Pues yo creo que es un buen hombre, pese a sus pecados. Me gustaría conocerlo mejor y poder demostrarle que todo lo que hizo, en mi contra y en contra de sí mismo, está perdonado si sigue un buen camino y no vuelve a cometer los mismos errores.
Lestat de Lioncourt
Siempre he creído en la bondad del ser
humano. La belleza que posee este mundo es debido a los buenos
sentimientos que aún anidan en el corazón de los mortales, como
también de los inmortales. A pesar de la oscuridad que nos rodea,
incluso nos alienta, podemos seguir sintiendo la bondad y la virtud
que una vez conquistamos cuando tan sólo éramos unos niños
cargados de inocencia, sueños y buenos sentimientos. La luz nunca se
apaga. La vela siempre está encendida. Puede que no veamos la llama,
pero está ahí. Hay que mirar mucho más allá de nuestras sombras.
Hace tiempo que vivo en éste mundo. He
tenido que aceptar fracasos y victorias, como la mayoría de mis
compañeros de viaje. Conozco bien a la muerte, la he codiciado
muchas veces y me he disfrazado de ella para bailar con aquellos que
yacen en el olvido del mundo, pero no en el mío. Gracias a otros
estoy vivo. Debo darles gracias aunque fuesen peligrosos para el
resto, tan peligrosos como yo mismo.
No me creo mejor que otros. Muchos
opinan que los que vamos de santos sólo somos demonios con una
máscara distinta. Yo sólo deseo ser el hombre que siempre he sido,
el muchacho que meditaba sobre la virtud del mundo y de Dios mismo.
No espero nada más. Busco controlar mis impulsos y la maldad que
yace viva, como la bondad, jugando con nuestros deseos más salvajes.
Mi nombre es Benedict, que significa
“bendecido”. Desconozco si estoy bendecido o maldito. Todavía
intento indagar si existe Dios o si sólo es un símbolo de aquellas
buenas virtudes que deseamos mantener. Sea como sea, viajo por el
mundo con la maleta cargada de experiencias y sueños. Quiero creer
en la bondad, la virtud de la superación y el perdón.
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