He visto los ojos de una fiera
apuntándome como si fuera un revolver y prácticamente tener el
mismo efecto demoledor que una bala. Ojos similares a los míos en un
rostro simétrico de nariz algo pequeña y labios más voluptuosos.
Un rostro encajado en cabellos peinados con los dedos del viento y
las ramas de los árboles. Su pelaje era una piel blancuzca, muy
lechosa, con un ligero toque de color en unos pómulos marcados. Pude
ver sus garras en plena noche como uñas femeninas saliendo de unos
dedos finos, hermosos y perfectos. Sin duda es la fiera más hermosa
que puedes contemplar y esa fiera es mi madre.
Ella recorre el mundo en su perturbador
silencio, con unos ojos que acechan a sus víctimas como si fueran
simples venados y corre por la ciudad igual que un joven alocado
buscando alcohol y diversión barata. Ella busca otra cosa, pues lo
único que busca es hallar la libertad allá donde camina con sus
botas sucias y su camisa mal acomodada. Ella es Gabrielle de
Lioncourt, uno de los vampiros más hermosos y mortales. Ella es una
de los nuestros gracias a mi sangre, pues ella nació en el mundo
gracias a mí y yo existo gracias a ella.
Si la encuentras de frente huye salvo
que tengas el coraje de enfrentarte a su belleza, no caer a sus pies
rápidamente y por lo tanto no ser pasto de su voracidad. Firme,
audaz y tozuda llena de deseos por acariciar conocimiento y hundirse
en las selvas más oscuras. Tal vez puedas hallarla vestida con un
traje seductor, el cabello lavado, cierto maquillaje y unos tacones
de vértigo. Cuidado entonces, pues su encanto puede ser mayor y su
fuerza, así como dominio, te causará estragos. Mi madre es hermosa
y la belleza puede ser un arma de doble filo.
Lestat de Lioncourt
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