Bonjour
Nicolas desea dejarme este texto y yo lo comparto. La verdad es que sí, aún la amo.
Lestat de Lioncourt
Reconozco tus miedos porque también
son los míos. He visto tus demonios danzar al son de la descerebrada
música que invade mis sentidos. Yazco entre las viejas estructuras
de un amor que perdura, como si fuera un eco burlón, y que no puedo
abandonar. Me duele el alma, porque el cuerpo hace tiempo que se hizo
demasiado fuerte y se convirtió en coraza inaccesible. He aprendido
a incendiar mi dolor para que entre en combustión cada palabra que
he dicho, olvidándome así de lo delicioso que fue decirlas. Sin
embargo te miro y comprendo que la vida es injusta.
¿Cuántas veces he querido abrazarte?
Estás tan lejos y a la vez tan cerca. Siento que mi venganza no
tiene remedio, principio o final. Sin embargo ¿podré cumplirla? He
esperado tanto y ahora me detengo. Mis mayores temores provocan que
tiemble y palpe a ciegas cada trozo de tu cuerpo. Te has convertido
en un verdadero príncipe con aspecto gallardo y perfecto. Yo soy un
condenado a muerte que se ha librado debido a un pacto infernal, el
mismo que me ata a otro amor tóxico que no consigo olvidar.
Naufrago entre aguas pantanosas, lo sé.
He quedado conmovido por el dolor y la entrega, también lo sé. Pero
aún así, tras mis afirmaciones, divago sobre lo maravilloso que
hubiese sido todo de forma distinta. Tú y yo tomados de la mano, sin
importar nada, dejando que mi corazón se entregara al tuyo al fin.
¿Recuerdas que te dije? Te dije que
eras la persona que más había querido en ésta vida. Pero en
silencio, ese que a veces era preciso entre ambos, te juré amor
eterno como a mi violín y eso te hacía aún más especial. Y sin
embargo ambos terminamos odiándonos.
Tan iluso, siempre tan iluso. Me
conmueve tu ilusión hacia la vida y la bondad. Buscas ser malo, pero
terminas siendo puras palabras llenas de belleza que hacen suspirar a
cualquiera. Incluso han hecho suspirar al mismísimo rey de los
demonios. Tú has hecho que Dios te ame y el demonio te desee. ¿Y yo
qué hice? No hice nada. Tan sólo permanecí encerrado en mi odio
cubierto de rabia. Sabía que no vendrías a por mí, cuando yo
hubiese hecho cualquier cosa por ti, y sin embargo aquí estoy
rogándote una nueva oportunidad.
Estoy siendo esclavo de mis juegos y tú
estás siendo libre. Puedo ver como el dolor te lame las heridas y
las infecta. Lloras por esa mujer como por ninguna otra. ¿Alguna vez
lloraste así por mí? Por favor, dime que sí aunque sea mentira.
Permite que te toque el cabello rubio, rizado y suave mientras me
consuelas confesándome que me amaste de igual modo. Sé que me
quisiste ¿pero era algo más que un capricho o un juguete? Creo que
no. Ambos éramos demasiado jóvenes y tú tan terco. Nunca me
escuchabas y cuando rogaba que me amaras, condenándonos en cualquier
acto salvaje, me despreciabas en medio de una discusión. ¿Y con
ella? ¿Con ella discutiste alguna vez? Ya veo que no... No lo
hacías. Eras feliz como un niño travieso jugando al amor en el
paraíso. Y yo soy el infierno ¿verdad? Soy el infierno porque soy
un demonio y siempre lo fui. Creado para el deseo, pero no para el
amor más puro.
Tengo lágrimas en los ojos otra vez
porque te veo frío, inapetente, con una sonrisa melancólica y
vestido como si fueras un príncipe. Te has convertido en un dios
para tantos que podrías fundar tu propia religión con tus santos y
apóstoles como tus creaciones divinas. No obstante ahí estás, en
silencio y con los ojos vidriosos porque te he recordado a ella. He
hecho que la recuerdes. Llevo días deseando que me ames para
vengarme de ti y lo único que he logrado es comenzar a recordar. Ese
maldito sentimiento que me provocabas de odio y amor, de pasión y
veneno, mientras me seducías con tus estúpidas palabras de actor
desatado. ¿Algún día me amarás así? Quiero tu corazón y ya no
sé si para torturarte o simplemente mantenerlo como si fuera un
secreto prohibido. Pero es ella quien lo tiene ¿no es así? Sigue
siendo ella...
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