Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 8 de mayo de 2014

Recordando

Un recordatorio de David a Merrick, ¿la recuerdan? Tuvo un fatal desenlace. 

Lestat de Lioncourt 


Su aspecto era delicado y su piel parecía hecha con el calor del sol de New Orleans. Poseía gemas por ojos, unas hermosas piedras preciosas, que te perseguían llevándote de cabeza al infierno. Sentía que llevaba mil vidas en su alma y que su sabiduría no era de éste mundo, pues me sentía atrapado por cada palabra que lanzaba con toda rotundidad. Era tan sólo una niña y cuando maduró se transformó en una mujer apasionada que le gustaba manejar a los hombres, pues a mí me sedujo hasta destrozarme.

Recuerdo perfectamente sus últimas palabras hacia mí, su brusquedad y sinceridad. Las discusiones entre ambos se habían convertido en algo habitual, pero aún así la amaba. Podía ver que no se encontraba satisfecha y que parecía no hallar paz en un mundo de tinieblas. Las sombras la atrapaban, acariciaban su cuerpo lleno de peculiares curvas y hacía temblar sus piernas.

Merrick era una mujer libre y cautivadora, con fuerza y belleza arrolladora, pero decidió marcharse sin despedirse. Sentí de inmediato que ella ya no pertenecía a éste mundo, me incorporé de la mesa dejando la documentación y pude sentir como el nerviosismo me hacía temblar. Lestat me confirmó mis sospechas, pero aún así durante un tiempo no quise creer que ella se había ido. Deseaba creer que su espíritu regresaría, pero no fue así.


Mi gran amor, el mayor de todos los que he tenido, desapareció como si jamás hubiese existido.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt