Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 26 de marzo de 2014

Eterna deuda

Bonjour mes amis

Flavius ha decidido dejar este texto que es un encuentro con Pandora y Avicus. Lydia le abrió los brazos y los tres conversaron una noche en París, la misma ciudad donde ella relató su historia a David.

Lestat de Lioncourt

Hacía mucho tiempo que no me hallaba en poder de la dirección de Pandora. Sin embargo cuando ella contactaba conmigo solía enviar alguna carta o breve mensaje. Siempre estaría en deuda con ella por multitud de motivos. Una mujer como ella siempre te hace quedar en deuda pasen simples años o siglos enteros. Se preocupó por mí, me adquirió a un comerciante deshonesto y escuchó con cuidadoso criterio mis opiniones. Sin embargo había logrado su dirección por medio de Arjun, su otro creado, que me rogó que la visitara cuando buenamente quisiera. Tal vez era ese deseo que había leído en sus memorias, esas que ahora estaban en las librerías de todo el mundo como las obras de su querido Ovidio, y que provocaba en ella una sed exquisita de amor.

La vivienda estaba en París. Ella había vuelto a París tras una corta estancia en Rusia, algunos años en Estados Unidos y varios en otros países europeos. Era un apartamento con hermosas vistas a la ciudad del amor, la buena comida y de moda escandalosa. Las luces brillaban iluminando los pasos de enamorados y turistas, así como de simples parisinos. Las mismas luces que me conferían un aspecto algo grotesco debido al color sutilmente pálido que había tomado mi piel. Mis ojos eran profundos y parecían gemas, como las gemas de Pandora. Llevaba el cabello sin cortar ni un mechón y dejaba que mis rizos cayeran sobre mi frente. Me había vestido para la ocasión con un traje sobrio y oscuro, muy apropiado para deslizarte por la noche, junto con una capa que cubría cualquier rasgo de mi atuendo. Llevaba un broche dorado y rojo, pues ella amaba el color rojo y las joyas.

Al llegar al bloque de apartamentos pulsé el timbre, pero nadie contestó. Decidí usar mis argucias para entrar en el edificio, subir por las escaleras hasta la tercera planta y abrir yo mismo la puerta. Dentro se encontraba ella recostada en un diván, con un vestido blanco de gasas con bordados dorados, su cabello largo y suelto como el manto de una virgen y una capa oscura que cubría parcialmente su figura. Sus pies estaban desnudos y podía verse los hermosos tobillos que poseía.

—Señora—dije con un ademán de mi cabeza y ella sonrió.

—Flavius—susurró incorporándose—. Perdona que no te abriera, pero era mi forma de averiguar cuanto deseabas verme.

Caminó con elegancia hacia mí, me abrazó y yo besé su frente despejada. Tan hermosa y perfecta como siempre. Con la apariencia serena y sensual, pero desafiante y firme como un guerrero que está dispuesto a luchar en cualquier instante. Masculina y femenina a la vez. Una mezcla explosiva. Abrí mis brazos estrechándola contra mí y al apartarnos dejé en sus manos un libro. Era algo antiguo, de una editorial que ya ni siquiera existía, pero que recopilaba todas las obras de Ovidio.

—Ovidio—soltó una carcajada.

—Vine a verte y dejarte este regalo. También quiero que guardes la tarjeta donde reza mis señas—sonreí manteniendo la corta distancia, pero de inmediato intenté ayudarla con la capa que se había deslizado de sus hombros—Señora, su capa.

—Siempre tan atento—dijo sin apartar los ojos del libro que de inmediato se dispuso a leer, como si no conociera su contenido, con aquella fascinante expresión en su rostro.

Estuve en su compañía por dos horas. Arjun también estuvo cerca y en silencio, el cual sólo rompía para opinar brevemente sobre algún asunto o reír ante ciertos comentarios. Fue agradable estar cerca de ella por unas horas, como agradable fue recordar que Abkar fue vencido, arrojado a las llamas y consumido por su osadía. Al igual que el ímpetu que ella sentía hacia Aksha y hacia todo. Mis sentimientos de lealtad hacia ella siempre estarían altos. No obstante ya no soy su esclavo, sino un vampiro que tiene su propio camino y aprecia la soledad como los breves encuentros.

Y concluyo con unos versos de aquel ilustre poeta que nos apasionó y nos llenó de dolor al saber su muerte. Apartado de la gloria en Roma y ensalzado aún hoy en el presente. Estos versos siempre me recordarán el poder de Pandora, su deseo de ser libre y luchar por sí misma.

Muchos la pretendieron; ella, evitando a los pretendientes,
sin soportar ni conocer varón, bosques inaccesibles lustra
y de qué sea el Himeneo, qué el amor, qué el matrimonio, no cura.
A menudo su padre le dijo: «Un yerno, hija, me debes».
A menudo su padre le dijo: «Me debes, niña, unos nietos».


Ovidio ~ Apolo y Danfe

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt