Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 21 de marzo de 2014

Mamá ya está aquí

Bonjour

Petronia sufrió un disgusto terrible ¿quieren saber cual? ¡Aquí lo tienen!

Lestat de Lioncourt


Caminaba hecha una furia de un lado a otro. Él la observaba intentando no decir algo que la molestara aún más. Sus largos cabellos negros se movían en cada gesto y sus ojos parecían los de un demonio. Vestía como un hombre, se movía como tal, pero él veía la feminidad escondida. Sus pequeños pechos oprimidos contra una camisa blanca y una chaqueta negra, muy elegante y sobria, que había adquirido hacía tan sólo unos meses. El sombrero estaba entre sus manos, moviéndolo de forma inquieta y de vez en cuando miraba a Arion de soslayo.

—¡Dime que todo irá bien!—gritó acercándose a él para tomarlo de las solapas.

Nash estaba allí, siendo testigo mudo de todo, y no tardó en incorporarse para tomarla de los hombros. Con un gesto caballeroso y cortés logró que se sentara en una de las sillas de plástico del pasillo. Todo olía a antiséptico. El blanco resplandecía allá donde mirabas, junto a objetos de metal y plástico.

—Todo irá bien—dijo Arion con una sonrisa en los labios—. Te lo prometo.

—Puede ser indigestión—comentó Manfred.

—¡Cállate! ¡La culpa es tuya! ¡Tuya!—dijo esgrimiendo el puño derecho para intentar pegarle, pero Tommy y Nash la controlaron serenándola con sonrisas taimadas y miradas atentas.

—Mi pobre bebé... mi niño... mi chiquitín... ¿cómo han podido? ¡Estaba prohibida las lanchas!—dijo antes de ver al doctor acercarse a todos ellos, el cual venía con Tarquin y éste lucía una sonrisa.

—Todo ha ido bien—dijo sonando tranquilizador—. Sólo se ha herido una pata. Su caimán estará bien si lo cuida con cariño. ¿Y dice usted que vive en los pantanos?

—Sí, vivo cerca de los pantanos y esas cositas son como mis hijos—explicó llevándose con dramatismo las manos al pecho.

—Son muy importantes para mi mujer—el veterinario quedó confuso mirando a Petronia y luego a Arion—. Aquí donde la ve es muy sensible. Detesta que hagan daño a los animales, pero sobre todo a los reptiles que cuida desde hace décadas. Es una mujer que admira la naturaleza.

—Sí, tiene un corazón de oro—explicó Nash levantándose al mismo tiempo que Tommy y Arion.

—¿Están hablando de Petronia? ¿De verdad? Si es una tirana—expresó Manfred y al ver la mirada de todos hacia él comenzó a llorar.

Aquella noche había sido un desastre. Peter, uno de los caimanes más viejos del pantano, había tropezado con unos cazadores ilegales. Estos le habían atropellado con la lancha que llevaban. Petronia lo vio todo y por supuesto de los cazadores no queda nada. Su pobre caimán sufrió una fuerte conmoción, pero al parecer sólo tenía una pata rota.


Al entrar en la sala donde tenían sedado al caimán, completamente atado por la peligrosidad del animal, Petronia no pudo más. Se aproximó al animal y lo abrazó acariciando su cabeza. Besó su rugosa piel y le susurró “Mami ya está aquí bebé, ya está aquí”.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt