Bonjour
Petronia sufrió un disgusto terrible ¿quieren saber cual? ¡Aquí lo tienen!
Lestat de Lioncourt
Caminaba hecha una furia
de un lado a otro. Él la observaba intentando no decir algo que la
molestara aún más. Sus largos cabellos negros se movían en cada
gesto y sus ojos parecían los de un demonio. Vestía como un hombre,
se movía como tal, pero él veía la feminidad escondida. Sus
pequeños pechos oprimidos contra una camisa blanca y una chaqueta
negra, muy elegante y sobria, que había adquirido hacía tan sólo
unos meses. El sombrero estaba entre sus manos, moviéndolo de forma
inquieta y de vez en cuando miraba a Arion de soslayo.
—¡Dime que todo irá
bien!—gritó acercándose a él para tomarlo de las solapas.
Nash estaba allí, siendo
testigo mudo de todo, y no tardó en incorporarse para tomarla de los
hombros. Con un gesto caballeroso y cortés logró que se sentara en
una de las sillas de plástico del pasillo. Todo olía a antiséptico.
El blanco resplandecía allá donde mirabas, junto a objetos de metal
y plástico.
—Todo irá bien—dijo
Arion con una sonrisa en los labios—. Te lo prometo.
—Puede ser
indigestión—comentó Manfred.
—¡Cállate! ¡La culpa
es tuya! ¡Tuya!—dijo esgrimiendo el puño derecho para intentar
pegarle, pero Tommy y Nash la controlaron serenándola con sonrisas
taimadas y miradas atentas.
—Mi pobre bebé... mi
niño... mi chiquitín... ¿cómo han podido? ¡Estaba prohibida las
lanchas!—dijo antes de ver al doctor acercarse a todos ellos, el
cual venía con Tarquin y éste lucía una sonrisa.
—Todo ha ido bien—dijo
sonando tranquilizador—. Sólo se ha herido una pata. Su caimán
estará bien si lo cuida con cariño. ¿Y dice usted que vive en los
pantanos?
—Sí, vivo cerca de los
pantanos y esas cositas son como mis hijos—explicó llevándose con
dramatismo las manos al pecho.
—Son muy importantes
para mi mujer—el veterinario quedó confuso mirando a Petronia y
luego a Arion—. Aquí donde la ve es muy sensible. Detesta que
hagan daño a los animales, pero sobre todo a los reptiles que cuida
desde hace décadas. Es una mujer que admira la naturaleza.
—Sí, tiene un corazón
de oro—explicó Nash levantándose al mismo tiempo que Tommy y
Arion.
—¿Están hablando de
Petronia? ¿De verdad? Si es una tirana—expresó Manfred y al ver
la mirada de todos hacia él comenzó a llorar.
Aquella noche había sido
un desastre. Peter, uno de los caimanes más viejos del pantano,
había tropezado con unos cazadores ilegales. Estos le habían
atropellado con la lancha que llevaban. Petronia lo vio todo y por
supuesto de los cazadores no queda nada. Su pobre caimán sufrió una
fuerte conmoción, pero al parecer sólo tenía una pata rota.
Al entrar en la sala
donde tenían sedado al caimán, completamente atado por la
peligrosidad del animal, Petronia no pudo más. Se aproximó al
animal y lo abrazó acariciando su cabeza. Besó su rugosa piel y le
susurró “Mami ya está aquí bebé, ya está aquí”.
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