Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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jueves, 7 de abril de 2016

Amsterdam ciudad de vampiros.

Mona y Tarquin no dan señales de vida, pero este escrito ha llegado a mi poder ¿por qué? ¿Para qué? ¿A cuenta de qué?

Lestat de Lioncourt


—¿Por qué lo has hecho?—preguntó entrando de improvisto en la zona de mi despacho.

Habíamos comprado un pequeño loft en Amsterdam cuando las quemas se propagaron por todo el mundo. Durante algunos días estuvimos caminando por el campo, tal y como pedía el vampiro llamado Benjamín. Para mí no había problema en caminar sin rumbo por caminos polvorientos, enfangados o llenos de maleza. Recordé el zumbido de los insectos cerca de mis oídos, intentando apoderarse de mi sangre y de mi paciencia, en Sugar Devil Island mientras merodeaba aquellas tierras pantanosas y me dejaba guiar por sus misterios, tesoros y fantasmas.

Quise volver a mi vieja granja y recorrer los pasillos de la mansión, observar el retrato de Virginia Lee y acariciar los camafeos de mi tía Queen por última vez. No sabíamos si íbamos a vivir o morir, pero quería recordar todo aquello como si hubiese sido ayer mismo. Necesitaba estrechar a mi hijo, que ya es un adolescente, y decirle que lamento ser un padre ausente que sólo sabe enviar dinero a través de fondos de inversión difíciles de seguir porque se encuentran en paraísos fiscales.

Ella, por el contrario, sólo se quejaba. No quería volver a Nueva Orleans a buscar a Lestat ni a ninguno de sus vampiros más cercanos. Pero yo sé que no era por nuestro viejo amigo, sino porque no quería enfrentarse a Julien Mayfair tras todo lo ocurrido. Había un saco de huesos diseminado por un campo santo y los huesos llevaban el nombre de cada una de nuestras heridas, recuerdos, esperanzas rotas, malos consejos y fallidos intentos de adolescentes rebeldes. ¿Para qué volver allí? Pues por nostalgia como si fuéramos ya unos ancianos deseando llegar al hogar para descansar al fin en una tumba sin nombre, pero ella no se sentía de ese modo. Noté entonces lo distintos que éramos ella y yo y di gracias a Lestat por haberla convertido. Me gustaba apreciar esas diferencias y degustarlas cada noche como si fueran nuevas.

—Ha estado llamando a varias agencias y he tenido que matar a uno de sus espías, ¿tú qué crees?—dije girándome para verla.

Ese rostro dulce parecía sosegado pero su mente elocubraba alguna locura. Sabía que era inquieta y lo supe nada más hablar unas horas. Del mismo modo supe que quería casarme con ella y vivir por siempre atado a su cintura. Estaba preciosa como el primer día que nos vimos y como cualquier otro día. Sus labios tenían un llamativo tono carmesí similar al de su vestido de fiesta. Seductora a más no poder y yo un idiota rendido a al borde de sus tacones.

—Lo dices como si te importara matar ahora—murmuró dando un par de pasos hasta mi silla, para colocarse a horcajadas sobre mí tras subir sutilmente su estrecho vestido.

—No me gusta matar inocentes porque siento mis manos manchadas de sangre—respondí tomándola por la cintura perdido en sus ojos verdes. Podía notar sus manos jugando con la solapa de mi traje, con la punta de mis rizos y con mi pómulos algo marcados. Ella me erizaba la piel como si fuese la presencia del mismísimo Diablo.

—Quinn, no te preocupes más—dijo tomándome del rostro—. No quiero volver, no quiero ataduras, no quiero reglas, no quiero dar explicaciones y sobre todo no quiero verle.

—Mona, cálmate—dije de inmediato—. No te he pedido que vayas a verle ni hagas una visita conmigo a Nueva Orleans.

—¿Vas a volver? ¡Quinn!—se exasperó e incorporó de inmediato dando un par de fuertes taconazos sobre el parquet.

—No te pongas histérica, por favor—me recosté en aquella cómoda silla de cuero, como si fuese un ejecutivo a punto de enviar a la quiebra a la competencia, y la miré como si fuese un regalo divino. Me recreaba en sus curvas y en su forma de agitarse por todo y por nada.

—No estoy histérica...—mintió—. Sé que quieres ver a tu hijo y saber cómo está todo. Desaparecimos sin más y posiblemente algunos no vivan más de unos años más...—bajó sus párpados pensando en Michael, Nash y otros tantos que queríamos. Pero sobre todo lo decía por mí porque yo no toleraba demasiado los funerales ni las despedidas.

—Lo dices por Nash—susurré.

—Sé que él te ama y que tú le quieres a tu modo. Estás muy agradecido con ese hombre.

No se equivocaba. Durante años jamás creí que él me amara, pero ahora cuando ves todo desde fuera, con otra perspectiva, puedes notar el amor fluyendo en sus palabras y en cada uno de sus abrazos. Me deseaba, me codiciaba, me protegía y me dejó libre para que estuviera con la mujer que me arrebató el corazón desde el primer segundo. Nos comportamos como Taltos salvajes en mitad de un ritual de apareamiento y no nos importó en absoluto. No hubo pudor ni tabúes porque no son bienvenidos a un mundo efímero y poco práctico como el que vivíamos. Pero ahora he tenido tiempo de releer mis memorias, de plantearme muchas situaciones y tener muchísimos “Y sí...” en mis labios, en mi mente y en mi corazón.

—Por supuesto que lo estoy. Él ha estado cuidando de Tommy—respondí.

—¿Y qué harás? Dime. ¿Volver? ¿Hacerle saber al monstruo de Petronia que estás vivo?—sus ojos se fijaron en los míos con cierto pavor, ¿o tal vez el pavor provenía de mí?

—No sé si ese monstruo sigue vivo... ¿has visto cuántos están muertos? Dios... salimos vivos por puro milagro—susurré agitándome.

Recordé aquella noche terrible. Habíamos viajado para visitar a Maharet a lo profundo del Amazonas. Durante algunos años estuvimos encerrados en la biblioteca. Sólo salíamos a divertirnos algunas noches, pero la mayoría de ellas las pasábamos leyendo y redactando información para mantenerla a salvo más allá de los libros. Nosotros queríamos una copia de todo lo que allí había y Maharet aceptó si le ofrecíamos parte de la historia que teníamos en nuestro linaje.

Era una mujer comprensiva y deseosa de escuchar buenos relatos que la mantuvieran cerca del mundo real. Khayman solía pasar las noches en silencio escuchando nuestros relatos, riendo de vez en cuando o caminando junto a ella completamente embelesado.

Thorne aplaudía como un niño cada vez que llegábamos al final de una historia y pedía más como el público más entregado. Estaba ciego aún cuando llegamos y al recuperar la vista pudimos contemplar que tenía mirada de niño pese a su tamaño, su inteligencia y su fuerza bruta. Era demasiado inocente.

Mekare no hablaba y de vez en cuando recibía visitas de dos viejos miembros de Talamasca. Quise acercarme a David Talbot, pero había muchos jóvenes en la sala y decir en alto el nombre de Lestat, aunque sólo fuese mentalmente, provocaría una avalancha que no quería. Allí quería ser uno más, un chico cualquiera deseoso de tener información de primera mano.

Una noche nos quedamos a solas con todos vigilado únicamente por Khayman. Los últimos días había estado con los auriculares puestos escuchando viejas canciones de rock. Pude notar que el cantante tenía un tono similar al de Lestat, pero no me atreví a preguntar si era él. Mantuve la distancia hacia el gran guerrero y guardián de Kemet hasta aquel día en el cual le dije que vendríamos pronto, que nos marchábamos a comprar algunas prendas y artículos de artesanía. Él sólo asintió. Horas más tarde una columna de humo surgía de la espesura del Amazonas cuando nos acercábamos, los gritos de horror y contemplar a Mekare en movimiento por la jungla quemando a jóvenes, igual que Khayman, provocó que no descendiéramos ni a recoger nuestras cosas. Huimos de allí.

—¿Ahora llamas milagro a comprarme zapatos?—preguntó echándose a reír mientras se quitaba los zapatos y los dejaba sobre la mesa.

—Ah... eres incorregible—murmuré.

—Admite que acepto usar estos tacones porque son tu fetiche—dijo apoyándose en la mesa dejando que sus pechos se vieran turgentes e insinuantes en aquel escote en forma de gran V. Su piel era tersa y parecía hecha de seda con un aroma dulzón similar al que pude oler en su jardín. Ella era pícara y atrevida, con una inteligencia demasiado viva y una mirada que te ahogaba en miles de emociones.

—Y el tuyo—susurró colocándose junto a mí, sentándose en la mesa dejando sus piernas suavemente abiertas y tomando mi mano derecha para colarla entre ambas. Palpé sus muslos cálidos y el borde de su prenda íntima. Ya no era igual a ser humano, no me excitaba de ese modo, pero jamás negué a tocarla como si fuese un objeto valioso e imposible de ser igualado.

—Estamos hablando de ti y no de mí, mi noble Abelardo—murmuró colocando su frente sobre la mía para luego reír como una niña que hace una travesura.

—¿Crees que debería llamar a casa?—pregunté.

—No—dijo sacando mi mano de entre sus faldas para luego sentarse en mis rodillas—. Si llamas sabrán donde estamos. El dinero ya les dice que estamos vivos, aunque tú mismo has preferido que sólo lo sepa Jasmine y ella sabe cerrar su mente a cualquiera.

—Lestat sufre...

—Lestat sólo sufre realmente si le pasa algo a su rostro, a su madre o a Louis—aseguró tras darme un beso en la mejilla—. ¿Me acompañas? Deseo caminar por la ciudad y olvidarme de esta conversación absurda—se incorporó y tiró de mí provocando que me levantara—. Ah, por cierto, he estado jugando en La Bolsa y hemos ganado unos cuantos millones que me encantaría derrochar en algo lujoso, ¿qué tal un descapotable? Creo que será divertido disfrutar de la velocidad en un coche como ese.

Deseé decirle que no necesitaba un vehículo así para divertirme a su lado, pero sólo me encogí de hombros y decidí escuchar a mi delicioso demonio de cuerpo de mujer y rostro aniñado. Dos jóvenes, casi adolescentes, correteando por una ciudad tan inmensa resultábamos insignificantes y por lo tanto la magia surgía efecto. ¿Y cuál era la magia? Desaparecer ante la mirada de cualquiera.




jueves, 4 de diciembre de 2014

Sentimientos al papel.

Me encantan estos dos. Son increíbles cuando quieren. Extraño pelearme con ella y que él me detenga. 

Lestat de Lioncourt 


Su jóvenes y eternas manos acariciaban con cuidado aquel papel en blanco. Acostumbrada a diario a teclear en su ordenador le parecía casi imposible, incluso algo mágico e íntimo, hacerlo en un papel rasgándolo con el bolígrafo y, como no, ensuciándolo sin remedio. Temía que sus pensamientos fuesen a convertirse en diente de león, pues sólo quería arrancar un par de plumas de sus alas y atarlas por siempre a un momento.

Mordió un segundo su labio inferior, se tocó el pelo y luego rió. Era tan estúpido tener nervios por escribir algo tan sencillo. Algo que debía llevar su nombre aunque no lo firmara. Algo que dijera que era ella.

Finalmente tomó el bolígrafo, como si un demonio se apoderase de ella, y comenzó a escribir todos sentimientos abriendo su corazón y derramando cada uno, con una fuerza indecible, sobre el papel. Sus ojos verdes no miraban a los atentos ojos azules de Quinn. Él sólo se mantenía a cierta distancia. En sus elegantes y caballerosas manos yacía su papel, un papel que ya había rellenado. Como juego se lo entregaría a ella. Era sólo un juego.

«Yo tengo el corazón ciudadano de un sólo país, pero mi deseo anda errante por cualquier lado. Puta, me llaman. Anda errante con ganas de un abrazo, de esos que se dan de espaldas. Esos en los que se sienten los latidos y las ganas retumbar entre los pulmones y las caderas.
El amor no anda naciendo como las flores, el deseo crece como la hiedra, basta una pared húmeda para que se expanda y se apodere de todo. El deseo no tiene gobernantes; el amor vive bajo la dictadura del ser amado. El turismo emocional no lo conozco, yo no amo a cualquiera. Sin embargo, basta una sola orilla para que mis olas se revuelvan.»

Se incorporó y le tendió la hoja a su amante. Él hizo lo mismo con su pequeño folio. Cuando sus ojos verdes chocaron con cada línea se sintió confusa, avergonzada y a la vez conmovida. Quinn era sensible, se mostraba en cada línea, pero también podía llegar a ser terrible.

«Soy el monstruo que no quisieron amamantar. Me dio la espalda el mundo, del mismo modo que los fantasmas abrieron sus brazos y me retuvieron en su tenebroso reino. Crecí buscando mariposas para poder contener algo de color en un mundo gris, tan simple como el perfume de una margarita y tan complejo como el caparazón de un caracol. Niño rico, me llaman.

Mi sensibilidad me ha llevado por sombríos lugares. La crueldad que llevo en mis manos, manchadas de la sangre de mi madre, las lavé en las orillas infectadas de caimanes. Disfruté del festín que ofrecí a los insaciables pupilos del pantano. Mis lágrimas mancharon el radiante vestido de una novia, convirtiendo en flores carmesí su sangre y en espigas mis colmillos.

Soy el monstruo que desea amar y ser amado. Tan sólo el guardián de sus caprichos, sean cuales sean, que abre sus brazos, tal como le enseñaron, para que ella tome posesión de su corazón y necesidades.»

Él la abrazó y besó. Eso es lo que ella necesitaba. Era su deseo en la carta. Por su lado, Mona, simplemente lo rodeó del cuello y permitió que todo ocurriera.





miércoles, 12 de noviembre de 2014

Errante en su pasión

Pues otro texto sobre Quinn y su amor. Otra vez nos deja mal a todos. ¡Gracias! 

Lestat de Lioncourt 


Estar lejos de ella era como morir un poco a cada paso. El reloj marcaba las horas como una terrible guillotina. Deseaba encontrarla y derretirse entre sus manos. Ansiaba los besos ardientes de sus labios de carmín. Tienen el color y la sensualidad de un par de cerezas. Son carnosos, sensuales, seductores y terriblemente deliciosos. Sus ojos son dos prados cargados de esperanza. No necesita una esmeralda en su cuello para poseer un par de gemas. Parece una muñeca, pero no sólo por la perfección de su figura. Ella lo parece por lo clara y suave que es su piel, pues parece de porcelana fina. Sus pecas fueron pintadas con buen pulso, dejándolas sobre su nariz y sus mejillas. La pasión baña sus cabellos rojos como el fuego, los cuales se agitan en mitad de la noche como si fuera una llamarada. Tenerla cerca es demencial. Esos vestidos ajustados, cortos y llenos de pedrería, o tan trasparentes que no dejan nada a la imaginación, te vuelve tan enloquecido que pierdes la cabeza con facilidad.

Si tuviera que piropear a una mujer como ella no sabría. Se quedaría tan mudo como la primera vez que sus ojos se cruzaron con los suyos. Esas pestañas tan espesas, rizadas y largas que decían con cada guiño «Ámame». Y él la amó sin límites, sin fechas, sin necesidad de hacer pactos y con el corazón entre sus jóvenes manos. Dejó que lo arrastrara a un mundo lleno de fantasía sin pudor alguno. Su lengua se enredó en la suya y su alma quedó atada. Ambos se marcaron sin necesidad de mordidas y arañazos. Dejaron que sus almas se contaminaran. Por eso, estar lejos es como morir un poco.

Imaginaba sus brazos como si fueran la frontera del paraíso. Solía soñar con su cuerpo de sirena varado en su vieja cama, desnuda por completo sobre un manto de flores y con una pícara sonrisa. Sus largas piernas, bien torneadas y de rodillas perfectas, se abrían brindándole unas vistas tentadoras y peculiares. Su corazón bombeaba como si siguiese siendo un adolescente condenado a amar a la musa que le insuflaba coraje. Quería beber de sus labios, hundirse entre sus senos, mordisquear sus rosados pezones y navegar sobre su vientre plano.

Se sentía Willem van der Decken caminando sin rumbo y sin tocar tierra, pues tierra era su cuerpo y su cuerpo era felicidad. Tenerla a su lado, contemplándola embelesado, era sin duda lo único en lo que pensaba en las largas noches en las cuales decidía escaparse de su lado, recorrer el mundo por su cuenta y aprender a sobrevivir para superarse así mismo. Jamás sería lo suficientemente bueno para Mona. Nunca sería aceptado del mismo modo que lo hubiese sido otro. Él la había condenado; pero en realidad, para él, la había salvado. Aún así, a pesar de las fronteras y la lejanía, cuando regresaba su pasión se desbordaba y la cama reconocía su ímpetu junto a ella.


Las palabras de amor suenan lentas mientras la pasión es frenética. Las piernas se cansan, los amantes pueden quedar dormidos, pero el amor, ese extraño sentimiento, sigue en pie extendiéndose en el alma de ambos hasta llevarlos a la cima del placer.  

jueves, 5 de junio de 2014

Rosa de fuego y nieve

Bonjour

Comenzamos un día más, o mejor dicho noche, con algo especial. Tarquin quería regalar algo especial a Mona y es el siguiente poema. ¡Tengan peidad con éste Romeo!


Lestat de Lioncourt


Deliberada atracción, seducción sin límites,
belleza cargada de misterio y silencios,
eso eres, pues eso has sido siempre.
Dicen que todos tenemos un precio,
pero tus ojos me dicen cuando no me mientes.

Verdes esmeraldas, campos llenos de frescura,
con sin duda el rocío de tus lágrimas
caí preso de la más dulce de las locuras.
Me enamoré de ti, muchos dicen que ciegamente,
pero no estoy loco, estúpido o necio.

Tu piel es nieve salpicada por estrellas,
que bajaron del cielo a besarte,
y quedaron retenidas en tu escote
dejando una seductora y hermosa huella.
Tanta belleza tan sólo pudo ser creada por el arte.

Que la lava de tu pelo caiga sobre la nieve,
que la esperanza de los valles corone tu sonrisa
y que ésta, tan tierna y pícara, sea mi guía
por versos conjugados con nervios y prisa...
Por favor, seré tuyo y tú serás mía.

Fuego, libertad...
eso canta tu voz.


jueves, 29 de mayo de 2014

Fantasmas en el Santuario

Tarquin y Mona quieren hablarnos de algo importante, aunque ella intenta que él no crea en lo que ve.

Lestat de Lioncourt 

Fantasmas en el Santuario.

Caminaba de un lado a otro, con el semblante serio y sus enormes ojos azules clavados en cada una de las estrellas que desde allí se podían ver. Tenía los brazos cruzados sobre su pecho, como en un gran abrazo para perder el miedo, y sus cabellos negros se movían por la suave brisa que se movía entre las ramas. Los zapatos rozaban la hierba que comenzaba a crecer sin impedimento alguno y lejos, aunque no demasiado, el chapoteo de un caimán despertaba su curiosidad.

—Te lo he dicho—dijo mirando las aguas negras—. Te lo he dicho...

—Puede que sean sólo alucinaciones—comentó Mona, que se encontraba tras él con un minúsculo traje blanco con lentejuelas, esperando que se tranquilizara—. Cálmate, no pasará nada.

—Puedo sentirla, puedo... verla—susurró girándose suavemente hacia ella dejando caer los brazos, sintiendo como sus hombros se hundían y sus lágrimas querían salir.

—Patsy está muerta y como mucho, por si quieres calmarte, lo único que podrías encontrar algún día son sus huesos diseminados por el fondo del pantano—explicó abriendo sus brazos para que se acercara—. Abrázame Quinn, abrázame. Tenemos cosas más importantes en las que pensar.

Pero él no se movió. Tras ella estaba su madre, mirándolo como aquella noche y sintiendo su odio, desprecio y rabia. Comenzó a llorar amargamente como cuando era un niño y quería ser abrazado por aquella siniestra figura. Recordó en su cabeza la voz de Patsy, sus canciones y el ímpetu que ponía en ser una estrella; pero Patsy jamás fue nada más que Patsy la loca, la que despilfarraba su fortuna y se negaba a comportarse como una señorita decente.

—¿Quinn?—preguntó acercándose a él para tomarlo del rostro, aunque fue sólo con la punta de sus dedos debido a la estatura, mientras sentía bajo sus pies desnudos la hierba. No muy lejos estaban sus elegantes tacones, su bolso y el fantasma que hacía palidecer a su amante y compañero—. Quinn...

El fantasma desapareció esfumándose, como lo hizo Rebeca tiempo atrás, y entonces se abrazó a ella oliendo sus cabellos, sintiendo que estaba a salvo en los brazos de su bruja pelirroja. Había visto el rostro del odio de nuevo, como si fuese una vieja fotografía que tomaba forma, olvidando por completo el amor que Mona le profesaba. Un amor intenso como el fuego del infierno.


Mona podía sentirla, pero si no se había girado o dado importancia era por él. Debía olvidarla, no enfrentarla. Cuanto más obviase aquella presencia, la cual se anclaba a la tierra por odio y sed de venganza, antes podrían seguir con sus vidas. Había cosas más importantes que viejas rencillas familiares con una mujer que siempre lo despreció.  

sábado, 17 de mayo de 2014

Sin duda eras tú la bruja de mis sueños

Mona, ella es Mona, aunque digamos que podría ser llamada Afrodita de New Orleans por su belleza, sus encantos, su forma de seducir... Tarquin ha decidido escribir esto para ella. 

Lestat de Lioncourt 


Sin duda eras tú la bruja de mis sueños.



Quiero encontrarte en la oscuridad,
la misma que nos rodea y ata
de forma firme a la única y mística verdad.

Esmeraldas en tu piel de leche,
fuego en tus cabellos de océanos rebeldes
y pasión en tus caderas de sirena.

Deja que abra las alas de tu espalda
para que puedas contemplar el mundo.
Por favor, deja que lo haga.

En mitad de la jauría de sentimientos
que poseen tus hermosos ojos verdes
puedo ver una isla ahogada en pena.

Necesito bailar descalzo contigo
sintiendo la brisa meciéndonos
siendo la música el único testigo.

El dolor te consumió durante años
y por eso ahora nunca cedes
ni quieres caer sobre tus llagas.

Bruja de gran poder y ambición
llena de recuerdos envenenados
y de amor condenado en tu corazón.

Yo jamás dejaré de amarte...

tú jamás dejarás de hacerlo.


  

miércoles, 23 de abril de 2014

El Paraíso perdido

Bonsoir mes amis

Tarquin Blackwood nos ha dejado su lado más oscuro para dedicarle a mona un texto muy llamativo. ¡Lean!

Lestat de Lioncourt

Aún puedes navegar por las contaminadas aguas de mi oscura mente, allí donde la oscuridad se convierte en petróleo y el púrpura se confunde con el horizonte. Mis ojos pueden confundirte, así como mi aspecto gentil y mi sonrisa estúpida. Mírame bien, obsérvame una vez más, pues soy un pequeño monstruo de tratos elegantes y ojos cargados de delicioso pecado color zafiro. En mi pantano podrás encontrar la muerte, mi querida niña, pero para ti construiré un palacio alzándose en las viejas ruinas de una tumba sin nombre. 

Mi aspecto frágil es sólo una estrategia, mis dedos largos penetrarán tu alma y buscarán el amor que me profesas. Seré tu noble Abelardo y tú serás Ophelia Inmortal nadando por siempre entre las aguas infectadas de caimanes. Ven, acompáñame. La maldad también anida en la belleza y en una simple sonrisa. Puedo ser gentil, pero también una bestia. Tú conoces mi doble juego, comprendes mi alma y eres la compañera que hicieron para mí y para el edén que te muestro. 

Ven conmigo mi hermosa muchacha de cabellos de fuego, desata aquí tu imponente fuerza y muestra a todos que la noche es eterna en New Orleans. Los dos nos contemplaremos, observaremos la muerte y sonreiremos siendo igual que Dorian Gray. Eternamente atractivos, con las almas hundiéndose en la pétrea oscuridad de las aguas que besan el Santuario. 

Derramaré lágrimas para regar el jardín salvaje que nos han cedido... un pantano, millones de dólares y la libertad de ser jóvenes. ¿Alguien dijo miedo a la muerte y al futuro? La libertad que gozamos será plena. Mona, se mi Eva.

Roja pasión desbordada 
allá donde el mundo ya no nos aguarda.
Roja pasión en tus labios de lirio 
bañémonos en éste maldito delirio. 

Tú y yo, pecado inmortal. 
Más allá de la realidad. 
Tú y yo, pecado de sangre... 
entre las calles de la ciudad. 

jueves, 3 de abril de 2014

Nido de pasión

Bonjour

Nido de pasión es una vieja poesía que mi hermanito escribió para Mona. Ahora la saca a la luz tras más de una década.

Lestat de Lioncourt

En la terrible, frívola y ciega oscuridad
busco palpar tu frágil y seductor cuerpo.
Pues necesito saciar con besos el deseo
y rodear tu cintura hundiéndome en tu fuego.

He descubierto la ternura en tus verdes prados
y la locura en tus labios de corazón.
Estoy caminando por viejos mundos
y el tormento es incesante cuando tú no estás.

Te extrañé tanto cuando tuve que partir
y ahora no sé sobrevivir sin ti.
Quiero alzar mis brazos como alas
y enredarme en éste desenfrenado apetito.

Lluvia de sangre cae sobre tu lechosa piel,
salpica tu ombligo y calienta tus venas.
Las flores de tu cabeza son aves de la pasión
y también girasoles ciegos por la lujuria.

Deseo arrancarme las cadenas y sentir la brisa
hasta que la eternidad nos haga ser libres
en esta fantasía cargada de mágica ilusión.
Sé que tendremos una oportunidad para los dos.

Tú eres la única que necesito...

recuérdalo Ophelia.  

jueves, 20 de marzo de 2014

Mi Ophelia

Bonsoir

Tarquin quiere demostrar cuanto ama a Mona y bueno, aquí tienen... Disfruten de su poesía. 

Lestat de Lioncourt

Siempre serás Ophelia mecida por las aguas
llevada hasta la orilla de la locura
con flores en tu cabeza y húmedas tus ropas
mientras se mueve la luna en mares de bruma.

Te alzaré entre mis brazos que serán alas
y te llevaré volando a la torre más alta
allí donde el viento canta nuestro nombre
mientras serena nuestras agitadas almas.

Pintaré tus labios de color cereza
y peinaré tus cabellos con mis yemas
para luego tomarte del rostro y besarte
confesándote que fuiste flor en tierra yerma.

Siempre serás Ophelia Inmortal sedienta
buscando un cuello que trepanar con tus labios
y clavando tus dientes hasta el fin del mundo
mientras suenan canciones rock en la radio.

Te llevaré por todo New Orleans mi vida,
pues allí nació nuestra historia de amor
y los caimanes entonarán salves prohibidas
sobre nuestra locura y pasión desenfrenada.


Sangre Mayfair... entre los ríos y las plantas...  

viernes, 21 de febrero de 2014

Mi Ophelia

Bonjour mes amis!

Mi Ophelia es de Tarquin ¿de quién iba a ser? Mi hermanito quiere halagar a su encantadora arpía  con un bonito poema en el cual le dice cuanto la ama.

Lestat de Lioncourt

Las esmeraldas de tu rostro brillan como luciérnagas,
parecen desear que el verano de tu piel no muera
y aletean entorno a las fresas de tu boca
mientras mis dedos se hunden entre tus rojas sedas.

Eres el fuego que se inicia como una chispa
y recorre mis venas hasta hacerlas hervir
mientras rodamos por el pasto de mi santuario
escuchando el zumbido de nuestros corazones como avispas.

Tú y yo somos expertos en amores complicados
pues estuvimos separados como Romeo y Julieta
y aunque la muerte nos tomó de la mano
pero entonces tuvimos otra oportunidad y hemos escapado.

Quiero llevar en mis labios el sabor de tus besos
y caminar por el mundo tomados de la mano
cumpliendo con la flor que yace en nuestro pecho
que susurra poemas eróticos de hermosos versos.

Tú eres mi Ophelia Inmortal...

Yo tan sólo tu noble Abelardo.  

lunes, 10 de febrero de 2014

Una vieja carta de amor

Una vieja carta de Tarquin ha sido descubierta por todos. Mona jamás me había dicho nada al respecto, pero sí mi hermanito. Él me ha dejado subirla a mi blog como hago con muchos de los textos que hacen mis compañeros y los míos propios. Aquí les dejo su carta de amor.


Lestat de Lioncourt


14 de Febrero de 1998


Estimada Ophelia

Supongo que te preguntarás el motivo de mi carta por escrito, a puño y letra, y no tras la horrible pantalla de nuestro ordenador. Aunque tal vez lo sospeches debido a la fecha que reza al principio de esta carta. He enviado estas líneas al correo con unas semanas de antelación y rezo porque lleguen en la fecha exacta o pocos días antes. Al igual que estoy suplicando porque llegue sana y salva, sin rasguños ni ser abierta por otras manos que no sean las tuyas. La razón es mi amor por ti y mis deseos de rodearte entre mis brazos, estrecharte contra mi pecho y obligarte a dejar que mis labios rocen los tuyos.

Amor mío eres el motivo fundamental por el cual continuo pensando que este viaje ha sido un terrible y desastroso error. Quiero regresar a tu lado y rogarte que me perdones. Ya no sé cuantas veces lo he dicho y cuantas veces lo diré. Por favor perdóname. Perdóname por dejarte atrás y emprender una aventura que es insignificante comparado con contemplarte cada noche, acariciar tus cabellos y hundirme en tus ojos verdes como si fueran océanos de frescos pastos. Mona, mi Mona, te extraño.

Recuerdo tu piel lechosa contra la mía, tu pequeña figura vibrando por nuestras bajas pasiones y tus labios convertidos en una mueca de felicidad, éxtasis y orgullo. Quiero coronar tus cabellos con esas flores silvestres que tanto aprecias y nombrarte por siempre mi Ophelia. Soy tu noble Abelardo y a la vez un estúpido que deberías rechazar de inmediato. ¿Cómo he podido hacerte esto? ¿Cómo? Quisiera que esta fecha no estuviera marcada en el calendario ni ver las tiendas repletas de símbolos del amor, la amistad y la pasión.

Deseo huir hasta ti, abrazarte con ternura y perder por completo el aliento al sentir tus caricias. Tú eres lo único que me ata a New Orleans, pues el viaje está siendo tan excitante y maravilloso por el conocimiento, por no tener a Goblin a mi lado, que siento que deberías haber venido conmigo. Pero luego pienso que era una auténtica locura. Tu enfermedad te lo impide y te ata a los caprichos de los médicos que quieren salvar tu vida.

Quisiera decirte que no he llorado escribiendo estas líneas, pero sería engañarte y no mereces eso. Eres demasiado inteligente para percibir que la emoción me acongoja y me destroza violentamente. Nash ha tenido que entrar en la habitación para sosegarme porque he explotado. Mona, Mona... ¡Mona! Lamento muchísimo ser así. No olvides que te amo y que mi corazón es tuyo desde que te vi en aquel restaurante del hospital perteneciente a tu familia. No puedo olvidar tus lazos en el cabello, tu seductora sonrisa y tu cálida voz llena de matices.

Algo me dice que todo cambiará, pero no mi amor por ti. No puedo asegurarte mi regreso en fechas próximas y tampoco que me permitan ir a verte. Ya no sé que pensar. Sé que me amas y es lo único que me importa, no obstante me lleno de miedos al pensar que tú me necesitas o me estás necesitando. Mis lágrimas y pensamientos son todos tuyos, igual que mi corazón y mi fuerte pasión por cada una de tus palabras y gestos.

Sé que si tengo la más mínima oportunidad de salvarte, rescatarte y convertirte en mi esposa lo haré. Lo haré con la misma pasión con la cual te besé la primera vez. Te aseguro que lo haré y esto es una promesa. Igual que la promesa de volver de este periplo por Europa.

Te amo.


Tarquin Blackwood.  

viernes, 7 de febrero de 2014

Dueños de la eternidad

Ah el amor, el amor... ¡el amor! Esos dos se aman demasiado aunque a veces discutan. Acepto que a veces quien discute soy yo con ella y la vuelve loca. Es divertido ver a Mona desquiciada ¿sabían? Muy divertido. 

Lestat de Lioncourt 

Dueños de la eternidad


Meditaba sobre ciertos negocios que podían ser provechosos para el futuro de su familia. Su hijo necesitaba tener un patrimonio aún más elevado que él a su edad. Jerome sí iría a la universidad y sabía que con su carisma arrollador lograría cualquier meta que se propusiera en la vida. No era tan tímido y tampoco recaía sobre él maldición alguna. Su hijo era su gran proeza aunque logró hacerla siendo un muchacho inexperto, estúpido y hundido en bajas pasiones más que en un amor idílico.

El teléfono sonó. Tarquin miró lánguidamente como vibraba sobre la mesa. Aquel móvil de última generación era especial por muchos motivos. Ya no podía regresar a su mansión, ni recorrer los diversos pisos y habitaciones. Habían pasado más de diez años y él seguía siendo el mismo muchacho. Era imposible engañar. Ya no podía quedarse allí. Por eso era especial aquel teléfono porque le ponía en contacto con aquellos que tanto habían amado.

—Padre—escuchó al otro lado del aparato cuando aceptó la llamada.

Las lágrimas de Tarquin acudieron rápidamente a sus ojos, como si él las hubiese llamado y estas ni siquiera se hubiesen planteado el aparecer. Sus manos de mármol, finas y perfectas de niño bien, temblaron mientras su corazón de vampiro bombeaba el último trago de su víctima. A sus pies había una mujer de unos veinte años con el cuello roto, los ojos bien abiertos y la mirada vidriosa.

Mon estaba en la habitación de brazos cruzados bajo sus encantadores senos. Sus zapatos de tacón la sostenían elevándola varios centímetros y dándole un aspecto más espigado. Tenía los labios sensualmente pintados con carmín y unas pestañas postizas rizadas que chocaban casi con sus párpados. Encantadora, sensual, erótica y sobre todo silenciosa. Quería abrazar a Tarquin, su noble Abelardo, pero decidió que debía darle espacio para que hablara con el joven.

—Jerome—dijo con la voz entrecortada.

—¿Ocurre algo malo? ¿Padre?—preguntó notablemente preocupado al sentir el nerviosismo de su padre, amigo y confidente.

—Estaba leyendo un libro muy triste. Sólo es eso—sonrió como si el chico pudiera escucharle y ella se giró caminando hacia el jardín.

Allí, en medio de la oscuridad, observaba la maleza moverse suavemente. Era una mansión comprada con el dinero que ambos habían conseguido. Asignaciones que manejaban con destreza gracias al ingenio de Mona. Era una Mayfair sin duda alguna: guapa, seductora e inteligente. No había nada que Mona no pudiese hacer y nada que Tarquin no hiciese por ella.

Cuando la llamada finalizó se acercó a ella rodeándola con sus brazos, acariciando su cuello con sus labios tibios y sintiendo el fresco de aquella noche de invierno atípica. Hacía algo más de veinte grados, en el sur era normal los cambios de temperatura y más en el invierno. Se podía decir que era agradable. El carnaval estaba a punto de llenar las calles y ellos sabían que el mundo entero les pertenecía.

—Te amo mi Ophelia Inmortal. Te amo como siempre te he amado. La pasión que yace en mi corazón rebosa y se derrama sobre tu alma. Lamento que mis lágrimas te molesten, pero entiende...

—No me molestan. Tarquin no me molestan. Tus lágrimas sólo me preocupan—dijo tajante apretando sus manos sobre las de él, las cuales habían terminado sobre su vientre—. Sé cual es el dolor de un padre separado de un hijo. Lo sé porque tuve que sufrir el estar lejos de Morrigan.


El silencio se hizo entre ambos y los besos prosiguieron. Ella sonrió terminando por reír girándose para quedar frente a frente. Lo rodeó con sus delgados brazos y lo besó como cualquier mujer besa a su príncipe azul, al galán de su vida y en definitiva a su compañero para el resto de la eternidad.  

lunes, 20 de enero de 2014

Flor Inmortal

Flor Inmortal es un poema dedicado a Ophelia Inmortal, nuestra Mona, y está escrito por mi hermanito Tarquin. Disfruten de los versos.

Lestat de Lioncourt


Seducción intensa del color de los enamorados
entre rosas del paraíso y margaritas frescas
que caen acariciando tus pechos colmados
mientras te contemplo en eterno silencio.

Mi querida Ophelia, mi dulce salvaje criatura...
¿harás que existan en las tinieblas girasoles ciegos?
Allá en lo profundo del lago bajo los cielos
donde el paraíso emerge y tú te conviertes en sirena.

Eterno será el camino por el sendero
convirtiéndome en pecaminoso peregrino.
Tú serás la llama que encienda el deseo
y el pecado que hizo caer al arcángel.

Mi querida Ophelia, de rojo te vestiré...
la sangre será tu emblema inmortal.
Seremos uno por siempre, no lo olvides.

Estamos unidos por siempre en New Orleans.  

sábado, 4 de enero de 2014

Our song

Bonsoir

Our song es un poema que Tarquin Blackwood desea dedicar en esta fría noche de invierno a Mona Mayfair. Él recuerda aquel verano en el cual se despidió por siempre de su gemelo, el cual era un fantasma que le atormentaba, y prácticamente tenía que despedirse de Mona, la mujer que amaba. Él me pidió que le diera el don y yo lo hice. Mona es mi hija por ese motivo, por darle a mi hermanito su compañera. 

Lestat de Lioncourt

Our Song

Ríos de sangre manchando mi almohada
con una canción palpitando en tu corazón
mientras sonríes en el lecho de flores
de cualquier brote de esperanza despojada.

No me mires así amor mío porque lloraré.
Creo que mi alma se quiere marchar contigo.
¿Dónde está la rosa de la cual me enamoré?
Lo que no sabes es que por ti yo vivo.

Fuego en la noche más triste del verano
ya los grillos no cantan y las luciérnagas no brillan.
El verano se ha vuelto invierno sin razón.
Por favor, amor mío, tómame fuerte de la mano.

Por favor no llores porque tengo la solución.
Es un frasco de veneno inmortal sin frasco de cristal
donde he puesto todas mi desdichada ilusión
con la cual te devolveré tu aliento vital.

Pasión desbordada en un ángel frágil
que yo robaré a Dios y al infierno mismo.
Tú eres mi Ophelia y yo seré el río
que lavará tu piel y si es necesario seré mártir.


Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt