Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 12 de octubre de 2014

Salvadlos

Cuando conocí a Ashlar no tuve el placer de poder conversar con él. Ya era un ser muerto, conservado en hielo y fruto de las lágrimas de los tres hijos que sobrevivieron al desastre. Silas lo envenenó lentamente. No pudo detener aquella locura. Él no se veía capaz de matar a su pueblo. 
Aquí una carta que dejó a Rowan y Michael. Él tenía esperanzas que pudieran salvar algo. 


Lestat de Lioncourt 


Desde lo profundo de nuestros recuerdos, más allá de la vida y la muerte, se puede escuchar el eco del valle. Las almas danzan alrededor de las viejas piedras, las mismas que aún poseen un significado oculto para el mundo. Se alzan gigantescas, gloriosas, cubiertas de una pátina de misterio y belleza. Allí, reunidos bajo las estrellas, aún se pueden encontrar las almas de los que acudieron a celebrar la vida. Irónicamente también fue el lugar donde otros celebraron la muerte, el odio, la miseria y el dolor. Ardieron tantos, pero tantos. Lloraron cientos de niños con cuerpos de hombres, de rostro hermoso y ojos intensos como sus padres. No pudieron calmar sus gritos. Nadie pudo callar la miseria que allí sucedió. El dolor en mi corazón, en el corazón de todo aquel que puede recordar el valle. Siempre iremos al valle estemos vivos o muertos. Caminaremos danzando hacia las tierras que nos acogieron.

Siempre fui el líder. Jamás tuve otra condición. Un macho joven, atlético y sin miedo a imponer nuevos retos. Alguien que desafiaba a todos con la mirada y una sonrisa bondadosa. Quería salvarlos y darles una nueva tierra. Fui quien construyó las balsas, el mismo que inventó miles de objetos. Amaba a mi pueblo y ellos me amaban a mí. Mis queridos hermanos, hermanas, amantes, nietos y restantes familiares. Éramos una gran familia. Nosotros vivíamos un amor puro, intenso y lleno de rituales para mantenernos en paz. Quise hacer lo mismo con mi familia, con mi nuevo pueblo y fracasé.

Hubo sangre, dolor, tragedia y cientos de los nuestros perecieron. Mis hijos, mis nietos y mi legado cayó en manos de desalmados peores que nosotros mismos. Ella dormía. Siempre dormía llena de dolor. Ella, la mujer que amé por última vez, me desafiaba. Juraba que yo amaba a otra mujer, la bruja que conocí en mi periplo buscando una compañera. Me marcó con sus ojos verdes, me juró que no la amaba y eso era falso. Amé a todos en aquella isla tropical. Los amé intensamente.

Era un misterio inclusive para mis hijos. Intentaba ser recto, dedicado, amable con todos ellos ofreciéndoles todo lo que me pedían y jamás pude imponerme ante los nuevos nacimientos. No podía matar la vida que surgía. Había vivido tanto tiempo solo con mi amargura, recordando los ríos de sangre manchando el pasto verde de nuestro valle. No podía. No era capaz. Matar no era lo que yo deseaba. Si mis manos se manchaban de sangre sería ayudando en un parto, no matando al nuevo Taltos.

Quisiera gritar alzando mis brazos a las estrellas. Necesito volver a alcanzar esa chispa de felicidad. Fui feliz. Me sentí dichoso. Jamás dejé de verlos a todos como la esperanza. El pueblo secreto, el pueblo de los Taltos. No nacimos humanos, no éramos humanos. Nosotros, criaturas bondadosas, nos torcimos en algún momento y la maldad se apoderó de todos nosotros. La ambición contaminó a mis hijos, la soledad me abrazó de nuevo y yo abracé a mi amada pelirroja por última vez. Envenenados, torturados por el dolor, y finalmente congelados esperando ser salvados. Mis hijos, mi legado, mi dinero y mis memorias quedaron abandonadas en una isla. Nos convertimos en náufragos de la historia y prácticamente zozobramos ante las costas de un mito que se diluye, y se pierde por siempre.

No me llamen santo. No fui santo. Sólo fui un padre que únicamente pudo llorar la crueldad de sus hijos, pues fue incapaz de contener la rabia y la codicia que germinaba en sus jóvenes corazones.

Rowan... Michael... salvadnos. Salvad lo que queda de mi pueblo.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt