Archivo Talamasca cedido de D. Talbot.
En éste archivo volvemos a saber algo de Jake, un hombre de la orden, que ayudó a David y a mí en cierta ocasión.
Lestat de Lioncourt
Hacía años que no le enviaban ningún
documento referente a indagaciones en México. Había una pequeña
colonia de adorables ancianos ingleses, así como algunos jóvenes
que no alcanzaban la treintena, viviendo en aquellas tierras cálidas
Jake Wilson, un viejo conocido, vivía en Distrito Federal con
algunos compañeros, compartiendo casa y mesa. Talamasca siempre
tiene pequeñas sedes, lugares donde la investigación se centra en
algunos fenómenos. Es bien conocido el territorio por avistamientos
de OVNIS, pero no son los Objetos Volantes No Identificados el
problema.
La orden había impedido que todo
correo dirigido a David Talbot llegaran a sus manos. Debido a
mecanismos internos habían detectado los paquetes, sobres y
cualquier notificación a su nombre. Sin embargo, comenzaron a ser
más permisivos cuando éste, en un afán de respeto, decidió
compartir situaciones paranormales, salvo de casos de vampiros
cercanos a él, a cambio de ayuda o colaboración.
La noche del 12 de Junio del 2014 llegó
a sus manos un sobre, de color marrón y tacto rugoso, con un
matasellos de urgencia. No era un correo al uso. Parecía algo que
corría prisa. Se encontraba en Talbot Manor, a pesar que le había
dicho a Lestat que no regresaría a su antigua vida y propiedades.
Era una mansión inglesa, con tierras fértiles y un pequeño lago
cercano. Un lugar muy agradable, lejos del mundanal ruido, donde se
encontraban algunos archivos y por ese motivo se encontraba allí.
—Señor, correo—dijo uno de sus
mayordomos.
—Está bien—murmuró concentrado en
los libros que se amontonaban en las cajas que enviaría a New
Orleans.
Cuando se percató del paquete lo abrió
sin rodeos. Dentro había un par de folios manuscritos, como se solía
hacer antes, donde se relataba una curiosa historia. Talbot se
sorprendió y echó a reír, aunque para un mortal siempre es difícil
encajar ciertos asuntos.
“Estimado David.
Sabemos que no estás muerto. Nos
informó la Orden que no debemos acudir a ti. Recuerdo la última vez
que te vi. Si no recuerdo mal, querías información sobre un
pasajero y un barco. Te urgía demasiado saber cómo vivía y qué
hacía.
Nos avisó, como he dicho, la Orden que
tú ya no eras el mismo y que tu viejo cuerpo había sido enterrado
con honores. Ellos se enteraron, como nosotros mismos, por un libro
que salió a la luz. Todos nos conmocionamos al leer semejante
historia. Yo mismo me he escandalizado. No sé como ha podido ser
posible, pero al menos ha servido para que existan nuevos novicios
interesados en jurar, respetar y amar nuestro mundo, el cual creo que
también es el tuyo.
El caso que te presento puede parecer
duro, imposible y extraño. Sin embargo, son varios testigos los que
afirman que en Mérida, Yucatán, hay seres extraños. No sabemos si
tan extraños como tú y los tuyos. Necesito confirmación y si estos
son como ustedes, asesinos de canallas o un peligro para toda la
sociedad.
Uno de los relatos más impactantes el
de una joven que cuando ocurrió el suceso, hace cuatro años, ella
contaba con 21. Era noche cerrada cuando sucedió y, por varios
motivos, tuvo cierto impacto en ella. Le ruego que lea con
detenimiento las siguientes líneas:
«Había ido a una fiesta que
organizaban mis tíos, pues era la fiesta de 15 años de mi prima.
Una fecha tan señalada debía ser celebrada por todos los miembros
de la familia. La cena duró hasta entrada la madrugada, junto con
los respectivos brindis, los dulces y por supuesto el baile, la
música y todo lo que una fiesta como tal debe tener. Sin embargo,
justo antes del tramo final de la fiesta decidí salir a un parque
cercano, está a pocos metros y linda con el jardín que poseen.
La noche estaba calmada, la fiesta
estaba a mis espaldas y yo me encontraba rodeada por mis primos, los
cuales tenían aproximadamente mi edad. Conversábamos sobre qué
otras actividades hacer, pues no teníamos sueño. Era una hora
cercana a la media noche y vimos a un hombre salir de su vivienda,
con un perro de gran tamaño y pelaje negro, que comenzó a rondar el
parque y que se fue con el animal. Después, tras varios minutos,
apareció de nuevo dirigiéndose hacia el final de la calle.
No habló, pero su aspecto me impactó.
Tenía los ojos claros, algo hundidos,
una piel muy lechosa para ser del país y el pelo rubio, casi dorado,
muy revuelto y corto. Era extrañamente delgado, tenía una ropa muy
clásica y sus uñas parecían filosas. Como he dicho no escuché su
voz, pero sus movimientos eran erráticos y parecía buscar algo en
plena oscuridad con la única compañía de su animal.
No quise darle importancia ni que
aquello fuese el centro de toda conversación, pero todos nos
quedamos un poco desconcertados por su aspecto. Sin embargo,
decidimos regresar a la fiesta. El parque es un lugar tranquilo, en
parte tiene ruinas arqueológicas y está bien cuidado. Además,
teniendo en cuenta que nuestros familiares estaban cerca, nos
sentíamos protegidos los unos con los otros. Éramos un grupo de
nueve jóvenes, contando conmigo, que decidieron pasar allí la
noche, con las estrellas de fondo, contando historias de terror de
todo tipo. También estuvimos bromeando con comentarios habituales,
viejas historias familiares y algunos libros que habíamos leído.
Estaba a punto de amanecer cuando todos
se marcharon dentro, pues deseaban preparar algo para el desayuno y
adecentar la casa. Si bien, yo me quedé fuera en el jardín
observando como el cielo se oscurecía antes de ver un hermoso
amanecer, uno de los pocos que he visto de principio a fin en mi
vida.
Entonces, lo vi.
Aquel tipo se acercaba de forma
acelerada a la casa, no corría de forma normal sino que parecía dar
enormes y rápidas zancadas. Cuando llegó a su vivienda se encerró,
echó todas las persianas y corrió las gruesas cortinas negras. La
casa quedaba a una de la de mis tíos y pude presenciar con total
nitidez muchos de sus movimientos.
Tras el desayuno, casi cuando íbamos a
volver a casa, quise preguntarle a uno de mis primos mayores. Él
contaba con casi 25 años cuando le insistí en que me contara algo
sobre el vecino. Él me miró largamente, frunció el ceño y giró
su rostro hacia la vivienda.
“Le llaman el vampiro. Su casa
permanece a oscuras y sin ruido todo el día, por la noche hay vida y
ves luces. A veces suena algo de música clásica, jazz o incluso
blues. No es música que alguien de la zona escucharía y lo sabes,
además su aspecto es raro... Pocas veces lo he visto a lo largo de
estos años y sabes que llevamos viviendo aquí una década, pero
desde antes él vive en la zona. Su aspecto no varía, su forma de
vestir es muy clásica aunque a veces el traje está arrugado. Tiene
ese perro negro desde hace más de cuatro años. Eso es... todo lo
que puedo decirte. No te acerques a él.”
Pensé que era un excéntrico o un
loco, pero he vivido algunos fenómenos en casa. Fenómenos
paranormales que ya investiga su organización. Hay varios fantasmas
que desconozco, que vienen a mí, y me persiguen sin saber siquiera
qué desean. Es algo desesperante. Si bien, eso es todo lo que puedo
decir.»
Hay otros relatos similares y nosotros
mismos nos hemos puesto en contacto con vecinos, vigilado la zona y
visto sus extraños comportamientos. David, sólo quiero que me
confirmes si es o no un vampiro y si puede ser tu amigo.
Se te aprecia,
Jake”
Su respuesta fue rápida.
“No. No está en Distrito Federal.
Puede que exista otro con un perro ¿quién sabe? No se sabe la
verdad. No sé quien puede ser. No soy yo quien pueda decir el nombre
de todos los vampiros que existen en el mundo. ¿A caso crees que
tengo tanto talento y poder? Hablas con un recién nacido,
prácticamente, y no tengo tantos contactos entre los nuestros.
Sólo te diré que si desaparecen
personas ya sabes qué puede estar ocurriendo.
Sobre lo demás, si buscabas un
pretexto para que yo me comunicara contigo, o te contara algo, has
fallado.
Espero que estés bien.
- Talbot.”
David envió al correo la carta y
prosiguió con la evaluación de los libros que enviaría a New
Orleans y los que debía enviar a la biblioteca de Talbot Manor.
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