Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 29 de abril de 2017

Consumida en dolor

Reconozco que no fui el mejor padre del mundo...

Lestat de Lioncourt 


«No apartes la vista de mí.
Acepta tu culpa, asume tu dolor.
No apartes la vista de mí.
Ofréceme de tu alma el sinsabor.»

En contadas ocasiones frecuentaba los viejos muelles sin autorización de mis padres inmortales. Era una visión estremecedora para los viejos marineros que creían estar alucinando debido al exceso de alcohol. Muchos miraban hacia fuera tras los turbios cristales de esos pútridos lugares cargados de libertinaje. Si iba allí a solas, sin que nadie pudiese juzgarme más que mis víctimas y yo misma, era porque necesitaba sosegar mis demonios.

Por aquel entonces yo sólo intentaba comprender qué sucedía conmigo, qué había de mal en mí. Veía a las mujeres en los regazos de los hombres conquistándolos con generosos escotes, risas descaradas y palabras sugerentes. Las veía convertidas en flores tóxicas que terminaban abriéndose en camas de ropas cochambrosas y arrugadas. Vendían sus carnes jóvenes y los hombres parecían adorarlas, aunque no todos se fijaban en ellas. Había quienes preferían la terneza de otros hombres más jóvenes o algo más robustos.

Observaba con mis perfectos ojos de muñeca lo pueril y desagradable que podía ser el mundo, pero también lo fascinante que era tener un cuerpo adulto. Mis pretensiones se quedaban en nada pues la coquetería no estaba bien vista en una delicada niña con zapatos de charol, medias de encaje y perfectos vestidos engalanados con lazos diminutos. Era delicada como mis supuestas compañeras de juego, las cuales amontonaba sobre la cama que no usaba.

Mis dudas sobre mi nacimiento se acumulaban como las sombras en mi alma. Era un veneno amargo e irritable. Buscaba la verdad a altas horas en las bibliotecas, espiaba a Lestat por si hallaba alguna solución al misterio y preguntaba constantemente a Louis por cada uno de los hechos que yo desconocía. Pero todo quedaba en el aire como el humo de las chimeneas de las casas más pudientes.

Una vez escuché decir a Lestat que yo le recordaba a su madre. Me di cuenta entonces que él había sido humano, igual que lo fue Louis y su hermano, y por ende yo debí haberlo sido en algún momento. No lo recordaba. Todos mis recuerdos se habían borrado. Aquello provocó una profunda herida que nunca se cerró, sino que se abrió hasta convertirse en una grieta que acabó destrozándome.

Con el paso de los años me di cuenta que jamás sería adulta. Nunca envejecería, enfermaría o conocería el amor de un hombre tal y como una mujer desea sentirlo alguna vez. Me miraba al espejo y observaba a la niña de apenas unos seis años. Quería llorar y no me lo permitía porque mis lágrimas eran sanguinolentas y me horrorizaba. Por eso terminé odiándolos. Hubiese preferido morir a vivir un horror tan deleznable como ese.


Hoy zarpamos hacia París. Hemos recorrido el mundo Louis y yo. Lestat quedó atrás hace tiempo y ahora me queda dejarlo a él. Quiero abandonarlo nada más llegue a Francia, pero no sé cómo o cuándo. Matarlo es una posibilidad, pero prefiero que sufra en vida por todo el dolor miserable que me ha causado. 

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt