Autor: Nicolas de Lenfent del Jardín Salvaje
Si lo escuchas con atención podrás
oírlo, ¿no lo oyes? Es mi corazón emitiendo sus lamentos en un
encantador concierto de violines. Me muevo como si fuera marioneta,
me oculto en las sombras y acecho como si fuera un enorme felino en
busca de su presa. Giro lento y comedido, pasos suaves y una sonrisa
cruel pintando mis labios y ensalzando la belleza de la inmortalidad.
Soy un espectro cruel. El recuerdo del
pasado. Las manos frías que acarician tu nuca y revuelve tu pelo
soltando tus cabellos. Aquel que se recuesta a tu lado y susurra
maleficios, ese soy. Un fantasma que ensalza la belleza de la música
mientras deja que el rencor le guíe.
Son esas primavera con nieves frías
que se derriten en tus manos cálidas las que me llamaron para estar
aquí, esas manos que ya no poseo, pero que mi alma aún recuerda.
Mírame sonreír, como si no hubiese dolor entre las células de luz
que convierten a mi cuerpo en un ser de carne y hueso difuminado, con
el aroma de la tienda y los cirios de mi vieja alcoba.
Ojala el vino saciara mi sed, aunque no
me importaría derramar tu sangre... la sangre de un inútil que sólo
me hundió en la oscuridad tras ver el sol.
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