Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 22 de marzo de 2014

Amor cruel

Bonosir

Tenemos aquí el drama de la noche... quiero decir un texto muy entrada la madrugada de Armand y Marius.

Lestat de Lioncourt


La mansión se hallaba inmersa en un silencio sofocante y terrorífico. Mi cuerpo temblaba de rabia debido a mi encuentro con Nicolas. Benji y Sybelle estaban ya en el dormitorio que compartíamos, pues ocasionalmente solíamos dormir los tres aferrados los unos con los otros. La noche estaba a punto de finalizar y yo sentía mi corazón vacío.

No podía regresar al frío refugio de Daniel. Volver a la Isla por unas noches sería terrible para mí. Contemplar sus ojos inapetentes, sus labios con una mueca torcida por la indiferencia y ess manos frías, tan frías como su corazón, me helarían. Era mejor no volver a verlo en algún tiempo. Él estaría bien cuidado por mi servicio y un par de vampiros jóvenes que me adoraban. Sin embargo no encontraba lugar alguno en el mundo en el cual hundirme.

La música de Sybelle tan sólo me calmaba algunas horas, pero se transformaba en una trampa horrible. Caía precipitadamente desde el abismo a un suelo frío, duro y similar al alquitrán. Sus delicadas manos eran como amapolas de nieve, se movían igual que bailarinas y arrancaban de mi garganta quejidos de angustia. No podía escuchar esa música por más de unas horas. No podía. Después de lo ocurrido con Lestat era imposible.

Benji era para mí la luz en las tinieblas. Si embargo no podía dejar sobre sus hombros el peso de mi mundo. Él no podía ser Atlas y yo no podía ser un verdugo. Quería confesar mi gran miedo y dolor, pero no era capaz de articular más de unas palabras. Me gustaba más hundirme en mis experimentos y que él los observara, mucho más que contar algo tan desgarrador.

Santino era el pasado. No quería volver a saber de sus ratas en un buen tiempo. Si había regresado de entre los muertos como Nicolas, igual que él, no era de mi interés. Deseaba su aspecto de santo, pero no su condena.

Y cuando pensé que él no vendría, ni se presentaría ante mí, allí estaba en el inicio de mi escalera de mármol. Estaba ataviado con un traje negro, la camisa también era negra, pero llevaba chaleco y corbata roja en tono granate. Quise abofetearlo, pero me contuve.

—He querido volver mil veces contigo, pero es imposible—confesó—. Te he amado Amadeo. Has sido mi gran amor en Venecia. Pero un amor que fue sustituido por el fuego.

—Por una furcia dirás—dije riendo negando con la cabeza—. No me mientas más. No te intereso.

—Amadeo las cosas no son como crees—estiró sus brazos hacia mí y yo me alejé.

—¿Y cómo son?—alcé la voz apretando los dientes—. ¡Cómo son!—grité a punto de empezar a llorar—. Te vas de cama en cama, desapareces un tiempo y me haces llegar algún rumor. Yo llego, me entrego a ti como un borrego listo para el sacrificio, me penetras de la forma más horrible hasta aniquilar cualquier suspiro de amor, y luego te marchas. ¡Te marchas! Me dejas siempre roto y mudo con los ojos llenos de lágrimas—dije llevándome las manos a mi pecho—. Aquí hay un corazón.

—No me comprendes—susurró—. Ese es tu problema. No has sabido ver mi tristeza y necesidades.

—¡Tus necesidades!—me eché a reír socarronamente mientras estaba a punto de ir hacia él para empujarlo—. ¿Y a qué vienes? ¿A colmar tus necesidades del alma o de tu bragueta? Dime—mis ojos brillaban con una ira ciega y no podía ver más allá—. ¿Quieres que me vista de mujer y me pinte los labios? Eso sería el colmo que lo pidieras. Es lo único que me has evitado hacer.

—No puedo hablar contigo en estas circunstancias ni en ninguna otra—sentenció caminando hacia mí hasta rebasarme y abrir la puerta de la vivienda—. Adiós Amadeo. Esta vez será definitivo.

—Maestro...—sentí mis piernas flojas y mi corazón dinamitarse.

—Adiós—dijo cerrando la puerta tras de sí.


Me dirigí rápido hacia la puerta pero al abrirla ya surcaba los cielos. Su figura se perdía. Él odiaba por completo ese transporte por los aires, si bien lo estaba usando. Se había ido. Tenía miedo que fuese para siempre. Un miedo horrible que me congeló el alma y el aliento. Aquel amanecer lo pasé encerrado en la habitación de Benji sollozando, aferrado a la almohada y rogando porque regresara.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt