Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 27 de mayo de 2014

Leonore - ARCHIVO TALAMASCA

Este Archivo Talamasca que me deja subir aquí David es bastante inquietante, como largo, por eso hemos decidido subir la primera parte, que es introducción, para que ustedes puedan ir introduciéndose. 

Lestat de Lioncourt 


PRIMER CONTACTO

Había llegado al cementerio acobijándose bien con la chaqueta. A pesar de ser una noche de primavera hacía frío, ese frío que entra en los huesos y te hace castañetear. David se había preparado para lo peor. En un maletín llevaba un par de cuadernos, un bolígrafo y una grabadora. Prefería los viejos métodos a sistemas modernos que podían fallar, pues eran más frágiles y a veces menos fiables. Las viejas cintas eran mejores por su resistencia y él se negaba a usar grabadoras mucho menos pesada, de tamaño reducido, que podían quedar en nada con un mal golpe en una huida.

Sus pasos eran rítmicos sobre la gravilla, la misma que crujía bajo su peso, mientras que sus ojos se movían rápidamente buscando cualquier sombra. No se sentía solo, pues sabía que allí también había ánimas aunque no tan desafortunadas como las que solían rondar las viejas viviendas coloniales. Se paró sobre una tumba en concreto, la fecha era de 1773 y estaba cubierta de hojarasca, moho y flores marchitas puestas quizás por lástima; era imposible que alguien conociera a la víctima, pues hasta su familia lo había olvidado.

Con curiosidad se agachó frente a ésta, acarició la inscripción y suspiró. Había visitado aquel lugar tantas veces que ya conocía el rugoso tacto de la piedra, como ésta tenía una pequeña grieta y parecía estar cada día más y más sucia. Dejó el maletín entre la lápida y él, lo abrió y sacó la grabadora.

—He estado en tu casa—dijo encendiendo el aparato—. Allí me has recibido, pero también te siento aquí—miró el nombre y suspiró—. Leonore, por favor.

De improvisto sintió que alguien lo vigilaba. Tras él había una delgada figura de cabellos negros, moviéndose con la suave brisa sureña, y vestida con un traje blanco de encaje. Él se giró lentamente para ver bien su rostro aniñado, sus manos sobre sus faldas a punto de cruzarse entrelazando sus dedos, y sus pies desnudos. Tenía una expresión afligida, pero también denotaba en sus rasgos que se encontraba interesada en David.

—No, no—negó.

—¿No?—preguntó—. ¿No eres tú?

—No, no—repitió—. No soy yo—estiró su brazo hacia la tumba señalándola—. No estoy ahí, no soy yo.

—Te enterraron aquí tus padres, tras una terrible tragedia. Tu hermana desapareció y tú moriste poco después—explicó recordando los datos anotados en una de sus libretas.

—No, no—musitó antes de desaparecer.

Durante más de una semana estuvo investigando sobre la mujer que se hallaba en el cementerio. Sin embargo, sus datos debían estar equivocados. Alguien le había facilitado erróneamente datos confusos o equívocos, pero era comprensible porque la familia de Leonore ya no se encontraba en New Orleans, la vivienda había sido vendida hacía más de dos décadas a otra familia y desde entonces intentaban vivir en ella; esta familia no había logrado permanecer más de unas horas en la vivienda sin sentirse vigilados, confusos e incluso agotados.


David ya no era miembro de la orden, sin embargo, los misterios que se sucedían en la ciudad eran para él fuente de inspiración, motivación y cierta empatía. Había logrado amar New Orleans del mismo modo que amó en su día Brasil o los pasillos de la vieja orden. Aquel misterio lo resolvería, costase lo que costase. Viajaría si era preciso a Inglaterra donde vivía ahora la familia, tras regresar a sus orígenes, si era preciso. No le importaría hundirse en aquel misterio con tal de dar descanso a un alma atormentada.   

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt