Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 1 de julio de 2014

Sin despedidas

Mona ha decidido arrancar una página de su diario personal para dejarlo aquí, entre nosotros. Es la primera vez que lo hace y espero que no sea la última.

Lestat de Lioncourt 


Todo había ocurrido demasiado rápido. El silencio se había hecho presente en su mundo. Encerrada en su vieja habitación, con sus antiguas cosas recordándole que no hacía mucho era todo distinto, sintió el deseo de huir. Michael le había pedido que empaquetara sus pertenencias, pues como heredera al legado debía vivir en First Street.

Aún no podía aceptar el hecho que todo hubiese ocurrido así. Sentía como el mundo le pesaba demasiado y que lo poco que había vivido, fuera de los muros de la vivienda de la calle Amelia, era un sueño. Pronto se despertaría, bajaría las escaleras y se encontraría con el perturbador mundo que tan bien conocía. Su madre, Alicia, estaría ebria ya a las nueve de la mañana; su padre posiblemente dormido, en uno de los incómodos sofás; su abuela, la dulce anciana Evelyn, estaría observando en silencio la calle, sentada en una de sus sillas mientras se apoyaba en el bastón. Todo estaría tal y como había estado siempre. Su tía llamaría, Ryan se escucharía murmurar no muy lejos del aparato y el bocinazo del coche de Pierce a lo lejos la alertaría.

Pero no. No era así. Y no, no era eso lo que le dolía. A ella le dolía la desaparición completa de su escasa inocencia. La crueldad con la cual Lasher había hecho su aparición y sobre todo, por encima de cualquier cosa, el saber que había sido madre y no tenía siquiera una cuna vacía que observar para recordarlo. No, no había nada. Se sentía vacía. Había convivido con aquella criatura semanas, se había desarrollado en su vientre completamente sana y había venido al mundo para llenarla de dudas, preguntas misteriosas y una luz distinta a todo. Morrigan había desaparecido.

Muchos decían que era como un animal, pues siempre estaba buscando el rastro que la llevaría hasta su triunfo final. Sí, aguardaba el momento. Ella quería ser coronada como la reina del mundo. Ella, que era tan parecida a su madre, ambicionaba poder y ansiaba triunfar más allá de New Orleans. Y entonces, como de la nada, la chispa se encendió, sonaron los cristales y ni siquiera un beso de despedida. Morrigan se había esfumado del mundo, su mundo, pero no de su corazón.

Cuando miraban a Mona veían a una niña, pero ella hacía mucho que se sentía mujer. Hacía tanto tiempo que había dejado de ser lo que todos creían que ni siquiera ella misma sabía la fecha exacta, pero aún así había conservado las cintas en su cabello y algunos trajes inocentes. Sin embargo, ya no vestía siquiera esos trajes. Estaba convertida en una mujer, sin pasar por la previa adolescencia, recordando amargamente en aquel lugar cada tecla que había pulsado en su ordenador, sensación y sueños sobre su almohada. Había sido madre, pero ni siquiera podía contárselo a nadie lejos de la familia. ¿Quién creería que el parto tuvo lugar en una casa destartalada? ¿Cómo podría explicar que su hija se había fugado para formar su propia tribu? Ni siquiera era humana. ¿Y ella? ¿Era humana ella?

Se descalzó de sus bailarinas, dejándolas a un lado, para luego sentarse en la cama subiendo los pies. Su rostro parecía el de una muñeca de porcelana, como la que había llegado para Rowan y que necesitaba una peluca urgente, a punto de desquebrajarse. Su labio inferior tembló, sus ojos verdes se aguaron y soltó un terrible alarido que recorrió toda la casa como si fuera un gran sismo. Michael, que se hallaba en el piso inferior recogiendo algunas pertenencias, la escuchó. Quiso correr hacia ella, pero Rowan le había pedido que la dejara sola para que se desahogara. Él era el detonante, si se acercaba demasiado recordaba aún más aquella niña. Jamás se lo perdonaría. Nadie nunca se perdonaría nada y ese era el mayor regalo que había dejado la aventura que habían pasado. Sí, un regalo trágico.


10:30 de la mañana del 12 de julio de 1993

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt