Lestat de Lioncourt
Seducción intensa del color de los
enamorados
entre rosas del paraíso y margaritas
frescas
que caen acariciando tus pechos
colmados
mientras te contemplo en eterno
silencio.
Mi querida Ophelia, mi dulce salvaje
criatura...
¿harás que existan en las tinieblas
girasoles ciegos?
Allá en lo profundo del lago bajo los
cielos
donde el paraíso emerge y tú te
conviertes en sirena.
Eterno será el camino por el sendero
convirtiéndome en pecaminoso
peregrino.
Tú serás la llama que encienda el
deseo
y el pecado que hizo caer al arcángel.
Mi querida Ophelia, de rojo te
vestiré...
la sangre será tu emblema inmortal.
Seremos uno por siempre, no lo olvides.
Estamos unidos por siempre en New
Orleans.
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