Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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lunes, 9 de enero de 2017

Discípulo

Nash es adorable...

Lestat de Lioncourt 


Recuerdo que cuando me hablaron de él supuse que sería un muchacho honesto, pero muy infeliz y atormentado. Mi buena amiga tía Queen apenas me confesó que me necesitaba, para mejorar la calidad de vida y la cultura del joven, me postulé. Pensé que mi compañía le daría cierto correctivo a su sufrimiento, pues sería un apoyo moral más que un profesor. Me convertiría en algo similar a un padre, o al menos una figura paterna a la que emular.

Viajé de Gran Bretaña al sur de Estados Unidos para hacerme cargo. La primera noche que pasé en aquella cama de hotel, a la espera de conocer al joven, sentí una emoción que hacía años que ya no me daba la enseñanza. Medité cada palabra a la hora de presentarnos y también llamé en dos ocasiones a mi buena amiga. En ambas conversaciones fui muy superfluo. Sólo quería saber si a Tarquin le agradaba más el trato formal que el informal, si cenaríamos o sólo tomaríamos un tentempié, y si nos veríamos nosotros dos antes de comunicarle al joven que tendría un nuevo tutor.

Desde el pequeño escritorio, muy minimalista y cercano a la única ventana de la habitación, miré la cama, estrecha y con aquellas ropas blancas tan pulcras, donde yacía mi maleta de cuero tan vieja como pesada. No estaba desgastada ni rota, pero sí la había adquirido con la edad de mi nuevo alumno. Me incorporé y la abrí para observar la poca ropa que había traído, desde camisas a suéteres o americanas, apartándola de inmediato y sacando “Historia de dos Ciudades”.

Para quien se toma el trabajo de reflexionar sobre este punto, es muy sorprendente que los hombres estén hechos de tal modo que constituyen un misterio insondable los unos para los otros—recité aquella frase como si la estuviese leyendo entre los numerosos párrafos. Cerré los ojos, aspiré el aroma a libro antiguo y lo solté.

Ese jovenzuelo, de tan sólo dieciocho años, era un misterio para mí. Un misterio insondable. Me habían dicho que había logrado una proeza hacía tan sólo unos meses, encontrando una construcción en mitad del pantano. Decían que era leyenda, pero él logró dar con su situación. También me comentaron sobre un féretro de oro y las inscripciones que había en él. Fue interesante que mi buena amiga tía Queen hablase conmigo de un tema tan delicado. Cualquiera que no hubiese visto el lugar pensaría que estaba loca, pero yo sabía que era una mujer muy seria en ciertos ámbitos.

Si me aproximé a él fue porque soy un gran profesor, al menos me considero un gran profesor, que intenta dar al mundo lo mejor que tiene que es su paciencia. El muchacho estaba seguro que le perseguía un fantasma y ella me comentó que a veces lo veía, por eso lo creía. No era capaz de decirle a su sobrino nieto nada al respecto, por miedo quizá.

El lugar donde nos conocimos no fue el propicio. Creo que nadie quiere conocer a otro en un hospital, aunque sea en su restaurante y este parezca algo más que un lugar antiséptico sin gusto alguno. El Hospital Mayfair, cuya propietaria conocería años más tarde, era una auténtica belleza. Poseía obras de arte en los pasillos, el comedor parecía un sitio lujoso y había personas que no estaban internas, ni tenían familiares allí, pero iban a cenar y almorzar a un sitio donde la comida tradicional se mezclaba con el lujo y el murmullo de las camillas por el pasillo.

Al verlo sentí que me daba un vuelco el corazón. Me recordó a un viejo amante. Sus ojos azules se enterraron en mi viejo corazón y mis manos temblaron ligeramente sudorosas. Estuve a punto de decirle que me marchaba. No podía estar ante un joven tan apuesto y con unos modales refinados, de una sonrisa lacónica y bondadosa, intentando asimilar que iba a tener al fin alguien con quien conversar. De inmediato me dijo que Goblin tendría que aceptarme porque no estaba dispuesto a perder más tiempo.


Os aseguro que no fue fácil ver como se enamoraba de aquella joven, ni darle consuelo por ello y tampoco viajar por el mundo sin poder besarlo. Me enamoré como un chiquillo, pero me comporté como un hombre correcto. Jamás le dije la verdad, pues no era necesario. Él sabía que lo amaba, pero no hasta que punto. Tenía un don mágico que era sonreír con su mirada mientras aceptaba los agravios de la vida. Me dio grandes lecciones aunque yo era quien debía ofrecerle el conocimiento de cultura y buenos valores. 

domingo, 22 de mayo de 2016

Amor y nada más.

Hoy no hay texto de Daniel sino uno de Nash. Debido a que estamos haciendo ver las distintas formas de amor y de familia queremos mostrar los sentimientos de quien fue tutor y amigo de Quinn. 


Lestat de Lioncourt


El amor no entiende de barreras. A veces llega en el peor de los momentos posibles. No es cuestión de buscarlo o rogarlo. Simplemente el amor nace como las amapolas. Florece en cualquier corazón y provoca una reacción distinta en cada alma. He visto hombres llorar desconsolados al saber que estaban enamorados de la persona incorrecta porque jamás serían correspondidos y mujeres guardar gélido silencio mientras sus corazones se fracturaban. El género no te hace ser más o menos sensible, más o menos fuerte, más o menos resistente al amor o simplemente no ayuda a conseguir el amor que necesitas. Como tampoco lo hace el sexo o la sexualidad. Cada uno es distinto y vive su cuerpo y sus sentimientos de formas complejas y muy diversas.

Hace tiempo que comprendí que moriría enamorado de alguien que nunca me correspondería. De hecho creo que jamás se ha percatado de mi amor por él. Mi confesión quedó guardada en el abismo de un te quiero vacío e insignificante. Quizá por su juventud no pudo ver más allá de mis formas educadas y comprensivas, pero admito que también mi amor por él parece el típico romance de literatura barata.

Soy educador por convencimiento. Me convencí a mí mismo hace décadas. Tomé esta decisión cuando terminé mis dos carreras. Sentí que el mundo de la literatura moría lentamente y los grandes libros sólo se habían elaborado por las pasiones, equivocaciones y penitencias del pasado. Comprendí que el hombre se negaba a recordar la historia. Creo que acepté el riesgo. Quería enseñar a los jóvenes a amar apasionadamente la literatura y la historia porque sólo a través de conocer y comprender los sentimientos que llevaron al hombre a cometer ciertos hechos, crear ciertas leyes y elaborar pensamientos que aún hoy tienen vigencia comprenderían el mundo que les rodea y podrían quizá ser la salvación de una cultura decadente.

Hace más de tres décadas conocí a una mujer increíble. De haber sido heterosexual habría pedido su mano sin importarme que fuese mayor que yo. Me enamoró su forma de amar el mundo. Caí conquistado por su risa contagiosa y su forma amable de saborear cada segundo en la compañía de otros. Por eso mismo decidí aceptar el trabajo de tutor privado. Yo tenía un buen cargo en una excelente universidad británica, pero sabía que ella estaba desesperada. Ese fue el primer paso hacia mi condena.

Nueva Orleans siempre ha sido un lugar lleno de sabores y olores tan mezclados como su cultura y su gente. Allí donde mires hay una belleza mágica que no sabes explicar. Pero no hay belleza mágica mayor que esos ojos profundos de color azul. Me enamoré del sobrino nieto de mi amiga. No hubo impedimentos en mi corazón por su edad, ya que sólo rozaba los dieciocho, ni por su inestabilidad emocional. Quedé profundamente enamorado sólo con escuchar su voz y observar como sus labios se arqueaban en una cordial sonrisa.

Quise huir en cuanto noté que estaba enamorado de una joven de su edad, que mis sentimientos serían una tortura y que el mundo mismo iba a hacerme enloquecer. Pero él me rogó que me quedara. Con toda la inocencia del mundo me pidió que permaneciera a su lado porque necesitaba un amigo y un guía en este mundo de locos. Yo sólo pude abrazarlo y llorar en mi habitación con la puerta cerrada. Quería matar mis ilusiones pero fue imposible. Acepté la condena. Permití que en mis sueños él fuese mío del formas distintas como única forma de mantener la cordura.


Nunca le he exigido que me ame pues tampoco le he confesado mis sentimientos. Sólo me he quedado contemplando como él intentaba ser feliz con la persona que ama. Me mantengo al margen. Tan al margen que hace algunos años que no sé nada de él y me he dedicado a cuidar al hijo que tuvo con otra mujer. El pequeño me ha tomado cariño y soy su figura paterna. Mi amiga murió hace algunos años y sé que no estaría encantada con todo lo que está sucediendo. Sin embargo, yo soy feliz de algún modo porque confío que él está viviendo el amor que necesita y desea.  

jueves, 21 de enero de 2016

Carta de un maestro

Carta de Nash para Tarquin. 

Lestat de Lioncourt

Querido muchacho:

Hace tiempo que debería haber escrito estas líneas. Quizás ya no son necesarias. Es posible que ni siquiera te parezcan agradables, pero son consejos que me siento tentado a recordarte. Ya has llegado a una edad en la cual vuelas por ti mismo, piensas y respondes con habilidad. Me siento muy orgulloso de haberte dado algunos consejos importantes a la hora de comportarte ante diversas circunstancias, pero he sido incapaz de ofrecerte todo el consuelo que necesitabas. Tampoco he sabido encajar la verdad de tus sentimientos.

La noche en la cual nos conocimos, en aquel agradable y elegante restaurante del Centro Hospitalario Mayfair, debí ser más recto y menos adulador. Tal vez se debió a la belleza de tu rostro, la bondad que despertaba tu alma y la necesidad de cariño tan abrumador que despertabas en todos, incluyéndome. Querías ser amado, comprendido, y escuchado. Sin embargo, nosotros sólo éramos capaces de decirte qué era lo mejor para ti, sin escuchar los gritos incesantes de tu alma. Te pido perdón por ello.

Has vivido una época dura de constantes cambios, intrincadas aventuras e intrigas de una familia demasiado extensa. Tus ojos han tenido que observar como el paso del tiempo se aceleraba y tu juventud se convertía en pasado. Todos hemos vivido años así de precipitados, los cuales nos han asfixiado. La adolescencia es terrible, pero aún más la juventud en la cual te convierten en adulto en un pestañeo.

Debí decirte que me enamoré de ti. Aunque quizás no fue de ti, sino de esa alma dulce y amable que se entrega con pasión a todo lo que haces, dices o piensas. Eres afortunado, Tarquin. Posees una belleza que despierta admiración y cariño. Quizás no te comprendan demasiado, tal vez no encuentres la paz que buscas, pero te aseguro que muchos te contemplarán como un ser hermoso similar a un ángel.

Los consejos que vengo a darte es que los días no se repiten. La magia de la vida es que no hay días iguales, que todos tienen matices nuevos y que te van moldeando. Intenta que te moldeen de forma sensata y bondadosa. No me gustaría ver tu alma llena de oscuridad. No odies, no intentes ponerte metas inalcanzables y se feliz. Es fácil ser feliz si te concentras en experimentar, comprender, amar y sentir.

También quiero darte las gracias por tu amistad, compañía y respeto.
Siempre tuyo,

Nash

viernes, 25 de septiembre de 2015

Ella, mi madre inmortal

Tarquin hablando de Petronia de forma algo distinta a lo habitual. Me gusta que lo haga.

Lestat de Lioncourt


Ella me recordaba a Heliogábalo. Mi tutor, y amigo, decidió ofrecerme su conocimiento sobre historia, literatura y política. Me explicó con paciencia los clásicos griegos y romanos, así como puso especial hincapié en sucesos terribles de la Roma antigua. Deseaba que comprendiera que el amor y el odio era algo habitual en éste mundo, como si fuese el doble filo de un puñal, el cual se enterraba con firmeza en nuestros corazones. Heliogábalo era un emperador que murió con tan sólo dieciocho años, el cual estaba decidido a ser una mujer de pleno derecho e intentar cambiar sus genitales sin importar el precio. Todos lo veían como un hombre excéntrico, que tuvo varias mujeres y a ninguna amó, que se ofrecía a los hombres y se deleitaba con uno de sus amantes. Siempre maquillado, delicado en sus modales y terriblemente seductor. Por eso ella me recordaba a él.

Era una mujer hermosa si se lo proponía, pero podía mostrarse como el hombre monstruoso del cual todos se burlaban. Petronia era hermafrodita, tenía ambos genitales y un alma azotada por el dolor. Sin embargo, ese no era el mayor horror o carga que soportaba su, en apariencia, frágil espalda. Conforme la conocía comprendí su temor, su amarga historia y sufrí con ella cuando nos vinculamos con la sangre. Me desafió y me llevó al borde de la muerte, pues no deseaba que cruzara el umbral sin haber sufrido intensamente el dolor y la rabia que ella transportaba.

Su sangre me hizo fuerte, sus recuerdos me quemaban y sus ojos se introdujeron en mi mente como si fueran un animal salvaje a punto de matarme. Me quedé paralizado. Tuve que asimilar todo aquello durante varios minutos. Acabé llorando, de rodillas, implorando una pizca de cordura.


Aquel amanecer, después de mi primera víctima, recordé los pétalos de Heliogábalo. Pude aspirar su fragancia, imaginar su risa ligeramente soñadora que me invitaba, mientras las telas de la cortina se mecían por la brisa. También apareció ella, desnuda, mostrando sus pequeños pechos y ocultando una pequeña sábana sus malformaciones. Seductora y cruel, una mujer fuerte con el alma hecha añicos, que me imploraba ser escuchada. Entonces, el vestido. La novia sobre la cama. La sangre salpicaba todo. El mundo caía. Desperté aterrado por mis visiones y sediento. Esto es algo que no he contado a nadie y que hoy he decidido narrar, en éste libro de viaje.  

jueves, 3 de septiembre de 2015

Aprendemos del amor

Nash es uno de esos hombres que he terminado por admirar. Gracias a él Tarquin tiene unos excelentes modales.

Lestat de Lioncourt


Durante años he estado guardando mi más terrible secreto. Jamás he sido del todo feliz. Mi vida se ha basado en la mera contemplación del mundo, aceptando que no encajaba en las paredes preestablecidas que éste me ofrecía. Liberaba mi alma con libros llenos de pasión, conocimiento, verdad y fantasía. Dejaba que mis ojos se deslizaban por cada línea convirtiéndose, como no, en la única droga posible. Me sentía seducido e inquieto. Intentaba olvidar que el hombre que amaba, aquel por el cual hubiese dado mi vida entera, jamás me miraría como algo más que un buen amigo, un compañero indiscutible para las eternas e infernales discusiones sobre literatura clásica, sociedad, historia o los sueños más perversos del hombre moderno.

Londres es una ciudad inmensa, pero se queda pequeña cuando amas de esa forma. Quieres gritar, aunque sólo logras suspirar mientras miras por la ventanilla del autobús. Comprendes que tu vida, la vida que llevas, será tu cárcel, tu tumba, tu secreto y por ende un terrible dolor que calará hasta los huesos. Por eso mismo acepté la petición de una vieja conocida, a la cual admiraba con fervor. Deseaba que fuese el profesor de su sobrino nieto. Acepté de inmediato. Había amado durante veinte años a alguien que nunca comprendería mi terrible secreto. Durante décadas no dejé de tener amantes, pero ninguno sirvió para consolar mi alma.

Creí que había huido. Pensé que había logrado respirar de nuevo. Me sentí liberado nada más llegar a la húmeda, hermosa y misteriosa Nueva Orleans. Sentí un afecto increíble por sus calles abarrotadas, sus viejos y misteriosos edificios y el colorido de su sociedad. Se podía sentir una pasión distinta, pero todo se truncó cuando crucé mi mirada con la suya. Esos ojos azules, como los de un gato persa, permitieron que mi viejo corazón diese un vuelco y se condenara una vez más.

Aquel joven, ligeramente desgarbado, de finos modales y educada sonrisa triste me resultó atractivo. Era tan apetecible que quise retenerlo entre mis brazos, besar sus labios carnosos y hacerle el amor allí mismo. Fue una reacción extraña. Me había olvidado de mi viejo amor en tan sólo unos segundos. Era como si me hubiese percatado que el mundo tenía más belleza, más cosas que ver y sentir, y yo había estado desperdiciando mi tiempo llorando por alguien que no me haría feliz.


Sin embargo, no me arrepiento. Ahora pertenezco a éste país, tan distinto al mío, y a una ciudad llena de misterios que todavía no he logrado desenredar. No pienso marchame ni olvidar el amor que todavía conservo hacia Tarquin Blackwood.  

martes, 11 de agosto de 2015

Viejas conversaciones

Hay que escuchar mejor y comprender las cosas, pero Quinn deseaba todo de forma acelerada.

Lestat de Lioncourt


—La vida no siempre es como creemos, Quinn—dijo Nash desde la puerta, para luego caminar despacio, con un deje bucólico, hasta el sofá de piel marrón. Allí tomó asiento desabrochado su chaqueta y cruzando las piernas con elegancia. Era todo un caballero, un hombre maduro y sensible, y yo codiciaba ser como él. Me imaginaba en un futuro como un hombre distinguido y amable, con grandes conocimientos y una gran capacidad de comprensión. Deseaba ser como él, pero al lado de ella. No podía esperar ni siquiera unas horas para poder volver a ver a Mona Mayfair—. Imaginamos, codiciamos, pero luego todo tiene un tiempo. No puedes precipitarte—me explicaba con infinita paciencia, sentado en aquel viejo sofá.

Parecía un hombre sacado de una de esas sofisticadas películas inglesas. Era demasiado caballeroso, su tono era íntimo y me invitaba a consolarme a su lado. No me hice de rogar. Tomé asiento a su lado, eché la cabeza hacia atrás y suspiré intentando contener las lágrimas.

—La has conocido hoy—explicó—. Sois jóvenes y tenéis toda la vida por delante, ¿por qué precipitar las cosas?—preguntó encogiéndose ligeramente de hombros.

—La amo. Es ella la mujer que deseo a mi lado. Es perfecta—dije apoyándome en su hombro amable y servicial.

No tardó en abrazarme, rodeándome con cariño y permitiendo que finalmente llorara. Lloré porque jamás había deseado tanto algo, porque aquel fantasma burlón la detestaba y temía que la alejara, también lloré porque mi tía parecía negarse a mi felicidad y me dolía el pecho por tantas emociones. Él acarició mis cabellos hundiendo sus dedos largos y suaves, para nada ásperos como habían sido los de mi abuelo Pops, mientras me calmaba con su respiración pausada y la fragancia fresca de su colonia, la cual impregnaba su camisa.

—Si la amas tanto como dices sabrás esperar—fueron sus sabias palabras, las cuales no comprendí en ese momento.


Ahora, tras tantos años, comprendo bien aquella frase, así como el resto que me ofreció durante toda la larga noche en la cual lloré y sufrí. El destino a veces nos depara grandes sorpresas, pero hay que luchar por mantener aquello que queremos. Si bien, luchar no significa precipitarse y dejarse llevar por la inconsciencia.  

domingo, 8 de febrero de 2015

Vampiros

Nash ha decidido rescatar la influencia del cine, la televisión y otros vampiros que están colándose en nuestras vidas. ¿Por qué? Los vampiros no brillamos ni hacemos guerrilla...

Lestat de Lioncourt


Hijos de la oscuridad, eso son. Seres capaces de cualquier cosa por saciar sus delirios de sangre. Señalados por ciertos rasgos comunes, cargando el dolor de sus almas maltrechas y aceptando, dentro de lo posible, una maldición que les prohíbe morir a cambio de la vida de otros. Beben sangre, pues en la sangre está vida y parte del alma de la persona que fallece en sus brazos. No importa donde vayas, pues allí están. Ellos son pacientes, esperan con cuidado y saltan sobre ti deseando hundir sus colmillos en tu cuello.

Al menos, así era.

La moda actual de crear a los vampiros como seres románticos, desde el punto de vista cursi, o héroes, más similares a los de Marvel que a cualquier guerrero común, está provocando que los más afines a este tipo de seres se alcen en contra de estos atropellos.

El vampiro como príncipe, u hombre acaudalado, de porte seductora y ciertos rasgos atractivos comenzó en el Romanticismo. En esta época cultural empezó a bullir la idea de los vampiros como aristócratas que amasaban fama y fortuna gracias a sus víctimas, así como a las inversiones generadas durante su vida. Inversiones monetarias y contactos, que eran prácticamente pactos, con hombres y mujeres de todo tipo. Es la época en la cual estalla la fama mundial de estas criaturas. El terror se apodera de los mortales. La vida nocturna no es la misma. Cuando hay desaparecidos comienzan a especularse extrañas historias, sobre todo si el cuerpo no aparece.

Sin embargo, no es hasta las fechas actuales que las novelas no han mostrado a los vampiros de forma apetecible, incluso ostentosa, para el público en general. Louis decidió dar voz y veracidad a muchas historias que se narraban, derrumbó ciertos mitos y ofreció su visión del mundo. Más tarde, como todos saben, comenzó a hacerlo Lestat y otros inmortales. Son muchos los que decidieron decir lo que sentían, contar sus vidas y narrar sus miserias. Pero esto no quedó aquí.

El afán de heroísmo de Lestat, de desvelar misterios, y ventilar secretos no ha hecho sino alentar a otros a creer que es posible cualquier cosa. Y no. No es posible. No es factible. Una cosa es ser un héroe oscuro, temerario, caprichoso y con cierta suerte. Otra, muy distinta, es cambiar el libro de Drácula y convertirlo en un héroe de comic. Los clásicos hay que respetarlos, aunque los héroes entre los vampiros los haya impuesto el príncipe de todos ellos.

Muchos se han sentido enamorados, casi extasiados, por la belleza seductora de la inmortalidad. Tal es así que han creado historias patéticas llenas de romanticismo absurdo y barato. Bodas, hijos, pactos de amor similares a la trágica historia de Romeo y Julieta, añadiendo lobos y circunstancias de lo más absurdas. Está bien quizás esa literatura para un público juvenil, pero no muestra realmente lo que es un vampiro. Llamar vampiros a Cullen y los suyos es una ofensa. Son novelas baratas para que las jovencitas suspiren, así como para las mujeres adultas que no han logrado una vida soñada con el supuesto amor de su vida.

Se ha vinculado también los vampiros con la música. Lestat no ha sido el único, pero sí uno de los primeros prototipos de vampiros con afición a los micrófonos, el escenario y las ovaciones del público. Él cantaba a todos las miserias, crueldades y misterios de los vampiros. Pedía incansablemente a Akasha una prueba, una verdad, que él desconocía. El teatro de los vampiros, ese que tanto dio que hablar y que tuvo la influencia de Nicolas, se vio reproducido en una famosa serie estadounidense llamada Penny Dreadful. Una serie de vinculaciones, de monstruos y estrategias, se mueve por la época victoriana y tiene como desenlace, su primera temporada emitida, en un teatro infectado por vampiros.


El ser humano ha querido conocer la verdad de los vampiros, tiene sus propios mitos y difieren según la zona, pero os puedo asegurar que los actuales no son nada comparables con los que décadas atrás decidieron saltar a la fama, explicarles el dolor y matizar los hechos que la historia misma, la historia de todos, les hizo vivir. Seres que están siempre entre la delgada línea de la vida y la muerte. Mueren cada amanecer y vuelven a la vida cuando cae el sol. Seres que no brillan ni lideran ejércitos, sino que buscan su propia supervivencia.  

martes, 6 de enero de 2015

Carta al corazón

Nash quiere saber donde está Quinn realmente. La verdad, yo también.

Lestat de Lioncourt 


Han pasado muchos años, pero lo recuerdo con facilidad. Quizás no puedo olvidar algo tan importante en tu vida, pues durante mucho tiempo fuiste lo más importante en la mía. Me convertí en tu hombro, la mano tendida y los ojos vidriosos de un hombre con el corazón roto y el alma dividida. Te conocí joven, acobardado por el dolor y tachado de loco por muchos que se creían sumamente inteligentes pese a su estupidez. Tus ojos eran la luz de la vida de una vieja amiga. Ella vivía con cierta esperanza porque te protegía, o al menos eso creía.

Como he dicho, han pasado muchos años. ¿Cuántos desde aquella noche? Creo que son casi tres décadas. Se podría decir que ha sido casi toda una vida. Una vida que ha convertido en un precipicio oscuro que nos atrapa a ambos. Yo ya era un hombre adulto y tú casi no habías vivido nada de tu juventud. Te habían hecho malgastar tu infancia en una granja perdida a las afueras de una ciudad fascinante, llena de magia y misterios sobre vudú, fantasmas y juegos de poder. Casi no sabías tus orígenes, desconocías si realmente estabas loco o simplemente vivías en una de esas historias paranormales que desafiaban la verdad de los expertos. Eras un niño con las manos llenas de esperanza y el corazón acelerado.

Juro que cuando te vi pensé que eras el perfecto caballero. Tus ademanes no eran los de un chico criado cerca de un pantano. Era el de un muchacho que podía haber sido educado en los mejores colegios británicos. Aquel traje te sentaba perfecto, pues era la horma de tu zapato. Tenías un aire triste, pero cuando tus ojos se posaron en los de aquella chica, casi una mujer, se iluminaron y supe que yo no tenía oportunidad alguna de ser tan interesante importante en tu vida.

Me enamoré de ti al primer vistazo. Fue uno de esos últimos amores que tiene un hombre como yo. Un hombre racional y cabal que ha vivido rodeado de libros donde se hablaba de amor, pero que no daba un ápice de esperanza para sentirlo. Quise alejarme de ti, pero me tomaste como tu mejor amigo y como una figura paterna a la cual asemejarte. Acepté el reto y corrí con todos los riesgos exponiendo mi corazón. Dejé que tus manos me lastimaran con tus caricias y tus lágrimas me ahogaran.

Yo te creí cuando dijiste que algo te perseguía. No podía verlo, pero no veía en ti ni una chispa de locura. Salvo si hablamos de ella y tu insistencia al querer casarte el mismo día que la habías conocido. Vivías tu propia historia de Romeo y Julieta con una chica que no tenía la mejor fama, pero que encontré en sus ojos una inteligencia tan viva que me asombré. No sólo era hermosa, Quinn, sino que sabía ver más allá y eso podía asustar a cualquier hombre. Pero tú no eras cualquier hombre, ¿verdad? Tú eras de los que se fascinan por ese tipo de mujeres que saben más que uno mismo. Acepto que de haber sido heterosexual me hubiese quedado pasmado contemplándola.

Te preguntarás si he logrado amar a otro... Sí, lo he hecho. Sin embargo, admito que no he podido olvidarte. Hace tiempo que no te veo, que no puedo abrazarte y ni siquiera sé donde enviar esta carta. Pensé que sólo vivirías una pequeña aventura lejos de tu hogar, pero esa aventura se está convirtiendo en siglos para mí. Las lágrimas que en estos momentos derramo son sinceras, Quinn. Mi muchacho, ¿dónde estás? ¿Dónde os encontráis? Quiero ver esa chispa en tu mirada. No sé porque necesito saber que estás bien.

Tu amigo y tutor,

Nash.  

viernes, 26 de diciembre de 2014

Noche de Paz

Quinn y los villancicos, los villancicos y Quinn... y un litro de lágrimas. 

Lestat de Lioncourt 


He derramado miles de lágrimas en cada Navidad que he pasado en la distancia. Me he ocultado como si fuera un monstruo cobarde, pero aún así recuerdo las brillantes luces y las cálidas canciones. Aún puedo recordar lo agradable que era sentarme en el sillón de orejas, muy próximo a la chimenea, mientras abría el libreto de canciones. No muy lejos los huéspedes agradecían a Jasmine y su familia las atenciones, dulces y la amabilidad intrínseca en aquellas agradables sonrisas típicas de mujeres fuertes, hermosas y llenas de luz. Las escasas fiestas que pasé con Nash, frente a frente, fueron perfectas. Él me hablaba de canciones, poemas desconocidos y viejos clásicos de la literatura. Creo que era el único que comprendía el extraño sentimiento que germinaba en mi corazón cuando Noche de Paz sonaba.

Desde pequeño he llorado emocionado ante la belleza de los villancicos. Jamás he podido contener mis lágrimas. Me embarga una emotividad imposible de controlar. Recuerdo vivamente como Sweet Heart, mi abuela, me sostenía en brazos y besaba mis mejillas mientras Pops aplaudía entusiasmado. Nadie en Blackwood Farm desperdiciaba los eventos navideños. Los huéspedes disfrutaban de nuestra compañía y nosotros de ellos. Los primos lejanos, los parientes más cercanos y un sinfín de amigos nos acompañaban en la cena. Lo mejor era los interminables brindis, las alegres canciones y las ovaciones que siempre se llevaba el pavo que encabezaba la lista de delicias que encabezaba la opípara cena.

No importaban los regalos. Creo que jamás me detuve a preguntarme si eran buenos o malos. Los libros me parecían importantes, en consecuencia eran siempre aceptados con una enorme sonrisa. Los juguetes eran escasos, aunque me parecían pequeñas obras de arte. Mi abuelo prefería regalarme juegos educativos, artesanos y con una laboriosidad indescriptible. Recuerdo un trenecito de madera con una cuerda de la cual tirabas para arrastrarlo, de ese modo se movía y mostraba su colorido con una belleza asombrosa. La ropa hecha a mano era sin duda peculiarmente adorable. No me importaba el color. Lo importante era el detalle, la calidez que emanaba no sólo de las fibras y tejidos con las cuales estaban confeccionadas.

Extraño todo eso. Echo de menos el pasearme por los pasillos abarrotados de caras nuevas y viejos conocidos. Abrazarme a unos y a otros, besar sus mejillas y cantar con ellos era un ritual que ya no puedo hacer. La única navidad que viví como vampiro fue un horror. Tuve que contener mis lágrimas sanguinolentas, alejarme de más de uno y huir. En el jardín, abrazado a mí mismo, miré las profundas aguas oscuras del pantano y me pregunté si me ahogaba en ellas por cada lágrima que no podía mostrar libremente. Un nudo extraño se formó en mi garganta y quise llorar amargamente. Tras tantos años lejos era duro regresar y no poder vivir esas entrañables fechas como acostumbraba.

Las estrellas brillaban con fuerza ese día. Pensé en Mona, su amor y su sonrisa desgastada. Me hundí en la miseria. Recé por mi alma corrupta y por su recuperación. Rogué un milagro, pero no ocurrió nada. Así que tan sólo canté a viva voz Noche de Paz dejando que mi alma se liberara al fin.


Navidad... nunca ha sonado tan terrible y dolorosa en mi boca esa celebración de amor y paz.  

jueves, 23 de octubre de 2014

Carta del corazón

Nash apareció después de hace mucho con una carta donde abre su corazón. ¿He dicho que admiro a este hombre? Es todo un caballero. 

Lestat de Lioncourt


Cuando miro el presente y echo la vista atrás me pregunto si no he sido yo quien ha movido todos los hilos, los del destino, en lo referente a varias personas que he amado, amo o amaré por siempre. He visto cambiar los caminos que les conducían al éxito o al fracaso. Me he interpuesto en su realidad. Aparecí para calmar sus inquietudes y acabé provocando otras nuevas, aunque supongo que ellos también tienen parte de culpa. Si bien, he apreciado la compañía de todos ellos y he intentado dar lo mejor de mí a cada paso.

Cuando ocurrió la gran desgracia con Tía Queen, a quien adoraba y veía como una mujer brillante, sentí que algo en mí se apagaba. Si hubiese sido heterosexual estoy seguro que habría acabado arrodillándome frente a ella, sin importarme la diferencia de edad de algunas décadas, pidiéndole matrimonio como todo un adolescente enamorado. Pero no lo soy. Me enamoré de su fortaleza, sus ansias de vivir y su enérgica forma de decirles a todos lo que pensaba en cada momento. Recuerdo aún el repicar de sus tacones, su perfume favorito y como pedía champán para brindar por todo. Por eso, al desaparecer sentí una profunda pena. Una pena que me hundió durante varias semanas.

Tommy era aún un niño, casi un adolescente, y lloró junto a mí la pérdida de una gran mujer. Era un muchachito con muchas posibilidades si se educaba correctamente. Temí que al no tener la protección de Tía Queen, con Tarquin marchándose tan seguido y la mala reputación de su madre, acabara siendo un chapuzas convencional. Era brillante. Me sentí enamorado de su inteligencia. Pensé que era bueno para ambos permanecer juntos. Quería, como educador, ser su tutor y ejercer sobre él la mejor influencia posible. Decidí llevarlo a Londres.

Durante años estudió junto a mí, lo dirigí por los mejores colegios y academias. Elegía los libros más interesantes que podían ser de ayuda en el desarrollo de su inteligencia. No me medía cuando tenía que tomar mi tiempo para él. Me convertí en un padre, un amigo y un profesor. Lo protegía, lo educaba y lo admiraba profundamente. Podía hablar con él de temas serios y me olvidé por completo de mi amor por Tarquin. Él quedó en un segundo plano con respecto a mis obligaciones con Tommy.

Si bien, no dejé que Tommy perdiera sus raíces. Tenía vacaciones para ver sus hermanos, su madre, a todos en Blackwood Farm y New Orleans. Quería que estuviese aún atado a esa ciudad, pero que tuviese la posibilidad de ser alguien más que un chico con algo de dinero en los bolsillos. Deseaba para él lo que Tarquin no estaba consiguiendo. Ansiaba verlo con algún diploma colgado en la pared. Era tan inteligente que perdí la cuenta de los años. Olvidé que los niños crecen, se convierten en adolescentes y estos en adultos.

En un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un muchacho de veinticinco años. Un joven responsable, atento y amante de la cultura. Me sentí entristecido porque ya había cumplido. No tenía que soportar mis comentarios sobre ropa, filosofía, música, literatura, historia y un sinfín de temas que, posiblemente, aburrían demasiado. Pero él se mantuvo a mi lado. Habíamos pasado por tantas cosas que no sabía estar sin mi apoyo. Entonces, lo supe. Pasé de admirarlo como a un joven brillante a enamorarme perdidamente del hombre que yo había ayudado a formar. Deseé alejarme, pero él no lo permitió. De nuevo me sentí frustrado como ocurrió con Tarquin. La historia se repetía.

Yo tengo prácticamente la edad de tía Queen, aunque mi rostro tiene menos arrugas y mi cabello no es tan cano. La vida me ha tratado bien. No he sufrido tanto como ella. Me he cuidado. Poseo esa chispa de juventud que ella poseía, pero también una salud de hierro. La vejez me ha tratado bien. Me valgo bien por mí mismo y no necesito enfermeras. Pero él es un niño casi. Siento que lo ato. Creo que he cambiado su destino. Sobre todo, porque él me corresponde.


Mi mayor temor es que este amor nos perjudique. Sin embargo, por ahora dejaré que todo siga como está. No he sido tan feliz en mi vida. La felicidad es importante. Por eso quiero escribir esta carta con todo mi corazón y esfuerzo. No la redacto para nadie en concreto. Quizás siento deseos que algún desconocido la lea y comprenda, tal vez quiero que lo haga Tarquin. No lo sé. La única verdad es que escribiéndola me he dado cuenta de cuan agradecido estoy con la vida.  

jueves, 21 de agosto de 2014

Eres tú, ¡Tú!

¡Qué emoción! Quinn me ha escrito algo. Mañana es mi cumpleaños así que van llegando los regalos y las bromas pesadas. ¡Os quiero! 

Lestat de Lioncourt 


«Toma. Esto quizás te ayude.»

Cuando Petronia, el vampiro que me hizo, me tendió aquellos libros fue un gesto que cambiaría mi vida y concepción del mundo en el que ahora me movía. Todo lo que me había enseñado Arion y ella se convertía en humo, pues había un vampiro intrépido y sin escrúpulos que se burlaba de la muerte, el destino e incluso coqueteaba con el demonio si era preciso. Su vida era un auténtico milagro y su peligrosidad aumentaba con el paso del tiempo. Los inmortales retratados en cada frase mostraban unos matices tan atractivos como él. Si lo encontraba quizás podía ayudarme a librarme del fantasma que me perseguía, aunque ni siquiera tenía idea que era mi propio hermano. Como si fuera una obra de Shakespeare hablaba con los muertos, caminaba entre tumbas y era perseguido por el pasado cuyo aliento no era para nada agradable.

Podía imaginarlo. Su espesa cabellera rubia cayendo revuelta y larga sobre una chaqueta de cuero, sus pantalones tejanos ajustados y unas botas de estrella del rock. Sí, ese era el aspecto más recurrente desde que supe que la música rock le había contagiado, hecho amarla y finalmente incluso había subido a un escenario para cantar sus glorias, penas y verdades. Sin embargo, lo imaginaba galopando con un pura sangre por el viejo New Orleans convertido en un espectro elegante, con su melena perfectamente cepillada y una sonrisa pérfida en sus labios. Sí, vestido de época con esas medias blancas y esos zapatos con algo de tacón, hebilla dorada y perfecto lustre. Salvaje, único y demasiado atractivo.

Tomé acopio de todas mis fuerzas, me miré al espejo en un par de ocasiones para alentarme y acaricié el camafeo que llevaba mi rostro. Rogué porque me hiciera caso. Era una ventura interesante, debía atraparle e incluso conmover. Eso quería. Tocar las fibras más delicadas de su alma y hacerla cantar. No obstante, soy tan torpe. Me presenté en su casa y casi mato al hombre de Talamasca que allí se hallaba, un hombre que yo bien conocía de mi etapa como mortal. Fue terrible. Le ofrecí la peor de las impresiones, pero sin embargo él no dijo nada. Lestat sólo se echó a reír.

«No te preocupes, hermanito.»

Quería estrecharlo y besarlo, hundir mis dedos en su espeso cabello y acariciar esa chaqueta negra, con botones de camafeos, que llevaba. Su camisa almidonada, sus zapatos lustrosos y esos pantalones elegantes. Era salvaje, sí, pero elegante. Un esclavo de la sofisticación que se burlaba y coqueteaba con el pobre brujo que prácticamente quería huir, pero no podía. Era fascinante.

«¡Eres tú! ¡Dios santo! ¡Tú! ¡Eres Lestat de Lioncourt! ¡Eres tú! ¡Estoy frente a ti! ¡Tú! ¡Maldita sea, eres tú! ¡Tú! ¡Eres tú!»

No podía pensar con claridad. Mi mente gritaba su nombre, coreaba su nombre. Mis manos temblaban pegadas al muro de carga de su habitación. Palpaba el papel pintado, miraba su escritorio revuelto y el suave mecer de las cortinas. El dulce aire de New Orleans nos cortaba el aliento, se mezclaba con nuestros pensamientos y palabras. Finalmente quedó a solas conmigo y yo sentí que mis piernas temblaban. Era algo más alto que él, pero me sentía diminuto. Esa sonrisa amable me enamoró. Creo que robó mi corazón en cuanto puso sus hermosos ojos azules, de tonalidades violetas, sobre mí. Deseé abrir mi corazón y hablarle de Goblin, Mona, tía Queen y de todo mi mundo. Incluso de mi aventura en el Santuario. Todo. Él simplemente aceptó, quiso ver donde vivía y los mortales que amaba. Se abrió paso en mi vida.


¿Hay alguien que no pueda amar a Lestat? Creo que simplemente quien lo odia es porque no lo conoce. No hay que odiarlo ni temerlo, sólo disfrutar de su compañía y sentir que el tiempo vuela. Mi amor por él es intenso. Jamás le estaré del todo agradecido por todo lo que hizo. Estuvo en mis peores momentos y me aupó para conseguir los mejores. Doy gracias por su amor y paciencia. Él, junto con mi tutor Nash y mi desaparecido abuelo Pops, ha sido una de las figuras masculinas fundamentales en mi vida.  

domingo, 17 de agosto de 2014

Camino a la igualdad

Nash ha decidido desempolvar sus conocimientos nuevamente y ofrecernos estos, junto a sus sentimientos, en una carta abierta a todas las lectoras que nos siguen. ¡Ah! Fantástico.

Lestat de Lioncourt 


La mujer siempre ha sido culto de artistas apasionados, pero también señaladas como el gran azote de la humanidad. Muchas de ellas han sido tachadas de brujas por sus conocimientos, y, su forma infalible de responder ante enfermedades, con el conocimiento que la experiencia y los libros les dieron, detonaron brotes de cólera entre los hombres. Hay quienes las han intentado humillar, doblegar, vilipendiar y arrojar a las llamas de los infiernos. En cientos de religiones la mujer no es más que una compañera, un objeto, un ser débil y la culpable de las desgracias que caen sobre los hombros de la humanidad. Sus nombres pueden variar, Pandora o Eva, no importa.

Sin embargo, a lo largo de los siglos se ha vivido brotes de igualdad y respeto. Muchas mujeres han tomado conciencia y otras se han equivocado en sus intentos fallidos de superioridad. Ningún hombre es superior a una mujer, pero tampoco ninguna mujer es superior a un hombre. Todos somos iguales, todos deberíamos poseer los mismos derechos. No deberíamos de juzgar el trabajo de un hombre o una mujer con los perjuicios precipitados que aún poseemos.

Si nos centramos en el fenómeno del arte el cuerpo femenino ha sido tabú en cientos de ocasiones, pero también se ha ensalzado desde su carácter mágico, sexual o simplemente la belleza maternal. Pero, ellas no sólo posan o son musas de grandes escritores. Ellas también saben cantar, tocar instrumentos, pintar y escribir. El fenómeno de la escritura es algo que trasciende más allá del cuerpo, pues mueve nuestros sentimientos y por lo tanto influye en el alma.

Hay cientos de ejemplos de mujeres que decidieron tomar posiciones frente a un papel, esgrimir una pluma o comenzar a pulsar las teclas de una máquina, para derramar en cada línea sus pensamientos, miedos, deseos, frustraciones, sensaciones y sobre todo imaginación. Una mujer puede ser poderosa cuando escribe porque posee mayor percepción de la sensibilidad que muchos hombres, aunque hay quienes son capaces de sentir el dolor ajeno igual que una mujer. Sin embargo, actualmente hay mujeres escritoras que provocan que Jane Austen se retuerza en su tumba.

Hemos llegado a un punto que cualquier libro, por carente de sentido o machista que sea, si lo escribe una mujer es un rotundo canto a la libertad sexual o una obra de arte. Creo que se desea mitigar los años de represión en aceptar cualquier trabajo como algo excelente, encumbrando autoras que no deberían siquiera recordarse un segundo después de ser nombradas. Si un libro es pésimo por su contenido debería de serlo igual que si lo escribiera un hombre. Todos conocemos como Crepúsculo ha destrozado el mundo de los vampiros, un territorio lleno de cultura y de cientos de misterios, por unas cuantas monedas. De ésta horrible saga ha salido la bestia negra, 50 Sombras de Grey, de manos de una escritora que rebasa los cincuenta años y posee una narrativa que no llega a la de una adolescente. No sólo es aberrante la forma en la cual ha denigrado a la mujer, tratado el tema del BDSM con frialdad y poco respeto, hundido al diccionario en una bañera hasta ahogarlo sino que prescinde de coherencia cada capítulo de dicha obra. Son los más absurdos y extravagantes clichés. Una novela hecha para mujeres que ya no confían en ser amadas, respetadas y encumbradas hacia una relación estable, no sólo con sus parejas sino con el mundo en general. Este libro, refugio de mujeres sin imaginación y desesperadas por encajar en el mundo en el cual viven, es sólo basura. Si lo hubiese escrito un hombre, como yo o como cualquier otro, sería automáticamente repudiado y se pediría que se le tratara psicológicamente. Es así la sociedad en la cual vivimos, una sociedad que ve bien que una mujer denigre a su propio género.


¿Desean unas novelas románticas con unas tramas sencillas, aunque bien narradas? Busquen libros de Susan King o J.R. Ward si buscas romance entre seres sobrenaturales. Sin embargo, se desconocen estas autoras y buscan a patéticas mujeres que sólo aplastan vuestro nivel intelectual. Si desean calidad literaria tomen el camino de Virginia Woolf, Mary Shelley o Ana María Matute que falleció hace un año. Mujeres que no temieron desafiar lo impuesto, que fueron más allá de lo convencional y que realmente merece la pena leer sus pensamientos. Gente tan extraordinaria como sus compañeros escritores y persona de las cuales no se avergonzarán si leen sus trabajos. ¿Quieren libertad e igualdad? Luchen por ella y no se dejen arrastrar por literatura vacía y barata.  

miércoles, 16 de julio de 2014

Siéntelo

Petronia y Arion siempre discuten, pero el origen ésta vez es Jerome. ¿Quieren saber qué ocurre? Atrévanse a sentir lo que ellos notan en sus almas, en el fondo de sus corazones, dejando atrás todo.

Lestat de Lioncourt


Observaba la pieza como si fuese única, aunque no lo era. Sin embargo, un diamante es un diamante. Aquella perfección en la talla le había costado horas de pulir y cortar. Era perfecto, aunque su tamaño no era mayor a medio centímetro. Sería la pieza clave, y fundamental, de un broche de camafeo. Petronia estaba tras él, en completo silencio. Él sabía que estaba ahí, pero no iba a ser el primero en hablar después de semanas sin saber qué había sido de ella.

—¿No me vas a decir nada?—preguntó con los brazos cruzados sobre el pecho, apoyada en la mesa a las espaldas de Arion y con el ceño ligeramente fruncido. Llevaba un espectacular traje de caballero, hecho a medida, y una camisa blanca que no tenía cerrada sus primeros botones.

—Bienvenida a casa—respondió secamente.

—¿No me vas a decir nada más? Manfred ha sido más agradable que tú—dijo arrugando la nariz—. Esperaba que...

—Un día me cansaré de ésta situación—comentó dejando el diamante en la mesa, sobre un pequeño trapo, para girarse y mirarla directamente a los ojos—. Has estado en el Santuario, tal y como suponía, y posiblemente en compañía del hijo de Quinn. ¿Me equivoco? Piensas crear a otro Blackwood. Está el viejo achacoso, el joven llorica de la brillante armadura y el muchacho que soñaba con ser arquitecto. Sin embargo, para tener toda la colección, necesitas al futuro abogado de la familia... un joven mulato.

—Estás celoso—soltó una enorme carcajada y se apoyó mejor en la mesa mirándolo fijamente, sin perder detalle a sus facciones.

—No. Si quieres un nuevo compañero no soy quien para impedirlo—contestó encogiéndose de hombros—. Haz lo que quieras—aquella respuesta, tan fría y concisa, la alertó—. Si me permites seguiré con mi camafeo, pues alguien tiene que hacer los distintos pedidos que han entrado en la web como mediante la tienda de Nápoles y Grecia.

Arion se giró hacia la mesa, con cuidado tomó el broche que había realizado. Era un broche algo mayor a lo acostumbrado, tenía un cuervo que sobresalía de un mármol negro espectacular. Había tallado aquello durante días, era para una mujer que hacía pedidos muy importantes para un diseñador de París. Él amaba los complementos de su tienda, sobre todo aquellos que homenejaban a la naturaleza. El diamante era el ojo del cuervo, tan brillante y perfecto que parecía haberle dado vida.

—¡Por qué!—gritó furiosa—. ¡Por qué no te molesta! ¡Por qué! ¡Por qué no dices nada más! ¡Por qué!—decía llevándose las manos a las sienes—. ¡Arion!

—Porque ya me acostumbré a no ser importante para ti—dijo colocando con cuidado en la caja broche, cerrándola y guardándola en el cajón primero de su pequeña mesa.

—Maestro, ¿hay alguien? ¿Es eso?—preguntó con los ojos llenos de lágrimas sanguinolentas, las cuales corrían libres por sus mejillas de mármol y alcanzaban la comisura de sus labios. Ella lo miró angustiada, decepcionada y dolida. Sin embargo, los ojos impávidos de Arion la desconcertaron aún más.

—Maestro...

—Tú tienes a tus criaturas. Inclusive diste la vida eterna a ese profesor de historia y literatura—comentó con una sonrisa amarga—. Hace tiempo que dejamos de ser dos para convertirnos en una multitud.

—¡Y qué!—acercándose a él para tomarlo del rostro—. ¡Y qué!

—Yo te hice por amor, no por capricho. Desde hace tiempo sólo creas por capricho—Petronia le clavó las uñas en sus pómulos, pero él ni siquiera se inmutó. La observaba del mismo modo mientras su voz sonaba más firme y masculina, como si aquello sólo reafirmara lo que sentía—. No hay necesidad para sentir celos cuando ya no te aman.

—Yo te amo—dijo con la voz quebrada.

—Si puedes besar otros labios que no son los míos, imaginar un futuro al lado de otro y caminar por la tierra sin mi protección... Si puedes... entonces tú y yo hemos acabado en el olvido, en las arenas del tiempo, allí donde las cenizas se alzan mientras el volcán quiere volcar su ira de nuevo—susurró antes de apartarse de ella liberándose de sus manos—. Ten buena vida, mi hermosa niña.

—¡No! ¡Ya basta!—gritó golpeando su pecho—. Te necesito.

—No, no me necesitas—respondió levantándose.

—Sí, te necesito... —murmuró tomándolo del brazo—. ¿Quién te dijo que lo besé? Quien te lo dijo miente...

—Mis ojos—aquella afirmación la dejó helada—. Fui a buscarte porque necesitaba tu ayuda para realizar unos broches, pero entonces me di cuenta que tú no me necesitabas a mí para ser feliz.

Sus manos soltaron aquel brazo que siempre fue su apoyo. Su voz enmudeció y las lágrimas se hicieron más caudalosas. Petronia por completo temblaba. Él simplemente besó su frente como despedida y se alejó de ella. Sin embargo, no dio más de tres pasos cuando la tenía pegada a su espalda, rodeándolo con sus fuertes y finos brazos, mientras sollozaba.

—¿Y si yo no quiero que te vayas?—preguntó—. ¿Qué ocurriría?

—Nada—respondió.

—No lo amo, era un juego... sólo un juego...

—Y yo me he cansado de jugar—dijo apartándola de él—. Ve con Jerome, te espera.

—¡No!—gritó furiosa girándolo para besarlo.

Arion dejó que le besara los labios, inclusive la rodeó con ternura. No obstante, el vínculo parecía roto. Cuando la notó calmada logró deshacerse de ella y salir de la habitación. Petronia comenzó a chillar su nombre, cayendo al suelo y golpeándolo con tal furia que destrozó las baldosas. Manfred apareció intentando calmarla, pero Arion permaneció en silencio apoyado en la barandilla de la escalera. Jerome estaba allí, en el hall, con su semblante sereno sin saber cómo actuar. Cuando sus ojos jóvenes e inquietos miraron la oscura figura, mucho más robusto que él y con una expresión llena de dolor aunque calmada, agachó la cabeza y se abrazó sintiendo que había hecho mal.

—Muchacho, será mejor que vayas a calmarla—comentó.

—No es a mí a quien necesita—expresó.

—No soy yo quien desea ir—contestó antes de sentir como Manfred salía volando de la habitación, buscando refugio para tanto golpe, mientras ella salía de allí temblorosa, llorosa y algo desafiante.

—Será nuestro, le darás su sangre y olvidarás tus estupideces—balbuceó apoyada en el marco de la puerta.

—No, no lo haré—respondió—. Petronia, se acabó.

—¡No! ¡Tú me amas! ¡Tú me quieres! No puedes tener...

—¿A otra?—aquello heló a Petronia. Esa pregunta de labios de Arion la petrificó.

—Sí...

—¿Cómo te sientes al respecto?—preguntó tan sereno que la asustó aún más, pues no discutía con ella ni la buscaba. Era como un trozo de hielo con el que daba golpes reiteradamente.

—Hundida, dolida, humillada, derrotada, furiosa, desconsolada, triste y agotada—murmuró.

Él se acercó a ella y la rodeó con sus brazos. Ella apoyó su cabeza en su pecho y él besó su frente. Manfred corrió hacia el equipo de sonido e hizo que sonara una ligera melodía. Sonaba tan dulce como el momento amargo tras la derrota, cuando sabes que no hay nada más que una despedida terrible. Jerome comenzó a subir por las escaleras y quedó al lado del viejo Loco. Ella lloraba desconsolada hasta que él la besó del mismo modo que siempre lo había hecho, cuando apartó sus labios de ella la miró con ternura.

—Si me amas como dices me quedaré, pero sólo si veo en ti un cambio de actitud—susurró.

—Maestro, nosotros no cambiamos—dijo temblorosa.

—Sí que lo hacemos—la tomó del rostro secando sus lágrimas—. Lo hacemos continuamente, más rápido que el mundo. Sin embargo, no lo notamos porque nuestro amor por los recuerdos es demasiado grande.

—Quédate conmigo... aunque sea por los recuerdos...

—Me quedo porque te amo demasiado como para permitirme el lujo de perderte. Porque en tus ojos veo amor y desesperación. Sólo buscas llamar mi atención con tus actos, sean estúpidos o inteligentes. Buscas en mí la aprobación de un padre, la furia de un amante y el consuelo de un amigo—ella sonrió con aquellas palabras y se abrazó a él. Arion simplemente siguió bailando con ella.

—Te acostumbrarás, siempre son así—dijo Manfred con una ligera sonrisa—. Es como vivir el hundimiento del Titanic continuamente, pero con un final maravilloso—el joven lo miró algo sorprendido y él se echó a reír—. ¿Te gusta el ajedrez? A tu padre no le gustaba demasiado.

—Disfruto de él cuando puedo—respondió con una ligera sonrisa.

—Ven, vamos. Dejemos a solas a éstos dos idiotas enamorados y hablemos de tu padre—dijo echando las manos tras la espalda, caminando algo encorvado como lo haría un anciano—. Vamos hijo, vamos.


Arion y Petronia quedaron allí, abrazados moviéndose suavemente. Ella seguía sollozando a ratos, pero él no dejaba de acariciarla. Deseaba que comprendiera lo doloroso que era no tenerla a su lado, pensar que la perdía. O más bien, lo necesitaba.

domingo, 15 de junio de 2014

Carta a la señorita Queen

¿Quién no adoraba a la señorita Queen? Era toda una dama y aquellos que la conocimos, por breves momentos o largos años, nos sentimos orgullosos. Aquella mujer era pura sinceridad y dulzura. Nash ha decidido escribir una carta, algo que muchos hacen a los muertos. ¿Quieren leerla?

Lestat de Lioncourt


“Desliza tu alma por los escalones del paraíso
y alza tu rostro hacia el amanecer de la eternidad,
allí donde los sueños son realidad
nos encontraremos de nuevo.

“En éste edén donde no existe el frío
y la verdad seduce con encantos profundos
dividiendo con fuerza ambos mundos...
Lancemos los dados, como niños, en éste juego.”

—¿Has podido hablar con él?—tomaste la sabia decisión de preguntarme con tus elegantes modales, acomodando la taza de té sobre su pequeño platillo, mientras lanzabas una mirada dulce de adorable respeto.

Tenías unos enormes tacones, como siempre, y tus piernas se hallaban cruzadas como toda una dama. Aquella blusa blanca, suave y fresca, parecía envolver tu pequeño cuerpo como si fuese un delicado abrazo. La falda, negra y suelta, te daba un aspecto sobrio y a la vez distendido. Sí, recuerdo aquella vestimenta porque fue de las últimas que pude verte antes de morir. Habías comprado ropa, te sentías viva a pesar de todo. El viaje a Europa ya era un recuerdo más, pues hacía meses que te encontrabas sin fuerzas siquiera para salir. Sin embargo, esa mañana, tomaste la decisión de ir a la ciudad y asaltar una de las tiendas para damas más elegantes que había.

—¿Nash?—dijiste inclinándote hacia delante—. Nash, ¿me escuchas?

—Sí, disculpa—respondí con una leve sonrisa—. Estaba inmerso en mis pensamientos.

—Oh, ¿puedo saber qué pensamientos son esos?—preguntaste con una dulce sonrisa mientras estirabas tu mano derecha hacia las mías, apretándolas con cariño—. ¿Estás bien?

—Sí, sólo siento nostalgia—no quería decirte la verdad. ¿Cómo decirte que había visto cambios extraños en tu Quinn? Aunque no era sólo tu Quinn, pues también era mi Quinn. Había amado a ese muchacho nada más conocerlo. Era todo un caballero con una belleza admirable, un porte único y una sensibilidad que me arrojaba a los infiernos. Pero, ¿qué podía hacer? Mentir. Te mentí por primera y única vez—. Desearía volver a Inglaterra hoy mismo.

—Te preguntaba justamente si se lo has dicho a Quinn—dijo.

—No, no se lo he dicho. No le he dicho que quiero llevarme a Tommy un año a Reino Unido, a Londres en concreto, para que viva conmigo y aprecie un ritmo de vida más formal. Deseo que se convierta en un joven bien educado en materias diplomáticas y consiga mejorar algunos aspectos de su personalidad. Es un chico que tiene un futuro brillante, más aún que el de Quinn pues no quiere ir a la universidad—una tímida y breve sonrisa se dibujó en mi rostro—. Cuando regrese, para tomar sus estudios superiores, será un chico muy distinto y podrá ir al mejor instituto de todo New Orleans. Estoy seguro de ello.

—No lo aceptará—susurraste apartando la mano para seguir tomando té—. Te retiene y no es sólo por como lo admiras y proteges.

—Se lo diré ésta noche.

¿Cómo iba a saber que tú morirías? Mis planes de alejarme de él se rompieron. Todo lo que había construido se hizo trizas. No pude alejarme lo suficiente de aquel muchacho larguirucho que parecía concentrado en asuntos turbios. Sus ojos azules eran distintos, no tenían la melancolía de otra época y parecía asustado. No sabía bien qué era, pero aquel que decía ser Quinn en parte no lo era. Y yo tenía razón, hablaba con un vampiro y los vampiros en parte ya no son los mismos pues asumen pesadas cargas que los trastornan.

Ahora, mi querida amiga, guardo tantos secretos que si te los contara posiblemente te defraudaría, pero a la vez emocionaría. Todos aquí están bien. Tommy creció y se convirtió en un hombre respetable, pero ocurrió lo mismo que con Quinn. Y bueno, yo ésta noche he salido a matar, como cada noche, con esos elegantes y puntiagudos colmillos que llevo desde hace algo más de un año.

Siempre te querré señorita Queen, siempre.


Siempre tuyo,

Nash.  

martes, 29 de abril de 2014

El amor... ¿cuándo llega?

Nash tiene unos pensamientos muy profundos cuando observa a Tommy Blackwood. ¿Desean conocerlos? Además es una filosofía entrañable sobre el amor. 

Lestat de Lioncourt 

Siempre he creído que el amor es un sentimiento maravilloso cuando es puro y sincero. Yace en los hombres una insaciable codicia por sentirlo calentado su pecho y provocando lo mismo en aquellos seres amados. El amor es sin duda la carta contra la pobreza de la envidia y el odio. El rencor pudre los corazones y los baña de un color turbio, como turbias son las palabras que suelen bañar éste sentimiento.

Cuando le contemplo dormido, con el cabello revuelto y el rostro hundido en una mueca placentera pienso que sin duda alguna estoy enamorado. Sus rasgos son más robustos y su piel algo más tostada que la de mi adorado muchacho Tarquin. Tommy creció bajo mi atenta mirada. Nunca he permitido que el odio llene su pecho y siempre me he mantenido firme ante sus estudios. Un chico inquieto, amante de la literatura y los números, con una gran pasión por la historia y los modales. La bondad que él despierta nace de sus recuerdos más humildes y ésta humildad le da un toque tierno.

Quizás no soy la persona apropiada para él, sin embargo no sé vivir sin su presencia. Ver como duerme es uno de mis pequeños placeres. Parece tan vulnerable cuando el sueño le vence y le hace caer como gigante de las judías mágicas al colchón. Las sábanas revueltas tapando lo mínimo, su perfecta musculatura a la vista y esa sonrisa dulce hacen que algo en mi interior se mueva con deseo.


Miro mis manos y veo a un hombre casi al final de su vida, en un momento en el cual la paz ha llegado al fin y ha podido encontrar a un joven que siempre estuvo ahí. Tommy ya tiene más de veinte años, casi treinta, y Petronia ha provocado que ahora sea un vampiro al igual que yo. Viviremos eternamente y eso me hace sentirme preocupado, pues ¿y éste amor durará? Las sospechas se van cuando le veo despertar, se abraza a mí y sonríe de esa forma que sólo él sabe saber. El amor real existe, pero a veces hay que esperar toda una vida.  

sábado, 12 de abril de 2014

Mujer y hombre; Adán y Eva

Nash ha decidido dar un toque de atención a muchas mujeres ¿quieren leerlo? Por favor no se pierdan este texto, pues quizás es largo pero su intensidad y mensaje es increíble. 


Lestat de Lioncourt 



Siempre se ha dicho que “Tras un gran hombre hay una gran mujer” sin embargo no es del todo correcto. Muchas veces tras la mujer está el gran hombre; sobre todo actualmente cuando el hombre ha dejado al fin a la mujer deslumbrar, destacar y demostrar que son igualmente fuertes. Las mujeres siempre han mostrado una fortaleza increíble, pues ellas han sido madres, trabajadoras abnegadas y capaces de solventar cualquier problema familiar. Si bien, no sólo trabajaban en el hogar. En muchas tribus, así como en tiempos antiguos y también en otros menos remotos, la mujer ha sido el motor de la agricultura y de pequeños oficios que últimamente parecen olvidados.

Sin duda la figura femenina ha sido musa de muchos. Ha cambiado el concepto de belleza en el hombre como en la mujer, pero sobre todo en ésta última. Los cambios en su figura para los artistas, el color de su piel o las preferencias de sus rasgos han obligado a mujeres a ser fuertes y hermosas, pues ésta dualidad era sin duda apreciada entre féminas; aunque no siempre la fortaleza se ha visto con buenos ojos desde el prisma masculino.

En estos días donde se ha descubierto que hay fragmentos de documentos históricos, pues existiera o no existieran los personajes la documentación data de las fechas en las cuales existieron, donde Jesús habla de una esposa, la cual puede ser su discípula del mismo modo que los hombres y ofrecerle al mundo parte de la fe, esperanza y verdad que él llevaba consigo. Creyentes y algunos no creyentes, de otras religiones o simplemente casados únicamente con la ciencia, creen firmemente que éste documento aportaría mayor igualdad a la mujer y por supuesto respeto de ésta dentro de las filas del núcleo más duro de la iglesia.

No obstante estamos hablando de nuestros Adán y Eva. La sociedad vampírica en la cual nos encontramos inmersos en nuestro universo, ese que ha sido retratado por compañeros como Lestat de Lioncourt, Armand, David Talbot, Louis de Pointe du Lac, Marius Romanus, Pandora de Atenas y Tarquin A. Blackwood. En las historias de la raza vampírica, la cual no está desvinculada de la humana en sus sentimientos y preocupaciones, tiene escasas mujeres pero aquellas que aparecen, sea la época que sea, se muestran fuertes y decididas. Ni una de éstas Evas han aceptado irremediablemente el designio de los hombres.

La primera mujer vampiro que aparece ante ustedes es Claudia. La apariencia de una niña, su belleza y el aspecto inocente cubierta por cintas y encaje. Sin duda era un aspecto idílico de inocencia intacta, pero su verdad era cruel y oscura. Se mostró como una mujer decidida a solucionar su horror y dolor. Ella odió a sus dos amados padres, aquellos que en otra época buscaba para ser colmada de besos, porque su destino se truncó y su mundo se quedó pequeño. Es una mujer con carácter, inteligencia y ambición.

La segunda mujer vampiro es Madeleine, la cual sufrió terriblemente por la muerte de su hija. Sin embargo, ésta mujer desolada, en otros momentos de vida fue una elegante diseñadora y fabricante de muñecas. Ella había logrado ser una gran juguetera con su amante y su pequeña hija fue símbolo de la inocencia de las pequeñas criaturas que ella dio vida. A pesar de su nula cordura tenía ambición y carácter.

La siguiente mujer que apareció es Gabrielle. ¿Qué podemos decir de ella que su hijo no haya dicho? Incluso Armand siente una peculiar atracción por ella, la cual también es odio debido a los problemas en los cuales se vieron inmersos ambos. Una mujer que decidió actuar como un hombre, pues en su época las mujeres no podían tomar decisiones y ella tomó muchas tras sentirse libre por el Don Oscuro. Poco o nada se sabe de su pasado como niña en un país distinto a Francia, la bella Italia, y de su esmerada educación, pues era de noble cuna, pero sí mucho de su carácter. Una mujer que ni la enfermedad calmó su ambición y deseos. Es decidida, aventurera, tiene coraje y más agallas que su hijo.

Las mujeres del teatro, aquellas que estaban alrededor de Armand, habían perdido el juicio o simplemente decidieron tomar un papel secundario. Si bien se nota que algunas de ellas tenían cierta influencia sobre el joven de cabellos de fuego, mirada melancólica y siniestros planes.

Pero si nos centramos en protagonistas como Pandora, la cual dejó atrás el desastre de su familia y buscó la supervivencia en un mundo que se desmoronaba, o Petronia, que tuvo que soportar el juicio precipitado de una sociedad que la tachaba de monstruo, vemos mujeres que en la antigüedad tomaron la fuerza que se tenía prevista sólo para los varones, impusieron sus deseos y cumplieron sus metas. Ninguna de ella se dejó aplastar y alzaron los brazos para decir “Estoy aquí, viva y fuerte. Tú no puedes doblegarme. Tú no tienes poder sobre mi destino y yo sí lo tengo”.

Bianca Solderini se muestra manipuladora y una mujer cuya ambición le dio todo lo que quería, salvo un pequeño detalle. El pequeño detalle era el amor incondicional de Marius, su creador, pero salvo eso tuvo lujo, poder e influencias suficientes para encumbrar o destruirte.

Sybelle es una mujer golpeada por su pasado, ensombrecida por el dolor y que encontró en Armand y Benji cierto amor, luz y coraje. Es tachada por muchos como una obsesionada de una melodía en concreto, pero ella sabe todo lo que ocurre a su alrededor y es esa melodía la que calma sus miedos. En vez de hundirse ha decidido librar la batalla a su modo. Su corazón es tan grande como el de una madre y sabe dar amor a pesar del daño sufrido. No ambiciona nada más que la paz y un poco de felicidad para los suyos. Su belleza ha quedado fijada en la de una muchacha, pero ella vale más por sus silencios que por sus palabras. Del mismo modo que Zenobia fue tomada por débil justo cuando no lo era, pues su aspecto frágil aparentaba todo lo contrario.

Tenemos en la historia también villanas como Eudoxia o Akasha, ambas creían que podrían conseguir todo a su paso arrasando y sin escuchar. Las anteriores lograron sus metas porque también escucharon a sus compañeros, amigos o a otras como ellas. Supieron apreciar el valor de la vida y la muerte. Ellas quedaron cegadas ante el lujo, la ambición y el poder. Al igual que Claudia tuvieron muertes terribles, pero la pequeña regresó como fantasma porque no se dejó amilanar por la muerte. Sin embargo ¿quién puede decir que no eran fuertes? Sin duda alguna lo eran, tan fuertes como sus propios enemigos.

Pero las más fuertes de todas ellas fueron sin duda alguna las Gemelas Pelirrojas, esas que tuvieron descendencia a través de los siglos y legaron su belleza a Jesse, que tras vejaciones, dolor, lágrimas, tiempo y esfuerzo lograron volver a comunicarse como antaño y vencer sobre todos. Ellas son la fuente. La sociedad vampírica ha sido matriarcal desde sus inicios con Akasha y ahora, en estos momentos, con Maharet y Mekare.

La última en acompañar a éstos hombres ha sido Mona Mayfair. Ella ha sido tachada muchas veces de frívola, pero es su inteligencia lo que hizo que despegara y despuntara. Una mujer es fuerte, más si es bruja y Mayfair. Su ambición, inteligencia y terquedad logró llegar lejos y evitar la muerte. La última y la mejor creación de Lestat porque recopila el poder que éste poseía y la inteligencia, fortaleza y ambición de una mujer.

Si bien la literatura basura ha decidido hundir a la mujer en esclavitud por sus hombres, simples esposas que lloran por el amor de sus apasionados “guerreros” y que languidecen mientras ven que todos hacen algo por seguir viviendo. Libros como “50 sombras de Grey” o “Crepúsculo” muestran mujeres vacías que sólo buscan “amor” pero que no se tienen amor y respeto por ellas mismas. Mujeres que me leen hoy, o quizás dentro de unos años, les ruego que no se dobleguen y aprendan a luchar como nuestras compañeras. Si se doblegan pierden, si pierden no se aman y si no se aman no encontrarán sus sueños. Busquen en su interior la fuerza que toda mujer tiene.


miércoles, 9 de abril de 2014

Poemas en el paraíso

Bonjour

Poemas en el paraíso es un poema dedicado a Tommy y hecho por Nash. Os lo dejamos aquí para que disfruten.

Lestat de Lioncourt


La lógica del ayer, no sirve en éste mañana.
Hace mucho que la noche impregnó todo
y las lágrimas desbordaron la ciudad con lluvia
mientras se alza a lo lejos el alba.

En tus ojos, esos que son grandes gemas,
se abren ventanas hacia tu alma.
Puedo ver en ellos el reflejo del cielo en mar
y la victoria indómita de la felicidad frente a la pena.

Gloria a ti, a tu nombre y a tu pasado oscuro
el cual ha moldeado tu carácter intuitivo y dulce,
mucho más fuerte que el de otros hombres
que aún conserva la inocencia de la juventud.

No has alzado ante mí vallas o muros,
sino has dejado un surco de abrazos y besos
que son a veces en el mundo puros murmullos
donde todo es posible a pesar de no encontrar la calma.

He hallado en ti mi rincón, mi paraíso preciado.
Más allá de los infiernos o del edén prometido...
Allí donde tu fuerza se une a la mía en la travesía

que reza que al fin me siento realmente amado.  

lunes, 7 de abril de 2014

Malditos por el odio

Bonjour 

No todos tenemos madres que nos amen, pues a veces las madres nos odian. Tarquin fue odiado desde su nacimiento debido a las complicaciones que tuvo su gemelo. Su madre no perdonó que él sobreviviera, pero el otro pequeño no. Era muy joven, a penas una niña, y eso hizo que se comportara de aquella forma injusta y desnaturalizada. 

Tarquin lo comprende, pero no lo comparte. Él nos cuenta como acabó con su vida y sus sentimientos encontrados. 

Lestat de Lioncourt

Quizás suene grotesco pero cuando sentí su cuerpo lívido entre mis brazos, como si fuera una muñeca o un peluche, la noche se abrió ante mí con la libertad que jamás había sentido. Aquel lastre, doloroso y cruel, que ella me había impuesto por fin había desaparecido. Había puesto punto y final a nuestra trágica historia familiar. Mi hermano al fin descansaba, allá donde fuese, y ella estaba muerta, aún caliente, entre mis brazos con aquella bata color rosa pastel y sus ojos llenos de furia callada.

Me odiaba. Sinceramente no he conocido a nadie con tanto odio en su interior. Cuando pude leer su mente, o mejor dicho me atreví, noté el desprecio pegado a cada palabra. Exhalaba odio. La hiel más amarga estaba en su pecho, como si fuera una colmena, debido a la muerte temprana de mi hermano y todas las culpas, a pesar que yo era tan inocente como ella, cayeron sobre mí como una pesada lápida. Aquel día, en el cual enterramos a mi hermano, también fui enterrado. Sólo estaba a mi lado, ofreciéndome alguna atención, porque mi abuelo le pagaba un mísero salario para que ejerciera de madre.

Ni siquiera Nash podía calmar mi llanto en aquellos momentos. Juro que lloré por ella, por mí y por una relación que nunca fue posible. Sin embargo fue tan liberador, tan erótico a la vez el sentir que ya no había lastres para mí, que no siento pena por ninguno de nosotros. Tal vez me condené por completo al infierno por ese acto salvaje, pero no me arrepiento. Mentiría si dijera que lo hago. No obstante no sé mentir. Aprendí desde pequeño que hay que afrontar nuestros sentimientos sin máscara alguna.

Recuerdo como la tomé entre mis brazos, igual que a una novia, y la llevé al pantano justo donde los caimanes de Petronia aún devoraban una última golosina que ella había arrojado la noche anterior. Había pedido que no se acercara al Santuario, sin embargo ella no era mujer de tomar la palabra sino de hacer aquello que realmente le apetece.

Miré a mi madre una última vez, observé su rostro joven pero destrozado por las drogas y el SIDA, para después arrojarla sin escrúpulos a los reptiles que corriendo, casi celebrándolo con alborozo, clavaron sus dientes en ella. Me pregunté si Lestat podía imaginar lo que estaba sucediendo, sin embargo estaba muy ocupado llorando la muerte de Merrick.

—Hasta luego cocodrilo, nunca llegaste a ser caimán—tarareé echándome a reír mientras me llevaba las manos a la cabeza—. Pero ustedes son hermosos caimanes ¿verdad? Oh, sí—susurré quedándome sin aliento para luego alejarme sollozando en silencio.

No lloraba por tristeza, sino por la alegría que sentía vibrando torpemente por mis largos brazos y piernas. Era un joven vampiro con toda la eternidad para purgar mis glorias. Me juré en ese instante que no importaría quien me mirara a mis, hermosos y grandes, ojos azules pues no temblaría, ni quebraría mi voz, para decir yo la maté.


Sin embargo, con el paso de los años, me doy cuenta que siempre deseé que me amara. De alguna forma busqué su consuelo y cariño cuando supe que era mi madre. Pero nunca sirvieron mis atenciones y mis anhelos. Tal vez fue mejor así. No sé que hubiese sido de mí si ella tuviera influencia en mi vida o educación. No me arrepiento de haberle dado final, pero quizás sí el haberme desecho de ese modo de su cuerpo. Aunque ya nada tiene importancia, ¿verdad? Ya no la tiene.    

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt