La verdad llovió sobre tus labios
y tus ojos se bañaron de ella
mientras la tenacidad se hizo huella
en tus fieras manos de mujer.
En un mundo de hombres tú eres reina
porque tu belleza se mide con tu
fuerza.
La furia desatada de tus acciones
es similar la carga que tuviste por
tristeza.
Y allí, enjaulada como si fueras un
ave
te vi envejecer y consumirte en dolores
hasta que la paz llegó a tus días
y el mundo tiñó de rojo los colores.
Tú, la mujer intensa de siempre
salió a caminar entre las nieves
de éste jardín salvaje original
donde asechan hermosas serpientes.
A mi madre Gabrielle de Lioncourt de parte de su hijo Lestat de Lioncourt
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