La esperanza cayó dejando la máscara
rota, la muñeca guardó silencio y las lágrimas del violín se
convirtieron en notas. ¡Ah! ¡Se alzó un griterío proveniente del
viejo piano! Recuerdo que los jilgueros querían salir volando hacia
un amanecer que yo jamás vería, el mismo que tú tuviste que
presenciar amada mía. Todos esos recuerdos, los cuales eran pétalos
de rosa, se convirtieron en gélidas espinas atravesando mi alma. Caí
de rodillas, lloré por tu destino y me castigué por el pecado que
entre ambos cometimos.
Mi niña, mi consentida, mi amor, mi
tragedia, mi delicada muñeca y sin duda mi hija eterna. Eras
hermosa, delicada, especial, con cabellos de hermosos bucles dorados
y ojos azules que parecían de cristal. Te amé, te amó, te amamos y
nos odiaste con todo tu corazón como si la sinrazón te hubiese
envenenado. ¡Tan hermosa que eras! ¡Quería cubrir tu rostro porque
era tan hermoso que me deslumbraba! ¡Ah! Tomarte de la mano,
estrechar tu pequeño cuerpo, acariciar con mis dedos tus labios y
mejillas, sonreír al colocar entre tus regazos una nueva muñeca y
decirle a él que ras nuestra. Sí, nuestra para siempre.
“Eres el diablo” dijo una vez. Sin
embargo, incluso él sabía que si te había hecho nuestra, tan suya
como mía, era porque te íbamos a amar de una forma tan intensa que
ni nosotros mismos pudimos comprender. Dejamos nuestros corazones
expuestos y tú los golpeaste. Si bien, aunque ahora él es tan frío,
tanto como el hielo, se derrumbaría al escuchar que tú lo llamas
deseando ser besada en tu rostro y contemplada como una pequeña
miniatura de una mujer perfecta.
Crecías, pero como muchos otros
padres, no lo vimos. Nos confundía tu sonrisa, tus dientes pequeños
que parecían perlas, esas sonrosadas mejillas debido a la muerte de
tus labios, tus delicadas manos acariciando el aire mientras
recitabas... nos confundía. ¿Una dama? No, para siempre nuestra
niña. Ese fue nuestro error, pecado y maldición. ¡Tú lo sabes!
Igual que lo sabe él... y lo sé yo.
Lestat de Lioncourt
vuestro creador, vuestro padre... el hombre que aún os ama a su modo.
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