Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 5 de marzo de 2015

Caminar a tu lado

Un nuevo fragmento de Khayman. Hacía algunas semanas que no teníamos nada suyo, ¿verdad?
Lestat de Lioncourt


La vida es contradictoria, pero terriblemente adictiva. Durante cientos de años caminé solo, sin sentir la compañía de otros y aceptando mi sombra como única guía. Mis pasos se volvieron pesados por momentos, pero siempre tenía la esperanza de la dulce venganza. Era el legado de una tragedia, un dolor inmenso que se propagaba como las luces de las estrellas, de un rincón a otro del mundo. Mi alma se agitaba, mis recuerdos quedaban seducidos y solía murmurar su nombre: Maharet.

Ella era la más fuerte, mi compañera y la madre de mi hija. En su seno el fruto floreció y caminó por las arenas de Kemet. Pasos que no vimos, camino que no supe si se torció, pero ella parecía dispuesta a conquistar el silencio y el tiempo. Volví a encontrarla tiempo después, en una angustiosa noche donde el cielo se iluminaba con la muerte de miles de jóvenes. Extraños se aferraban unos a otros, corrían tomados de las manos y buscaban refugio. Pero la reina, mi creadora y mi ambiciosa conocida, se dejaba cegar por sus creencias y orgullo. El mundo se estremecía y ella permanecía fuerte. Tan fuerte como siglos atrás. Supe que era hora de volver a caminar a su lado.

Nuestras voces se unieron, del mismo modo que nuestro destino. Supimos desde ese momento que no podríamos estar separados. La unión estaba fraguada. Los silencios habían sido intensos, pero la lengua parecía incómoda. Nos contemplábamos como la primera vez. Ella me fascinó, pero la herí con un acto salvaje. Sin embargo, entre mis brazos comprendió que la amaba. Jamás pude dejar de amarla. Nunca la olvidé. Sus ojos verdes, que fueron sacados de sus cuencas, me perseguían cada noche como si fuese el único recuerdo digno de aquella época.

Dejamos de ser extraños en la noche, para convertirnos en amantes. Empezamos a ser el germen sagrado. Fuimos convertidos en los fundadores de un nuevo culto, cientos de palabras refugiadas en pergaminos y viejos informes. Silencio que se quebraba con la visita de jóvenes que se aventuraban a pedir sabiduría y bendiciones.

Dije que si debía decir «Adiós» debía ser gracias a ella. Pues en sus brazos encontraría el camino al paraíso prometido en todas las religiones. Un paraíso donde iríamos ambos una vez abandonáramos este perverso mundo.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt