Tarquin ha querido regalarnos este hermoso escrito para Mona. ¡Espero que les guste! A mí me ha parecido algo poético y magnífico. No sé que pensará la criatura a la que va destinada la carta, pues siempre es una caja de sorpresas.
Lestat de Lioncourt
El mundo se transformó en arte, novela
de intriga y poesía seductora cuando te conocí. Porque para crearte
cayeron flores sobre tu rostro, salpicándola con sus pétalos,
creando así las pecas de tu piel. Tus cabellos son el fuego salvaje
que yace en la profundidad de tu corazón, ahí donde se alberga tu
alma. Los campos de esmeralda que se alzan con su verde frescor, como
hierba recién cortada, es el refugio sagrado de mi amor.
Recuerdo tu cuerpo menudo aplastado
contra el mío, tus brazos arañando mi ropa y tus lágrimas
bordeando tus mejillas hasta tu boca. Te besé. Recuerdo que ese beso
fue el más amargo de mi vida. Tan delicada, tan dulce, tan
pequeña... habías sufrido tanto que ya ni siquiera recordabas
motivos para reír. Siempre te han acusado de rebelde, pero no saben
que cada uno de tus actos están hechos por la necesidad de vivir. Te
aplastaron las alas nada más nacer, arrojaron estas lejos de ti y
ahora que las posees vuelas libre como si fuese lo único que debes
hacer.
Te convertiste en una pequeña criatura
envuelta en escasa tela, gigantescos tacones y elegantes bolsos
cargados de dinero. Eras una niña olvidada por su familia, salvo por
su abuela y por una tía demasiado protectora, que veía como sus
padres se mataban con la bebida y nadie la tomaba en cuenta. Cuando
tomaste relevancia para todos, con una fuerza inusual, supiste que tú
serías la reina de New Orleans. ¡Y te conocí! Te conocí tan
resuelta, tan fresca, tan débil a la vez y a punto de fallecer en
mis brazos sin saberlo.
Nadie me había comprendido como tú.
Nadie me ha hecho feliz como lo haces tú. No importa cuánto dinero
tenga si no puedo disfrutarlo contigo, tampoco me interesa el mundo
si no es de tu mano. Me he convertido en un hombre distinto, esclavo
de la pasión, que sucumbe ante tu risa escandalosa y tus lágrimas
calientes.
Te amo, sin duda te amo... ahora y
siempre, para toda la eternidad. Dejaste de ser la Ophelia de Hamlet
para ser la mía.
Tu Abelardo,
Tarquin Blackwood.
No hay comentarios:
Publicar un comentario