Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 18 de julio de 2014

El demonio

El siguiente fragmento permanece en mi memoria, pero surge a veces como una llamarada. 

Lestat de Lioncourt 


—El veneno en corre por mis venas es tan tóxico que se convierte en notas hirientes, esas que puedes encontrar en las viejas partituras entre libros polvorientos. He regresado a éste mundo con el firme propósito de conquistarlo con mi enloquecedora venganza. Mírame, he estado en el infierno y he paseado entre sus ascuas imperecedera—una pequeña risa macabra sacudió el ambiente, sus ojos oscuros tenían un toque dorado, casi infernal, que le otorgaba a la mirada cierta fuerza. Estaba vivo y vacío de amor hacia los demás, salvo hacia su violín y sus retorcidas musas—. Nadie puede pararme, nadie.

—Nicolas...—balbuceó—. Ya basta—dijo incorporándose para enfrentarlo—. ¡Basta!

—Basta gritaba mi corazón. Basta decía. Sin embargo, ¿te detuviste? No, tú nunca te detienes. Me enloqueciste, me distes unas alas y una luz que no me pertenecían, y cuando te cansaste de mí... Oh, pobre títere en tus manos... me dejaste abandonado como si jamás me hubieses conocido—sus palabras tenían fuerza. Las palabras siempre tienen fuerza y ritmo, sobre todo cuando nacen del corazón y exhalan los sentimientos más profundos que posee el alma—. ¡Te amaba!

—Nicolas, te imploro que si aún me amas...—comentó extendiendo las manos hacia el frente, intentando tenderlas y tocar los brazos inertes de Nicolas. Era una figura impresionante en mitad de aquel gigantesco decorado, y encajaba a la perfección.

—¿Si aún te amo?—preguntó alzando una de sus magníficas cejas negras—. Eres tan divertido... ¡Tan divertido!

—¡Nicolas!—gritó precipitándose hacia el foso, para luego subir al escenario escalando como un animal en busca de su presa.

—No te acerques—dijo pateándole para arrojarlo al foso, donde aún estaban las sillas de los restantes músicos.

—¡Nicolas!—dijo de nuevo desde el suelo.

Su viejo amante había enloquecido. Sobre todo cuando comenzó a recitar frenéticamente tantas palabras, con aquellos ojos endiablados y esos labios tan fieros. Sus palabras tomaban sentido cuando morían en sus oídos, pero no quería creerlas.

—Y la sangre me hará gritar en la oscuridad cada noche, por los siglos de los siglos. Era una criatura que ya se encontraba en un páramo oscuro, vigilado por los ojos de un gigantesco cuervo, que ahora alza sus alas triunfante sobre la vida y sobre la muerte. Seré joven para siempre, pero con los ojos de un anciano y la sed de una alimaña. Me enterrarás en un ataúd llenos de clavos donde morirán cada uno de mis sueños, pues tú eres un engreído que se creyó Dios y me otorgó algo que jamás quisiste darme. El beso de la vida, el sello de la muerte. Mírame. La codicia inunda mis venas del mismo modo que el dolor recorre las tuyas. Quiero matarlos a todos, tomarlos en mis brazos y darles el último adiós. ¡Sólo el fuego podrá pararme! Pero ya he visto los infiernos. Has abierto el portal hacia las llamas más ardientes. Tú eres la llave de Satanás—su cuerpo se flexionaba y las cabriolas en el aire eran terribles. Pronto se colocó en el punto más alto del teatro, en uno de los palcos, con un par de brincos elegantes y rápidos. Sus pies quedaron sobre la barandilla y sus brazos se alzaron en señal de logro. El violín rápidamente tocó su barbilla y hombro, sus ojos se cerraron y comenzó a tocar completamente poseído.

—El demonio del violín—murmuró.


—No, el violinista del diablo.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt