Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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jueves, 23 de octubre de 2014

Carta del corazón

Nash apareció después de hace mucho con una carta donde abre su corazón. ¿He dicho que admiro a este hombre? Es todo un caballero. 

Lestat de Lioncourt


Cuando miro el presente y echo la vista atrás me pregunto si no he sido yo quien ha movido todos los hilos, los del destino, en lo referente a varias personas que he amado, amo o amaré por siempre. He visto cambiar los caminos que les conducían al éxito o al fracaso. Me he interpuesto en su realidad. Aparecí para calmar sus inquietudes y acabé provocando otras nuevas, aunque supongo que ellos también tienen parte de culpa. Si bien, he apreciado la compañía de todos ellos y he intentado dar lo mejor de mí a cada paso.

Cuando ocurrió la gran desgracia con Tía Queen, a quien adoraba y veía como una mujer brillante, sentí que algo en mí se apagaba. Si hubiese sido heterosexual estoy seguro que habría acabado arrodillándome frente a ella, sin importarme la diferencia de edad de algunas décadas, pidiéndole matrimonio como todo un adolescente enamorado. Pero no lo soy. Me enamoré de su fortaleza, sus ansias de vivir y su enérgica forma de decirles a todos lo que pensaba en cada momento. Recuerdo aún el repicar de sus tacones, su perfume favorito y como pedía champán para brindar por todo. Por eso, al desaparecer sentí una profunda pena. Una pena que me hundió durante varias semanas.

Tommy era aún un niño, casi un adolescente, y lloró junto a mí la pérdida de una gran mujer. Era un muchachito con muchas posibilidades si se educaba correctamente. Temí que al no tener la protección de Tía Queen, con Tarquin marchándose tan seguido y la mala reputación de su madre, acabara siendo un chapuzas convencional. Era brillante. Me sentí enamorado de su inteligencia. Pensé que era bueno para ambos permanecer juntos. Quería, como educador, ser su tutor y ejercer sobre él la mejor influencia posible. Decidí llevarlo a Londres.

Durante años estudió junto a mí, lo dirigí por los mejores colegios y academias. Elegía los libros más interesantes que podían ser de ayuda en el desarrollo de su inteligencia. No me medía cuando tenía que tomar mi tiempo para él. Me convertí en un padre, un amigo y un profesor. Lo protegía, lo educaba y lo admiraba profundamente. Podía hablar con él de temas serios y me olvidé por completo de mi amor por Tarquin. Él quedó en un segundo plano con respecto a mis obligaciones con Tommy.

Si bien, no dejé que Tommy perdiera sus raíces. Tenía vacaciones para ver sus hermanos, su madre, a todos en Blackwood Farm y New Orleans. Quería que estuviese aún atado a esa ciudad, pero que tuviese la posibilidad de ser alguien más que un chico con algo de dinero en los bolsillos. Deseaba para él lo que Tarquin no estaba consiguiendo. Ansiaba verlo con algún diploma colgado en la pared. Era tan inteligente que perdí la cuenta de los años. Olvidé que los niños crecen, se convierten en adolescentes y estos en adultos.

En un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un muchacho de veinticinco años. Un joven responsable, atento y amante de la cultura. Me sentí entristecido porque ya había cumplido. No tenía que soportar mis comentarios sobre ropa, filosofía, música, literatura, historia y un sinfín de temas que, posiblemente, aburrían demasiado. Pero él se mantuvo a mi lado. Habíamos pasado por tantas cosas que no sabía estar sin mi apoyo. Entonces, lo supe. Pasé de admirarlo como a un joven brillante a enamorarme perdidamente del hombre que yo había ayudado a formar. Deseé alejarme, pero él no lo permitió. De nuevo me sentí frustrado como ocurrió con Tarquin. La historia se repetía.

Yo tengo prácticamente la edad de tía Queen, aunque mi rostro tiene menos arrugas y mi cabello no es tan cano. La vida me ha tratado bien. No he sufrido tanto como ella. Me he cuidado. Poseo esa chispa de juventud que ella poseía, pero también una salud de hierro. La vejez me ha tratado bien. Me valgo bien por mí mismo y no necesito enfermeras. Pero él es un niño casi. Siento que lo ato. Creo que he cambiado su destino. Sobre todo, porque él me corresponde.


Mi mayor temor es que este amor nos perjudique. Sin embargo, por ahora dejaré que todo siga como está. No he sido tan feliz en mi vida. La felicidad es importante. Por eso quiero escribir esta carta con todo mi corazón y esfuerzo. No la redacto para nadie en concreto. Quizás siento deseos que algún desconocido la lea y comprenda, tal vez quiero que lo haga Tarquin. No lo sé. La única verdad es que escribiéndola me he dado cuenta de cuan agradecido estoy con la vida.  

martes, 29 de abril de 2014

El amor... ¿cuándo llega?

Nash tiene unos pensamientos muy profundos cuando observa a Tommy Blackwood. ¿Desean conocerlos? Además es una filosofía entrañable sobre el amor. 

Lestat de Lioncourt 

Siempre he creído que el amor es un sentimiento maravilloso cuando es puro y sincero. Yace en los hombres una insaciable codicia por sentirlo calentado su pecho y provocando lo mismo en aquellos seres amados. El amor es sin duda la carta contra la pobreza de la envidia y el odio. El rencor pudre los corazones y los baña de un color turbio, como turbias son las palabras que suelen bañar éste sentimiento.

Cuando le contemplo dormido, con el cabello revuelto y el rostro hundido en una mueca placentera pienso que sin duda alguna estoy enamorado. Sus rasgos son más robustos y su piel algo más tostada que la de mi adorado muchacho Tarquin. Tommy creció bajo mi atenta mirada. Nunca he permitido que el odio llene su pecho y siempre me he mantenido firme ante sus estudios. Un chico inquieto, amante de la literatura y los números, con una gran pasión por la historia y los modales. La bondad que él despierta nace de sus recuerdos más humildes y ésta humildad le da un toque tierno.

Quizás no soy la persona apropiada para él, sin embargo no sé vivir sin su presencia. Ver como duerme es uno de mis pequeños placeres. Parece tan vulnerable cuando el sueño le vence y le hace caer como gigante de las judías mágicas al colchón. Las sábanas revueltas tapando lo mínimo, su perfecta musculatura a la vista y esa sonrisa dulce hacen que algo en mi interior se mueva con deseo.


Miro mis manos y veo a un hombre casi al final de su vida, en un momento en el cual la paz ha llegado al fin y ha podido encontrar a un joven que siempre estuvo ahí. Tommy ya tiene más de veinte años, casi treinta, y Petronia ha provocado que ahora sea un vampiro al igual que yo. Viviremos eternamente y eso me hace sentirme preocupado, pues ¿y éste amor durará? Las sospechas se van cuando le veo despertar, se abraza a mí y sonríe de esa forma que sólo él sabe saber. El amor real existe, pero a veces hay que esperar toda una vida.  

miércoles, 9 de abril de 2014

Poemas en el paraíso

Bonjour

Poemas en el paraíso es un poema dedicado a Tommy y hecho por Nash. Os lo dejamos aquí para que disfruten.

Lestat de Lioncourt


La lógica del ayer, no sirve en éste mañana.
Hace mucho que la noche impregnó todo
y las lágrimas desbordaron la ciudad con lluvia
mientras se alza a lo lejos el alba.

En tus ojos, esos que son grandes gemas,
se abren ventanas hacia tu alma.
Puedo ver en ellos el reflejo del cielo en mar
y la victoria indómita de la felicidad frente a la pena.

Gloria a ti, a tu nombre y a tu pasado oscuro
el cual ha moldeado tu carácter intuitivo y dulce,
mucho más fuerte que el de otros hombres
que aún conserva la inocencia de la juventud.

No has alzado ante mí vallas o muros,
sino has dejado un surco de abrazos y besos
que son a veces en el mundo puros murmullos
donde todo es posible a pesar de no encontrar la calma.

He hallado en ti mi rincón, mi paraíso preciado.
Más allá de los infiernos o del edén prometido...
Allí donde tu fuerza se une a la mía en la travesía

que reza que al fin me siento realmente amado.  

domingo, 30 de marzo de 2014

Tú, mil veces tú

Bonsoir

Última publicación de la noche. Un poema de Nash para todos ustedes. Dedicado a su amante Tommy. 

Lestat de Lioncourt 

En la elegancia mística de tus besos,
allá donde el alma llora cánticos de sangre
y el agua turbia del dolor
se deshace en rezos de iglesias ancestrales.

Quiero sostenerte como si fueras pluma
y a la vez mancharte de tinta contra el papel.
Golpearía tu figura con caricias de amapola
y besos de fuego, tierra y miel.

En esos momentos donde pierdes el juicio,
caes e imploras con lágrimas en los ojos
ante las piedras movidas de la catedral de tu cuerpo
y te adentras allá, en las tinieblas, te pierdo.

Mírame de nuevo, como aquel día,
en el cual conociste la verdad tras mi persona.
No me ocultes tus sentimientos, por favor.
Ya hemos jugado demasiado a este truco del infierno.

En tu piel el veneno de los dioses
donde sacan el néctar las avispas
para clavarse como dagas en mi corazón
mientras dejo en bandeja de plata mi razón.

He perdido tantas veces el juicio
como tú has perdido el aliento.
Ambos hemos caminado ciegos y sordos
por los senderos rojos que agitan nuestros cimientos.


lunes, 3 de marzo de 2014

Esa noche

Bonjour mes amis!

Este es un texto de Nash y Tommy. No son muy dados a mostrarse en público, pero ahí están.

Lestat de Lioncourt


El carnaval había finalizado. El ruido en las calles se había desvanecido. Muchos comenzaban a llevar una vida llena de sobriedad tal como manda la tradición, pero otros seguían con la opulencia y el descaro que te ofrece una ciudad llena de contrastes. El silencio era abrumador en algunas zonas, sobre todo bien entrada la noche. La madrugada caía postrada frente a nosotros como si estuviera aguardando nuestros pasos sigilosos.

—Deberías dejarme solo. Quiero saber que se siente cazando sin compañía como a veces haces tú—dijo Tommy guardando sus manos dentro del abrigo—. Nash...

—No—respondí alto y claro.

Era mi alumno, a pesar que era el hijo de Arion. Él había transformado a Tommy y Petronia lo había hecho conmigo. Aún me preguntaba que le impulsó hacerlo. Ella me arrastró aquel día a la vida cuando Tarquin, en un impulso brutal, quiso hundirme en las tinieblas. Fue poco después de Mardi Gras. Aún podían escucharse las risas alocadas de los jóvenes en la mansión de su compañero y amigo Lestat. Fue un terrible error volver de Inglaterra y a la vez me sentí recompensado.

Había decidido estar un año lejos de New Orleans para impartir clases a un gran número de alumnos. Deseaba demostrar mi valía nuevamente en las viejas aulas en las cuales me formé. Sin embargo era un trabajo tedioso. El año sabático de los jóvenes Blackwood, Tommy y Jerome, estaba siendo una pesada piedra a mis espaldas. Aquel monolito era oscuro, frío y cruel. No podía dejar de pensar en las tardes lluviosas y frías lo hermoso que se veía New Orleans con una pátina de lluvia y una humedad sofocante. Era imposible concentrarse. Regresé porque necesitaba hablar con Tarquin y decirle que tenía cierto conocimiento de su tragedia. Pero nada fue como yo esperaba. Nada.

—Eres terco—susurró antes de echarse a reír.

—Soy viejo—le aseguré antes de tomarlo por el brazo y mirarlo fijamente—. Debo cuidarte aunque ya no me necesites.

—Siempre voy a necesitarte—aseguró aproximándose a mí, tomándome del rostro y observándome con esa ternura que sólo él podía tener a pesar de ser ya un proscrito, como yo y como todos los vampiros que cruzamos la ciudad buscando sustento.

Dudaba que fueran ciertas sus palabras, pues había visto como algunos se detestaban después de amarse apasionadamente. Esperaba que no fuera una relación llena de una dependencia extraña. Amaba a Tommy y aún era demasiado joven. Ni siquiera pudo llegar al cuarto de siglo antes de ser transformado. Todo un joven caballero propietario de una gran fortuna. Todo un Blackwood.

—¿Qué ocurre?—susurró bajando las manos hasta quedar apoyado en mis hombros—. Nash...

—Te has convertido en un gran hombre. Sólo es eso—se echó a reír con mis palabras, pero yo permanecí serio hasta que también estallé en carcajadas.


Tanto él como yo habíamos decidido permanecer juntos por amor y respeto. Sólo esperaba que nada lo rompiera, pues odiaría perder de nuevo un amor extraño que me provocaba melancolía y a la vez una fascinación extrema.  

viernes, 22 de noviembre de 2013

Deseo Nocturno

Bonsoir

Les ofrezco un FanFic realizado por el equipo de "El Jardín Salvaje" [en concreto de dos de sus Administradores] en el cual Thomas Blackwood, tío de Tarquin Blackwood, visita Blackwood Farm y tiene más que palabras con Nash, tutor suyo y de Jerome Blackwood. 

Lestat de Lioncourt



Deseo Nocturno




Desde que había sido convertido en un ser inmortal con una moralidad cambiante, pues la sed de sangre provocaba que mi semblante serio cambiara y mis impulsos se convirtieran en los de un monstruo, prácticamente no había regresado por más de una noche a los dominios de los Blackwood. El Santuario así como la mansión habían quedado en un segundo lugar. Tan sólo aparecía para aconsejar a Jerome y Thomas, sobre todo al primero. Jerome aún era un adolescente que necesitaba un padre, el cual siempre estaba ausente, y un profesor particular, el cual le diera mayores consejos siendo suplemento de la educación en la escuela privada a la cual estaba inscrito.

Thomas Blackwood era un joven con una actitud firme, hermosos y sinceros ojos claros, manos robustas que dejaban tras de sí una caligrafía excelente, una mente brillante y un amor por la historia, literatura y ciencias que ni siquiera Tarquin poseía. Él era muy diferente aunque particularmente similar. El físico que poseía era extremadamente atractivo, igual que su sobrino, sin embargo su mente estaba más centrada en los estudios y tenía un futuro brillante en sus manos. A pesar de su infancia precaria tuvo una adolescencia brillante y una madurez temprana. Su sonrisa taimada le daba un toque elegante que cualquier mujer hubiese deseado tener al despertar en las mañanas.

Me sentía particularmente orgulloso del desarrollo educativo de Thomas. Mi pequeño Tommy ya no era tan pequeño y comenzaba a despertar en mí cierto deseo. En más de una ocasión estuve tentado a besarlo, del mismo modo que quise besar a Quinn y no lo hice. Sentir su cuerpo contra el mío cuando nos saludábamos de forma efusiva, sonriendo de aquella forma, me derretía y deseaba desnudarlo para contemplarlo como si fuera una obra de arte.

En una de mis noches en la biblioteca de Blackwood Farm, regresando en mitad de la madrugada por unos archivos que guardaba en un cajón bajo llave, encontré a Tommy desvelado y con un aspecto ligeramente distinto. Sus ojos tenían una luz distinta y su piel irradiaba una tonalidad más clara, incluso delicada, pero era casi imperceptible al ojo humano.

-Sé que eres-dijo caminando hacia mí-Lo sé.

-Yo también sé que eres tú. Sin embargo, necesito que me aclares algo ¿quién lo hizo? Por favor, dime que no fue Tarquin. Me decepcionaría aún más que él te hubiese llevado al borde de la muerte.

Negó suavemente antes de echarse a mis brazos. Rodeé su cuerpo aspirando su aroma, concentrándome en cada matiz que él exhalaba, mientras el roce se hacía más intenso y deseable. Acaricié sus cabellos negros y dejé que mi mano derecha bajara de su coronilla a su nuca. Con el brazo izquierdo lo mantenía pegado a mí mientras sentía su aliento golpear mi cuello. Era tan alto como Tarquin, cuando me abrazaba se inclinaba suavemente por la diferencia de tamaño.

-No fue Quinn, sino una mujer muy violenta-no tuvo que decir nada más, pues sabía quien era esa mujer. Pero fue un hombre de color, Arion, quien terminó el trabajo.

Había creado a Thomas por capricho, quizás. Aún desconocía a ciencia cierta los juegos y deseos que ella podía tener. Era una mujer muy interesante, pero con un carácter demasiado fuerte. Era realmente hermosa cuando guardaba silencio y te observaba. Comprendía el motivo que impulsó a Arion a crearla, pero sin duda no podía compartirlo. Nunca crearía a nadie.

-Tranquilo, todo irá bien- susurré tomándolo de la nuca con ambas manos para apartarlo y mirarle a los ojos- Todo irá bien si no cometes un error. Llevo meses siendo lo que ves.

-Sabía que algo sucedía con Quinn y contigo-dijo agarrándome de los brazos -Sabía que algo ocurría.

-¿Te encuentras bien?-pregunté notando cierta angustia en su mirada.

-¿Qué pasará conmigo? ¿Tendré que abandonar todo lo que quiero? Poco a poco comenzarán a sospechar, igual que con Quinn, y no podré regresar a casa. No quiero dejar a mis hermanos, ni tampoco a Jerome o el resto de la plantilla de Blackwood Farm- rompió a llorar abrazándome mientras yo notaba cierto deseo por besar sus labios húmedos por las lágrimas sanguinolentas.

Era más hermoso que Tarquin en esos momentos, mucho más atractivo que cualquier muchacho que yo hubiese tenido la fortuna de conocer. Me aparté de él caminando por la biblioteca mientras meditaba. Era una pequeña sala de estudio que habíamos mejorado con el paso del tiempo. Antes fue la habitación de Tarquin, pero terminó reformada en el verano para que ambos jóvenes pudieran estudiar junto a los hermanos de Thomas.

-Thomas...- susurré casi sin aliento- No te acerques tanto a mí, pues no soy capaz de controlarme.

-¿Sed? -murmuró.

-No, instintos primarios que actualmente no controlo como debería. Instintos que me han mantenido alejado de éste lugar y de tu persona, así como de Tarquin y Jerome. Son deseos sexuales depravados que no quiero hacer reales-me había girado evitando su mirada, pues la vergüenza era tremenda, sin embargo sentí sus manos sobre mis caderas y como mi espalda quedaba cubierta por su torso- ¿Qué haces?

-Me atraes Nash. Eres un hombre con conocimiento y madurez suficiente para mostrarme el sexo de una forma más deliciosa que cualquier chico de mi edad- desconocía su sexualidad hasta ese momento, pues incluso le había visto muy próximo con algunas mujeres. Nunca leí su mente ni pretendí hacerlo.

Me volteé para ver su rostro con aquellos enormes ojos brillando con deseo. Su boca se mostraba como un paraíso tentador. Apoyé mis labios en los suyos y pude notar como sus brazos me rodeaban por la cadera mientras yo aún intentaba asimilar que él me deseara. Un hombre de mi edad, con un cuerpo ya algo deslucido por el paso del tiempo, con demasiadas arrugas y el pelo lleno de canas nunca fue demasiado tentador para un joven como él.

Mis manos fueron a su rostro y comencé a besarlo con lujuria. Él comenzó a gemir bajo por la excitación del momento. Podía notar sus colmillos con la punta de mi lengua mientras se agarraba a mi chaqueta, la cual rápidamente tapizó el suelo mientras tiraba de mi corbata dirigiéndonos ambos hacia el sofá que allí teníamos para mayor comodidad.

La habitación era sencilla con dos mesas de escritorio con sus respectivas sillas y lámparas, varias estanterías llenas de libros que había comprado para ellos, y un sofá cómodo para poder leer con calma. Así, que ese sofá dejaría de ser para la calma y pasaría a ser parte de uno de los recuerdos más sensuales.

Caí en el sofá sintiendo como el cuero acariciaba mi nuca y como él se subía sobre mis piernas a horcajadas. Mi miembro empezaba a despertarse bajo sus redondeadas y duras nalgas. Tenía una mirada excitante y provocaba con sus leves sonrisas llenas de deseo. Podía ver en él la belleza de Tarquin, pero había algo más que me provocaba aún más. Se sacó su camiseta y mis labios rozaron sus pezones en tono café. Su torso estaba libre de cualquier vello salvo el sutil cercano a su ombligo, el mismo que se perdía hacia su miembro. Bajé su cremallera luchando con él, pues ambos librábamos una batalla desesperada para quitarnos la ropa.

Cuando estuvimos desnudos nos miramos y él sonrió volviendo a mis rodillas, dejando que la punta de su miembro rozara mi vientre y sus glúteos prácticamente atraparan el mío. Podía sentir el roce delicioso que teníamos con ese baile sensual de nuestras caderas. Ambos endurecíamos mientras los besos se volvían más intensos. Nuestras bocas se devoraban y mis manos temblaban sobre sus hombros y brazos, los cuales parecían cincelados. Era un chico mucho más musculoso que Tarquin y con una belleza que me hundía en fantasías eróticas que había comenzado a tener desde que cumplió los diecisiete, pues a esa edad se transformó ante mis cansados ojos en un apetitoso bocado.

-A veces me tocaba pensando en ti- confesó antes de ayudarme a penetrarlo -Quería que me prestaras atención a mí y no a Quinn- gimió echando la cabeza hacia atrás mientras apoyaba sus manos en mis hombros y las mías iban a sus caderas.

Ese gesto tan sexual me enloquecía. Sus ojos eran intensos y sus labios estaban rojos por la presión que habían tenido con los míos. Se movía fiero y desesperado. Mis dientes tiraron de su pezón derecho y provoqué que se moviera más fuerte y decidido.

-Fóllame duro, por favor- jadeó clavando sus dedos en el respaldo del sofá mientras yo sonreía fascinado.

Su rostro era el de un ángel en medio de un placer para nada terrenal. Sus ojos se cerraron y sus mejillas se ruborizaron. Tenía un aspecto tan apetitoso que me era imposible apartar la vista de él. Gemía mi nombre repetidamente casi sin fuelle y yo repetía el suyo. Me hizo llegar al límite cuando los músculos de su interior apretaron mi miembro, prácticamente estrangulando mi pene, mientras él salpicaba mi vientre con su esperma.

-Más, dame más- dijo hambriento mientras se levantaba para arrojarse entre mis piernas, agarrando el glande con sus labios para saborear mi semen.

Eché la cabeza hacia atrás mientras mi mano derecha conducía su cabeza tirando de su pelo. Pronto tuvo todo mi miembro en su boca mientras su lengua acariciaba la base. Sus manos masajearon mis testículos sin dejar de mirarme. Tenía una de esas miradas libidinosas que únicamente ves en películas porno. Me levanté del sofá y decidí ofrecerle un ritmo muy superior a mis caderas, tomé su cabeza con ambas manos y empecé a perforar su cálida, húmeda y hambrienta boca. Tuvo una caída de párpados mientras sus manos se dirigían a su torso, pellizcándose sus pezones y mostrándose de forma erótica ante mí.

Al apartarme vi como un suave hilo de saliva quedaba colgando de mi glande a sus labios, lo cual me excitó de sobremanera. De inmediato acaricié sus labios con la punta de mi miembro, lo pasé por sus mejillas y lo golpeé para agarrarlo del pelo con la izquierda, tirando de su cabeza como si fuera un títere. Él gimió cerrando los ojos mientras volvía a meterme en él, sin embargo lo arrojé contra el suelo y lo acomodé en cuatro.

Su trasero se mostró manchado por el esperma y no dudé en meterme de nuevo con violencia. Azoté sus nalgas una y otra vez, en ambos glúteos. Él gemía cada vez más alto, incluso gritaba de placer. Su cuerpo temblaba y sus brazos cedieron. Me miraba por encima de sus hombros sin dejar de mover sus caderas.

-Así, así... ¡Más!-gritó llegando de nuevo al orgasmo, sin embargo yo no lo hice esta vez.

Hice que se levantara tirando de su pelo para que se girara, después introduje mi miembro en él y finalmente me vine ofreciéndole mi semen. Él de inmediato lo tragó temblando como una hoja. Después de aquello se quedó sentado mirándome de una forma erótica y buscando mis caricias, mientras yo recuperaba el aliento en el sofá. Finalmente lo había hecho sin importarme nada ni contener todo el deseo que le profesaba.

-¿Te quedarás conmigo?-preguntó apoyando su cabeza en mis rodillas.

-El tiempo lo dirá-susurré sin asegurarle nada mientras notaba como giraba su rostro y comenzaba a lamer mi glande nuevamente.

-Me gusta tu sabor-dijo acariciando mis muslos- Y sé que te gusta que yo lo tome.

-No puedo negarlo-respondí disfrutando de aquellas succiones en aquella zona sensible, mucho más después de tanto roce.

-Soy mejor y más joven que Quinn- fue lo último que dijo riendo bajo.


Rápidamente se incorporó y quedó sentado sobre mí, con su cabeza apoyada en uno de mis hombros y sus brazos a ambos lados de mi cuerpo. Permanecimos de ese modo hasta que prácticamente el sol comenzó a brillar. Después, sin decir nada, ambos decidimos dormir juntos en el ataúd que se hallaba oculto en el santuario. Juntos, con el aroma a sexo aún rondando en nuestras pieles y completamente satisfechos.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt