Bonsoir
Les ofrezco un FanFic realizado por el equipo de "El Jardín Salvaje" [en concreto de dos de sus Administradores] en el cual Thomas Blackwood, tío de Tarquin Blackwood, visita Blackwood Farm y tiene más que palabras con Nash, tutor suyo y de Jerome Blackwood.
Lestat de Lioncourt
Deseo Nocturno
Desde que había sido convertido en un
ser inmortal con una moralidad cambiante, pues la sed de sangre
provocaba que mi semblante serio cambiara y mis impulsos se
convirtieran en los de un monstruo, prácticamente no había
regresado por más de una noche a los dominios de los Blackwood. El
Santuario así como la mansión habían quedado en un segundo lugar.
Tan sólo aparecía para aconsejar a Jerome y Thomas, sobre todo al
primero. Jerome aún era un adolescente que necesitaba un padre, el
cual siempre estaba ausente, y un profesor particular, el cual le
diera mayores consejos siendo suplemento de la educación en la
escuela privada a la cual estaba inscrito.
Thomas Blackwood era un joven con una
actitud firme, hermosos y sinceros ojos claros, manos robustas que
dejaban tras de sí una caligrafía excelente, una mente brillante y
un amor por la historia, literatura y ciencias que ni siquiera
Tarquin poseía. Él era muy diferente aunque particularmente
similar. El físico que poseía era extremadamente atractivo, igual
que su sobrino, sin embargo su mente estaba más centrada en los
estudios y tenía un futuro brillante en sus manos. A pesar de su
infancia precaria tuvo una adolescencia brillante y una madurez
temprana. Su sonrisa taimada le daba un toque elegante que cualquier
mujer hubiese deseado tener al despertar en las mañanas.
Me sentía particularmente orgulloso
del desarrollo educativo de Thomas. Mi pequeño Tommy ya no era tan
pequeño y comenzaba a despertar en mí cierto deseo. En más de una
ocasión estuve tentado a besarlo, del mismo modo que quise besar a
Quinn y no lo hice. Sentir su cuerpo contra el mío cuando nos
saludábamos de forma efusiva, sonriendo de aquella forma, me
derretía y deseaba desnudarlo para contemplarlo como si fuera una
obra de arte.
En una de mis noches en la biblioteca
de Blackwood Farm, regresando en mitad de la madrugada por unos
archivos que guardaba en un cajón bajo llave, encontré a Tommy
desvelado y con un aspecto ligeramente distinto. Sus ojos tenían una
luz distinta y su piel irradiaba una tonalidad más clara, incluso
delicada, pero era casi imperceptible al ojo humano.
-Sé que eres-dijo caminando hacia
mí-Lo sé.
-Yo también sé que eres tú. Sin
embargo, necesito que me aclares algo ¿quién lo hizo? Por favor,
dime que no fue Tarquin. Me decepcionaría aún más que él te
hubiese llevado al borde de la muerte.
Negó suavemente antes de echarse a mis
brazos. Rodeé su cuerpo aspirando su aroma, concentrándome en cada
matiz que él exhalaba, mientras el roce se hacía más intenso y
deseable. Acaricié sus cabellos negros y dejé que mi mano derecha
bajara de su coronilla a su nuca. Con el brazo izquierdo lo mantenía
pegado a mí mientras sentía su aliento golpear mi cuello. Era tan
alto como Tarquin, cuando me abrazaba se inclinaba suavemente por la
diferencia de tamaño.
-No fue Quinn, sino una mujer muy
violenta-no tuvo que decir nada más, pues sabía quien era esa
mujer. Pero fue un hombre de color, Arion, quien terminó el trabajo.
Había creado a Thomas por capricho,
quizás. Aún desconocía a ciencia cierta los juegos y deseos que
ella podía tener. Era una mujer muy interesante, pero con un
carácter demasiado fuerte. Era realmente hermosa cuando guardaba
silencio y te observaba. Comprendía el motivo que impulsó a Arion a
crearla, pero sin duda no podía compartirlo. Nunca crearía a nadie.
-Tranquilo, todo irá bien- susurré
tomándolo de la nuca con ambas manos para apartarlo y mirarle a los
ojos- Todo irá bien si no cometes un error. Llevo meses siendo lo
que ves.
-Sabía que algo sucedía con Quinn y
contigo-dijo agarrándome de los brazos -Sabía que algo ocurría.
-¿Te encuentras bien?-pregunté
notando cierta angustia en su mirada.
-¿Qué pasará conmigo? ¿Tendré que
abandonar todo lo que quiero? Poco a poco comenzarán a sospechar,
igual que con Quinn, y no podré regresar a casa. No quiero dejar a
mis hermanos, ni tampoco a Jerome o el resto de la plantilla de
Blackwood Farm- rompió a llorar abrazándome mientras yo notaba
cierto deseo por besar sus labios húmedos por las lágrimas
sanguinolentas.
Era más hermoso que Tarquin en esos
momentos, mucho más atractivo que cualquier muchacho que yo hubiese
tenido la fortuna de conocer. Me aparté de él caminando por la
biblioteca mientras meditaba. Era una pequeña sala de estudio que
habíamos mejorado con el paso del tiempo. Antes fue la habitación
de Tarquin, pero terminó reformada en el verano para que ambos
jóvenes pudieran estudiar junto a los hermanos de Thomas.
-Thomas...- susurré casi sin aliento-
No te acerques tanto a mí, pues no soy capaz de controlarme.
-¿Sed? -murmuró.
-No, instintos primarios que
actualmente no controlo como debería. Instintos que me han mantenido
alejado de éste lugar y de tu persona, así como de Tarquin y
Jerome. Son deseos sexuales depravados que no quiero hacer reales-me
había girado evitando su mirada, pues la vergüenza era tremenda,
sin embargo sentí sus manos sobre mis caderas y como mi espalda
quedaba cubierta por su torso- ¿Qué haces?
-Me atraes Nash. Eres un hombre con
conocimiento y madurez suficiente para mostrarme el sexo de una forma
más deliciosa que cualquier chico de mi edad- desconocía su
sexualidad hasta ese momento, pues incluso le había visto muy
próximo con algunas mujeres. Nunca leí su mente ni pretendí
hacerlo.
Me volteé para ver su rostro con
aquellos enormes ojos brillando con deseo. Su boca se mostraba como
un paraíso tentador. Apoyé mis labios en los suyos y pude notar
como sus brazos me rodeaban por la cadera mientras yo aún intentaba
asimilar que él me deseara. Un hombre de mi edad, con un cuerpo ya
algo deslucido por el paso del tiempo, con demasiadas arrugas y el
pelo lleno de canas nunca fue demasiado tentador para un joven como
él.
Mis manos fueron a su rostro y comencé
a besarlo con lujuria. Él comenzó a gemir bajo por la excitación
del momento. Podía notar sus colmillos con la punta de mi lengua
mientras se agarraba a mi chaqueta, la cual rápidamente tapizó el
suelo mientras tiraba de mi corbata dirigiéndonos ambos hacia el
sofá que allí teníamos para mayor comodidad.
La habitación era sencilla con dos
mesas de escritorio con sus respectivas sillas y lámparas, varias
estanterías llenas de libros que había comprado para ellos, y un
sofá cómodo para poder leer con calma. Así, que ese sofá dejaría
de ser para la calma y pasaría a ser parte de uno de los recuerdos
más sensuales.
Caí en el sofá sintiendo como el
cuero acariciaba mi nuca y como él se subía sobre mis piernas a
horcajadas. Mi miembro empezaba a despertarse bajo sus redondeadas y
duras nalgas. Tenía una mirada excitante y provocaba con sus leves
sonrisas llenas de deseo. Podía ver en él la belleza de Tarquin,
pero había algo más que me provocaba aún más. Se sacó su
camiseta y mis labios rozaron sus pezones en tono café. Su torso
estaba libre de cualquier vello salvo el sutil cercano a su ombligo,
el mismo que se perdía hacia su miembro. Bajé su cremallera
luchando con él, pues ambos librábamos una batalla desesperada para
quitarnos la ropa.
Cuando estuvimos desnudos nos miramos y
él sonrió volviendo a mis rodillas, dejando que la punta de su
miembro rozara mi vientre y sus glúteos prácticamente atraparan el
mío. Podía sentir el roce delicioso que teníamos con ese baile
sensual de nuestras caderas. Ambos endurecíamos mientras los besos
se volvían más intensos. Nuestras bocas se devoraban y mis manos
temblaban sobre sus hombros y brazos, los cuales parecían
cincelados. Era un chico mucho más musculoso que Tarquin y con una
belleza que me hundía en fantasías eróticas que había comenzado a
tener desde que cumplió los diecisiete, pues a esa edad se
transformó ante mis cansados ojos en un apetitoso bocado.
-A veces me tocaba pensando en ti-
confesó antes de ayudarme a penetrarlo -Quería que me prestaras
atención a mí y no a Quinn- gimió echando la cabeza hacia atrás
mientras apoyaba sus manos en mis hombros y las mías iban a sus
caderas.
Ese gesto tan sexual me enloquecía.
Sus ojos eran intensos y sus labios estaban rojos por la presión que
habían tenido con los míos. Se movía fiero y desesperado. Mis
dientes tiraron de su pezón derecho y provoqué que se moviera más
fuerte y decidido.
-Fóllame duro, por favor- jadeó
clavando sus dedos en el respaldo del sofá mientras yo sonreía
fascinado.
Su rostro era el de un ángel en medio
de un placer para nada terrenal. Sus ojos se cerraron y sus mejillas
se ruborizaron. Tenía un aspecto tan apetitoso que me era imposible
apartar la vista de él. Gemía mi nombre repetidamente casi sin
fuelle y yo repetía el suyo. Me hizo llegar al límite cuando los
músculos de su interior apretaron mi miembro, prácticamente
estrangulando mi pene, mientras él salpicaba mi vientre con su
esperma.
-Más, dame más- dijo hambriento
mientras se levantaba para arrojarse entre mis piernas, agarrando el
glande con sus labios para saborear mi semen.
Eché la cabeza hacia atrás mientras
mi mano derecha conducía su cabeza tirando de su pelo. Pronto tuvo
todo mi miembro en su boca mientras su lengua acariciaba la base. Sus
manos masajearon mis testículos sin dejar de mirarme. Tenía una de
esas miradas libidinosas que únicamente ves en películas porno. Me
levanté del sofá y decidí ofrecerle un ritmo muy superior a mis
caderas, tomé su cabeza con ambas manos y empecé a perforar su
cálida, húmeda y hambrienta boca. Tuvo una caída de párpados
mientras sus manos se dirigían a su torso, pellizcándose sus
pezones y mostrándose de forma erótica ante mí.
Al apartarme vi como un suave hilo de
saliva quedaba colgando de mi glande a sus labios, lo cual me excitó
de sobremanera. De inmediato acaricié sus labios con la punta de mi
miembro, lo pasé por sus mejillas y lo golpeé para agarrarlo del
pelo con la izquierda, tirando de su cabeza como si fuera un títere.
Él gimió cerrando los ojos mientras volvía a meterme en él, sin
embargo lo arrojé contra el suelo y lo acomodé en cuatro.
Su trasero se mostró manchado por el
esperma y no dudé en meterme de nuevo con violencia. Azoté sus
nalgas una y otra vez, en ambos glúteos. Él gemía cada vez más
alto, incluso gritaba de placer. Su cuerpo temblaba y sus brazos
cedieron. Me miraba por encima de sus hombros sin dejar de mover sus
caderas.
-Así, así... ¡Más!-gritó llegando
de nuevo al orgasmo, sin embargo yo no lo hice esta vez.
Hice que se levantara tirando de su
pelo para que se girara, después introduje mi miembro en él y
finalmente me vine ofreciéndole mi semen. Él de inmediato lo tragó
temblando como una hoja. Después de aquello se quedó sentado
mirándome de una forma erótica y buscando mis caricias, mientras yo
recuperaba el aliento en el sofá. Finalmente lo había hecho sin
importarme nada ni contener todo el deseo que le profesaba.
-¿Te quedarás conmigo?-preguntó
apoyando su cabeza en mis rodillas.
-El tiempo lo dirá-susurré sin
asegurarle nada mientras notaba como giraba su rostro y comenzaba a
lamer mi glande nuevamente.
-Me gusta tu sabor-dijo acariciando mis
muslos- Y sé que te gusta que yo lo tome.
-No puedo negarlo-respondí disfrutando
de aquellas succiones en aquella zona sensible, mucho más después
de tanto roce.
-Soy mejor y más joven que Quinn- fue
lo último que dijo riendo bajo.
Rápidamente se incorporó y quedó
sentado sobre mí, con su cabeza apoyada en uno de mis hombros y sus
brazos a ambos lados de mi cuerpo. Permanecimos de ese modo hasta que
prácticamente el sol comenzó a brillar. Después, sin decir nada,
ambos decidimos dormir juntos en el ataúd que se hallaba oculto en
el santuario. Juntos, con el aroma a sexo aún rondando en nuestras
pieles y completamente satisfechos.
1 comentario:
Primera reacción: Oh Nash...
Segunda reacción: Oh Thomas...qué bien estás. (Aunqueseassupermanenunaserie)
Y se supone que debería continuar de esclava de las tareas. Pero me han puesto de tan buen humor que continuaré trabajando así. Al principio quería, y mucho, leer a Nash con Tarquin, pero... ya no me urge (?) Muchas gracias.
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