Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 5 de noviembre de 2013

El amante del diablo

Nicolas de Lenfent
Memnoch el diablo
Lestat de Lioncourt

Presentan:


El amor del diablo.



La noche parecía extremadamente apacible y pesada. La humedad había aumentado en el ambiente, al igual que el frío y el silencio. El murmullo de los comensales había cesado, pues no me encontraba de humor para abrir las puertas de mi hogar a nadie más que a mis amigos más cercanos. Desde hacía días necesitaba hablar con alguien que me comprendiese, o al menos quisiese hacerlo.

David pasaba largas horas en la biblioteca de la vivienda encargándose de clasificar algunos volúmenes extraños que habían aparecido en una de las casas encantadas más míticas de New Orleans, al parecer estaban forrados con piel humana y la tinta era sangre mezclada con tinta para ofrecerle mayor consistencia, pero sangre al fin de cuentas. Algo macabro, sin duda, pero era un entretenimiento fascinante para él amo del misterio que seguía muy de cerca los sucesos más extraños que se habían secuenciado en el barrio francés desde hacía casi dos siglos.

Sabía que David me escucharía y estaría encantado de conocer mis impresiones sobre la figura de Nicolas, el cual ahora parecía decidido a mostrarme el dolor más agudo. Por supuesto, no le comentaría demasiado sobre las ánimas del cementerio pues las conocía bien e incluso conversaba con ellas con natural calma.

Me dirigía a la biblioteca con la esperanza de hallar algo de calma en sus ojos sabios llenos de una larga vida mortal y cargados de paciencia, que a veces extralimitaba y tensaba hasta desplomar su ira contra mí, cuando escuché sonidos extraños para un lugar tan silencioso. Cuando coloqué mis manos sobre el pomo quedé escandalizado.

Sobre la deliciosa mesa de roble con hermosas patas de león y bella terminación en tonos más oscuros, esa misma mesa que tanto amé cuando la encontré en el anticuario y que era la mesa donde solía escribir mis nuevas memorias, se hallaba Nicolas gimiendo cual puta parisina mientras que Memnoch arremetía contra él con sus alas extendidas.

Ambos poseían unos cuerpos perfectos, los cuales sin duda pudieron ser cincelados por Miguel Ángel, y cabellos sedosos que se pegaban a sus frentes sudorosas. Los ojos de Nicolas eran aún más dorados que noches atrás, siendo casi del color del oro, mientras que sus labios parecían más carnosos y sensuales. Sus caderas se movían mientras su cuerpo se retorcía, el cual estaba demasiado bien formado. Memnoch tenía los cabellos dorados alborotados y la mirada intensa clavada en mí. Pude apreciar como sonreía mientras bombeaba dentro del cálido cuerpo de su nuevo amante.

-¿Te agrada el espectáculo?-interrogó lanzando una carcajada al aire que retumbó provocando que la lámpara de lágrimas tintineara.

No pude responder. Mi cuerpo no quería moverse. No tenía miedo, sino me encontraba molesto e indignado. Sentía que mi vida se iba por mis labios entreabiertos por la sorpresa. Mis doradas cejas estaban enmarcadas hacia arriba y al tener el pelo recogido podían verse perfectamente. Mi rostro estaba lleno de sensaciones mezcladas en una orgía similar a la que ambos poseían.

Los gemidos de ambos, el sonido de sus cuerpos chocando y el arrastre de la mesa me estaban volviendo loco taladrándome el cerebro como si fuera una canción barata. Quería llevarme las manos a las orejas para no escuchar. Aquello estaba siendo superior a mis fuerzas. Estaban haciéndolo en medio de mi biblioteca, manchando con sus fluidos mi mesa y dejando un hedor terrible a infierno y sexo desparramado por cada centímetro de la sala.

-Mon amour...-la voz melosa de Nicolas, la misma que había usado siglos atrás conmigo, sacó a Memnoch del trance burlón y se concentró en ofrecerle besos similares a los que a mí me había dado.

Memnoch salió de Nicolás y éste se bajó de una forma demasiado erótica. Su lengua serpenteó por el torso desnudo de su amante e hizo bajar sus manos por los costados. Nada más quedar arrodillado comenzó a succionar lentamente el miembro del demonio y lo hacía con fascinación.

Sentí entonces que mi cuerpo al fin reaccionó y logré apartar las manos del pomo, el cual había apretado de tal forma que quedó reducido a un amasijo dorado que cayó al suelo provocando cierto estruendo.

De inmediato salí corriendo de allí con los ojos llenos de lágrimas sanguinolentas. No comprendía porque me sentía tan abochornado y molesto. Ni siquiera quería pensar en ello. Y al salir al jardín noté que allí se hallaba Claudia con su hermoso vestido amarillo, su encantador lazo recogiendo un mechón de su bucles perfectos, y sus zapatos limpios casi resplandecientes.

-Oh, venía a darte el aviso pero creo que ya descubriste. Has dejado de ser la puta del demonio, porque creo que ha encontrado a alguien más interesante que tú. Al menos los atormentados no dicen que no cuando se les tiende la mano- dijo acomodando los pliegues de su falda- ¿Aún no sabes que te pasa? ¿Quieres que te lo diga padre querido?

-¡Largo!-grité furioso.

-Los celos te sientan tan bien...-murmuró mientras desaparecía por completo de mi vista.

Caí de rodillas absolutamente derrumbado sintiendo el menosprecio con el cual Memnoch había actuado. Teníamos un acuerdo y se suponía que yo era su elección, pero como todo en ésta vida uno siempre tiene una segunda carta en la manga. No era el único sino uno más de su colección y aquello me hizo sentir una ira incontenible. Sin embargo, lo único que hice fue llorar rogando que me hubiese confundido y todo fuera un maldito sueño.

Pasados unos minutos, y tras limpiar con las mangas de mi camisa mis lágrimas, pude escuchar pasos sobre el césped. Al girarme lo vi a él desnudo, perlado en sudor y aún con manchas de semen en su miembro. Ya no tenía aquellas gigantescas y monstruosas alas, sino el cuerpo de un joven mortal moldeado en mármol.

-¿A caso creías que eras al único al cual podía ofrecerle mi cuerpo y corazón?-preguntó con un tono neutral.

-¡Se suponía que eras mío! ¡Qué sólo me buscarías a mí!-quise gritarle algo distinto, pero aquello fue lo único que logré escupir. Lo único que logré fue que respondiera con horribles carcajadas.

-Mi interés por ti se ha disipado ¿comprendes? He encontrado a un discípulo mucho más atento y generoso-me tomó entonces del mentón para verme a los ojos-Uno que no chille cuando me ve sino cuando goza en mi compañía. Jamás he tenido una puta mejor que Nicolas. Tú y tus remilgados miedos sólo son un patético error del pasado-apartó sus dedos de mí y aunque sólo se marchó esfumándose sentí una tremenda bofetada.

-Yo...-balbuceé mirando los desnudos árboles del jardín.

-Típico...-su voz sonó en mi mente como si fuera el eco de unas enormes y pesadas campanas-Te follas a una virgen y ya piensan que son especiales.


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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt