Armand ha querido sacar su lado más vulnerable, si tiene alguno, para dejar un texto para Daniel. ¿A qué esperas para leer?
Lestat de Lioncourt
Entretenido como siempre. Te encuentro
observando fijamente la pequeña maqueta que has logrado construir.
Tus ojos violetas parecen brillar como si fueran lirios en un cuento
de fantasía. Me pregunto si eres como uno de esos personajes que
caen en un profundo sueño, languidecen y terminan dejando que su
alma se pierda. Pero tú no duermes, aunque creo que sueñas
despierto y la noche te atormenta en oscuras pesadillas que sólo
evades así.
Tus blancas manos de mármol juguetean
con los pequeños muñecos que corren felices hacia la estación. El
tren, una maqueta perfecta, se mueve por las vías a una velocidad
considerable. Las pequeñas farolas parecen luciérnagas que bailan
iluminando parcialmente tu piel. Me pregunto si alguna vez dejas este
mundo para ir a cazar, si bien recuerdo que sigues vivo y supongo que
hay un momento en el cual la sed te tortura demasiado.
Quiero abrazarte, aunque he dicho que
ya no me importas. Necesito tocarte, apartar los cabellos de tu
frente y sentarme en tus piernas. He olvidado que se siente al besar
tus labios y también al encontrar refugio en tus brazos. Sé que
jamás me amaste tanto como dijiste pues era tu ambición, capricho y
prácticamente único madero a la deriva. Sin embargo yo te amé, te
amé como si fueras parte de mi cuerpo y de mi alma. Me convertí en
un ángel que te guió a los infiernos de la locura.
Espero que algún día puedas
perdonarme, Daniel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario