Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 13 de octubre de 2014

Me siento extraño sin ti, solitario.

Khayman ha regresado con una nueva joya. Realmente espero que siga haciéndolo. Es el más viejo de todos. Más de 6.000 años son muchos años. 

Lestat de Lioncourt 

Es un mundo extraño de personas extrañas que miran con extrañeza la simplicidad de sus vidas. Caminas bajo las diáfanas luces de las ciudades sintiéndose solos en medio de una montaña de almas que transportan los cadáveres de viejos sueños, momentos felices desdibujados y de sonrisas amargas. Personas que beben sus vidas y las ahogan en whisky barato. El humo del cigarrillo se convierte en un aroma dulce junto al del carburador de los motores encendidos. El tráfico tiene su propio perfume, y es pegajoso como la colonia de las damas de alta sociedad. También posee una melodía perfecta de dolor y esperanza. Todos poseen una esperanza, aunque sea vana, y de éste podo se permiten vivir.

He visto tantas ciudades y todas son la misma. No importa que tan alejado esté de casa, si es que aún poseo una, porque siempre termino encontrándome los mismos problemas clavados en el alma. Los villanos siempre sonríen despreocupados, sobre todo cuando me acerco a darles último beso de buenas noches. Mi automóvil se desplaza por la ciudad como si fuera un gigantesco ataúd, la radio se convierte en plegarias por las almas arrebatadas y el vino de la misa es la sangre que recorre mi garganta y calienta mis mejillas.

Hoy regresé a tu lado. Permití que mis ojos se hirieran con el fuego de tu cabello. Estabas desnuda en aquella habitación y tejías. Tus dedos se movían sobre el telar como las patas de una araña. Parecías tan concentrada que me sentí tentado a guardar silencio, pero sé que sabías que estaba allí deleitándome con tu magnífico espectáculo. Tu espalda diminuta, de hombros pequeños, te hacía lucir como una muñeca sin hilos. Me acerqué a ti, con las manos vacías, para colocarlas sobre tus brazos y deslizarlas hasta tus muñecas.

—La bondad de tus manos, siempre olvido la bondad de tus manos—dijiste girándote suavemente.

Varios cabellos cubrían tus pechos desnudos. Parecías una diosa perversa, pero a la vez eras la mujer que arranqué de su tierra para ser condenada. Yo te condené. Nos condenamos todos. Eras tan hermosa. Tu hermana tan salvaje y tú también. Os quise a ambas, pero me enamoré de ti. Aún recuerdo la maldición. Ella, tú y yo malditos por siempre. Malditos sin poder ver la luz del sol. Convertidos en monstruos grotescos que parecían carecer de alma, pero si te seguí amando y necesitando era porque aún era el hombre que conociste. Cometí grandes pecados. Pero el mayor de todo lo cometo a diario cuando me aparto, salgo a las junglas de asfalto y sonrío con cierta malicia a los extraños que caminan a mi lado.

—Yo siempre regresaré para recordarte cuanto te amo—susurré besando tus mejillas y tú me abrazaste.

Un abrazo. Algo tan simple y poderoso. Un abrazo que transmite todo. Transmitió paz ese abrazo. Una paz y un amor tan fuertes como la paz y el amor que yo deseaba darte. Maharet, tú siempre serás para mí el símbolo de lo que soy realmente.



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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt