Lestat de Lioncourt
Te recuerdo como si fueras una
bailarina bajo la lluvia, danzando entre la dulce sensación de
frescor y la pesadez de las ropas empapadas, alzas tus brazos
convertidos en alas en busca de la luz. Una criatura convertida en un
ave de paraíso perdido, completamente arrasado por la mentira y la
codicia, buscando la libertad que nunca se le concedió. Pensamientos
de mujer, rostro de porcelana y carácter de niña atemorizada. La
lluvia que había empapado tu túnica no era más que perversas
lágrimas de dolor, hermosas rosas carmesí que brotaban salpicando
la tela, y tus manos temblaban completamente empapadas. Parecías tan
débil, pero a la vez emanabas una fuerza irresistible.
Me encontraba en mi hogar, a cientos de
kilómetros de árbol que siempre creí que me protegería, contigo
entre mis brazos, atrapándote como ramas y raíces. Te habías
convertido en mi compañera, mi hija, mi hermana, mi preocupación,
el ser más vulnerable que había conocido en mucho tiempo y aún así
tan sólo eras una desconocida que me pedía desconsoladamente amor.
Sin embargo, mi amor ya era tuyo. Dejé mi corazón en tus dedos,
bombeando palabras inconexas, mientras besaba tu rostro.
Tu recuerdo permanece, como mis
sentimientos, pero no estás aquí. Te encontraré Zenobia, pues
pertenezco a tu lado como tú perteneces al mío.
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