Bonsoir
Este texto se lo deseo dedicar con todo mi amor a mi madre.
Lestat de Lioncourt
Recuerdo tu sonrisa cálida en un
rostro que en muchas ocasiones se mostraba frío, como el de una
estatua, que estira sus brazos muertos hacia el frente esperando que
el mismo mundo se los arranque. Sin embargo tú eras una mujer viva,
llena de energía, a pesar del dolor que corría por todo tu cuerpo.
Me abrazabas a pesar que sentías terribles deseos de huir.
Soy incapaz de recordar canciones de
cuna, pero sí las historias que tú leías en tus viejos libros.
Estaban estropeados por la humedad, olían a rayos y la
encuadernación era tosca. No obstante eran mayores tesoros para ti
que las joyas que escondías a tu esposo. Jugueteabas con la hilera
de hormigas que eran las letras de sus páginas y seducías a tus
ojos con cada párrafo sintiéndote en éxtasis.
Si he llegado a entender y amar los
libros es por ti. Siempre me hallaba a tu alrededor agarrándote la
falda. Deseaba aprender, pero era demasiado complicado para un chico
tan inquieto. Tú preferías leer en voz alta mientras te observaba
con mis enormes ojos grises, unos ojos similares a los tuyos. Tus
cabellos siempre estaban recogidos, salvo los domingos cuando te
bañabas e ibas a la iglesia. No recuerdo el haber ido en demasiadas
ocasiones contigo y cuando lo hacía era un acontecimiento.
“Algún día aprenderás la magia y
el poder de un libro” decías con una leve sonrisa mientras dejabas
el volumen a un lado, me elevabas del suelo como si no pesara nada y
me sentabas en tus rodillas. Juro que quiero volver a sentir ese
cosquilleo en mi vientre, tus manos sobre mis mejillas y mis
cabellos, así como la ternura que escasamente me mostraste. Sé que
no será posible, pero aún así fantaseo con el día de volvernos a
ver y poder cubrir tu rostro con mis besos.
Siempre te amaré, siempre te buscaré
y te recordaré. Tú eras la flor más salvaje de mi jardín.
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