Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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miércoles, 9 de julio de 2014

Todo por ella

Durante años la quietud parecía haberse apoderado de New Orelans, pero en cuestión de meses había sido arrasada por situaciones trágicas y especiales. David Talbot, amigo mío, seguía ofreciéndose como parapsicólogo experto, pero aún así aquello que nos perseguía jamás fue parte de éste mundo. Memnoch había secuestrado la calma y arrojado parte de su territorio sobre las calles de la ciudad. Por supuesto, ésta revolución tenía un coste en todos y cada uno, pero había beneficiados. La familia Mayfair volvía a destacar como hacía décadas que no brillaba. Desde Stella no se había escuchado con tanta fuerza el apellido por las calles más lujosas. First Street era un hervidero de curiosos deseando de ir a las fastuosas cenas que se realizaba en los locales de la familia, donde amigos y personas de interés se codeaban con nuevos miembros que hacía mucho estaban enterrados. Los humanos, a veces tan simples, creían que el nuevo Julien Mayfair sólo era un descendiente que había estado oculto públicamente y que en estos momentos, debido a la coyuntura creada porque Mona no daba hijos, había tomado los negocios para dejar una nueva heredera. El hospital se llenaba cada noche, los pacientes habían escuchado de milagros dentro de los muros de aquel lugar, y Rowan se sentía agotada, frustrada y encadenada a un proyecto que antes era su tabla de salvación. Por mi parte, me sentía aturdido y temeroso.

Había decidido acudir a una llamada de teléfono realizada por Michael Curry. David me había advertido que ocurriría. Hacía tan sólo dos noches que él y David habían tenido una conversación algo acalorada, pero no entró en demasiados detalles. Me confesó que tan sólo tendría que ser fuerte y prestar mi disponibilidad a Rowan, e incluso a Michael, si hacía falta. Aquello me dejó con ciertas dudas, pero conociendo el designio que estaban llevando los cauces de la vida, social y económica de los Mayfair, supuse que tendría que ver con Lasher, Morrigan, Ashlar y con todos los Taltos en sí. Si había algo que le causara pánico a Rowan era Lasher, o más bien su recuerdo. También sabía, y muy bien, que Lasher era una marioneta perfecta cuando Julien tenía dominio sobre sus instintos.

Recordé que amar era sacrificar tu felicidad, así como tu propia libertad, cuando la persona amada caía frente a ti en medio de un terrible dolor. Pues, no se puede ser feliz ni libre viendo algo así. Yo sacrificaría la paz de mi vida, esa que me permitía narrar mis aventuras como un anciano, rememorando los buenos momentos, en el confortable hogar que tenía en French Quarter o en las afueras, muy cerca de Blackwood Manor.

Como he dicho acudí a First Street. Dejé atrás mi traje más formal y decidí vestir como cualquier muchacho. Llevaba una camiseta de un grupo de rock, en concreto de los Rolling Stones, sin mangas y unos pantalones tejanos con algunos rotos, los cuales encajaban bien con las botas militares que había decidido calzar. No era un atuendo para un vampiro, pero ¿cuál es el atuendo idóneo? ¿Capa y sombrero de copa como solía hacerse en la época de la elegancia, el glamour y decoro? Necesitaba ropa cómoda si tenía que moverme por lugares turbios, aunque esperaba no hacerlo esa misma noche.

La candela estaba abierta, el pequeño camino de piedra hasta la vivienda me dio la bienvenida como si fuera uno más, y observé la fachada como si jamás la hubiese contemplado. Habían pasado tantas cosas terribles allí, tanto dentro como en el Jardín, que sentía que esa casa tenía vida propia y su alma era torturada continuamente por su horrible memoria.

Me llevé las manos a los bolsillos y eché a caminar sin mirar atrás, llamé al timbre y en cuestión de segundos estaba abierta la puerta por Dolly Jean Mayfair. Esa mujer era pura dinamita, estaba algo loca y siempre bebía whisky, vodka, cerveza o cualquier licor que la mantuviera viva. Creo que el alcohol era su único combustible y en cuanto no lo tuviera moriría.

—Hola seductor—me dijo con una sonrisa fascinante. Era una anciana muy coqueta, tenía pintado los labios y el pelo bien arreglado. Juraba que se había adecentado para darme la bienvenida. Desde hacía algún tiempo había ocupado la casa mientras se arreglaba la vieja mansión de Fontrevault, proyecto que se estaba llevando con éxito por parte de Julien—. ¿Has venido a cortejarme? ¿O tengo que ponerme celosa? Piénsalo, celosa soy terrible.

—Hola Dolly—respondí tomándola del rostro con mis manos frías. No había bebido aún, pero no lo necesitaba—. Sigues con tanta fuerza a pesar de los años.

—Yo voy a enterrar a toda esta familia, mis genes son mucho más fuertes y lo estoy demostrando. Pero ya me llegará la hora, me echarán de menos y se lamentarán de no escuchar mis viejos chistes—me guiñó un ojo y se echó a reír antes de abrazarme.

—Eres un encanto—dije acariciando sus cabellos canos, dejando que la punta de mis dedos se perdieran en su nuca—. He venido a ver a...

—¿Morrigan? Si es a la hija de Mona se la llevaron—aquello me heló. Ella se apartó y me miró a los ojos—. No lo sabías, ¿verdad cielo? Mona aún no lo sabe. Michael quiere mantenerla oculta aún algún tiempo, sobre todo ahora que ha sabido que su macho está vivo.

—Ashlar...—balbuceé sorprendido, aunque no debería estarlo pues ya imaginaba que algo así debía ser.

—Sí, ha puesto negocios de todo tipo—comentó cerrando la puerta mientras me empujaba hacia el interior—. Pasa, Michael quería hablar contigo de eso.

—Sí...—susurré sintiendo la casa en calma, como si todas las presencias que solían revolotear entre los muros de la vivienda se hubiesen consumido como una colilla, para no dejar siquiera el aroma o el recuerdo de su estancia entre los nuestros.

—Está arriba—dijo señalando con el dedo—. Donde el viejo despacho de Oncle Julien—comentó—. Está muy perturbado, así que ten cuidado. No digo que te pueda golpear o hacer daño, pero sí herirte con sus palabras. Michael puede ser muy dulce, pero también es torpe cuando se expresa.

—Sobre todo si tiene entre sus manos esa bomba de relojería.

Me aparté de la dulce anciana y eché a correr escaleras arriba. Por primera vez las tablas no crujían, la casa era otra porque los cuadros no te devolvían la mirada y no había tanta humedad en el ambiente. Sí, algo había pasado.

Al llegar al despacho lo vi con claridad, pues la puerta estaba abierta y él se movía frenético por la habitación. Michael meditaba en calzoncillos, con tan sólo una bata que le cubría un poco el cuerpo, mientras se frotaba la barba y fruncía el ceño.

—Ella está en el hospital, allí puede defenderse de él si aparece. Está Oberon, y Oberon es leal a Rowan casi desde que la conoció—explicó sin siquiera mirarme, pero finalmente se detuvo y se giró hacia mí—. Lestat, no puedo decírselo a ella. No puedo.

—Lasher ha vuelto—dije sintiendo como el miedo comenzaba a subirse por mis pies, se aferraba a mis piernas y me agarraba con fuerza—. Era eso.

—He tenido aquí a Morrigan unos días desde que Julien la hizo regresar, en el cuerpo de otra niña Mayfair ofreciéndole su alma y el demonio modificó sus rasgos. Es idéntica a Mona, idéntica a ella cuando era mi niña a pesar de todo, y no quiero que le hagan daño. Ella es algo salvaje, pero es mi hija. Quiero protegerla. ¿Y si Julien le hace daño por oponerme a Lasher? ¿Por qué lo ha traído de regreso? ¡Él me dijo que lo matara! Es un peligro para la familia.

—Pero beneficioso para los negocios y ahora él puede controlarlo, sabes bien que representa Julien para Lasher—comenté cerrando la puerta para sentarme en una de las sillas frente a la mesa del despacho.

Era un sitio agradable y elegante. Estaba lleno de referencias al trabajo de Michael, había planos enrollados en las esquinas y algunas replicas en pequeñas maquetas de viviendas que estaba reconstruyendo. Sin embargo, también vi cierto libro que ya conocía bien. Era el libro de los Taltos. Allí, frente a nosotros, se hallaba el libro de los Taltos que había escrito Lasher. También había numerosas muñecas de porcelana, todas con un parecido terrible a Morrigan, pero con distintos cabellos y vestidos.

—Las compró ella—respondió—. Tiene varias tiendas, una online y varias físicas en todo el país. Ha vuelto con sus malditas muñecas, sus empresas de construcción y sus proyectos cargados de ambición, fuerza y poder—dijo acercándose al minibar para sacar una lata de cerveza, que no dudó en abrirla rápidamente y darle un largo trago.

—A Rowan no le gustará saber que tienes cerveza aquí arriba—comenté.

—Tú haces cosas más terribles y no se molesta, pero conmigo es distinto—reí cuando dijo eso, no pude evitarlo—. Eres alocado, entrometido, testarudo y evidentemente no estás cuerdo.

—¿Y quién lo está? Dime. ¿Quién demonios lo está?—pregunté encogiéndome de hombros mientras me recargaba en la silla—. Rowan no sabe que Lasher está vivo, pero creo que tú tampoco lo sabías. Si lo hubieses sabido no estarías tan nervioso, preocupado y molesto. Te noto muy molesto.

—¡Claro que lo estoy!—gritó—. Maldita sea, yo lo maté para que no volviera—se quejó amargamente tomando asiento frente a mí.

Silencio. De nuevo el silencio. Sus ojos azules, tan penetrantes como atractivos, me mostraban una fuerza terrible. Tenía apretado el mentón y sostenía cerca de su boca la lata. Estaba inclinado hacia delante, con el papeleo por todas partes y aquellas replicas de hermosas jovencitas. En el tiempo que habían estado separados, aproximadamente una semana, había sucedido grandes cambios.

—¿Y Hazel?—pregunté.

—En su cuna—respondió—. Tengo varios aparatos para escuchar si le sucede algo, también hay una niñera con ella todo el día y parte de la noche.

Ambos entonces nos miramos alarmados. Algo en nosotros nos decía que no iba bien, que algo se había roto y destrozado para siempre. Dolly empezó a gritar en el salón y ambos salimos disparados hacia la planta inferior. Primero salí yo, usando mi velocidad de vampiro, y después salió Michael bajando todo lo rápido que podía. Allí, frente a Dolly, estaba Rowan temblorosa y llorosa. Parecía un espectro y tenía la ropa rasgada, la bata llena de sangre y los ojos abiertos como si estuviese poseída.

—Rowan...—balbuceé—. Rowan, cariño—dije con mayor firmeza en la voz—. ¿Qué ocurre?

—Él vino—dijo temblorosa—. Él... vino... —murmuró cayendo en redondo frente a nosotros.

Con cuidado Michael la levantó del suelo, pues yo no me atrevía. Pensó que era él quien debía hacerlo. Con dulzura, cosa atípica en un hombre rudo y hecho a sí mismo como él, besó su frente y echó a caminar hacia la habitación que ambos compartían. Miré a Dolly, aún espantada por como la había visto entrar, y caminé hacia ella para estrecharla entre mis brazos. La pobre estaba muy conmocionada, pero rápidamente me apartó y me señaló la habitación de la pequeña.

—Si la atacó a él, atacará a la niña. Ve por la niña—comentó apartándose de mí, para darme un leve empujón hacia la escalera—. Tómala y llévala al cuarto, junto con su madre, porque es de lo poco que la calma y la hace regresar a la normalidad.

—¿Ha sucedido antes algo así?—pregunté.

—Sí, con el olor de Ashlar en las muñecas. Por unos instantes recordó a Lasher y se hizo daño así misma. Eso pasó hace tres días, estuvimos a punto de llamarte pero Michael decidió que él se haría cargo, que sólo te llamaría si era necesario—tomó aire juntando sus manos y comenzó a rezar—. Ay San Judas, San Judas... San Miguel Arcángel... cuídanos, por favor.

No pude controlarme y besé la sien derecha de Dolly Jean, después subí apresurado por la escalera para entrar en la habitación. Allí una mujer, de ojos cafés y largo cabello negro, mecía suavemente la cuna para tranquilizar a la pequeña. Era una enfermera del hospital, la cual había pertenecido al área de maternidad. Nos conocíamos de vista, pero jamás supo que era yo realmente.

—No puede estar aquí, el padre no lo permite—comentó—. Y la doctora Rowan no le ha dado permiso, ¿cierto?

—Es curioso—susurré provocando que me mirara confusa—, muy curioso—añadí con una sonrisa algo burlona—, que diga que el padre no permite verla.

—¿Por qué?—preguntó visiblemente alterada al notar que me acercaba, aunque lo hacía lentamente y con cierta gracia. Ella se derretía por mí, lo sabía. En más de una ocasión había leído su mente y visto sus feroces fantasías, cosa que nunca tendría la satisfacción de hacer conmigo—Dígamelo.

—Porque yo soy el padre de la niña—mis palabras tuvieron efecto en ella. Abrió los ojos como platos, la boca se torció en una mueca de sorpresa y llevó su mano derecha a los labios—. No se sorprenda tanto. Además, Michael hace bien sus funciones como padre. Se puede decir que es afortunada al tener dos padres.

—Pero, es usted muy joven para...—se sentía ofendida. De la sorpresa pasó a la molestia. Era mucho más joven que Rowan, y según ella más bonita, y por lo tanto merecía ser amada por mí más que la doctora—. ¿Cómo pudo? Es terrible.

—No haga que le cuente el cuento de las abejas y las flores, pues creo que ya tiene una edad que debería saber como funciona la reproducción humana—comenté acercándome a la cuna. En realidad, habíamos podido gracias a proyectos genéticos en el Centro Médico Mayfair, el mismo lugar donde estaba ocurriendo la resurrección de los Taltos. Sin embargo, esa estúpida criatura no lo sabía—. Hola amor, ¿me has extrañado?

La niña estaba despierta con aquellos enormes ojos azules, con cierto tono grisáceo. Tenía las mejillas llenas y rosadas, que realzaba su piel lechosa de terciopelo. Sus rizos cada vez eran más largos, caían sobre la almohada y rozaban el cuello de su pequeño y fresco pijama. Poseía una sonrisa preciosa, aunque todo padre puede decir eso de su hija.

Alcé a la pequeña de la cuna y caminé hacia la puerta sin impedimento alguno, después crucé el pasillo y entré en la habitación de Michael y Rowan. En la cama estaba ella, ya limpia aunque aún no le había puesto su camisón rosado, y él desabrochaba su chaleco para poder liberarla de aquellas prendas que olían a Lasher. Quería quitar su aroma de inmediato.

—Cada vez se parece más a ti—comentó cuando se giró y nos vio—. Sin duda es tu hija.

—Sí, es una niña fuerte y guapa—contesté—. Pero yo digo que se parece a su madre.

—Mamá—dijo señalándola—. Mamá.

Ya tenía casi un año y medio, sabía algunas palabras y comenzaba a intentar dar sus pequeños pasos. Era tan hermosa que podía jurar que jamás había visto una niña con tanta vida, fuerza y pasión concentrada en unos pequeños bracitos que me rodeaban el cuello. No podía dejar de pensar en Claudia y el amor que llegué a sentir por ella, un amor que quedaba en nada comparado con mi amor por Hazel.

Rowan despertó aturdida justo cuando la niña repetía de nuevo su nombre. Abrió sus ojos y estiró sus brazos hacia mí, en señal que quería cargarla. Cuando la tuvo en sus brazos se echó a llorar. Besaba el rostro de la pequeña con cuidado y mimo. Michael y yo tomamos asiento en la cama, él en el lado derecho y yo en el izquierdo.

—Te queríamos avisar. Hemos sabido de Lasher hace dos días, pero no hemos podido confirmarlo antes. Ésta noche, cuando a penas eran las ocho de la tarde y tú aún dormías, llamé a Lestat para que viniera. Queríamos hablar contigo de todo éste asunto, pero él ha dado contigo antes que nadie—ella no dijo nada cuando Michael habló, es más ni lo miró. Estaba perdida en los ojos claros de la niña—. Morrigan ya está en un lugar seguro, custodiada por Miravelle y Lorkyn—expresó—. Ella ya no corre peligro, pero tú sí.

—Hay que buscar a Ashlar—dijo con firmeza—. Él podrá luchar contra Lasher. Él y Oberon, que me ha salvado la vida—comentó con la voz muy ronca y quebrada—. Llama al hospital, se hirió la mano en la pelea. Quiero saber si el corte fue limpio o no, también si puede venir a casa.

—Será que venga mañana o más tarde, ahora debes descansar—comentó Michael.

—¿Qué sucederá si viene por el día mientras descanso?—sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¿Qué sucederá si se lleva a la niña?

—No se la llevará, pues reforzaremos la seguridad—le aseguró.

—Yo puedo traer por mi parte algunos guardias—expliqué—. Tengo personal que cuida mis fincas y bienes, siempre consigo nuevas personas para que custodien aquello que amo y aprecio.

Ella se recostó bien en la cama y no dijo nada más. Nosotros decidimos mantenernos en silencio. Cuando llegó el amanecer decidí marcharme dejando un beso en su mejilla. Rowan se iba a sumir de nuevo en un estado desastroso. Tenía que ayudarla. Debía buscar al demonio, quizás, y aceptar un trato mejor que el ofrecido a Julien. Arriesgaría mi seguridad, libertad y felicidad por ella, la pequeña e incluso por Michael y Dolly Jean. Lo daría todo por aquellos que me apreciaban y que formaban parte de mi corazón. No, no permitiría que el dolor llegara de nuevo invadiéndolo todo. Michael y yo lo haríamos todo por ella.  

Lestat de Lioncourt 


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Agradezco profundamente a Dolly Jean por sus consejos. Así como espero que Ashlar y yo podamos hablar pronto... muy pronto. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

El regreso

Revivir a los muertos no es sencillo pero Memnoch lo hace parecer sencillo. La vida y la muerte tienen una delgada línea que Julien ha logrado traspasar dos veces. Observen el milagro navideño de la familia Mayfair.


Lestat de Lioncourt. 

El regreso

La noche estaba siendo terriblemente fría y las calles estaban prácticamente congeladas. Todos estaban al refugio de la calefacción eléctrica o de viejas chimeneas que cubrían el cielo con su humo parcialmente plomizo. New Orleans estaba viviendo una de las navidades más frías que jamás había conocido. La lluvia de la noche anterior había aumentado la sensación de humedad durante todo el día y el viento que recorrían las calles era gélido. Sin embargo, una limusina larga y lujosa recorría las calles hacia el cementerio Mettairie donde se hallaba la cripta familiar Mayfair.

Michael Curry fumaba mirando a Mona con ojos paternales, aún completamente ensimismado por la conversación en la cual le había revelado que pretendía. Sus cabellos sedosos ya peinaban más de una cana, pero su aspecto seguía siendo arrolladoramente atractivo. Dolly Jean se servía su segunda copa de whisky mientras acariciaba sus cabellos canos recién sacados de la peluquería. Pierce, el cual ya detonaba arrugas de expresión en sus ojos claros, y Ryan, con el cabello completamente cano y la frente arrugada, se miraban mutuamente intentando calmar los nervios por el miedo y la emoción contenida. Mona estaba decidida, tenía una mirada con un brillo semejante al de la esmeralda que aún no había sido concedida a ninguna otra Mayfair. Mayfair & Mayfair, la prestigiosa firma de abogados, aún no había decidido que joven Mayfair debería llevarla en ésta ocasión y muchas rehuían del legado después de los trágicos sucesos con Lasher y la extraña enfermedad de la explosiva pelirroja.

Si miraban hacia atrás, en navidades pasadas, el 25 de Diciembre había sido una fecha nefasta en el calendario. Lasher surgió como un gigante que asoló la familia y caminó entre ellos seduciendo a sus brujas, matándolas debido a los engendros que provocaba su semilla y hundiendo en caos a todos los familiares que desconocían realmente a que debían temer.

Todos se acercaban con un unísono pensamiento que caía sobre ellos como una pesada piedra. Estaban decididos y la suerte estaba echada. Aquello no sería un juego de niños, sino algo terriblemente complicado que provocaría un nuevo renacer del apellido Mayfair. Julien regresaría de entre los muertos con más vigor que décadas atrás. Sin duda un hecho insólito, pero soy un demonio que jamás rompe un trato. No hay nada más sagrado para mí que un pacto.

Me encontraba esperándolos frente a la cripta familiar observando los ángeles de piedra que esta poseía, los cuales miraban impávidos hacia la nada, la reja poseía su candado intacto y dentro se hallaban trece féretros en forma semicircular, presidiéndolo los huesos de Julien donde debía descansar en paz. Sin embargo, las almas como él estaban dispuestas a no descansar.

La limusina iluminó parcialmente la fachada de aquel cementerio, el cual aguardaba una nueva historia para añadir al álbum de sucesos paranormales de los Mayfair. Julien era un fantasma que sabía moverse de un lugar a otro y poseía una presencia poderosa, aún seguía gobernando la familia como patriarca y había dejado huella sanguínea en numerosas personas, fuera y dentro de la familia.

Michael bajó el primero ayudando a Dolly Jean a descender como todo un caballero, para luego hacer lo mismo con Mona aunque no lo necesitaba, después bajaron Pierce y su padre Ryan. Los hermosos ojos azules de Michael se clavaron en el camino hacia la cripta, el cual se hallaba despejado de cualquier vigilante nocturno. La anciana se aferró al fuerte brazo de Curry mientras Ryan observaba con ciertas reticencias la profunda oscuridad y silencio reinante. Mi figura estaba en la puerta, dispuesto del mismo modo que los ángeles, y con una apariencia cuasi humana.

Cuando llegaron hasta mí todos permanecieron en un silencio incómodo siendo observados con cautela. Dolly Jean se echó a reír negando una y otra vez con su cabeza, alzando su brazo izquierdo y mostrando que aún llevaba consigo el vaso con un poco de Whisky.

-¡Si ese es demonio yo deseo ir derecha al infierno! ¡Qué mozo!-gritó echándose a reír mientras Mona se contuvo y Michael se sorprendió por el escándalo que la señora estaba generando.

-Sería todo un honor tener a semejante mujer en los infiernos-dije con cortesía antes de girar sobre sí mismo para abrir la puerta que cedió con un largo chirrido.

En el interior, en aquella tremenda oscuridad, se hallaban los cuerpos de numerosos Mayfair, más o menos queridos, y había sido abierta por última vez en el entierro de Carlotta.

Los féretros estaban introducidos en otros de piedra para su mejor conservación, sobre ellos estaba la inscripción de sus nombres y la fecha de defunción. Palpé la pared buscando el interruptor y éste provocó una reacción en cadena. Numerosas lámparas iluminaron torpemente mientras el séquito Mayfair aguardaba a unos pasos. Mona vestía un traje blanco que resplandecía bajo el foco de aquel lugar, del mismo modo que mis prendas. Michael llevaba un impecable traje negro y una camisa de algodón blanca, Pierce y Ryan vestían del mismo modo aunque con corbatas con nudo windsor. Dolly era la más festiva con un traje de color azul turquesa, collar y pendientes de perlas y unos hermosos zapatos de tacón bajo.

-Por favor, acompáñenme-mi tono de voz cambió hacia uno más cavernoso del mismo modo que mi aspecto se fue endureciendo.

El joven de cabellos rubios, ojos claros y rostro anguloso dio paso a un ser más tétrico y aproximado a la idea de demonio. La piel dejó de ser lozana para convertirse en piedra, similar a los ángeles que aguardaban el regreso del Mayfair. Mis manos se convirtieron en garras que al moverse rasguñaban el aire, sin embargo mis ojos seguían siendo los mismos pero de un aspecto más fiero. Mis pasos resonaron por la cripta mientras sentía como el polvo se iba levantando en cada pisada.

Limpié con mi mano el nombre de Julien, el cual estaba inscrito en la piedra, mientras lo decía en un murmullo, retiré la pesada piedra y levanté el ataúd de madera que se encontraba prácticamente intacto, y bajo su tapa se encontraba los huesos del poderoso brujo Mayfair envuelto aún en el traje blanco con el cual se dejó reposar su cuerpo en el féretro. Del traje sólo quedaban algunos jirones aunque aún se podía apreciar el cuidadoso trabajo del sastre y su hermosa corbata. Su cráneo estaba aún cubierto de sus cabellos canos, pero su rostro estaba ya borrado por completo. Tantas décadas no habían pasado en vano.

Saqué de mi cinto una daga mirando a todos y cada uno, introduciéndoos en hipnosis para que no sintieran dolor alguno y me aproximé primero a Dolly Jean la cual me miró a los ojos antes de sentir la daga en su muñeca, de la cual brotó cuantiosa sangre que manchó los restos, y a continuación los tres varones que miraron asombrados mientras los huesos comenzaban a temblar al ritmo de mi voz. Una letanía de palabras en un idioma desconocido y desconcertante para ellos además de rápido como un silbido y que tenía aspecto de gruñido amenazador provocaba que la sangre, junto a los huesos y deseo del fantasma de volver a la vida funcionara.

El cuerpo fue tomando forma, la carne empezó a rellenar el pellejo seco que fue nutriéndose de la sangre y los ojos comenzaron a tener párpados nuevamente. Julien tenía un rostro atractivo y tomaría la belleza de su época dorada, sus aproximadamente cuarenta años, para que pudiera vivir una etapa plena como había deseado Mona. Ella contemplaba todo con entusiasmo con su verde mirada, la cual brillaba de euforia.

No muy lejos un vampiro arrepentido caminaba entre las tumbas como alma en pena, él sería el colofón final. Poseía parte de la sangre de Rowan, aunque Lestat fue quien más la desangró. David Talbot se aproximaba a velocidad mortal con la cabeza cabizbaja y las manos en los bolsillos. Llevaba un jersey de cuello alto en color beige, pantalón jean y en sus manos portaba un pesado volumen donde se hablaba de toda la historia Mayfair. Era el recopilatorio que el propio Aaron Lightner había cedido por unas horas a Michael, después a Rowan e incluso Mona lo había tenido en su poder. Sin embargo, estaba perfectamente cumplimentado con nuevos archivos y relatos provenientes de su puño y letra.

David interrumpió caminando entre los mortales y la inmortal que aún amaba, pues había caído condenado ante la belleza pelirroja al igual que otros. Dejó el pesado volumen en las manos de Mona y rasgó su muñeca dejando que su poderosa sangre de brujo y vampiro se uniera a la sangre Mayfair. Una vez más un hombre de la orden se veía involucrado en un nuevo renacer de la familia, aunque el señor Talbot llevaba alrededor de dos décadas alejado de los misterios que aún ocultaba la Talamasca.

Las luces tintinearon hasta fundirse. El olor a quemado y muerto agitaba el ambiente penetrando en nuestras fosas nasales. Los colmillos de Talbot se asomaban por el aroma a sangre y sus ojos se concentraban en el ataúd, evitando las muñecas aún abiertas que comenzaban a cerrarse por el mismo poder de la daga. Mona caminó hacia el exterior riendo a carcajadas del brazo de un hombre de cabellos ligeramente canosos, mucho más alto que ella y delgado. Vestía con ropas polvorientas y raídas de otra época. Sin duda alguna ese caballero era Julien. Tras ellos salieron los restantes Mayfair quedando David próximo a mí con los ojos tristes esperando una respuesta, pero no hubo alguna pues desaparecí de allí de inmediato.



Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt