Y la vida se convirtió en pecado
pero el amor siguió surgiendo
besando tus labios, seduciendo tu piel
y atando los recuerdos al fin de los
tiempos.
Te convertiste en Madre de todos
y conmoviste con tu doloroso silencio
mientras tus ojos nos miraban
deseando decapitar a los súbditos.
¡Es la llamada de la sangre!
¡Esta noche la vida caerá!
¡Y los ángeles se convertirán en
piedra!
¡Los demonios caminan por la tierra!
¡Es la llamada la violencia!
¡La Diosa de nuevo surgirá!
Tan hermosa que parecías de mármol
con sus labios llenos y su corazón de
piedra
tus manos parecían querer atraparte
pero era su soledad la que envolvía.
Una vez fuiste expuesta al sol
como si no valieras nada en absoluto
y otros te expusieron como obra de arte
mientras los siglos transcurrían.
Y el amor llegó a tus labios como a los míos, abriste tus brazos y me ofreciste el paraíso aunque ya era tarde. El temor me hizo dudar, pero el amor aún está en mi pecho al resguardo de todo. Tú siempre seguirás viva.
Lestat de Lioncourt
para Akasha
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