Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 13 de enero de 2013

Una gota





Una gota, tan sólo una gota, cayó de sus labios hacia la camisa de blanca de algodón. Sus ojos eran los de un animal herido que deseaba huir rápidamente de las calles. Sentía como mil ojos lo observaban aunque sólo estaba él, el desconocido que yacía cerca de sus botas, y la locura que siempre le había acompañado. Su propia voz le gritaba que estaba loco, pero él sabía que la locura no era el mayor de sus problemas.

Corría sin cesar, como si miles de perros enloquecidos corrieran tras él. Sus pisadas cada vez eran menos estables, el agua de la lluvia hacía imposible correr sin sentir que te caías de bruces. Un charco, otro, y otro más. El sonido del agua salpicando por todas partes, y aquella única gota en su camisa le preocupaba más que la lluvia que se avecinaba.

“¿Quién era él? ¿Qué quería en esta vida? ¿Cuál eran sus metas? ¿Esa niña de su mente aún seguiría siendo así de hermosa? ¿Por qué lo amé mientras lo mataba? ¡Ese amor! ¿Por qué sentí amor? ¿Por qué tuvo que toparse con ese hombre mi sed? ¿Por qué? ¡No puedo más! ¡Había jurado no romper las reglas del maestro! ¡Pero ah! ¡Ahí estaba el crimen! ¡Criminal! ¡Criminal! ¡Eres un maldito criminal! ¡No sabes seguir las reglas! ¡Mereces que te expongan al sol hasta que este haga que prendas como una antorcha! ¡Muere miserable! ¡Idiota! ¡Maldito idiota! ¡Criminal!”

Entre reproches cayó al suelo y su cabello rojizo cayó como lienzo sobre su rostro. La lluvia empezó a caer como si descargara toda la rabia contra él. Sus lágrimas sanguinolentas surgieron manchando sus mejillas jugando con la tonalidad de su melena. Su camisa se pegaba a su torso y su espalda, sus pantalones negros ajustados de cuero estaban empapándose del mismo modo que sus calzoncillos, y sus botas estaban cubiertas de barro.

-Levanta.

Escuchó la voz fría y firme de su maestro, después sus manos sobre sus hombros asiéndolo para que se alzara. Apretó sus hombros entre sus dedos, lo miró desafiante y escupió las palabras más crueles que se pueden decir a un hijo.

-Eres despreciable, un inútil. ¿Quieres que nos maten a todos? ¡Eso pretendes!

El muchacho no tenía más de dieciséis años cuando fue creado tan sólo hacía unas noches. Su maestro le había hablado de las reglas durante horas, incluso fue a cazar con él las primeras noches, pero esta era la prueba final. Los ojos pardos del joven se llenaban de lágrimas más gruesas que le impedían ver.

Yo estaba allí y no hice nada por impedir que lo abofeteara, sin embargo mi presencia alertó a su maestro. Era un hombre robusto de ojos verdes, tenía el cabello negro y espeso, con una mandíbula firme y unos labios algo gruesos. Su aspecto era el de un hombre de aproximadamente cuarenta años, con buenas ropas, y limpio. Todo él olía a una colonia masculina y sutil.

-¿Qué clase de imbécil crea a un niño como mascota y luego no sabe educarlo?-pregunté clavando mis ojos violetas en él.-¿Qué clase de imbécil trata así a un chiquillo que no sabe ni ponerse en pie solo? ¡Ah! Espera.-reí encogiéndome de hombros para luego relajarme, aunque no así mis ojos severos.-Usted, usted es tan imbécil que ha creado a un niño y pretende que sea el mejor vampiro de la historia. Lo lamento, ese puesto es mío.-di un par de pasos hacia ellos y alejé al muchacho agarrándolo por la cintura.-Si no le importa me lo llevo.-me alcé por los aires ante sus ojos atónitos.

Aquel miserable no tenía el don de volar, ni siquiera era bueno leyendo las intenciones en otro de los suyos. ¿Dónde llevaba al muchacho pelirrojo? Me recordó a cierto idiota que inevitablemente aprecio y lo dejé en la puerta del Maestro, él sabría que hacer. Veía en él un chico asustado como un ratón pero listo, alguien que sería sin duda un buen discípulo. Un discípulo mucho mejor que yo.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt