Fan fic de David y Louis
Creado por David y Louis de "El Jardín Salvaje"
El cielo parecía que iba a caerse a
pedazos. La tormenta que estaba instalada en la ciudad parecía no
querer marcharse hasta descargar toda su encantadora furia, igual que
una mujer molesta con su amante o un hombre furioso después de un
desengaño amoroso. Aquello era como una jauría de fieras alardeando
de su poder. Los relámpagos iluminaban la estancia mientras la luz
de la bombilla aún no se prendía, pues nos habíamos quedado sin
electricidad y aguardábamos que regresara. La chimenea de mi
despacho ya estaba encendida ofreciéndome refugio y un agradable
calor.
Sentí a Louis en la escalera. Era
extraño percibirlo en la mansión que ocupábamos la mayoría, pues
después del abandono que había sufrido por Lestat decidió mudarse
a varios kilómetros, prácticamente a las afueras, en una respetable
mansión que fue parte de una de las cientos de plantaciones de
algodón de la zona. Su figura se detuvo frente a la puerta, la cual
se encontraba abierta, y pidiendo permiso en silencio con un ademán
entró.
Sus ojos verdes en la oscuridad tenían
una belleza inigualable. Sus labios, los cuales parecían fruncidos
en un leve enojo, mostraban una vida más peligrosa que la del fuego
que tenía a pocos metros. Su cabello estaba empapado y, a decir
verdad, también su ropa. Parecía haber caminado bajo el aguacero
para encontrar calor y confort a mi lado, como en los viejos tiempos.
-Sé que debo hacer las paces con
Lestat. Si has venido a pedirme que lo vigile y ayude llegas tarde.
Marius hace rato vino con el mismo fin-giré mi rostro hacia las
llamas y dejé escapar un suspiro, como si fuera una queja- No me
interesa.
No siempre te pedían algo así, al
menos no a mí. Entre ellos discutían y se arreglaban, pero arreglar
el problema que existía desde hacía meses con Lestat, mis
sentimientos por Mona, Mona y mi orgullo herido era un problema de
gran magnitud.
-Por favor, no quiero discutir Louis-
dije indicando el sillón frente al mío- Toma asiento. No importa
que lo mojes. Realmente no sé para que compré estos muebles pues a
penas los uso. Tal vez porque me recuerdan a nuestros años
conviviendo. Me recuerda a ti, a Lestat y a mí mismo en aquel
apartamento- mi mano estaba tendida hacia él esperando que aceptara
la invitación-Por favor, hazme compañía en silencio mientras el
fuego te calienta.
Abogaban por Lestat como si fuera un
santo. Aunque, sabía que jamás lo sería por muchas lecciones de
moral que hubiese deseado dar hacía algo más de una década. En
esos momentos posiblemente se encontraba retozando con su esposa,
quizás sobre el piano o era posible que correteando por la ciudad
cantando alguna canción cuyo nombre seguro que ni recordaba. Así
era él. Mientras yo era un hombre de costumbres que hacía de
abogado del diablo, pues Lestat siempre sería para mí el diablo en
persona a pesar que Memnoch también rondara la casa. Lo había
sentido, igual que había sentido a Louis. Tan hermoso, tan
fascinante, con aquella intensa mirada, las gotas de agua resbalando
por su rostro y sus delicadas, fuertes y suaves manos a ambos lados
de sus costados. Louis, el Louis de Lestat. Louis quien empezó todo.
Louis el cazador sin escrúpulos, el ángel de la muerte y la
soledad. Cínico a ratos, frío y calculador, pero también
emocionalmente inestable. Tantas cosas habían pasado entre nosotros
y tan distantes nos encontrábamos, como si él no estuviese en la
habitación ricamente decorada con pulcritud.
Podría decirse que aún lo amaba,
aunque no con el deseo desenfrenado que me evocaba Mona. No sentía
deseos hacia él, pero si un profundo respeto y amor como sentía por
Lestat, a pesar que habíamos discutido acaloradamente durante estos
meses. Pero, todos discutían con él y a la vez le amaban. Igual que
muchos amaban a Louis. Ellos me enseñaron el mundo en las sombras en
Brasil, me acompañaron en mis primeros años y me sentía huérfano
cuando no me hallaba junto a ellos. Sin embargo, eso ya era
imposible.
Me miró detenidamente frunciendo
levemente el ceño, pues al parecer no estaba enterado de los
problemas que existían entre Lestat y yo y tampoco era de su
incumbencia. Esbozó una sonrisa que parecía sentenciar que Lestat
era un idiota que jamás cambiaría.
-No sé de qué me hablas, yo no vengo
a pedirte nada que tenga que ver con Lestat- finalmente aceptó la
invitación a sentarse y así lo hizo, despreocupándose por mojar el
sillón- Lo que haga o deje de hacer ese idiota ya no es mi problema
-dijo de forma tajante y fría.
-A veces me gustaría creer que yo
también estoy libre de sus pecados-confesé observando su pálido
rostro iluminado por la tenue luz de la chimenea.
Sus ojos brillaban y sus labios se
veían sonrosados, así como sus mejillas. Había bebido sangre antes
de aparecer por la puerta, posiblemente no hacía más de una hora.
Su aspecto era el de un hombre elegante, bien vestido, cuidando cada
detalle de sus prendas aunque estuvieran destrozadas por la lluvia.
Sin embargo, mi aspecto era más sencillo. Tan sólo llevaba una
camisa blanca desabrochada en sus dos primeros botones, un pantalón
negro y unos mocasines muy clásicos. Había decidido no salir esa
noche y dedicarme a contemplar los archivos que conservaba en mi
ordenador, para después buscar a Mona que posiblemente bailaría y
reiría en la parte inferior de la casa con el resto de mortales.
Ella siempre sería más social que Louis, yo o cualquier otro hijo
de Lestat. En realidad, ella y él eran muy parecidos. Sin embargo,
la fiesta se había pospuesto por la tremenda oscuridad que reinaba
en toda la casa aunque se escuchaban murmullos de conversaciones,
alguna risa y la sensación de compañía constante.
-Hacía mucho tiempo que no estábamos
frente a frente. La última vez te increpé y me empujaste- recordar
aquello no me hacía sentir mucho mejor- Habías regresado con Lestat
después que él te engañase de nuevo. Me dijiste que no intentara
meterme en vuestros asuntos porque yo tendría mayores preocupaciones
tras casarme con Mona. Después de aquello la amistad se ha ido...-no
sabía como calificar el silencio que había entre nosotros, el hueco
que se había llenado de oscuridad radiante y la sensación de mareo
al evocar cada recuerdo-desvaneciendo- añadí finalmente sin rodeos.
Louis mostró entonces una sonrisa
distinta, ésta se volvió socarrona.
-Como olvidar eso- dijo rompiendo el
silencio- Tú sólo intentabas abrirme los ojos y yo era el idiota
enamorado que seguía creyendo en las absurdas palabras de su amado
-su mirada seria y falta de sentimientos se transformó a una
nostálgica y triste por breves momentos- Ahora que todo esto ha
pasado, creo que es justo pedirte una disculpa... no espero que me
creas o me perdones pronto, pero por la buena amistad que alguna vez
tuvimos espero y un día me perdones -se acomodó mejor sobre el
sillón apoyando sus manos en el descansa brazos, acariciando
lentamente con sus dedos la tela.
Comprendía el deseo que había en él
cuando miraba a Lestat, el cual a veces parecía volverlo frágil aún
hoy. Había cambiado después de la interrupción en nuestras vidas
en común de Merrick. Ella había vuelto a enloquecerme, provocar que
cayera en su trampa y que él me acompañara. Era un amor que nunca
pude olvidar y pese a todo la perdoné por sus pecados y delitos.
Desde aquellos días todo empezó a ir de mal en peor entre Lestat y
él. Realmente no sabía como habían mantenido aquella relación por
más de una década. Disputas constantes y reproches que a veces no
parecían olvidarse jamás.
-Louis- arrastré su nombre entre mis
labios y sonreí sincero- Ahora eres más libre que nunca. Me gusta
saber que ya nada te ata para encontrarte a ti mismo -me incliné
hacia delante y le miré fijamente a los ojos- Puedes venir a mí
cuando desees. Somos amigos aunque estemos ahora distanciados. Por mí
no hay problema si necesitas que te acompañe algunas horas para
escuchar tus pensamientos. Sabes que siempre te he tenido un profundo
y sincero aprecio.
Recordé entonces cuanto lo había
amado. Me entregué al pecado de arrebatar a Louis de brazos de
Lestat en más de una ocasión. Luché tanto por unos besos y
caricias, por su cuerpo entregado al mío y sus manos palpando mi
espalda mientras suspiraba entre las sábanas de su cama que se
convirtió en la nuestra. Lestat hundido en sus pensamientos,
escuchando viejos discos, sintiéndose preso de sus miedos y nosotros
libres para un juego que acabó mal. Si Merrick no hubiese aparecido
era posible que aún siguiéramos en aquella situación, prolongando
una mentira y un deseo ejercido por la soledad en su caso y por un
amor sincero en el mío.
Louis nunca me amó como yo pretendía,
pero al menos sí me deseó de igual modo. Lestat estaba fuera de
juego, como si fuera el peón y no el rey, y yo me transformé en un
consorte que le llenaba de palabras amables y aduladoras, caricias
excitantes y besos que le contagiaban. La primera noche fue el camino
a la perdición para ambos. Aquella primera noche tras varias
buscándonos, mirándonos, tan sólo besándonos compartiendo el
sabor de la sangre y ciertas caricias íntimas. Mis manos sobre la
tela que cubría su entrepierna, dejando leves masajes en círculo
para despertar su sexo y como él jadeaba bajo dejándose hacer de
esa forma para aliviar sus miedos y la soledad que le abrazaba
firmemente. Necesitaba a Lestat y yo me aproveché.
“No pienses, sólo siente. Intenta
sentir Louis. Sólo siente. Déjate llevar y todo irá bien. Piensa
si quieres que es él, si eso te hace sentir menos culpable.” Sin
duda era un miserable que me había aprovechado de su confianza. Sin
embargo, una noche fue distinta y de ella surgieron algunas más.
Pero ninguna como aquella. La noche de la perdición.
Habíamos regresado de una cacería
impecable. Un hombre y una mujer, los cuales mantenían casi
encadenados a su hijo con deficiencia mental. Eran repulsivos, se
gritaban y golpeaban en una vivienda en condiciones lamentables. El
pequeño, de no más de doce años, se retorcía prácticamente en
sus propios excrementos y entre cajas de pizza vacías acumuladas por
el suelo. Matamos a los villanos, el chico se encontraría un día
más tarde merodeando el barrio, y nosotros nos sentíamos
superiores, como así era, y nos hundíamos en el placer. La sangre
nos había dado energías.
Entramos en la vivienda que
compartíamos. La música de Lestat seguía sonando y él parecía no
haberse movido ni un milímetro. Llovía lamiendo la miserable vida
de la ciudad, limpiando sus problemas durante unas horas y dejando el
cielo tan oscuro que no se podían imaginar las estrellas que había
más allá de las nubes. Al entrar en el salón, cerca de la escalera
central, le agarré del brazo evitando que subiera a la biblioteca.
No quería que se hundiera en viejos libros y recuerdos, pues lo
deseaba hundir en mi cama.
Atraje su figura hacia mí, lo tomé de
la nuca y lo besé inclinándome ligeramente hacia delante por
nuestra distinta estatura. Sus labios se abrieron aceptándome, pero
no soltaba ni su brazo ni su nuca. Temía que huyera como solía
hacer. Ésta vez sería mío demostrándole que otro hombre también
podía hacerlo suspirar y vibrar.
-Louis, dejemos de jugar como niños y
juguemos como adultos- dije mirándolo a los ojos. Esos profundos
ojos verdes que brillaron como gemas- Louis, olvida por un momento tu
estúpido decoro. Deja que te desnude y lama cada milímetro de tu
cuerpo. Permite que te haga gritar- guardé silencio con los labios
cerca de los suyos, rozándolos mientras murmuraba aquellas palabras-
No me importa si él nos escucha y a ti tampoco debería de
importarte ya.
-Ah David ¿Por qué tienes que
tentarme tantas veces y de esta forma? -aunque se negara,
internamente deseaba que continuara, esas palabras suaves, amables y
llenas de un amor que Lestat nunca antes le regaló, lo volvían
vulnerable y un conejillo dispuesto a la completa merced del lobo
frente a él- Oh David, David... -susurró su nombre como si recitara
un poema- No debería pero... soy hombre y tengo mis necesidades...
-esta vez habló rozando sus labios con los ajenos mientras sus ojos
observaban con pasión y cierta travesura los ajenos- ¿Crees que a
él le importe?
-No me interesa conocer la verdad ¿y a
ti?-pregunté deslizando mi mano de su nuca por su espalda.
Aquella mano derecha recorrió sus
hombros algo más estrechos que los míos, su cintura y cadera, para
terminar apretando sus nalgas rozando la abertura de estas. Sabía
que quería sentirme. La noche anterior había logrado introducir un
dedo entre ellas y provoqué que eyaculara completamente sonrojado,
con sus tímidos jadeos aflorando de su boca que se abría igual que
un pez que desea respirar y esos ojos llenos de deseo.
-Un dedo no será suficiente-mascullé
soltándole el brazo para desabrochar un par de botones de su
impecable camisa. No había derramado ni una gota pese al forcejeo
con aquel corpulento idiota.
Besé su cuello dejando que mis labios
le hicieran jadear sólo de imaginarlas sobre su sexo, pezones y
espalda. Iba a ser mío. Codiciaba sus sentimientos de igual modo que
su cuerpo. Quería ser su nuevo amor, a pesar que nunca sería el
sustituto idóneo de Lestat ya que yo no tenía ese encanto maldito,
esos ojos burlescos y esas palabras que recitaban letanías de amor y
que realmente sólo eran veneno. Amaba a Lestat, pero era un
mentiroso ruin que sólo mantenía a Louis en sus brazos porque
detestaba que otros lo tocaran y él comprendiera que había mejores
hombres que un adulador compulsivo.
-Vamos a tu dormitorio- le ordené- Te
debes una noche de placer- añadí tirando de nuevo de su brazo para
provocar que se moviera.
Soltó un lento suspiro cargado de
excitación y deseo, aunque no quisiera aceptarlo, aquellos besos y
caricias que le proporcionaba le encantaban, le hacían temblar y
desear más. ¡Al diablo lo que pensara Lestat! si él podía irse
con putas ¿por qué el no podía hacer lo mismo? Jamás se enteraría
ni por él ni por mí.
-Vamos -aceptó finalmente luego de su
debate mental y moral- Quiero comprobar que tan bueno eres en la
cama, siempre me presumes que eres mucho mejor que él ¿Será
verdad, o sólo una falacia tuya? -me dijo a modo de reto y con una
sonrisa traviesa, la cual me prendió, mientras me seguía el paso-
No hay necesidad que me obligues a nada David, no voy a huir si eso
es lo que temes.
Liberé su brazo para subir junto a él
por la escalera, dándole algo de espacio. Sin embargo, quería
destrozarlo allí mismo. Necesitaba romperle los concemptos, quemar
sus miedos y arrojar sobre su cuerpo nuevas caricias que él aún no
comprendía. Quedé en silencio hasta que entramos en la habitación
y cerramos la puerta.
La majestuosa cama vestida de blanco
apareció como un fantasma con su dosel de encaje de flores y lazos
color marfil de bordes dorados. Los almohadones se veían muy cómodos
y lucían colocados perfectamente sobre el colchón que nos llamaba a
cometer el pecado. Las columnas que sujetaban el dosel eran caoba, al
igual que los restantes muebles. Louis tenía un tocador donde dejaba
descansar algunos libros, sus frascos de perfume y un cepillo de
plata que Lestat le había obsequiado para que callara sus reproches.
Una habitación pulcra que pronto iba a ser manchada.
Permití que se girara para llevarlo
hasta la cama donde eché su pelo hacia el lado contrario. Besaba su
cuello mientras desabrochaba su camisa, sacaba su chaqueta y chaleco,
quitaba su cinturón y le ofrecía cierta libertad a su figura. Aún
estábamos húmedos y empaparíamos el colchón y las ropas de barro
y agua de lluvia.
-Louis... - dije obnubilado por su
cercanía tomando su mano derecha para dirigirla a mi entrepierna-
Louis... -estaba excitado y comenzaba a tener abultado el paquete- No
sabes cuanto he deseado hacerte el amor.
-David... -tiró de mí haciendo que
chocaran con la base de la cama- ¿Qué deseas? -sabía lo que quería
al haber guiado su mano hacia su entre pierna, su mano presionó su
miembro que se mostraba abultado- Dímelo David ¿qué deseas?
Cerré los ojos hundiendo mi rostro en
su cuello. Mi lengua dejaba círculos pequeños sobre su piel tibia
por la sangre que habíamos conseguido. Acaricié su mano deseando
que no la apartara.
-Tus caricias, tu boca...-alcé la
cabeza y lo tomé del rostro- A ti en ésta cama sin ropa y sin
límites. Te quiero a ti arrodillado al fin frente a mí,
ofreciéndome tu lengua y tu boca. Te deseo a ti- aparté mis manos
de él para quitarme la chaqueta y tirarla al suelo, quitarme el
cinturón y botón de mi pantalón permitiendo que él bajara la
cremallera como bien quisiera- Quiero que me hagas feliz del mismo
modo que yo lo haré contigo.
-Lo haré mon amour, cumpliré tus
deseos -aquellas palabras de amor eran ciertas pero a la vez falsas.
Yo lo sabía. Sabía que me amaba pero no con la misma intensidad que
amaba a Lestat, pero por hoy se olvidaría de él y me ofrecería
todo lo que yo quisiera. Bajó el cierre del pantalón y sacó mi
miembro- Ésta noche seré completamente tuyo... -dicho ésto le
lamió el glande como si fuese una golosina de forma lenta y
tortuosamente.
Mis piernas temblaron mientras mis ojos
intentaron mantenerse abiertos. Había esperado tanto tiempo poder
sentir su lengua. Deseaba a Louis desde el primer momento en el cual
nos conocimos. Quise hacerlo mío en Brasil mientras Lestat
coqueteaba con las mujeres en pleno carnaval. Él se emocionaba
observando sus bustos, contoneándose con ellas en medio de un baile
demencial y cargado de connotaciones sexuales, mientras que yo
sostenía a Louis en mis brazos acariciando sus cabellos para calmar
su silencioso llanto.
El momento que vivíamos me hizo sentir
victorioso, aunque sólo era un paso pequeño comparado con todo lo
que yo deseaba. Por eso lo sentí tan placentero. Ningún hombre o
mujer hasta ahora, ni siquiera Merrick, me ofreció tal sensación
con tan sólo unas lamidas.
-Louis, darling- dije tomando asiento
en la cama mientras recogía su cabello húmedo para poder observar
mejor su expresión.
No comprendía a Lestat, o más bien no
compartía su estilo de vida. Louis se desvivía por complacerle
dentro y fuera de la cama. A pesar de las peleas, los pequeños
incendios, los jarrones rotos y el llanto se amaban de forma
profunda. Mi amigo tenía todo y lo despreciaba aceptando a mujeres
en su cama, aventuras que arriesgaban su vida y que para mi gusto
eran completamente innecesarias. El misterio me tentaba, pero sabía
ser precavido. Aunque, en aquel momento estaba cometiendo una locura.
-Darling, I love you so much. You are
my love. My heart is for you- le aseguré mientras le ayudaba a
dirigirse mejor por mi miembro que se endurecía en su boca mientras
le miraba con una expresión cargada de fascinación.
-Oui, only your my love -respondió a
mis palabras cargadas de amor y procedió a engullir de una vez todo
mi miembro. Su lengua serpenteaba hábilmente alrededor de toda su
extensión, su cabeza iba y venía para ofrecerle más placer.
-Louis- gemí su nombre moviendo mis
caderas sin importarme que Lestat pudiese despertar, como solía
hacer por algunos minutos, y molestarse irremediablemente por todo lo
que estaba sucediendo.
Ayudaba a mi amante, el amante que
tanto había deseado tener entre mis brazos, a tragar cada trozo de
mi sexo. Sus labios rozaron la base y los testículos mientras su
nariz me provocaba cierto cosquilleo por una respiración innecesaria
pero que aún mantenía, como si estuviese vivo.
-No, darling- murmuré apartándolo
para incorporarlo y recostarlo en la cama.
No quería disfrutar únicamente yo.
Jamás fui tan egoísta como Lestat. Él no tenía porque
sacrificarse ante un amante. Por ello lo recosté junto a mí y saqué
el resto de la ropa entre besos, caricias y miradas cómplices.
Acomodé su figura entre los cojines mullidos de aquella enorme cama
y acaricié su torso mientras me alejaba para quitarme mi pantalón y
camisa.
-I love your lips, but I love much more
when I can hear your sighs. I don't leave hear your sighs in my
imagination when I need heat in my cold nights when you cry for him-
odiaba escuchar sus llantos por Lestat. También amaba a Lestat, le
había deseado en más de una ocasión, pero no se comparaba con la
belleza y la pureza que aún mantenía Louis siendo un asesino
certero y a la vez un infeliz que tan sólo deseaba alcanzar la paz.
Me recosté a su lado besando sus
labios mientras bajaba mi mano derecha por su torso. Acaricié sus
pezones y los pellizqué ambos mientras intensificaba aquella unión.
Su boca era un paraíso a pesar que tenía la huella de mi sabor.
Cuando alcancé su vientre plano, los huesos marcados de su cadera y
finalmente su miembro noté que se estremecía.
Corté mi lengua y le ofrecí mi sangre
mientras iniciaba la masturbación. Estaba duro y deseoso de mí,
podía notar como sus piernas se abrían por inercia para
estremecerme en su interior. Si bien debía esperar, pues Louis lo
merecía.
-Ah mon cour, mon amour -gemía y
jadeaba completamente extasiado y entregado a las caricias y
emociones que le brindaba con tanto cariño y delicadeza que jamás
había sentido y que ahora pensaba que se trataba de un sueño.
Nunca, en sus más de 200 años de vida vampírica, lo habían
tratado así y yo lo sabía. Todo era tan nuevo y tan diferente que
ahora se preguntaba por qué no lo había hecho antes y hasta ahora
se daba cuenta de que había sido un idiota por mantenerse fiel a
alguien que no lo merecía- David... -susurró mi nombre luego de
saborear aquel chorro de sangre que le había compartido con el beso-
Plus mon cour... dame más de ti, quiero sentir como me devoras y me
haces tuyo, quiero que borres de mi piel cada marca que él ha
dejado. S'il vouz plait, ayúdame a olvidar.
Sabía que si jugaba bien mis cartas
podía despojar su alma de ese lacerante dolor. Debía averiguar como
conseguir abarcarle para siempre entre mis brazos. Me comportaría de
forma egoísta robando el amor de un amigo, el cual me consideraba un
hermano y un hijo. Besé los labios de Louis para callar sus palabras
mientras con cuidado abría las piernas y me escurría entre ellas.
Mi lengua se deslizó por sus clavículas hasta su ombligo y lo besé
entre lamidas.
-No hables de él, no merece la pena-
dije clavando mis ojos en los suyos, tan profundos y sinceros que me
ahogaba en el valle siempre verde, refrescante y cautivador que
poseía-Sólo gime mi nombre-besé la punta de su miembro y sin pudor
inicié a felarlo con deseo.
Cerré mis ojos café mostrando un
rostro sereno pero entregado, pues estaba concentrado en provocar el
mayor placer. Mi lengua se enroscaba tirando de su piel y acariciando
sus testículos. Mientras lo hacía imaginaba un futuro donde Lestat
no nos molestara ni destrozara nuestra tranquilidad, un lugar oculto
de sus momentos torpes de héroe irresponsable, y pensando aquello me
daba valor para proseguir.
Al sacar su miembro acomodé mejor sus
caderas hundiendo el dedo corazón de la mano derecha, mientras la
izquierda acariciaba su torso hasta sus pezones, pellizcándolos y
dejando un suave recorrido hasta sus caderas. Podía notar la presión
de sus músculos y la mirada cargada de necesidad enfatizando sus
palabras anteriores.
-Eres el ángel de la muerte, mi ángel,
y a partir de ahora yo te cuidaré- aseguré aquello sin pensar que
Merrick podía destrozar todo lo conseguido aquellos días.
Mi dedo se movía rápido seguido de un
segundo y después de un tercero. Sabía que su cuerpo se retorcería
y pediría mayores caricias. Me imaginé penetrándolo, sintiendo mi
miembro enfundado en una vaina perfecta formada por su entrada y
paredes internas. No habría para él palabras pueriles, sino
deliciosos gemidos y su nombre en jadeos una y otra vez. Yo no era
como Lestat.
-David... David... -gemía mi nombre al
mismo tiempo que curvaba su espalda y apretaba los músculos internos
para presionar sus dedos- Plus... -abrió más las piernas dispuesto
a recibirme por completo- Mon amour no me hagas esperar más, te
necesito, entra ya... entra... -me abrazó fuerte por la espalda y
buscó mis labios para atraparlos, en un ávido y muy hambriento
beso, sus lenguas entrelazadas y juguetonas se reconocían la una a
la otra y sus manos se deslizaban por mi espalda mucho más fuerte y
ancha que la suya- David, David.. Je t'aime... Je t'aime...
Sabía que en medio del placer podían
decirse mentiras piadosas y verdades a media. Sin embargo, no dudé
en creer que Lestat podía ser borrado. Yo también amaba a Lestat,
pero mi amor era distinto desde que Louis entró en escena
demostrándome que su belleza era mucho mayor. Era extremadamente
cautivador y en ese estado, en el cual se hallaba frente a mí
completamente rendido, sentí deseos de corromperlo con mentiras
hacia nuestro compañero y creador. Pero, no lo hice y tan sólo bañé
su rostro con besos mientras apartaba mis dedos e introducía al fin
mi pene.
El glande fue abriendo camino en su
dilatado orificio, entrando de una vez aunque despacio midiendo sus
reacciones y decidiendo si era oportuno o no proseguir. Gemí su
nombre al notar que estaba por completo rodeado por su cuerpo,
enterrado en él de forma deliciosa y casi mágica. Nuestros cuerpos
encajaban perfectamente uno con el otro.
A partir de ese momento mi cerebro se
apagó y me hundí en la lujuria. Mi cadera se movía suavemente
ofreciéndole el sentirme por completo, cada trozo de mi piel y
venas, mientras besaba sus labios ofreciéndole algo de tregua. Si
bien acabé aumentando el ritmo moviéndome de forma más necesitada
y rítmica. Nuestros cuerpos estaban perlados de pequeñas gotas de
sudor sanguinolento y las sábanas se estaban manchando quedando
completamente destrozadas.
Gemía solo como sabía hacerlo cuando
se sentía completamente complacido. Estaba haciendo un muy buen
trabajo, ni siquiera había pasado por su mente el nombre de Lestat.
En esos momentos se sentía completo y amado. David era totalmente
diferente a Lestat y eso le gustaba, lo llenaba de besos, de caricias
y palabras amorosas dichas tal vez con el corazón; aunque tal vez él
sólo pensaba que era el gozo del momento, pero eso a él ya no le
importaba. Envuelto por los brazos de su amante, se sentía único y
amado como nunca.
-Plus... plus... -me pidió hablándome
al oído con gemidos, quería sentirme más dentro, más profundo,
más... suyo.
-Te amo- dije en medio de la euforia,
aunque le amaba con todo mi corazón en esos momentos.
El ritmo aumentó mientras besaba su
cuello lamiendo las gotas de sudor, los cuales se escurrían por su
mentón dejando pequeños hilillos sanguinolentos. Mis testículos
golpeaban duro y rápido sus nalgas, mis brazos estaban extendidos
manteniendo cierta distancia con su cuerpo y con las manos apoyadas
en los almohadones a los que me aferraba con fuerza.
-Darling- gemí besándolo con profunda
necesidad mientras notaba como finalmente estábamos ambos a punto de
llegar a la cima del placer, pues él parecía comenzar a perder el
control al igual que yo.
Las fuertes y aún más profundas
embestidas lograron tocar un punto que lo estaba llevando al borde de
la locura, se abrazó clavando sus uñas en mi espalda y en una de
las embestidas no soportó más y estalló. Sus uñas rasguñaron mi
espalda y toda su esencia quedó salpicada entre ambos vientres al
mismo tiempo que había gritado su nombre en un gutural gemido.
-David... -en su rostro se dibujaba una
sonrisa mientras soltaba mi espalda y tomaba del rostro- Eso ha
sido... único...
Llegué con él en un gemido bastante
profundo y largo. Posiblemente Lestat podía habernos escuchado, pero
nada en la habitación contigua daba señales de saber o comprender
que acababa de ocurrir. Miré a Louis fascinado mientras aún sentía
leves espasmos por mi cuerpo, sofocado y hambriento de besos casi
aterciopelados.
-Por favor, se únicamente mío- rogué
besando su rostro mientras salía quedando recostado a su lado.
Mis recuerdos eran tan vivos que noté
cierto calor recorrer mi cuerpo, como si aún me sintiera satisfecho
por aquel encuentro. Sin embargo, era más bien dolor por algo que no
pudo ser y tan sólo se convirtió en un recuerdo más. Un recuerdo
que me perseguía cada vez que veía a Lestat furioso con Louis,
maldiciéndolo mientras le recordaba que para él ya no era más que
una carga y que Louis, con la moral recobrada, tan sólo sonreía
satisfecho antes de prender fuego a algo nuevo en la mansión. En
esos momentos sólo amaba a Mona, pero me llegué a preguntar que
hubiese pasado si Merrick no hubiese regresado a mi vida. Sin
embargo, su risa en el salón me hizo sonreír como cualquier
enamorado lo haría pesando en mi fortuna. Aunque, la presencia de
Louis era agradable y aún la necesitaba aunque fuese sumido en
silencio contemplando el fuego.
1 comentario:
Es con fics como estos que me sale la vena fangirl.
Superando siempre las expectativas con las que comienzo a leer cada relato.
Tengo el corazón acelerado y creo que no puedo dejar de sonreí como boba.
@ClaudiaNoir
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