Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 15 de junio de 2014

Venganza Mayfair

Julien Mayfair y Lasher eran un equipo excepcional, sobre todo a la hora de la venganza. 

Lestat de Lioncourt 


Su esbelta figura envuelta en aquel traje de lino italiano, tan espectacular como siempre, estaba en aquella sucia cabaña destacando en la penumbra. A sus pies estaba uno de sus viejos compañeros de apuestas, con una expresión terrible en el rostro mientras rogaba por su vida. Los rizos negros, tan oscuros como perfectos, caían por su limpia frente. Los rasgos de su padre eran sin duda magníficos y hacían que aquel joven, el cual aún era un respetable miembro de la sociedad, fuesen atractivos para hombres como mujeres, sexos que comenzaba a disfrutar con ya demasiada asiduidad.

—¡No lo hagas!—gritó con la lengua pastosa, signo evidente de cansancio y ebriedad—. No lo haré más.

Una sonrisa elegante y cruel se formuló en sus labios, en sus ojos había un destello silenciado de odio ciego, sus manos, delicadas y bien cuidadas, se habían cerrado en poderosos puños y su cuerpo, todo él, se tensaba. Deseaba emprenderla a puñetazos y patadas hasta acabar con él, haciéndolo temblar en el suelo de tierra de aquella choza sucia. Era uno de los viejos habitáculos de sus esclavos en la plantación, tan viejo como olvidado. Los esclavos de la familia Mayfair tenían las mejores instalaciones, pues el signo de su éxito era tener contentos a los peones aunque estos fueran mano de obra barata. Aquel lugar olía a orines, sudor, al propio pantano y animales muertos. Pero también olía a venganza. Julien lo había llevado allí con excusas y buenas palabras, seduciéndolo poco a poco y envolviéndolo en su aura de perversión. Había permitido que lo tocara, como cualquier otro hombre perverso lo habría hecho al ver a un joven tan atractivo, pero él no había ido allí para tener una noche de distracciones.

—Lasher—llamó a su viejo amigo, una sombra cruel y perfectamente similar a él, que se situó a su lado con la misma sonrisa pérfida que él poseía—. Lasher, ¿cómo se mata a un gusano?

—¿Con quién hablas?—preguntó tembloroso aquel tipejo—. Dímelo.

—Con mi amigo. No vine solo, pero es una lástima que tú no puedas verlo... aún—murmuró inclinándose hacia delante con una elegancia terriblemente sobrecogedora, como si fuese a invitarlo a bailar, pero no era más que el toque de distinción de un brujo como él—. Quiero ver como se retuerce.

—Que risa—dijo aquella réplica antes de abalanzarse sobre aquel cretino.

Lasher levantó el cuerpo del antiguo compañero de Julien, lo alzó hasta el techo, y luego lo hizo caer a plomo contra la tierra. Aquello no lo mató, por supuesto, pero le hizo quebrar algunos huesos. Repitió ese gesto en un par de ocasiones, pero luego lo estampó contra el flanco izquierdo de la cabaña y éste se rompió. El cuerpo fue enviado al suelo, a unos cincuenta metros, del interior de aquella pocilga.

Un gemido de dolor y un breve estertor fue lo último que hizo aquel insensato. Había hecho trampas en algunas partidas, Julien lo sabía por Lasher y no estaba dispuesto a seguir aguantando aquello. El dinero era cosa seria para aquel joven de tan sólo veinticinco años. Aún no lo sabía, pero estaba labrándose con talento una leyenda entorno a su persona.

—¿Algo más?—preguntó.

—No—respondió.

—¿Puedo usar ya tu cuerpo?—le dijo ya con su aspecto original, muy distinto. Tenía ojos pardos, mentón algo más ancho y unos rasgos más toscos. Sin embargo, Lasher era atractivo y la pequeña barba que tenía le daba un toque varonil.

—Mañana—dijo acomodándose el sombrero blanco, como el traje, para salir de allí.

Sin embargo, cuando vio como estaba el cuerpo y recordó que era su plantación suspiró. Se giró mirando a Lasher para aproximarse a él, alzando sus brazos hacia sus fuertes hombros que él únicamente podía ver, y sonrió con cierta diversión.

—Sí, quiero que hagas algo más—murmuró—. Tíralo a los caimanes, los pobres tienen que tener hambre—susurró antes de rozar sus labios—. Nos vemos en casa mi Impulsor.


—¡Mañana quiero el cuerpo! ¡Mañana quiero bailar!—exclamó antes de tomar el cadáver como si fuera un torbellino y lanzarlo al pantano cercano.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt