Marius ha decidido dejar claro cuales son sus sentimientos, pero yo sigo pensando que es una bola con ojos, muy atractiva y casi de mármol, que hace lo que le sale de sus bajos acusándonos a todos. Aunque sí, muy bonito eso de amar a "Amadeo" y Pandora. Sí, muy bonito. Pero estoy seguro que Andrei y Lydia están de él bastante hartos.
Lestat de Lioncourt
Siempre me he sentido dividido en un
mundo complejo. He intentado comprender cada sentimiento, así como
he querido transmitirlos y expresarlos en los numerosos lienzos que
se amontonan en mis distintos refugios. Hay muros que he pintado más
de cien veces en la última décadas y columnas que han tomado forma
de enredaderas, árboles frutales o simplemente piedras gigantescas.
Me concentro en amontonar riqueza, como si fuera una urraca, y grazno
sobre mi nido evitando que alguien logre conocer que hay en mi
corazón.
Ella y él, están ahí, los contemplo
como Afrodita y Cupido. Puedo ver en cada uno de sus rasgos el amor
que me profesan y el odio encarnizado que sienten cuando entro
nuevamente en sus vidas. Destruyo todo lo que amo, salvo mis
pinturas. Aunque incluso ellas han sentido mi ira. ¿Cuántos cuadros
he quemado o roto a golpe de látigo? Ni siquiera recuerdo si alguna
vez me compadecí de alguien más que de mí mismo.
Mael a veces aparece, me observa como
antaño y sonríe con cierta burla aunque la suaviza dependiendo de
mi estado. Me ha visto en condiciones deplorables y no ha dicho nada,
salvo que necesito un descanso y cambiar de aires cuanto antes. A
pesar de ser mi enemigo también es un amigo, con el paso de los años
lo ha demostrado y nuestras peleas cada vez son más triviales. Él
no me compadece, pero creo que comprende a la perfección la derrota
y la pasión.
Hace varias noches cometí de nuevo el
pecado de la ira y la estampé contra mi querubín. He podido ver la
sangre en mis dedos, las plumas cayendo por la habitación y su
espalda encorvada mientras sus lágrimas se precipitaban en el
mármol. ¿Qué clase de monstruo soy? Sin embargo me he mostrado
frío, terco y poco indulgente. Ha sufrido la ira de Dios ¿y yo soy
Dios? Dios no existe y quizás yo no debería hacerlo, pero mi afán
de conocer el futuro de éste mundo me convierte en un apasionado
historiador como antaño.
¿Y ella? ¿Qué ha sido de mi Venus?
Me rechaza en cuanto piso el mismo suelo, escupe a mis pies y me mira
con un odio ciego. Pero yo sé que sigue amándome por como tiembla
cuando la toco, pero quizás mi lugar no está a su lado porque la
altero y la destrozo. Aún así no quiero alejarme, ella es mi gran
victoria en éste mundo y lograré quizás algún día que entre en
razón. Ella es firme, pero yo lo soy mucho más.
Todos buscan ser amados ¿y si yo busco
algo más intenso que el amor y el propio fuego inmortal que alimenta
a éste monstruo? ¿Y si lo que quiero es unirme a la soledad porque
en ella trabajo mejor? No lo sé. Pero yo tengo razón. No consiento
que otro me diga qué hacer o cómo vivir mi vida. Además, está
Lestat siempre metiéndonos en sus líos provocando catástrofes
terribles. Prefiero estar solo y atento a los acontecimientos. Y no,
no permitiré que nadie me diga como imponer mi derecho.
Mi mundo son mis pinturas, escritos y
pensamientos y no aquello que otros creen que pueden ofrecerme. El
amor se desgasta, pudre y petrifica; la pasión lleva a la ira y la
vida mortal no me agrada. Los siglos han cambiado al hombre y lo ha
convertido en una hiena; mientras, yo como si fuera mi propio
imperio, lidero una jauría de lobos que aún consumen manjares de
otras épocas. No, no voy a doblegarme ante el cariño de otros y más
vale que aprendan las lecciones.
Y sin embargo, aquí estoy terminando
un cuadro de ella. Sus labios carnosos, su mirada altiva y seductora,
sus encantadores brazos desnudos y ese cabello negro cayendo como el
manto de una Virgen cristiana. Quizás sea ella quien me destruya o
tal vez sólo espero que Amadeo tome la venganza que tanto ha jurado.
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