Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Vivo recuerdo lleno de dolor

La esperanza cayó dejando la máscara rota, la muñeca guardó silencio y las lágrimas del violín se convirtieron en notas. ¡Ah! ¡Se alzó un griterío proveniente del viejo piano! Recuerdo que los jilgueros querían salir volando hacia un amanecer que yo jamás vería, el mismo que tú tuviste que presenciar amada mía. Todos esos recuerdos, los cuales eran pétalos de rosa, se convirtieron en gélidas espinas atravesando mi alma. Caí de rodillas, lloré por tu destino y me castigué por el pecado que entre ambos cometimos.

Mi niña, mi consentida, mi amor, mi tragedia, mi delicada muñeca y sin duda mi hija eterna. Eras hermosa, delicada, especial, con cabellos de hermosos bucles dorados y ojos azules que parecían de cristal. Te amé, te amó, te amamos y nos odiaste con todo tu corazón como si la sinrazón te hubiese envenenado. ¡Tan hermosa que eras! ¡Quería cubrir tu rostro porque era tan hermoso que me deslumbraba! ¡Ah! Tomarte de la mano, estrechar tu pequeño cuerpo, acariciar con mis dedos tus labios y mejillas, sonreír al colocar entre tus regazos una nueva muñeca y decirle a él que ras nuestra. Sí, nuestra para siempre.

“Eres el diablo” dijo una vez. Sin embargo, incluso él sabía que si te había hecho nuestra, tan suya como mía, era porque te íbamos a amar de una forma tan intensa que ni nosotros mismos pudimos comprender. Dejamos nuestros corazones expuestos y tú los golpeaste. Si bien, aunque ahora él es tan frío, tanto como el hielo, se derrumbaría al escuchar que tú lo llamas deseando ser besada en tu rostro y contemplada como una pequeña miniatura de una mujer perfecta.


Crecías, pero como muchos otros padres, no lo vimos. Nos confundía tu sonrisa, tus dientes pequeños que parecían perlas, esas sonrosadas mejillas debido a la muerte de tus labios, tus delicadas manos acariciando el aire mientras recitabas... nos confundía. ¿Una dama? No, para siempre nuestra niña. Ese fue nuestro error, pecado y maldición. ¡Tú lo sabes! Igual que lo sabe él... y lo sé yo.  

Lestat de Lioncourt
vuestro creador, vuestro padre... el hombre que aún os ama a su modo. 

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt