Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 15 de junio de 2014

Carta a la señorita Queen

¿Quién no adoraba a la señorita Queen? Era toda una dama y aquellos que la conocimos, por breves momentos o largos años, nos sentimos orgullosos. Aquella mujer era pura sinceridad y dulzura. Nash ha decidido escribir una carta, algo que muchos hacen a los muertos. ¿Quieren leerla?

Lestat de Lioncourt


“Desliza tu alma por los escalones del paraíso
y alza tu rostro hacia el amanecer de la eternidad,
allí donde los sueños son realidad
nos encontraremos de nuevo.

“En éste edén donde no existe el frío
y la verdad seduce con encantos profundos
dividiendo con fuerza ambos mundos...
Lancemos los dados, como niños, en éste juego.”

—¿Has podido hablar con él?—tomaste la sabia decisión de preguntarme con tus elegantes modales, acomodando la taza de té sobre su pequeño platillo, mientras lanzabas una mirada dulce de adorable respeto.

Tenías unos enormes tacones, como siempre, y tus piernas se hallaban cruzadas como toda una dama. Aquella blusa blanca, suave y fresca, parecía envolver tu pequeño cuerpo como si fuese un delicado abrazo. La falda, negra y suelta, te daba un aspecto sobrio y a la vez distendido. Sí, recuerdo aquella vestimenta porque fue de las últimas que pude verte antes de morir. Habías comprado ropa, te sentías viva a pesar de todo. El viaje a Europa ya era un recuerdo más, pues hacía meses que te encontrabas sin fuerzas siquiera para salir. Sin embargo, esa mañana, tomaste la decisión de ir a la ciudad y asaltar una de las tiendas para damas más elegantes que había.

—¿Nash?—dijiste inclinándote hacia delante—. Nash, ¿me escuchas?

—Sí, disculpa—respondí con una leve sonrisa—. Estaba inmerso en mis pensamientos.

—Oh, ¿puedo saber qué pensamientos son esos?—preguntaste con una dulce sonrisa mientras estirabas tu mano derecha hacia las mías, apretándolas con cariño—. ¿Estás bien?

—Sí, sólo siento nostalgia—no quería decirte la verdad. ¿Cómo decirte que había visto cambios extraños en tu Quinn? Aunque no era sólo tu Quinn, pues también era mi Quinn. Había amado a ese muchacho nada más conocerlo. Era todo un caballero con una belleza admirable, un porte único y una sensibilidad que me arrojaba a los infiernos. Pero, ¿qué podía hacer? Mentir. Te mentí por primera y única vez—. Desearía volver a Inglaterra hoy mismo.

—Te preguntaba justamente si se lo has dicho a Quinn—dijo.

—No, no se lo he dicho. No le he dicho que quiero llevarme a Tommy un año a Reino Unido, a Londres en concreto, para que viva conmigo y aprecie un ritmo de vida más formal. Deseo que se convierta en un joven bien educado en materias diplomáticas y consiga mejorar algunos aspectos de su personalidad. Es un chico que tiene un futuro brillante, más aún que el de Quinn pues no quiere ir a la universidad—una tímida y breve sonrisa se dibujó en mi rostro—. Cuando regrese, para tomar sus estudios superiores, será un chico muy distinto y podrá ir al mejor instituto de todo New Orleans. Estoy seguro de ello.

—No lo aceptará—susurraste apartando la mano para seguir tomando té—. Te retiene y no es sólo por como lo admiras y proteges.

—Se lo diré ésta noche.

¿Cómo iba a saber que tú morirías? Mis planes de alejarme de él se rompieron. Todo lo que había construido se hizo trizas. No pude alejarme lo suficiente de aquel muchacho larguirucho que parecía concentrado en asuntos turbios. Sus ojos azules eran distintos, no tenían la melancolía de otra época y parecía asustado. No sabía bien qué era, pero aquel que decía ser Quinn en parte no lo era. Y yo tenía razón, hablaba con un vampiro y los vampiros en parte ya no son los mismos pues asumen pesadas cargas que los trastornan.

Ahora, mi querida amiga, guardo tantos secretos que si te los contara posiblemente te defraudaría, pero a la vez emocionaría. Todos aquí están bien. Tommy creció y se convirtió en un hombre respetable, pero ocurrió lo mismo que con Quinn. Y bueno, yo ésta noche he salido a matar, como cada noche, con esos elegantes y puntiagudos colmillos que llevo desde hace algo más de un año.

Siempre te querré señorita Queen, siempre.


Siempre tuyo,

Nash.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt