Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 13 de octubre de 2013

La noche de la perdición

Fan fic de David y Louis
Creado por David y Louis de "El Jardín Salvaje"



El cielo parecía que iba a caerse a pedazos. La tormenta que estaba instalada en la ciudad parecía no querer marcharse hasta descargar toda su encantadora furia, igual que una mujer molesta con su amante o un hombre furioso después de un desengaño amoroso. Aquello era como una jauría de fieras alardeando de su poder. Los relámpagos iluminaban la estancia mientras la luz de la bombilla aún no se prendía, pues nos habíamos quedado sin electricidad y aguardábamos que regresara. La chimenea de mi despacho ya estaba encendida ofreciéndome refugio y un agradable calor.

Sentí a Louis en la escalera. Era extraño percibirlo en la mansión que ocupábamos la mayoría, pues después del abandono que había sufrido por Lestat decidió mudarse a varios kilómetros, prácticamente a las afueras, en una respetable mansión que fue parte de una de las cientos de plantaciones de algodón de la zona. Su figura se detuvo frente a la puerta, la cual se encontraba abierta, y pidiendo permiso en silencio con un ademán entró.

Sus ojos verdes en la oscuridad tenían una belleza inigualable. Sus labios, los cuales parecían fruncidos en un leve enojo, mostraban una vida más peligrosa que la del fuego que tenía a pocos metros. Su cabello estaba empapado y, a decir verdad, también su ropa. Parecía haber caminado bajo el aguacero para encontrar calor y confort a mi lado, como en los viejos tiempos.

-Sé que debo hacer las paces con Lestat. Si has venido a pedirme que lo vigile y ayude llegas tarde. Marius hace rato vino con el mismo fin-giré mi rostro hacia las llamas y dejé escapar un suspiro, como si fuera una queja- No me interesa.

No siempre te pedían algo así, al menos no a mí. Entre ellos discutían y se arreglaban, pero arreglar el problema que existía desde hacía meses con Lestat, mis sentimientos por Mona, Mona y mi orgullo herido era un problema de gran magnitud.

-Por favor, no quiero discutir Louis- dije indicando el sillón frente al mío- Toma asiento. No importa que lo mojes. Realmente no sé para que compré estos muebles pues a penas los uso. Tal vez porque me recuerdan a nuestros años conviviendo. Me recuerda a ti, a Lestat y a mí mismo en aquel apartamento- mi mano estaba tendida hacia él esperando que aceptara la invitación-Por favor, hazme compañía en silencio mientras el fuego te calienta.

Abogaban por Lestat como si fuera un santo. Aunque, sabía que jamás lo sería por muchas lecciones de moral que hubiese deseado dar hacía algo más de una década. En esos momentos posiblemente se encontraba retozando con su esposa, quizás sobre el piano o era posible que correteando por la ciudad cantando alguna canción cuyo nombre seguro que ni recordaba. Así era él. Mientras yo era un hombre de costumbres que hacía de abogado del diablo, pues Lestat siempre sería para mí el diablo en persona a pesar que Memnoch también rondara la casa. Lo había sentido, igual que había sentido a Louis. Tan hermoso, tan fascinante, con aquella intensa mirada, las gotas de agua resbalando por su rostro y sus delicadas, fuertes y suaves manos a ambos lados de sus costados. Louis, el Louis de Lestat. Louis quien empezó todo. Louis el cazador sin escrúpulos, el ángel de la muerte y la soledad. Cínico a ratos, frío y calculador, pero también emocionalmente inestable. Tantas cosas habían pasado entre nosotros y tan distantes nos encontrábamos, como si él no estuviese en la habitación ricamente decorada con pulcritud.

Podría decirse que aún lo amaba, aunque no con el deseo desenfrenado que me evocaba Mona. No sentía deseos hacia él, pero si un profundo respeto y amor como sentía por Lestat, a pesar que habíamos discutido acaloradamente durante estos meses. Pero, todos discutían con él y a la vez le amaban. Igual que muchos amaban a Louis. Ellos me enseñaron el mundo en las sombras en Brasil, me acompañaron en mis primeros años y me sentía huérfano cuando no me hallaba junto a ellos. Sin embargo, eso ya era imposible.

Me miró detenidamente frunciendo levemente el ceño, pues al parecer no estaba enterado de los problemas que existían entre Lestat y yo y tampoco era de su incumbencia. Esbozó una sonrisa que parecía sentenciar que Lestat era un idiota que jamás cambiaría.

-No sé de qué me hablas, yo no vengo a pedirte nada que tenga que ver con Lestat- finalmente aceptó la invitación a sentarse y así lo hizo, despreocupándose por mojar el sillón- Lo que haga o deje de hacer ese idiota ya no es mi problema -dijo de forma tajante y fría.

-A veces me gustaría creer que yo también estoy libre de sus pecados-confesé observando su pálido rostro iluminado por la tenue luz de la chimenea.

Sus ojos brillaban y sus labios se veían sonrosados, así como sus mejillas. Había bebido sangre antes de aparecer por la puerta, posiblemente no hacía más de una hora. Su aspecto era el de un hombre elegante, bien vestido, cuidando cada detalle de sus prendas aunque estuvieran destrozadas por la lluvia. Sin embargo, mi aspecto era más sencillo. Tan sólo llevaba una camisa blanca desabrochada en sus dos primeros botones, un pantalón negro y unos mocasines muy clásicos. Había decidido no salir esa noche y dedicarme a contemplar los archivos que conservaba en mi ordenador, para después buscar a Mona que posiblemente bailaría y reiría en la parte inferior de la casa con el resto de mortales. Ella siempre sería más social que Louis, yo o cualquier otro hijo de Lestat. En realidad, ella y él eran muy parecidos. Sin embargo, la fiesta se había pospuesto por la tremenda oscuridad que reinaba en toda la casa aunque se escuchaban murmullos de conversaciones, alguna risa y la sensación de compañía constante.

-Hacía mucho tiempo que no estábamos frente a frente. La última vez te increpé y me empujaste- recordar aquello no me hacía sentir mucho mejor- Habías regresado con Lestat después que él te engañase de nuevo. Me dijiste que no intentara meterme en vuestros asuntos porque yo tendría mayores preocupaciones tras casarme con Mona. Después de aquello la amistad se ha ido...-no sabía como calificar el silencio que había entre nosotros, el hueco que se había llenado de oscuridad radiante y la sensación de mareo al evocar cada recuerdo-desvaneciendo- añadí finalmente sin rodeos.

Louis mostró entonces una sonrisa distinta, ésta se volvió socarrona.

-Como olvidar eso- dijo rompiendo el silencio- Tú sólo intentabas abrirme los ojos y yo era el idiota enamorado que seguía creyendo en las absurdas palabras de su amado -su mirada seria y falta de sentimientos se transformó a una nostálgica y triste por breves momentos- Ahora que todo esto ha pasado, creo que es justo pedirte una disculpa... no espero que me creas o me perdones pronto, pero por la buena amistad que alguna vez tuvimos espero y un día me perdones -se acomodó mejor sobre el sillón apoyando sus manos en el descansa brazos, acariciando lentamente con sus dedos la tela.

Comprendía el deseo que había en él cuando miraba a Lestat, el cual a veces parecía volverlo frágil aún hoy. Había cambiado después de la interrupción en nuestras vidas en común de Merrick. Ella había vuelto a enloquecerme, provocar que cayera en su trampa y que él me acompañara. Era un amor que nunca pude olvidar y pese a todo la perdoné por sus pecados y delitos. Desde aquellos días todo empezó a ir de mal en peor entre Lestat y él. Realmente no sabía como habían mantenido aquella relación por más de una década. Disputas constantes y reproches que a veces no parecían olvidarse jamás.

-Louis- arrastré su nombre entre mis labios y sonreí sincero- Ahora eres más libre que nunca. Me gusta saber que ya nada te ata para encontrarte a ti mismo -me incliné hacia delante y le miré fijamente a los ojos- Puedes venir a mí cuando desees. Somos amigos aunque estemos ahora distanciados. Por mí no hay problema si necesitas que te acompañe algunas horas para escuchar tus pensamientos. Sabes que siempre te he tenido un profundo y sincero aprecio.

Recordé entonces cuanto lo había amado. Me entregué al pecado de arrebatar a Louis de brazos de Lestat en más de una ocasión. Luché tanto por unos besos y caricias, por su cuerpo entregado al mío y sus manos palpando mi espalda mientras suspiraba entre las sábanas de su cama que se convirtió en la nuestra. Lestat hundido en sus pensamientos, escuchando viejos discos, sintiéndose preso de sus miedos y nosotros libres para un juego que acabó mal. Si Merrick no hubiese aparecido era posible que aún siguiéramos en aquella situación, prolongando una mentira y un deseo ejercido por la soledad en su caso y por un amor sincero en el mío.

Louis nunca me amó como yo pretendía, pero al menos sí me deseó de igual modo. Lestat estaba fuera de juego, como si fuera el peón y no el rey, y yo me transformé en un consorte que le llenaba de palabras amables y aduladoras, caricias excitantes y besos que le contagiaban. La primera noche fue el camino a la perdición para ambos. Aquella primera noche tras varias buscándonos, mirándonos, tan sólo besándonos compartiendo el sabor de la sangre y ciertas caricias íntimas. Mis manos sobre la tela que cubría su entrepierna, dejando leves masajes en círculo para despertar su sexo y como él jadeaba bajo dejándose hacer de esa forma para aliviar sus miedos y la soledad que le abrazaba firmemente. Necesitaba a Lestat y yo me aproveché.

“No pienses, sólo siente. Intenta sentir Louis. Sólo siente. Déjate llevar y todo irá bien. Piensa si quieres que es él, si eso te hace sentir menos culpable.” Sin duda era un miserable que me había aprovechado de su confianza. Sin embargo, una noche fue distinta y de ella surgieron algunas más. Pero ninguna como aquella. La noche de la perdición.

Habíamos regresado de una cacería impecable. Un hombre y una mujer, los cuales mantenían casi encadenados a su hijo con deficiencia mental. Eran repulsivos, se gritaban y golpeaban en una vivienda en condiciones lamentables. El pequeño, de no más de doce años, se retorcía prácticamente en sus propios excrementos y entre cajas de pizza vacías acumuladas por el suelo. Matamos a los villanos, el chico se encontraría un día más tarde merodeando el barrio, y nosotros nos sentíamos superiores, como así era, y nos hundíamos en el placer. La sangre nos había dado energías.

Entramos en la vivienda que compartíamos. La música de Lestat seguía sonando y él parecía no haberse movido ni un milímetro. Llovía lamiendo la miserable vida de la ciudad, limpiando sus problemas durante unas horas y dejando el cielo tan oscuro que no se podían imaginar las estrellas que había más allá de las nubes. Al entrar en el salón, cerca de la escalera central, le agarré del brazo evitando que subiera a la biblioteca. No quería que se hundiera en viejos libros y recuerdos, pues lo deseaba hundir en mi cama.

Atraje su figura hacia mí, lo tomé de la nuca y lo besé inclinándome ligeramente hacia delante por nuestra distinta estatura. Sus labios se abrieron aceptándome, pero no soltaba ni su brazo ni su nuca. Temía que huyera como solía hacer. Ésta vez sería mío demostrándole que otro hombre también podía hacerlo suspirar y vibrar.

-Louis, dejemos de jugar como niños y juguemos como adultos- dije mirándolo a los ojos. Esos profundos ojos verdes que brillaron como gemas- Louis, olvida por un momento tu estúpido decoro. Deja que te desnude y lama cada milímetro de tu cuerpo. Permite que te haga gritar- guardé silencio con los labios cerca de los suyos, rozándolos mientras murmuraba aquellas palabras- No me importa si él nos escucha y a ti tampoco debería de importarte ya.

-Ah David ¿Por qué tienes que tentarme tantas veces y de esta forma? -aunque se negara, internamente deseaba que continuara, esas palabras suaves, amables y llenas de un amor que Lestat nunca antes le regaló, lo volvían vulnerable y un conejillo dispuesto a la completa merced del lobo frente a él- Oh David, David... -susurró su nombre como si recitara un poema- No debería pero... soy hombre y tengo mis necesidades... -esta vez habló rozando sus labios con los ajenos mientras sus ojos observaban con pasión y cierta travesura los ajenos- ¿Crees que a él le importe?

-No me interesa conocer la verdad ¿y a ti?-pregunté deslizando mi mano de su nuca por su espalda.

Aquella mano derecha recorrió sus hombros algo más estrechos que los míos, su cintura y cadera, para terminar apretando sus nalgas rozando la abertura de estas. Sabía que quería sentirme. La noche anterior había logrado introducir un dedo entre ellas y provoqué que eyaculara completamente sonrojado, con sus tímidos jadeos aflorando de su boca que se abría igual que un pez que desea respirar y esos ojos llenos de deseo.

-Un dedo no será suficiente-mascullé soltándole el brazo para desabrochar un par de botones de su impecable camisa. No había derramado ni una gota pese al forcejeo con aquel corpulento idiota.

Besé su cuello dejando que mis labios le hicieran jadear sólo de imaginarlas sobre su sexo, pezones y espalda. Iba a ser mío. Codiciaba sus sentimientos de igual modo que su cuerpo. Quería ser su nuevo amor, a pesar que nunca sería el sustituto idóneo de Lestat ya que yo no tenía ese encanto maldito, esos ojos burlescos y esas palabras que recitaban letanías de amor y que realmente sólo eran veneno. Amaba a Lestat, pero era un mentiroso ruin que sólo mantenía a Louis en sus brazos porque detestaba que otros lo tocaran y él comprendiera que había mejores hombres que un adulador compulsivo.

-Vamos a tu dormitorio- le ordené- Te debes una noche de placer- añadí tirando de nuevo de su brazo para provocar que se moviera.

Soltó un lento suspiro cargado de excitación y deseo, aunque no quisiera aceptarlo, aquellos besos y caricias que le proporcionaba le encantaban, le hacían temblar y desear más. ¡Al diablo lo que pensara Lestat! si él podía irse con putas ¿por qué el no podía hacer lo mismo? Jamás se enteraría ni por él ni por mí.

-Vamos -aceptó finalmente luego de su debate mental y moral- Quiero comprobar que tan bueno eres en la cama, siempre me presumes que eres mucho mejor que él ¿Será verdad, o sólo una falacia tuya? -me dijo a modo de reto y con una sonrisa traviesa, la cual me prendió, mientras me seguía el paso- No hay necesidad que me obligues a nada David, no voy a huir si eso es lo que temes.

Liberé su brazo para subir junto a él por la escalera, dándole algo de espacio. Sin embargo, quería destrozarlo allí mismo. Necesitaba romperle los concemptos, quemar sus miedos y arrojar sobre su cuerpo nuevas caricias que él aún no comprendía. Quedé en silencio hasta que entramos en la habitación y cerramos la puerta.

La majestuosa cama vestida de blanco apareció como un fantasma con su dosel de encaje de flores y lazos color marfil de bordes dorados. Los almohadones se veían muy cómodos y lucían colocados perfectamente sobre el colchón que nos llamaba a cometer el pecado. Las columnas que sujetaban el dosel eran caoba, al igual que los restantes muebles. Louis tenía un tocador donde dejaba descansar algunos libros, sus frascos de perfume y un cepillo de plata que Lestat le había obsequiado para que callara sus reproches. Una habitación pulcra que pronto iba a ser manchada.

Permití que se girara para llevarlo hasta la cama donde eché su pelo hacia el lado contrario. Besaba su cuello mientras desabrochaba su camisa, sacaba su chaqueta y chaleco, quitaba su cinturón y le ofrecía cierta libertad a su figura. Aún estábamos húmedos y empaparíamos el colchón y las ropas de barro y agua de lluvia.

-Louis... - dije obnubilado por su cercanía tomando su mano derecha para dirigirla a mi entrepierna- Louis... -estaba excitado y comenzaba a tener abultado el paquete- No sabes cuanto he deseado hacerte el amor.

-David... -tiró de mí haciendo que chocaran con la base de la cama- ¿Qué deseas? -sabía lo que quería al haber guiado su mano hacia su entre pierna, su mano presionó su miembro que se mostraba abultado- Dímelo David ¿qué deseas?

Cerré los ojos hundiendo mi rostro en su cuello. Mi lengua dejaba círculos pequeños sobre su piel tibia por la sangre que habíamos conseguido. Acaricié su mano deseando que no la apartara.

-Tus caricias, tu boca...-alcé la cabeza y lo tomé del rostro- A ti en ésta cama sin ropa y sin límites. Te quiero a ti arrodillado al fin frente a mí, ofreciéndome tu lengua y tu boca. Te deseo a ti- aparté mis manos de él para quitarme la chaqueta y tirarla al suelo, quitarme el cinturón y botón de mi pantalón permitiendo que él bajara la cremallera como bien quisiera- Quiero que me hagas feliz del mismo modo que yo lo haré contigo.

-Lo haré mon amour, cumpliré tus deseos -aquellas palabras de amor eran ciertas pero a la vez falsas. Yo lo sabía. Sabía que me amaba pero no con la misma intensidad que amaba a Lestat, pero por hoy se olvidaría de él y me ofrecería todo lo que yo quisiera. Bajó el cierre del pantalón y sacó mi miembro- Ésta noche seré completamente tuyo... -dicho ésto le lamió el glande como si fuese una golosina de forma lenta y tortuosamente.

Mis piernas temblaron mientras mis ojos intentaron mantenerse abiertos. Había esperado tanto tiempo poder sentir su lengua. Deseaba a Louis desde el primer momento en el cual nos conocimos. Quise hacerlo mío en Brasil mientras Lestat coqueteaba con las mujeres en pleno carnaval. Él se emocionaba observando sus bustos, contoneándose con ellas en medio de un baile demencial y cargado de connotaciones sexuales, mientras que yo sostenía a Louis en mis brazos acariciando sus cabellos para calmar su silencioso llanto.

El momento que vivíamos me hizo sentir victorioso, aunque sólo era un paso pequeño comparado con todo lo que yo deseaba. Por eso lo sentí tan placentero. Ningún hombre o mujer hasta ahora, ni siquiera Merrick, me ofreció tal sensación con tan sólo unas lamidas.

-Louis, darling- dije tomando asiento en la cama mientras recogía su cabello húmedo para poder observar mejor su expresión.

No comprendía a Lestat, o más bien no compartía su estilo de vida. Louis se desvivía por complacerle dentro y fuera de la cama. A pesar de las peleas, los pequeños incendios, los jarrones rotos y el llanto se amaban de forma profunda. Mi amigo tenía todo y lo despreciaba aceptando a mujeres en su cama, aventuras que arriesgaban su vida y que para mi gusto eran completamente innecesarias. El misterio me tentaba, pero sabía ser precavido. Aunque, en aquel momento estaba cometiendo una locura.

-Darling, I love you so much. You are my love. My heart is for you- le aseguré mientras le ayudaba a dirigirse mejor por mi miembro que se endurecía en su boca mientras le miraba con una expresión cargada de fascinación.

-Oui, only your my love -respondió a mis palabras cargadas de amor y procedió a engullir de una vez todo mi miembro. Su lengua serpenteaba hábilmente alrededor de toda su extensión, su cabeza iba y venía para ofrecerle más placer.

-Louis- gemí su nombre moviendo mis caderas sin importarme que Lestat pudiese despertar, como solía hacer por algunos minutos, y molestarse irremediablemente por todo lo que estaba sucediendo.

Ayudaba a mi amante, el amante que tanto había deseado tener entre mis brazos, a tragar cada trozo de mi sexo. Sus labios rozaron la base y los testículos mientras su nariz me provocaba cierto cosquilleo por una respiración innecesaria pero que aún mantenía, como si estuviese vivo.

-No, darling- murmuré apartándolo para incorporarlo y recostarlo en la cama.

No quería disfrutar únicamente yo. Jamás fui tan egoísta como Lestat. Él no tenía porque sacrificarse ante un amante. Por ello lo recosté junto a mí y saqué el resto de la ropa entre besos, caricias y miradas cómplices. Acomodé su figura entre los cojines mullidos de aquella enorme cama y acaricié su torso mientras me alejaba para quitarme mi pantalón y camisa.

-I love your lips, but I love much more when I can hear your sighs. I don't leave hear your sighs in my imagination when I need heat in my cold nights when you cry for him- odiaba escuchar sus llantos por Lestat. También amaba a Lestat, le había deseado en más de una ocasión, pero no se comparaba con la belleza y la pureza que aún mantenía Louis siendo un asesino certero y a la vez un infeliz que tan sólo deseaba alcanzar la paz.

Me recosté a su lado besando sus labios mientras bajaba mi mano derecha por su torso. Acaricié sus pezones y los pellizqué ambos mientras intensificaba aquella unión. Su boca era un paraíso a pesar que tenía la huella de mi sabor. Cuando alcancé su vientre plano, los huesos marcados de su cadera y finalmente su miembro noté que se estremecía.

Corté mi lengua y le ofrecí mi sangre mientras iniciaba la masturbación. Estaba duro y deseoso de mí, podía notar como sus piernas se abrían por inercia para estremecerme en su interior. Si bien debía esperar, pues Louis lo merecía.

-Ah mon cour, mon amour -gemía y jadeaba completamente extasiado y entregado a las caricias y emociones que le brindaba con tanto cariño y delicadeza que jamás había sentido y que ahora pensaba que se trataba de un sueño. Nunca, en sus más de 200 años de vida vampírica, lo habían tratado así y yo lo sabía. Todo era tan nuevo y tan diferente que ahora se preguntaba por qué no lo había hecho antes y hasta ahora se daba cuenta de que había sido un idiota por mantenerse fiel a alguien que no lo merecía- David... -susurró mi nombre luego de saborear aquel chorro de sangre que le había compartido con el beso- Plus mon cour... dame más de ti, quiero sentir como me devoras y me haces tuyo, quiero que borres de mi piel cada marca que él ha dejado. S'il vouz plait, ayúdame a olvidar.

Sabía que si jugaba bien mis cartas podía despojar su alma de ese lacerante dolor. Debía averiguar como conseguir abarcarle para siempre entre mis brazos. Me comportaría de forma egoísta robando el amor de un amigo, el cual me consideraba un hermano y un hijo. Besé los labios de Louis para callar sus palabras mientras con cuidado abría las piernas y me escurría entre ellas. Mi lengua se deslizó por sus clavículas hasta su ombligo y lo besé entre lamidas.

-No hables de él, no merece la pena- dije clavando mis ojos en los suyos, tan profundos y sinceros que me ahogaba en el valle siempre verde, refrescante y cautivador que poseía-Sólo gime mi nombre-besé la punta de su miembro y sin pudor inicié a felarlo con deseo.

Cerré mis ojos café mostrando un rostro sereno pero entregado, pues estaba concentrado en provocar el mayor placer. Mi lengua se enroscaba tirando de su piel y acariciando sus testículos. Mientras lo hacía imaginaba un futuro donde Lestat no nos molestara ni destrozara nuestra tranquilidad, un lugar oculto de sus momentos torpes de héroe irresponsable, y pensando aquello me daba valor para proseguir.

Al sacar su miembro acomodé mejor sus caderas hundiendo el dedo corazón de la mano derecha, mientras la izquierda acariciaba su torso hasta sus pezones, pellizcándolos y dejando un suave recorrido hasta sus caderas. Podía notar la presión de sus músculos y la mirada cargada de necesidad enfatizando sus palabras anteriores.

-Eres el ángel de la muerte, mi ángel, y a partir de ahora yo te cuidaré- aseguré aquello sin pensar que Merrick podía destrozar todo lo conseguido aquellos días.

Mi dedo se movía rápido seguido de un segundo y después de un tercero. Sabía que su cuerpo se retorcería y pediría mayores caricias. Me imaginé penetrándolo, sintiendo mi miembro enfundado en una vaina perfecta formada por su entrada y paredes internas. No habría para él palabras pueriles, sino deliciosos gemidos y su nombre en jadeos una y otra vez. Yo no era como Lestat.

-David... David... -gemía mi nombre al mismo tiempo que curvaba su espalda y apretaba los músculos internos para presionar sus dedos- Plus... -abrió más las piernas dispuesto a recibirme por completo- Mon amour no me hagas esperar más, te necesito, entra ya... entra... -me abrazó fuerte por la espalda y buscó mis labios para atraparlos, en un ávido y muy hambriento beso, sus lenguas entrelazadas y juguetonas se reconocían la una a la otra y sus manos se deslizaban por mi espalda mucho más fuerte y ancha que la suya- David, David.. Je t'aime... Je t'aime...

Sabía que en medio del placer podían decirse mentiras piadosas y verdades a media. Sin embargo, no dudé en creer que Lestat podía ser borrado. Yo también amaba a Lestat, pero mi amor era distinto desde que Louis entró en escena demostrándome que su belleza era mucho mayor. Era extremadamente cautivador y en ese estado, en el cual se hallaba frente a mí completamente rendido, sentí deseos de corromperlo con mentiras hacia nuestro compañero y creador. Pero, no lo hice y tan sólo bañé su rostro con besos mientras apartaba mis dedos e introducía al fin mi pene.

El glande fue abriendo camino en su dilatado orificio, entrando de una vez aunque despacio midiendo sus reacciones y decidiendo si era oportuno o no proseguir. Gemí su nombre al notar que estaba por completo rodeado por su cuerpo, enterrado en él de forma deliciosa y casi mágica. Nuestros cuerpos encajaban perfectamente uno con el otro.

A partir de ese momento mi cerebro se apagó y me hundí en la lujuria. Mi cadera se movía suavemente ofreciéndole el sentirme por completo, cada trozo de mi piel y venas, mientras besaba sus labios ofreciéndole algo de tregua. Si bien acabé aumentando el ritmo moviéndome de forma más necesitada y rítmica. Nuestros cuerpos estaban perlados de pequeñas gotas de sudor sanguinolento y las sábanas se estaban manchando quedando completamente destrozadas.

Gemía solo como sabía hacerlo cuando se sentía completamente complacido. Estaba haciendo un muy buen trabajo, ni siquiera había pasado por su mente el nombre de Lestat. En esos momentos se sentía completo y amado. David era totalmente diferente a Lestat y eso le gustaba, lo llenaba de besos, de caricias y palabras amorosas dichas tal vez con el corazón; aunque tal vez él sólo pensaba que era el gozo del momento, pero eso a él ya no le importaba. Envuelto por los brazos de su amante, se sentía único y amado como nunca.

-Plus... plus... -me pidió hablándome al oído con gemidos, quería sentirme más dentro, más profundo, más... suyo.

-Te amo- dije en medio de la euforia, aunque le amaba con todo mi corazón en esos momentos.

El ritmo aumentó mientras besaba su cuello lamiendo las gotas de sudor, los cuales se escurrían por su mentón dejando pequeños hilillos sanguinolentos. Mis testículos golpeaban duro y rápido sus nalgas, mis brazos estaban extendidos manteniendo cierta distancia con su cuerpo y con las manos apoyadas en los almohadones a los que me aferraba con fuerza.

-Darling- gemí besándolo con profunda necesidad mientras notaba como finalmente estábamos ambos a punto de llegar a la cima del placer, pues él parecía comenzar a perder el control al igual que yo.

Las fuertes y aún más profundas embestidas lograron tocar un punto que lo estaba llevando al borde de la locura, se abrazó clavando sus uñas en mi espalda y en una de las embestidas no soportó más y estalló. Sus uñas rasguñaron mi espalda y toda su esencia quedó salpicada entre ambos vientres al mismo tiempo que había gritado su nombre en un gutural gemido.

-David... -en su rostro se dibujaba una sonrisa mientras soltaba mi espalda y tomaba del rostro- Eso ha sido... único...

Llegué con él en un gemido bastante profundo y largo. Posiblemente Lestat podía habernos escuchado, pero nada en la habitación contigua daba señales de saber o comprender que acababa de ocurrir. Miré a Louis fascinado mientras aún sentía leves espasmos por mi cuerpo, sofocado y hambriento de besos casi aterciopelados.

-Por favor, se únicamente mío- rogué besando su rostro mientras salía quedando recostado a su lado.


Mis recuerdos eran tan vivos que noté cierto calor recorrer mi cuerpo, como si aún me sintiera satisfecho por aquel encuentro. Sin embargo, era más bien dolor por algo que no pudo ser y tan sólo se convirtió en un recuerdo más. Un recuerdo que me perseguía cada vez que veía a Lestat furioso con Louis, maldiciéndolo mientras le recordaba que para él ya no era más que una carga y que Louis, con la moral recobrada, tan sólo sonreía satisfecho antes de prender fuego a algo nuevo en la mansión. En esos momentos sólo amaba a Mona, pero me llegué a preguntar que hubiese pasado si Merrick no hubiese regresado a mi vida. Sin embargo, su risa en el salón me hizo sonreír como cualquier enamorado lo haría pesando en mi fortuna. Aunque, la presencia de Louis era agradable y aún la necesitaba aunque fuese sumido en silencio contemplando el fuego.  

1 comentario:

Unknown dijo...

Es con fics como estos que me sale la vena fangirl.
Superando siempre las expectativas con las que comienzo a leer cada relato.
Tengo el corazón acelerado y creo que no puedo dejar de sonreí como boba.

@ClaudiaNoir

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt