Les traigo algo que quiere compartirnos Nicolas de Lenfent.
Lestat de Lioncourt
Perdí la magia hace tiempo. Como si el
camino en la oscuridad hubiese atravesado mi alma y empaquetado los
pedazos en un sobre sin remitente. He perdido sintiendo la ola de
dolor azotando mi alma, mi cuerpo y por supuesto mi música. Soy
incapaz de tocar algo que alegre mis noches y que haga más amable
mis días. Mis dedos tocan el violín con cuidado, observando su
belleza conservada con el paso de los años y siento que mi
Stradivarius habla por sí mismo de todas las lágrimas y momentos de
locura.
He creado monstruos imaginarios y seres
tenebrosos que me han arrancado una a una mis alas. He hundido mis
manos en el pozo de brea y he sentido como el calor que desprende
achicharra cada uno de mis sentidos. La tinta está derramada por
todo el escritorio, no hay papel que haya sobreviviendo y con mis
dedos he pintado la pulcra pared de mi habitación. Encerrado entre
cuatro paredes, completamente lapidado, temo salir al mundo y notar
que el cambio ha sido aún más brusco. Mis ojos hundidos en el
espejo son el reflejo de la desesperación de un artista que murió
hacia demasiado tiempo. No tengo nada excepto el violín que me
aguarda.
Y sin embargo, miro la pared y sólo
veo notas musicales bailando como si fueran letras. Hablan de un vals
de amor, de una muerte y una resurrección. Siento que podría
tocarlas el mismísimo Diablo. Él sabría como encajar el enigma y
quizás mostrarse piadoso por una vez en esta vida. He sufrido un
momento de locura y dolor pues he caminado por los momentos del
pasado hasta el día de hoy. La oscuridad es terrible y aunque soy
partícipe de su encanto, porque soy uno de sus hijos, siento que
necesito la luz que provienen de los infiernos para sentirme vivo.
Camino al borde de la locura, la
depresión y la verdad más amarga de todas. Soy Nicolas de Lenfent,
un nuevo demonio que yace en los infiernos.
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