Bonjour
Aquí les dejamos hoy con un texto hecho por Armand recordando a Benji, criatura de Marius y que él conoció como mortal. Ya saben, el pequeño ladrón que nos roba el corazón, la billetera y todo lo que puede.
Lestat de Lioncourt
Siempre me he considerado parte del
mal, una fuente inagotable de dolor y miseria. En un tiempo creí que
podía ser bueno, una hermosa obra que se moldea con el tiempo, pero
eso fue antes de las revelaciones junto al fuego. He sido el líder
innato de cientos de vampiros, imponiendo mi respeto y mis leyes,
mientras otros viajaban en un torbellino de placer y deseo
inagotable.
El mundo cae sobre mis hombros como si
fuera una pesada losa, aplastando mis hombros y hundiendo mi alma. He
visto mis sueños dilapidados, por el simple hecho de haberlos visto
imposible, y el amor huyendo precipitadamente, mientras me sentía
solo. Necesité un abrazo, unas palabras de sincero cariño y un beso
que me hiciese creer que realmente merecía la pena vivir.
Cuando le miro, como si fuera un ángel
bizantino, siento una profunda paz. En sus terribles ojos oscuros hay
una historia triste que le hizo ser fuerte, acercarse a mí y rogar
por ser comprendido. Él me ve como un dios, un demonio que puede ser
santo, pero la verdad es trágica y distinta. Mis dedos se hunden en
sus rizos, acaricio sus suaves mejillas y contemplo la obra maléfica
que ha obrado la sangre de Marius. Nunca crecerá ni morirá. Por
siempre será mi pequeño Benjamín.
—¿En qué piensas Dybbuk?
—Deberíamos salir ¿no te apetece mi
amor? Fuera donde la noche es cálida, cargada de humedad y aromas.
Podríamos pasear por las laberínticas calles de ésta ciudad.
—Si es contigo sí.
Si él supiera que siento cierto miedo
a su odio, ese que aún no nace, porque no quiero separarme de sus
pequeños brazos rodeándome el cuello, de sus labios dejando besos
en mis mejillas y de su hermosa sonrisa de aparente inocencia. Marius
lo ha condenado porque él me amaba incondicionalmente, como si fuese
eso un regalo bendito que ni siquiera mi maestro se detiene a sentir.
Hizo lo que hizo para limpiar su conciencia, pero ensució la mía.
—Claro que es conmigo, pues no te
dejaría solo.
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