Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 14 de mayo de 2014

El regreso del diablo

Memorias de Nicolas y Memnoch, ¿no es lo que tanto esperaban? Aquí las tienen. 

Lestat de Lioncourt 

El regreso del diablo


Me sentía deteriorado, como un muñeco desgastado, a punto de romperme. Había regresado a la vida después de tantos siglos encontrándome con un mundo más perverso, menos primitivo; aunque la palabra indicada sería diferente y a la vez tan similar. Me emocionaba observar el sol del mismo modo que cuando era un simple mortal, sin daños y con todos los privilegios; pues el milagro oscuro que Memnoch había realizado conmigo me había dado todo, aunque no la felicidad o la paz. Mis sentimientos se volvían contradictorios y desapacibles. Se suponía que mi regreso traería la venganza contra Lestat pero, después de leer sobre su sentimiento de culpa y ver con mis propios ojos la esquela que dejó para mí, no pude. Algo en mí me gritaba querer estar en sus brazos, sentir su aroma y beber de sus labios hasta que mis piernas flaquearan.

Reconozco que me encaminé hacia su vivienda después de tener conocimientos de la noticia, o mejor dicho rumor, de la partida de Rowan de su vida. Quise aprovecharme, como cualquier enamorado trágico hubiese hecho, porque sentía que lo merecía. El amor de Lestat hacia mí fue puro y se transformó en una luz cegadora que no soporté, pues quería destruirme en cada paso y él glorificarme. Compartimos esa noche besos, caricias demasiado íntimas y uní mi cuerpo al suyo en un desesperado sexo que nada tuvo de romántico. Nuestras diferencias se habían agravado con el paso de los siglos, pero sus manos frías sobre mi pecho me hacían delirar como la última vez.

Juro que pude transportarme a la pequeña habitación en el ático, lleno de polvo y partituras emborronadas, justo en el momento que él entró en mí. Recordaba cada centímetro de su cuerpo encajándose en el mío, como piezas hechas para estar unidas, mientras mis nalgas apretaban con desesperación su sexo en mi interior. Mis brazos temblaban, estaba sudoroso y extasiado; él parecía estar más en otro mundo, como si imaginase a una hermosa sirena de ojos fríos sobre su pelvis. No quise pensar demasiado en lo terrible que era tener sexo con un hombre que no olvidaba, o no quería olvidar, a la mujer que aún decía amar.

—Je t'aime—jadeé cayendo sobre él sintiendo como su miembro salía, igual que sus fluidos, quedándome cansado.

—Oui... Je t'aime—balbuceó perdido mientras notaba como me estrechaba contra su cuerpo duro y frío.

Durante meses estuve al servicio de Memnoch, sentí sus caricias más crueles y un amor corrosivo. La venganza perfecta para el demonio era tenerme en sus filas, ofrecerme su consuelo barato y hacerme caer en los infiernos del placer. Cegado por la pasión dije amarlo, me entregué como si fuera una fulana barata y permití que me hundiera en sus perversiones. El cuerpo cálido de un demonio está compuesto por un corazón frío, cruel y despreciable; tal vez por eso me siento un demonio, pues he llegado a ser cruel y despreciable, sin embargo jamás podré tener un corazón de hielo.

En estos momentos no sé que sentir ni que pensar. La ventana está abierta, las cortinas se mueven suavemente como si fueran fantasmas, y la luna se alza en su plenitud ofreciéndome unas vistas magníficas. Sobre mi escritorio sólo tengo un par de velas encendidas y siento el zumbido de los insectos muy cerca de mi oído. Pero lo importante es el dolor que estoy controlando, ya tengo tantos sentimientos mezclados que me hieren. Ha ocurrido algo trágico ésta noche que me ha hecho reflexionar y en estos momentos no sé a quien amo.

Comenzaré por el principio, pues creo que la historia debe ser narrada con todos sus siniestros detalles. Pero antes, y espero que comprendan ésta petición, no me juzguen hasta que hayan leído hasta el final. Es mi único deseo.

Eran aproximadamente las diez. La noche había llegado hacía algo más de una hora. Las luces de las calles aledañas llevaban encendidas un buen rato, los luminosos parpadeaban invitando a beber y divertirse a todos los turistas y ciudadanos de New Orleans. A lo lejos se escuchaba una trompeta y un saxo, posiblemente ensayando para la próxima actuación. Había decidido visitar a Lestat. Hacía algo más de dos semanas que no nos veíamos a solas y necesitaba el veneno de sus besos salvajes, sus manos rápidas desabrochando mi camisa y colándose en mi bragueta. Me urgía la necesidad de sentirlo dentro de mí, mordiendo mi cuello sin importarle el sabor de mi sangre, como cuando éramos tan sólo unos muchachos salvajes, llenos de una rebeldía incontestable debido a los cafés parisinos y cargados de sueños como único equipaje. Juro que lo necesitaba. Él era mi nueva droga para templar mi nerviosismo y mi destrucción.

Hacía dos días que nos habíamos visto rodeados de una multitud insoportable de inmortales. No soportaba sus ojos clavados en mí, algunos con curiosidad y otros despectivos. Sabía que Louis me deseaba destruir por muchos motivos, entre ellos celos. Desconozco si Louis ama a Lestat, pues es un ser demasiado complicado y lleno de pensamientos contradictorios, pero no soporta que lo comparen conmigo del mismo modo que yo no soporto que me equiparen a un estúpido como él. No pude siquiera acercarme a besar sus labios, acariciar sus cabellos dorados y jurarle amor. Extrañaba su aroma pegado a mi piel, pero no sus miradas. Cuando él me miraba en la reunión sentía que me excitaba y rogaba que los echara a todos, quería que los expulsara de su casa, para que me hiciera suyo haciéndole olvidar a esa maldita bruja.

Durante algunos días me había recluido, alejado de cualquier ruido y visita, para poder escribir una gran obra. Sabía que podría conseguir el renombre que tuve en otra época, conseguir un grupo de patéticas marionetas mortales y que representaran justo lo que yo quería que mostrasen. Los horrores de los infiernos puestos al servicio de todos, como si fuera una obra benéfica para la humanidad. Así que había decidido llevarle aquella obra de teatro, junto a la música que sonaría, para que él me diese su opinión. Jamás había pedido su aprobación, pero él tenía mayor contacto con la época en la cual nos desenvolvíamos. Me sentía ansioso por sus caricias y sus labios recitando cada frase.

La ropa que había elegido estaba sobre mi cama revuelta y yo me encontraba aún, a pesar de mis deseos, con la toalla en la cadera. Un miedo atroz me hizo sentir mareado. Comencé a sospechar que él no estaría en su mansión, sino que se había desplazado a buscar a esa mujer. Así que rompí a llorar de rabia. No suelo llorar de ese modo, lo juro, pero el saber que no era capaz de dejar a un lado ese amor y entregarse a mí, como debía hacer, me torturaba terriblemente. Con honestidad: Me molesta Rowan. Aunque no creo que la odie, sino los sentimientos que tiene él hacia ella. Odio que la ame y a mí me tenga como un juguete sexual. Nunca lo he admitido y siempre me engaño a mí mismo, pues yo fui su primer gran amor. Sin mí no sería nada ni nadie, me debe todo, así que jamás he querido aceptar que él no volverá a sentir lo mismo.

Si se preguntan si haría daño a Rowan, porque seguro que se lo preguntan, pues la respuesta es no. No, no quiero hacerle daño. Por un lado admiro que sea capaz de amar de ese modo, entregarse por completo a Lestat y sus estrafalarios sentimientos, y por el otro creo que ella no tiene la culpa. No es culpable en absoluto del amor que se tienen, pues es algo natural. El odio, el cual llena el alma de cualquiera, no lo es. Odiar no es natural, aunque suena extraño por parte de un demonio. Pues odiar significa que amaste y no sabes aceptar que ya no tienes nada que hacer en la vida de esa persona. Pero me gustaría que Lestat dejase de amarla y venerarla como si fuese la Virgen María. Sí, eso sí que lo odio. Odio que no puedan olvidarse el uno del otro, pues yo no encajo en la ecuación.

Así que allí estaba de pie a la ventana, escuchando la ciudad despertarse en plena oscuridad, rogando una solución. Y creo que esos ruegos despertaron el interés de cierto ser que creí desaparecido de mi vida.

—Vete—dije cerrando los ojos mientras me rogaba a mí mismo ser fuerte—. Me abandonaste, así que no tienes derecho ya sobre mí.

—Nicolas ¿cómo te atreves a tratarme así?—susurró inclinando su alta figura contra la mía, mucho más baja, mientras se apresuraba a rodearme con sus fuertes brazos por debajo de mis axilas—. ¿Es así como tratas a tus viejos amantes? Ah, no... debo ser Lestat para que te abras de piernas ¿no es así?—sus palabras eran veneno y buscaban molestarme.

—Rompiste tu pacto—abrí mis ojos observando sus manos enormes, aunque indudablemente hermosas, acariciar mi vientre y torso—. Y no fuimos amantes, pues tú jamás me amaste.

—Si no te amo ¿por qué te soporto? Yo te amo Nicolas y tú me amas—dijo con una voz acaramelada que arrojó con un cálido aliento cerca de mi mejilla derecha, justo bajo el mentón, provocando que jadeara.

—No te va ese disfraz—sonreí con amargura.

—Está bien, no te amo—dijo soltando una honda carcajada—. Pero como eres tan estúpido de creerte los te amo de Lestat, pues pensé que conmigo sería igual—aquello me hizo temblar.

Todos mis miedos estaban golpeando a la puerta, con saña y decisión, mientras yo intentaba no dejarlos pasar. Lestat debía amarme, pues todas esas palabras hermosas que me ofrecía no podían ser otra cosa que amor. Aunque era cierto que sólo lo hacía cuando estábamos en la cama, con él entre mis piernas, y terriblemente satisfecho por como me llenaba.

—Piensa en esa bruja cuando te lo hace ¿alguna vez te ha mirado a los ojos y te ha dicho todas esas bonitas frases?—comentó con un tono divertido y grotesco.

—¡Me ama!—grité furioso para girarme y verlo allí, con un traje de sastre impecable y el cabello perfectamente peinado—. Vete, hemos roto nuestro pacto. Yo cuidaré de Lestat, él no volverá con Rowan y tú puedes hacer a Julien héroe de todos los Mayfair. No tienes que preocuparte por él si lo tengo yo ¿no es así? Déjalo, olvídalo, márchate y abandona mi vida—dije con la voz temblorosa.

—Que poco decidido—susurró mirándose las uñas de la mano derecha—. ¿Realmente quieres que me vaya? Entonces dame tu cuerpo, tus poderes... en definitiva... tu vida.

—No, no puedo darte mi vida. Tengo planes—dije asustado.

—Ah, planes—murmuró alzando ambas cejas y frunciendo suavemente su ceño—. Que conmovedor. Suenas igual que un mortal, ¿no es así? Bueno, así sonabas la primera vez que nos conocimos.

—¿Qué quieres de mí?—pregunté intentando parecer más razonable.

—No me gusta que mis juguetes los toque otros—estiró su brazo derecho y me tocó el mentón con el dedo índice y corazón— y por supuesto no me gusta que mis peones se crean con derechos que yo no le he dado o daré.

—Lestat me necesita—susurré dando un paso atrás y él decidió tomarme del rostro con ambas manos.

—¿Sabes con cuantos ha estado mientras tú te esmerabas por pavonearte como puta en rebajas?—preguntó clavándome otro doloroso puñal—. No sólo se ha pasado por su bragueta a cuanta mujer ha deseado, sino también a viejos amantes. ¿Y si ahora ha ido con Louis? Oh, ¿te imaginas? Él Louis dulce y entregado a todos sus caprichos como fierecilla en celo. Imagina únicamente el espectáculo de Louis oscilando sobre él, gimiendo su nombre y él rogándole una nueva oportunidad—negó suavemente mientras me acariciaba los pómulos y palpaba mis labios—. ¿Estás llorando? Nicolas ¿eso son lágrimas?—dijo echándose a reír—. Ve, enséñale tus tontos poemas y dile que ha sido tu inspiración. Ruégale cariño, ofrécele tu corazón y él te hará el amor pensando en Rowan.

—¡No!—dije apartándome de él—. Sólo me manipulas. Quieres que deje a Lestat para hacerle daño.

—¿Y eso no es lo que tú querías?—me pegué a la pared sintiendo el frío del muro contra mi espalda, pero más frío sentía en mi pecho.

—Yo...

—Él mismo te lo dijo Nicolas, pero claro tú olvidas pronto—era horrible sentir sus manos en mi rostro, pero aún más terrible fue ver como se movían hacia mi pecho—. En cuanto está dentro de ti y te hace gemir como puta, una puta bien entrenada, omites los detalles más dolorosos creyéndote cada te amo falso que él repite para que te enciendas—cerré los ojos y pude verme en su cama, con él encima sonriendo, jurándome en francés que era su pequeño violinista, su gran amor, mientras me dejaba bajar la ropa interior. Lestat amaba coquetear conmigo haciéndome recordar momentos preciados de nuestro pasado, los cuales venían como oleadas eléctricas de placer, y cuando lo sentía dentro estallaba la locura. Su miembro algo más frío que mi interior, tan duro como grueso, me hacía gemir con los pezones duros y las piernas temblorosas buscando aprisionarlo contra mis muslos—. Ni siquiera piensa en ti cuando arremete, sino en la cálida vagina de una bruja que está a cientos de kilómetros y que no volverá a tener—negué llorando, pero sabía que era cierto. Los besos de Lestat siempre fueron falsos. En un principio me quería para saber de París, después para ser su billete a la libertad y por último para abrirle las puertas de aquel miserable teatro. Debí quemar el teatro yo y no Louis. Y ahora, que había regresado para vengarme, me usaba para hacerme olvidar todo el daño que me había hecho y me hacía. Me usaba como su puta privada. Memnoch, con su voz profunda y gruesa, me recordaba que era menospreciado por completo—. Mira que has caído bajo ¿no lo crees? Dime ¿no has caído bajo? ¿No prefieres volver a ser recordado y temido? ¿O es que ahora te gusta ser la esclava de un vampiro? Al menos, a mi servicio, serías uno de mis súcubos más poderosos.

—¿Qué debo hacer?—pregunté para mí, no para él, pero de igual modo respondió.

—Hazle caso a tu amo, porque soy tu amo Nicolas—dijo agarrándome del cuello con su diestra, casi asfixiándome, para tirar de mi toalla con la izquierda—. Eres mi puta y detesto que mi puta se abra para otros, así que voy a recordarte quien te domina.

Sentí un ardiente deseo de observar su miembro y sentirlo, del mismo modo que los golpes que él liberaba contra mi cuerpo. Tomó con su mano izquierda mi muñeca derecha y llevó mi mano a su bragueta. Gemí mordiéndome los labios y noté como apretaba más sus dedos entorno a mi garganta. Estaba a punto de perder el conocimiento por la fuerza bruta que estaba usando, pero pronto relajó su agarre y puso su mano diestra contra mi hombro para que me arrodillara.

Hundí mi rostro en su bragueta y busqué el cierre con mis dientes, para bajarla y lamer su ropa interior oscura. Él me miraba serio e implacable. Sabía que estaba furioso y yo debía contentarle, aunque fuese unos minutos. Me soltó para bajarse los pantalones, tomando la correa para doblarla y dejarla enrollada en su mano derecha.

Su carne dura rozó mis labios y decidí besarla, pero aquellos ojos encendidos me hicieron pasar a lamidas intensas y pequeñas succionadas. Mi entrepierna cobraba vida y pronto estaba excitado imaginando su sexo en mi interior. Levantó su brazo derecho y me golpeó con la correa en el rostro.

—¡Más rápido puta! ¡Más rápido!—dijo echándose a reír—. ¿Ves? Sólo eres una puta.

Aumenté mis succiones tirando de su delicada piel, buscando abarcarlo mientras cerraba los ojos disfrutando. Imaginaba otra expresión en su rostro, una que me calentaba de pies a cabeza. Quería pensar que había regresado por celos, como así había sido, pero hacia mí y no hacia Lestat. Mi corazón se agitaba y mis sentimientos quedaron confusos. Sentía los dedos de una de sus manos contra mis cabellos, acariciándolos como si fueran de seda, para de inmediato notar como tiraba de ellos. Su pelvis se descontroló y comenzó a follarme la boca, bombeando con fuerza, con sus testículos golpeando con rabia mi mentón.

—Oh, así—susurró agarrándome con sus enormes manos de la nuca.

Noté como se enterraba jadeando y también como provocaba que me viniese. El suelo quedó manchado por mi semen, igual que mi vientre y parte de mis muslos. Tosí porque me ahogaba, ya que el venirme me hizo quedarme sin aliento.

—Perra—masculló saliendo de mí con su miembro bien hinchado. Tenía decenas de venas rodeándolo, con mi saliva pegada en varios hilos hacia mis labios y sus testículos inflamados—. Esto es sólo un recordatorio.

Me levantó del suelo, pues temblaba y jadeaba sin tener conocimiento de dónde estaba, para colocarme de espaldas y penetrarme. Fue doloroso, grité echándome a llorar, pero pronto estaba gimiendo su nombre y rogando que me amara.

—Ámame a mí, soy mejor que él—dije en un momento dado mientras notaba sus labios pegarse a mis hombros, justo antes de sentir sus dientes enterrándose en la carne.

Llevaba un ritmo brusco y rápido, pues sólo buscaba su placer. A pesar de todo me excité de nuevo y al eyacular dentro de mí, con un torrente cálido y pegajoso, yo llegué a un orgasmo que me hizo liberar un poco más de mi semen contra la pared. Pero ni siquiera pude disfrutar esa sensación pues antes que pudiera girarme, para besar su boca y jurarle lealtad, se había ido.

Hace casi una hora que se fue y aún siento su presencia. Estoy seguro que me vigila y está esperando a que corra a brazos de Lestat, pues ahora confía en mí, para manipularlo y llevarle por el camino que Memnoch desea. No sé que hacer. Tengo miedo de estar equivocado y el amor que siento es tan desastroso como temible. Debo obedecer, pues desapareceré si no lo hago, pero algo me retiene observando mi obra de teatro. Posiblemente esta noche yazca en brazos de Lestat jurándole amor, pero mañana esté clavando la daga de al traición.


De violinista parisino a puta del diablo, ¿podré redimir mis pecados?

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt