndole pequeños trozos de carne,
y ahora podía, al fin, contemplarlo en aquel espectacular acuario. Había malgastado
toda su vida por una fantasía que amaba mucho más que a su mujer y sus hijos. Estaba
allí contemplando el espectáculo frívolo de la muerte de uno de sus oficinistas
a manos de un ser que nunca sentiría nada por él. Un ser que en cualquier
momento podría atacarlo y convertirlo en su segundo plato.
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