Un recordatorio de David a Merrick, ¿la recuerdan? Tuvo un fatal desenlace.
Lestat de Lioncourt
Su aspecto era delicado y su piel
parecía hecha con el calor del sol de New Orleans. Poseía gemas por
ojos, unas hermosas piedras preciosas, que te perseguían llevándote
de cabeza al infierno. Sentía que llevaba mil vidas en su alma y que
su sabiduría no era de éste mundo, pues me sentía atrapado por
cada palabra que lanzaba con toda rotundidad. Era tan sólo una niña
y cuando maduró se transformó en una mujer apasionada que le
gustaba manejar a los hombres, pues a mí me sedujo hasta
destrozarme.
Recuerdo perfectamente sus últimas
palabras hacia mí, su brusquedad y sinceridad. Las discusiones entre
ambos se habían convertido en algo habitual, pero aún así la
amaba. Podía ver que no se encontraba satisfecha y que parecía no
hallar paz en un mundo de tinieblas. Las sombras la atrapaban,
acariciaban su cuerpo lleno de peculiares curvas y hacía temblar sus
piernas.
Merrick era una mujer libre y
cautivadora, con fuerza y belleza arrolladora, pero decidió
marcharse sin despedirse. Sentí de inmediato que ella ya no
pertenecía a éste mundo, me incorporé de la mesa dejando la
documentación y pude sentir como el nerviosismo me hacía temblar.
Lestat me confirmó mis sospechas, pero aún así durante un tiempo
no quise creer que ella se había ido. Deseaba creer que su espíritu
regresaría, pero no fue así.
Mi gran amor, el mayor de todos los que
he tenido, desapareció como si jamás hubiese existido.
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