Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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lunes, 12 de mayo de 2014

Reglas Rotas. Parte 3

Tercera parte de éste ciclo, al cual le seguirá otro en breve. 

Nos hemos reunido todos para ustedes, tengan en cuenta eso. 

VOCES DISCORDANTES

El recuerdo de cientos de cadáveres calcinados, explosiones y dolor, volvía a mí. Había ocurrido una segunda vez después de los asesinatos de Akasha. La masacre que habíamos vivido nos hacía temblar a todos, y sólo imaginar que eso podría ocurrir en la humanidad, con los mortales que tanta fascinación y fuerza nos ofrecía, me provocaba cierto pánico. Si los mortales caían ante una nueva raza, mucho más fuerte aunque igualmente frágil, tendríamos un gran problema. Los Taltos eran seres impulsivos, amantes de las bromas y las adivinanzas, y terriblemente pacífico; sin embargo, Lasher demostró que las viejas almas, esas que habían muerto de forma terrible, podían regresar una rabia imposible de dominar. Temía una nueva guerra y que el mundo tuviese que padecerla. Para mí New Orleans era mi hogar, pues en la ciudad había sido feliz y también sufrido grandes percances, y sabía que daría cualquier cosa por mantenerla como hasta ahora. Era mi territorio.

Arion había hablado conmigo durante toda la noche, se había comportado como todo un caballero y mostraba una calidez impropia de un milenario. Ante mí veía un joven de piel oscura, ojos profundos, cabellos rizados, hermosa dentadura y una voz profunda, muy seductora, que hablaba pausadamente sobre su vida, Tarquin y el amor que sentía Petronia por el muchacho. Un amor que también estaba en su corazón. No sólo sufría por los sentimientos que pudiese tener su gran obra, su compañera, sino también por los suyos. Si yo sufría por New Orleans, por todo lo que podría ocurrir, ya lo hacía además por Tarquin. Temía que todo fuese cierto y haber convivido con un extraño, un ser muy distinto, y alguien que me afectaría por completo en mi concepción del bien y el mal, del mismo modo que ocurrió con Memnoch.

Yo era el héroe y un héroe tiene que poner a disposición del mundo su fuerza. Mi fuerza son mis compañeros y éstos debían acudir.

La noche siguiente fue un caos. Admito que fue terrible comprobar como muchos acudían con el rostro desencajado ante la señal de peligro. Marius había logrado encontrar a Mael y Avicus, así como a varios inmortales más que pertenecían a su historia y la verdad que en ocasiones había ocultado. Armand apareció con Benji de la mano, acompañado de Sybelle y de un Daniel de ojillos aterrados. Pero la presencia de las gemelas, de Maharet y Mekare, quitó el aliento a todos. Khayman llevaba a Thorne tomado del brazo, guiándolo, mientras Jesse sostenía entre sus brazos una carpeta con diversos informes sacados de Talamasca. Todos fueron apareciendo en mi puerta y mis empleados corrían a ofrecerles la bienvenida, así como un lugar cómodo donde descansar, del mismo modo que yo lo hacía.

—Espero que esto sea rápido—dijo Louis apareciendo mientras muchos tomábamos asientos—. No estoy para soportar temas que no son de mi incumbencia—añadió mirando a todos con unos ojos fríos completamente gélidos.

—Louis, no he llamado a todos por algo estúpido—respondí indicándole que tomase asiento a dos sillas de mí.

Había decidido reunirlos en una sala donde solía mantener ciertas conferencias con mis abogados, fondos de inversiones y diversas empresas donde tenía mi poder. También me reunía allí, por supuesto, con mis editores y algunos seguidores que querían saber de mí sin miedo alguno. Admiro las personas que tienen las agallas de mantener mi mirada, a sabiendas que podría estar tentado en leer su mente o beber su sangre.

Era una habitación fresca, carente de demasiada decoración salvo por algunas fotografías de la ciudad, y con algunos balcones que estaban cerrados porque había puesto el aire acondicionado. El verano había llegado en plena primavera, con una humedad sofocante, y era casi imposible estar sin él en medio de aquella casa. La mesa poseía numerosas sillas, era oval y de madera noble.

—Me siento un ejecutivo—dijo Flavius que se había personado junto a Pandora, Marius y otros milenarios—. Lo lamento, no debí hacer tal comentario.

—Desearía saber porque mi señora y yo hemos sido llamados, pues no solemos tener contacto con usted y con la ciudad—explicó Arjun que estaba a su lado, muy cerca de Pandora que observaba a todos minuciosamente—. Te lo ruego, Lestat.

—Realmente he sido yo quien ha hecho la reunión—confesó Arion sentado a mi izquierda—. Se trata de uno de los nuestros, Tarquin, y un siniestro plan.

—¡Ese idiota!—farfulló Petronia.

—¿Qué ha hecho mi nieto?—se escuchó la voz ajada de Manfred—. ¿Le ha ocurrido algo malo a mi nieto?

—Vamos, que otro idiota como tú ha hecho una estupidez. ¡Qué novedad! ¿Podrían quedarse los jóvenes quietos de una buena vez? No soporto tanta imprudencia—interrumpió Mael, el cual se hallaba a la derecha de Marius y a la izquierda de Avicus.

—Permite a Arion hablar, por favor—susurró Avicus. Era un ser imponente, que rozaba los dos metros si no los alcanzaba, con un cabello negro muy espeso y algo ondulado. Tenía una mirada color café que parecían gemas, iguales que los de Pandora, y tenía un color acaramelado de piel, pero ya prácticamente tan pálido como otros de nosotros. Su rostro era ovalado, pero tenía los pómulos marcados y unos labios finos aunque seductores. Cualquiera podría sentirse atraído por aquel ser, tan sabio y atento.

Mael estaba allí, mal sentado por su inquietud y mal humor, con una camiseta verde, muy fresca, con unos jeans desgastados. Avicus había optado por un aspecto más serio, como muchos de nosotros, con una camisa blanca y un pantalón negro de vestir. Marius vestía una levita roja, había decidido venir cómodo al encuentro, con unas sandalias muy simples. Pandora vestía con un traje negro entallado, su cabello suelto, y tenía cierta expresión de preocupación.

—Arion, Hijo de los Milenios, y padre inmortal de Tarquin Blackwood ¿por qué has pedido la reunión? Por favor, comprenda que estamos algo abrumados—comentó Marius—. Sólo nos hemos reunido en dos ocasiones de éste modo y por motivos nada agradables.

—Así es—susurró Pandora observando a Arion, aunque sus ojos pasaron a Petronia.

Petronia tenía un aspecto muy masculino, con un sombrero de ala ancha que cubría parcialmente sus hermosos ojos castaños. Los labios carnosos de Petronia, de una boca bien formada, se movían por un leve temblor de ira. Arion vestía del mismo modo impoluto que en la noche anterior y ella tenía un traje similar, Manfred había decidido acompañarlos con un traje gris y una camisa negra con nudo simple. Era un anciano, pero sus ojos tenían una chispa de locura y ternura que te provocaban desear besarlo y consolarlo. Sí, los tres estaban preocupados.

—Por favor, no omita detalles—Flavius, el antiguo esclavo, estaba vestido con prendas simples pero hermosas. Llevaba una camisa roja abierta en los primeros botones, de manga corta, y unos pantalones tejanos junto a unas botas. Era imposible pensar que bajo esos pantalones había una pierna ortopédica—. Le ruego, por favor, que sienta que estamos en familia. Todos tenemos los mismos orígenes.

Khayman asintió suavemente mientras clavaba sus ojos rasgados, enormes y oscuros, en Maharet y Mekare. Habían traído a la fuente hasta nosotros ¿por qué? Quizás porque les hablé de un asunto sumamente importante y desgarrador. Louis se había sentado justo a la derecha de Mekare y ésta lo observaba con cierto ensimismamiento. Yo vestía de blanco, como si fuese símbolo de la paz y la pureza que residía en algún lugar de mi alma.

—He venido de Nápoles, aunque a veces residimos en Grecia debido a mi pasado. He recorrido grandes distancias con un terrible dolor en mi pecho—explicó Arion cerrando sus ojos mientras intentaba hablar sosegadamente—. Tarquin ha roto cualquier vínculo con Petronia, aunque ella no lo sabe, y la ha traicionado—ella giró su rostro hacia él y terminó agarrándolo de los tirantes para que se girara—. Permite que hable, por favor.

—¡Dilo de una vez!—le gritó—. ¡Qué ha hecho ese inútil!

—Ha dejado a disposición gran parte de su fortuna personal a Alvar, así como cambiado su apellido a Mayfair. Julien aceptó que pudiese tomar partido de los fondos Mayfair, así como una enorme cantidad cedida a Mona, para que pueda vivir como un Mayfair. El Taltos es sólo la punta del Iceberg. Los Mayfair quieren acabar con Lestat, o al menos mantenerlo al margen, y hacerse con New Orleans y poco a poco con grandes negocios manipulando el mundo a su antojo.

Hubo un profundo silencio entre los nuestros, sobre todo porque en ese momento apareció Nicolas. Los ojos tristes del viejo músico, mi amante mortal, delataban desasosiego y un cierto sabor amargo. Él estaba allí, aunque ya no era uno de los nuestros, y esto creó cierta alarma entre varios. Armand agachó la cabeza intentando no cruzar siquiera una mirada con él.

—No es un plan de Tarquin, sino de Julien y Memnoch—dijo antes de mostrar sus alas negras, de espesas plumas, frente a todos—. Hice un trato similar justo después que Lestat desapareciera. Me sentía desconsolado y hundido en una pesadilla. No podía siquiera respirar sin sentir que algo terrible, por no decir grotesco, había ocurrido con mi amante.

—Nunca me has hablado de ese pacto—respondí algo molesto.

—Calla—susurró meneando la cabeza—. No soy el único que ha jugado con el demonio ¿verdad Louis? Esa pequeña arpía de aspecto angelical, esa que te manipula incluso ahora mismo, ha vuelto a la vida por obra y gracia del diablo. Pero también el bueno de Talbot, el honorable Talbot, ha caído en sus trucos y estoy seguro que incluso Armand ha jugado con él ¿no es así? Y Santino...

—¡Yo no he hecho pactos con Memnoch!—gritó enérgicamente—. Aunque admito que cuando se personó ante mí estuve tentado.

—¡Armand!—grité.

—Yo al menos he dado la cara ¿y David? David no ha tenido el valor de venir...

—David está en la biblioteca reuniendo ciertas informaciones que le he pedido, pero está—dije llevándome las manos al rostro para frotarlo—. Está en la biblioteca del apartamento que tengo en la zona sur de la ciudad.

—Claudia ha vuelto y me ama, me ama como me amó siempre. Sé que ella no quiso decir que me odiaba y sé que volveremos a ser una familia. Ahora mismo no sé donde se encuentra, pero estoy seguro que está asustada terriblemente. Lestat quiso acabar con ella nada más verla ¿cómo se le ocurre? Pobre de mi hija... —era la voz del Louis que conocía tan bien, no del cínico despreocupado. Aquello me llamó poderosamente la atención. Aún, a pesar de tantos años, se le quebraba la voz cuando hablaba de nuestra damita.

Nicolas guardó sus alas y tomó asiento muy próximo a Marius. Mi viejo maestro lo observaba con cierta frialdad, aunque sólo era una máscara. Frente a él tenía lo que tanto había negado. Existían los demonios y no éramos nosotros. Había algo más, yo no era un alucinado y había pruebas que podían moverse y sonreír como lo estaba haciendo mi viejo amante.

—¡Quiero pruebas!—Petronia terminó explotando—. ¡Quinn no pudo hacer eso! ¡Es demasiado bobo! ¡Ha sido ella!

—Subestimas su inteligencia, Petronia—contestó Arion antes de tomar un papel de su bolsillo—. Estas son las claves de las cuentas de Quinn, las mismas que le ofrecimos hace algunos años. Han sido cambiadas recientemente, son claves de nuestros bienes. Su clave era sólo para poder ver los movimientos, como nosotros transferíamos ciertos beneficios hacia la mansión que estaba siendo restaurada, pero jamás para que él pudiese extraer dinero. No sé como ha sucedido, pero ha podido con esa clave sacar dinero y la ha dejado sin un dólar.

—No... —en ese momento rompió a llorar.

—Los Blackwood han tenido un pacto con Petronia a cambio de explotar el santuario como zona de descanso, pues nosotros no queremos estar separados. Si bien, como en toda pareja, surgen diferencias. Para ella ese lugar era para descansar de mí, de su taller y de todo lo que le rodea en Nápoles—explicó con total claridad mientras todos le observaban.

—Dybbuk—escuché hablar entonces a Benji, que estaba sobre las piernas de Armand, y que le tomaba del rostro—. Dybbuk, yo nunca te robaré. Así que no te entristezcas, por favor. Si quieres luego podemos bailar y conversar—de inmediato el pelirrojo lo estrechó contra sí. Ambos vestían ropas que un adolescente podría llevar, camisetas sin mangas con estampados de bandas rock y unos pantalones jeans muy simples. Sybelle acarició los cabellos de Benji y suspiró.

La puerta sonó entonces y se abrió para que la figura de David apareciera. Todos giramos nuestro rostro hacia él, salvo Louis que parecía aún entristecido por las palabras de Nicolas. Sabía que tramaba vengarse contra él, pues ahora eran dos seres distinto y a la vez similares. Nunca me perdonaría a mí mismo haberlos comparado, pues en parte su enemistad era debido a mi imprudencia.

—David, antes que abras la boca ¿es cierto que hiciste un pacto con Memnoch?—lancé esa pregunta mientras Petronia sacaba precipitadamente el maletín que había llevado con ella, en él había un pequeño ordenador portátil y tecleaba las claves. Miraba aquello de soslayo, pues quería escuchar con atención a David y estar pendiente a todos los acontecimientos.

—Quise que Mona regresara a mí, fue hace más de seis meses. Ocurrió antes de la resurrección de Claudia y Julien—confesó dejando estupefactos a todos—. Siempre me ha maravillado el misterio y en ocasiones he querido experimentarlos desde lo más profundo. Asimilar una verdad tan contundente como la que te ofrece el demonio, aunque esté llena de su visión y ser su verdad pero no al auténtica, es sin duda algo magnífico. Quise que Mona regresara, pues había perdido su amor por cuidar a Louis. Un Louis desarmado, que desprecia la vida y se siente hundido en su monstruosidad. Lestat, tú sabes cuanto he amado a Louis y a ti, cuanto amo aún lo que hemos tenido juntos y no quería dejar que él se perdiera con sus propios demonios—se aproximó hasta tomar asiento junto a Flavius.

Vestía como un hombre de negocios, con un traje hecho a medida, y unos mocasines impecables. Cualquiera amaría esa apariencia y la desearía como yo la había deseado. Él era amado por todos y terminó siendo el juguete de Mona. Una mujer que era hermosa, poderosa y vengativa. Sabía que ella se estaba vengando poco a poco de todos, e incluso de la propia vida, porque así sentía que debía ser.

—Mona quería resucitar a Julien. En un principio comprendí sus deseos y pensé que si resucitaba, volviendo a la vida como un brujo poderoso y no un demonio, posiblemente ella se sentiría más aliviada y él no te perseguiría—Marius negó con la cabeza y suspiró profundamente. David tan sólo lo miró unos segundos y volvió a girar su rostro hacia mí—. Debes creerme.

—¿Y es de ese idiota de quién te fascinaste? Pandora, que calamidad—dijo provocando que ella se riera.

—Al menos es un caballero y no un patán—respondió provocando que Arjun y Flavius se miraran con una leve sonrisa de complicidad.

—¡Ya basta!—dijo Petronia dando un golpe sobre la mesa—. ¡Ese cabrón ha cambiado todo! ¡Se ha llevado los documentos!

—Porque Alvar fundará nuevas empresas Mayfair, llevándolas con Julien, para conseguir que la familia domine el mercado—Arion asintió suavemente—. Quieren dominar todo.

—Si dominan todo significa que nuestras empresas estarán en peligro, ¿por eso? Tal vez desea vengarse de todos nosotros—dijo Flavius.

—¿Vengarse?—Armand habló entonces—. Yo no tengo contacto con los Mayfair ¿por qué se vengarían?

—Son brujos, los brujos no soportan a los vampiros—dijo Maharet—. Aunque hay brujos, como los de Talamasca, que son muy distintos. La curiosidad de estos es superior a sus capacidades, pero los Mayfair son cosa distinta. Son seres capaces de dominar las energías, matar con la mente y también dar vida. La bruja más poderosa ha sido Rowan, pero el brujo más influyente en todos los sentidos es Julien. Es posible que Mona esté en su poder, es decir, haya caído en su magnificencia y lo tenga como un héroe—explicó acomodándose en la mesa mientras su hermana guardaba silencio y una apariencia casi irreal.

—En Talamasca todo era distinto—habló Jesse aferrada al brazo de Thorne—. Talamasca busca la verdad, los Mayfair buscan otra cosa...

—Su propio beneficio, su venganza. Quieren vengarse de la Talamasca, de todos los que han estado afines a ellos y por supuesto de los vampiros—explicó David—. Tengo varios documentos remitidos por la orden que os hará temblar. Aunque, os aseguro que yo ya no formo parte. Sin embargo, ellos, me han ofrecido informaciones precisas sobre ciertos casos que debía solventar. Espíritus malignos que estaban usurpando el cuerpo humano y vampiros que aniquilaban a parte de sus informantes.

David, a pesar de todo, era un hombre fiel a sus principios. Cuando veía algo que tuviese cierto misterio lo investigaba y si podía solventarlo lo hacía, por eso no tenía miedo alguno a enfrentarse con sus antiguos compañeros. Sin embargo, para él su relación con ellos estaba concluida y por eso no quería ser miembro activo.

—La culpa la tiene esa maldita pelirroja—susurró rabiosa Petronia.

—No lo creo. Ella simplemente hace lo que Julien dice, igual que las otras brujas. Julien tiene una maldad refinada y está ofreciendo sus servicios al demonio—dijo Arion con cierto desagrado—. Tanto ella como él están cometido un peligroso error.

—Mi hermanito no lo ve así—intervine con la voz llena de tristeza—. Jamás volveré a ver a Rowan si esto es así, por eso me echó prácticamente de San Francisco cuando logré localizarla. Me dijo que Julien estaba tramando cosas horribles, que debía irme y que Hazel era ahora la heredera.

—¡Qué!—Louis asombrado—. ¡Eres idiota!—gritó—. Lestat, eres imbécil. ¿No ves que es peligroso? Aunque por mí mejor, si mueres me quitarás un peso de encima.

—Creo que he entendido todo—explicó Avicus—. Quieren arruinarnos para que volvamos a vivir aislados, nos echemos las culpas unos a otros y nos masacremos. Somos pocos los que ostentamos un poder superior a los vampiros más jóvenes—su pareja, Mael, lo observaba con cierto desasosiego—. Guerras de vampiros, nada nuevo.

—Tan viejo como el mundo, amigo mío—dijo Marius.

—Como esos bobos de la secta de la serpiente—indicó Mael provocando que incluso Arion asintiera.

—¿Qué haremos? No quiero que nada le pase a mi señora ni al resto—Arjun tuvo como respuesta a su pregunta una suave caricia de Pandora—. Por favor, digan que puedo hacer.

—Mantenernos unidos, vigilar nuestras propiedades y lugares de descanso. Memnoch puede aparecer y vengarse de todos, aunque él no es un lacayo sino el cabecilla. Julien puede tener poder, pero es sin duda alguna parte del juego de un monstruo—aclaró Nicolas—. Sufre porque Lestat no lo amó y ese sufrimiento le ha cegado. Posiblemente cree que ya no le interesa lo más mínimo vuestro príncipe, pero la verdad es distinta. Incluso yo, que creía odiarlo terriblemente, ahora tiemblo cuando me mira y siento que mi cuerpo cae frente a sus atenciones. Es un odio tan intenso que se ha convertido en amor, pero aún así... hay algo en mí que evita convivir demasiado con él.

—Yo siento lo mismo—dijo Louis llevando su mano derecha a su pecho—. Son nuestros recuerdos los que evitan que lo destruya, pero a la vez no puedo soportarlo. Si Claudia nos odió, o nos odia como dices, es porque él la transformó cuando no debió hacerlo.

—¿Aún con eso?—pregunté molesto—. ¡Tuvimos una hija gracias a eso!

—¿A qué precio?—susurró.

—Alto—intervino David con calma—. Deseo que todos tomen una fotocopia que voy a pasar, lean todos los puntos y acepten los términos. Pronto tendremos que reunirnos, pero hay que esperar al próximo paso. Tarquin y Mona ahora les pertenecen y están a su favor, pero no sabemos que podrá ocurrir—miró a Manfred y suspiró al ver que el anciano llevaba un buen rato llorando—. No mantengan contacto con ellos, ni den información de la reunión.

—Tengo que avisar a Gabrielle—susurré—. No ha venido.

—Yo lo haré por ti—comentó Marius—. Armand, no quiero que tengas contacto con Santino.

—Lo he entendido ¿de acuerdo? Lo he entendido—dijo abrazando a Benji con cierto miedo.

La reunión terminó minutos después tras leer cada punto con atención, firmarlo como si fuésemos empresarios loables o políticos. Cuando me fui a descansar, muy cerca del amanecer, quise llorar y lo hice. Mi hermanito y Mona habían cometido un terrible error y David sabía todo, pero aún así no quiso dar la voz de aviso. Tal vez, David, quería solucionarlo él. Un nuevo peligro nos alertaba y esta vez era posiblemente algo más terrorífico que todo lo que habíamos podido imaginar. Pensé en mi madre, tuve ciertas preocupaciones por su seguridad, pero pronto me relajé porque ella era alguien firme y no se dejaría manipular o vencer.


Una regla fundamental para nosotros es el asesinar a un igual, es cierto que yo he cazado a vampiros pero era porque despreciaban la vida humana y ponían en peligro a otros. Sin embargo, ellos estaban arriesgando la raza a la cual pertenecían. Nosotros no éramos humanos, aunque algo de humanidad quedaba en todos y cada uno, pues hace mucho que la mortalidad quedó atrás. ¿Y ahora qué? Eso era lo que me preocupaba, el vacío de respuestas.  

viernes, 9 de mayo de 2014

Reglas Rotas. Parte 1

Reglas Rotas será una trilogía de memorias narradas por mí, Lestat de Lioncourt, para que comprendan que está sucediendo actualmente:

El príncipe y las Tinieblas
Caprichos 
Voces discordantes

EL PRÍNCIPE Y LAS TINIEBLAS 


Desconocía cuantos días hacía que me hallaba de nuevo en New Orleans. El aire cálido y la humedad pegajosa, el murmullo de French Quarter cargada de turistas en sus coquetas cafeterías y pubs, la sobriedad y belleza de las hermosas iglesias que se alzaban en silencio esperando que las almas, esas almas contaminadas como la mía, aún abrazaran la fe rezando en vano por la salvación y la maldad de las calles más oscuras, siniestras y abandonadas en los barrios más desfavorecidos.

Louis había echado a perder el débil lazo que aún manteníamos incendiando uno de mis apartamentos, justo la vivienda donde habíamos compartido alegrías y tristezas, como si no importara nada. Aquello fue terrible para mí. Sentí que nuevamente ardían mis deseos de venganza hacia él, al igual que mis escasos recuerdos.

Caminaba por la Rue Royale con mis ropas más elegantes, pues había decidido que la noche se abría a mí y debía gozarla como en los viejos tiempos. Quería alzar mis dedos hacia la luna, tocarla con la punta de éstos y echarme a reír. Había vivido ensombrecido por el dolor que me provocaba Rowan, pero la magia de la caza siempre me había hecho cerrar las heridas hasta que, cuando me resguardaba de la luz del sol, aparecían transformada en su voz áspera susurrándome cuánto me amaba. Los ojos de Rowan, su pequeña boca y sus manos finas acariciando mis cabellos no estaban allí, así que debía llenar el vacío con mi gran placer.

Había descubierto a un pobre idiota cuya vida de riquezas le obligaba a no mirar a su alrededor, así que iba sordo y ciego hacia la muerte. Prácticamente estaba por abrir mis brazos, echarme a reír y ofrecerle mi cobijo. Era un hombre de mediana edad, con el cabello negro ondulado y unos ojos verdes muy sugestivos. Sus rasgos eran duros y filosos, tal vez por el corte y el color de su pelo. Tenía el rostro blancuzco y barba de algunos días, pero aún así esa es la moda. Ir algo descuidado, seas mortal o no, para mí es una desfachatez. Puedo vestir con ropas más o menos exclusivas, tal vez algo estrafalarias, pero siempre con esmero y delicadeza. Su nombre era Dimas.

Podría decir que me agradaba Dimas. Llevaba más de tres días siguiéndole los pasos, sonriendo sus andanzas y celebrando su buen gusto. Había salido del teatro acompañado de una joven de gustos refinados, tacones de aguja y traje de escasa tela en color salmón. Parecía una muñequita frágil al lado de él, de hombros anchos y aspecto robusto. El nombre de su acompañante era Sara. Ella desconocía que el hombre del cual se había enamorado planeaba matarla, robar todas sus pertenencias y marcharse de la ciudad. Por supuesto él la había elegido meticulosamente, como la corbata azul cobalto y su magnífica camisa de seda, después de semanas investigando la fortuna que el padre de su enamorada, o más bien su estúpida víctima, había dejado a su única heredera.

Admiro a los ladrones como Dimas, pues se arriesgan y su alma es sumamente deliciosa cuando les clavo el diente. Creo que mis ojos brillaban tras los cristales de mis gafas de cristal violeta. Tenía una sonrisa de canalla incontestable y me sentía atraído como las moscas a la miel. ¡Caray! Él era el tipo que había soñado durante semanas. Una buena fechoría para éste demonio que disfruta lanzando miserables al infierno, aunque el infierno no es para nada grato en éstos días ni en ninguno.

Bien, él había planeado todo. Ella desaparecería vendiendo todas sus acciones, edificios de oficina y cualquier vivienda salvo la principal; pues la principal pertenecía a su familia y aún vivía su tía. ¿Por qué lo haría? Por miedo a su próxima boda. Ella escaparía así de su guapo, elegante, maduro y sobrio prometido mientras él estaba de viaje a una de sus plantaciones de café en Colombia. ¡Toda una tragedia! Y para ello se necesita ingenio. ¿Ven por qué me gustan los villanos?

La joven se marchó al hotel a descansar, pero él decidió quedarse en un bar cercano tomando uno de los cócteles especiales que estaban ofreciendo a la clientela más selecta. El Maison Bourbon tiene fama entre los jóvenes, aunque no sé si le durará demasiado tiempo o será tan fugaz como cualquier moda que surge hoy en día, y él decidió internarse entre la clientela habitual.

—Bonsoir mon ami—dije aproximándome a él para quedarme cerca de la barra junto a él.

—¿Nos conocemos?—susurró intrigado observando mi traje negro, mi corbata lavanda y mi camisa blanca impoluta. Creo que le llamó poderosamente la atención los diamantes de mis gemelos, aunque podría ser cualquier otra cosa. Tenía el cabello largo, bien peinado y recogido en una coleta. Él parecía deslucido a mi lado, pero creo que eso no le importó.

—Oh, hemos tropezado en varias ocasiones—comenté tomándome la libertad de sentarme a su lado.

—¿Nos han presentado? Si nos hubiesen presentado... —murmuró.

—Se acordaría ¿verdad?—dije echándome a reír ocultando con cuidado mis colmillos—. Verá, me encanta conversar con empresarios y nuevos inversores. Soy un empresario destacado en la zona y Sara me ha invitado a varias de sus estrafalarias, divertidas y carismáticas reuniones... Todo un acontecimiento perfecto para que se diviertan ancianitas haciendo croché.

Él se rió por mi sarcasmo y pude notar como se sentía intrigado. Estaba seduciéndolo con mi carisma sin trucos oscuros, aunque pronto acabaría la función. Deseaba llevarlo lejos de la vista del barman que nos miraba esperando que pidiésemos algún licor, cóctel o simplemente un refresco como buenos chicos.

—Si le soy sincero... a veces me duermo en esas reuniones sociales—explicó a modo de cortés disculpa.

—No se preocupe Dimas, no se preocupe—noté su sorpresa al saber su nombre, pero eso sólo lo atrajo más—. Quisiera hablarle de un negocio que tengo entre mis manos ¿me acompaña?—pregunté incorporándome para caminar hacia uno de los huecos más oscuros y ocultos, justo donde los enamorados van a besarse y los hombres de negocios hacen jugadas arriesgadas.

Él me siguió, por supuesto. Se quedó a mi lado y yo usé mis dones para poder tocar su rostro, observar sus facciones muy de cerca, y prácticamente sentir su respiración pegada a mi aliento frío.

—Dimas, el ladrón—dije entusiasmado—. ¿Irás a reunirte con Dios amigo mío? Pues creo que aunque seas ladrón no eres bueno, al menos no en el sentido estricto. ¿Quieres arrepentirte de tus pecados?—él me miraba ensimismado y rápidamente, con elegancia, ataqué.

Bebí de él como si simplemente le hiciese una confidencia, cerré los orificios y dejé que su cuerpo cayera hacia delante como si se encontrara en un profundo estado de embriaguez. Después me marché a la barra y pedí champán, aunque no lo bebería, pero debía celebrarlo.

—Mi amigo no ha durado demasiado... ah... que pena—murmuré como si brindara a salud del camarero y luego solté la copa para marcharme tras dejar una cuantiosa propina, pues siempre soy generoso.

Me marché sintiendo la noche pesada de nuevo, con la fragancia de los naranjos en flor y las plataneras. Metí mis manos en los bolsillos del pantalón y caminé rumbo a Jackson Avenue. Era un paseo de algo más de media hora, pero me encantaba observar mi hermosa ciudad. Siempre he sentido que pertenezco a éste lugar aunque naciese en Francia y mi aventura, como mortal y luego como inmortal, se desarrollara por París y otras ciudades Europeas.

Entonces tuve una extraña sensación. Alguien, o mejor dicho algo, no humano me seguía. Al girarme vi a un joven alto, bien vestido y con un corte de pelo similar al de Quinn, aproximarse a mí con una sonrisa bonachona y largas zancadas. Cuando quedó a mi altura noté que no era un vampiro, como imaginaba, y tampoco un brujo.

—¡Lestat!—gritó abrazándome—. ¡Lestat! ¡Eres Lestat! ¡Mi padre me ha hablado tanto de ti! ¡Por el amor de Dios! ¡Tú eres Lestat!—decía dándome besos en las mejillas y comportándose casi como un niño.

—¡Alto!—grité dejando cierta distancia al tener mis brazos extendidos—. Eres una de esas criaturas... de esos...

—Taltos, la palabra idónea es Taltos—dijo con una sonrisa ilusa en sus enormes ojos azules.

—¿Eres hijo de Oberon? Dime, ¿dónde se encuentran? Ni siquiera ellos quedan en el hospital y siento que... Oh, Rowan... ¿le ha pasado algo a ella?

—No te angusties—se echó a reír y me abrazó de nuevo—. Madre y padre no son quienes crees. Rowan hizo un milagro y madre fue de nuevo bendecida con el amor de un hijo y...

—¡Alto!—dije de nuevo alejándome con cierto temor— ¿Quién eres?

—Alvar Mayfair, hijo de Tarquin Blackwood y Mona Mayfair. ¿No notas el parecido?—creo que en ese momento palidecí. Demonios, sentí como si el mundo girase demasiado rápido y sintiera que algo no estaba bien.

Deseé gritar, maldecir, aporrear las puertas de todos los edificios y explotar en llanto. Rowan me había dicho que había cosas terribles, que Julien quería poner patas arriba todo y me había obligado a marcharme después de estar poco más de media hora en su compañía.


—¡Tarquin siempre cumpliendo los malditos caprichos de esa arpía!—grité furioso marchándome de allí, siendo para todos una ráfaga de aire, pues necesitaba ver a mi hermanito y que me aclarara el motivo de porqué hacer algo tan estúpido.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt