Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 24 de noviembre de 2013

Pasión sin medidas

¿No han tenido jamás la sensación que su vida se convierte en un enorme rompecabezas y faltan piezas? Siempre he intentado encontrar la pieza necesaria para seguir existiendo. Sin embargo, en los últimos tiempos la búsqueda se ha convertido en una misión suicida. Por ello, en las últimas semanas me había apartado de la vida monótona y común, viviendo persecuciones de película y visitando tan sólo el hogar para estar unas horas junto a ella.

Rowan no me había dicho nada en absoluto de mi extraño comportamiento, pues sabía que todos tenemos ciertos deseos de estar solos unas horas. Ella estaba cada vez más inmersa en nuevas inversiones en el Hospital Mayfair, el cual cada vez asistían a mayor número de pacientes subvencionados por fondos sociales gubernamentales y de diversas organizaciones sin ánimo de lucro.

Aquella noche estaba solo en un pequeño apartamento que había adquirido en uno de los barrios más seguros y céntricos de New Orleans. Rowan había decidido marcharse al hospital para arreglar ciertos asuntos y el resto se hallaba en la mansión, la cual seguía tan llena de vida como de costumbre. Me sentía inquieto y ciertamente molesto. A penas podía moverme de entre las suaves, blancas y cálidas sábanas que cubrían tan sólo mi cintura. Estaba desnudo y con el cabello alborotado, sin ánimos para salir al balcón y dar las buenas noches a una ciudad que tanto amaba, y extremadamente cansado.

Había dejado cerrada la ventana, pero no había cortinas ni persianas impidiendo la vista. Las luces se habían encendido impidiendo ver las estrellas. El letrero del hotel próximo creaba ciertos destellos de aurora boreal. La ciudad había despertado de nuevo en plena noche. Se escuchaban de fondo las sirenas de vehículos de policía o ambulancias, así como música de locales en toda la calle y las risas de unos jóvenes ebrios bajo el balcón. En mi apartamento todo era silencio salvo el murmullo por el roce de las sábanas, cuando me movía en la cama demasiado inquieto.

De improvisto varias imágenes se agolparon en mi mente torturándome. Desconocía porque me ocurría aquello desde hacía días y sobre todo el sentimientos de celos, frustración y necesidad que tan bien se avivaban en mí. Las imágenes eran como fotogramas de unos hechos insólitos. Me había dejado tratar como a un pobre infeliz en manos de un demonio poco usual. El sexo desenfrenado con Memnoch y mi forma de entregarme, casi extasiado, en cuerpo y alma había sido un error. Sin embargo, era un error que quería volver a repetir.

Percibí entonces como cierto sopor me adormecía. Era como si alguien me hubiese anestesiado. Mi cuerpo quedó entumecido y a penas podía abrir los párpados. Sentí cierto pánico, pero era imposible no dejarse guiar por la apetecible sensación de caer prisionero en el sueño. La punta de mis dedos, tanto de manos como pies, se adormecieron. Pude escuchar a la perfección abrirse el balcón y como el frío del otoño entraba en la habitación, pero también pude escuchar como se cerraba la puerta y nuevamente la manecilla del balcón.

Notaba como una presencia fuerte rondaba mi habitación y como sus ojos se clavaban en mi cuerpo desnudo bajo las sábanas, el mismo que quedó expuesto cuando tiró de ellas. Rogaba poder moverme, pues quería conocer al menos el rostro de mi agresor. Si bien, ni siquiera era capaz de mover una de mis pestañas. Aquello tenía que ver con un poder mental elevado que me petrificaba. Unas manos parcialmente ásperas y con largas uñas puntiagudas recorrieron mis piernas y pecho.

El ambiente se volvió denso y empecé a sentirme pegado al colchón, para luego, de forma súbita, recuperar la movilidad y poder contemplar los temibles ojos de Memnoch y su carismática sonrisa que parecía cargada de bondad. Sus labios algo gruesos, rosados y ligeramente húmedos parecían los de un santo y no los de un ser maldito, y egoísta, que me maltrataba en las últimas semanas con su rechazo.

Miré a mi alrededor y la situación había cambiado. Las paredes eran de papel pintado negro con elegantes filigranas, en un tono menos oscuro, que destacaban gracias a las sutiles velas que se hallaban encendidas, las cuales desprendían el aroma habitual a cera muy típico aún en las iglesias. El mobiliario era estilo XV en negro con forros granates, las cortinas eran del mismo color que el forro y la cama poseía una colcha negra, sábanas grises con un sutil bordado en M en color rojo. El dosel era una maravilla, tanto por la tela de raso negro como por los barandales. En el techo había una lámpara de tela de araña con pequeñas velas iluminando todo, la cual no tenía nada que envidiar a las actuales eléctrica y sí mucho que presumir.

Él se hallaba desnudo subido en la cama, colocado de rodillas y entre mis piernas abiertas. Sus manos acariciaban aún mi vientre y torso con aquellas manos similares a garras. Sus uñas arañaban mi cuerpo sin dejar mayores marcas que una suave rojez. Me incorporé con curiosidad y deseo, como si aquella terrorífica sensación me hubiese despertado un lado lujurioso que ni siquiera conocía.

Me abracé a Memnoch, mientras él tomaba una postura más cómoda, permitiendo que mi trasero rozara su miembro, el cual aún estaba dormido. Sin miedo alguno lamí sus labios con la punta de mi lengua y la introduje en su boca ansiando el contacto. Entonces, sin reticencia alguna, me tomó de las caderas instándome a moverme como si fuera una serpiente. Eran movimientos sutiles que provocaba que mi cuerpo serpenteara contra el suyo. De improvisto me tomó del cuello y me pegó al colchón con una mirada dominante que evitó que pudiese decir cualquier otra cosa.

-¿Vas a ser mi sumisa?-preguntó apretando sus dedos entorno a mi cuello. Sentía como aplastaba mi tráquea y me hundía contra el almohadón.

-Sí...-dije a duras penas- Sí mi amo.

-No permitiré lloros ni intentos de soborno. Si quieres ganarte de nuevo tu lugar tendrás que mostrarme que tan puta y sumisa puede llegar a ser el orgulloso y tozudo Lestat- se había inclinado sobre mí y sus labios rozaban el lóbulo de mi oreja derecha. Su aliento cálido me excitó del mismo modo que la rudeza de sus palabras.

Cuando liberó a mi garganta de la presión de su garra no pude contenerme y gemí. No comprendía porque tenía aquellas reacciones, tal vez el haber sido rechazado y humillado me hacía desear ofrecerle una amarga derrota a Nicolas. Memnoch pudo traicionarme traiéndolo de nuevo a la vida, acostándose con él en mi presencia y proferirlo sobre mí pero acabaría reconociendo que yo era su única obsesión.

-Muy bien puta-dijo con su boca muy cerca de la mía- Hoy te enseñaré como se debe hacer sentir a un hombre de verdad y no a nenitas como tú. Verás la diferencia que hay entre los dos y comprenderás que nunca vas a poder ver el sexo de igual modo que antes- me miró con algo de furia y deseo, lo cual me calentó, y al apartarse tan sólo unos centímetros noté una tremenda bofetada en mi rostro provocando que mi pómulo sangrara- Incluso vas a gemir cuando te pegue sólo porque sabrás que tras el dolor viene el placer.

Se movió de la cama hasta una cómoda muy elegante. Tenía unos hermosos pomos que parecían pequeños puños. Rebuscó en el cajón sacando varias cadenas, correas, cuerdas y una pequeña mordaza. Sonrió caminando de nuevo hacia mí ofreciéndome una ligera idea del dominio que tendría sobre mí.

-No son cadenas normales. Tampoco estás en un lugar normal. No podrás romper estas cadenas y estás siendo privado de tus poderes mentales gracias a mi fuerza. ¿A caso crees que te dejaría alguna solución si te echas atrás?-murmuró sentándose en la cama para agarrarme del pelo, tirando de mí como si fuera una pluma, y al fin colocarme la correa en el cuello, las diversas esposas que iban enganchadas a la correa por una cadena plateada y una cinta de cuero en mi miembro, el cual quedó apretado e incluso empezaba a molestarme nada más apartar sus manos.

Se incorporó quedando de pie frente a la cama y tiró de mi correa para que bajara. De inmediato obedecí su orden notando el suelo de mármol negro, tan frío como oscuro, bajo mis pies lechosos. Mis ojos violetas buscaron los suyos y entonces me asestó otro golpe. Ni siquiera me permitía mirarlo como acostumbraba y no era capaz de rechistar. Me sentía aturdido pero desesperado por comenzar.

Una vez en el suelo me arrodilló frente a él y alargó el brazo hacia un látigo negro, el cual parecía haber sido trenzado su mango a mano y tenía algunos detalles en metal. Eran de esos cortos, de siete colas, con pequeñas púas en sus extremos. No tenía que ser uno demasiado inteligente para saber que me golpearía con aquel artilugio, por ello agaché la cabeza y noté que su miembro empezaba a erectarse, quizás por cierta anticipación. Si bien, no pude recrearme con aquella visión, o imaginar su sabor, porque comenzó a llenarme de azotes tirando de la cadena. Gemía de dolor y placer al mismo tiempo mientras que él no emitía sonido alguno. Aquello era un duelo entre mis gritos y el murmullo del látigo contra mi piel. No permitía que pudiera curarme, pues rápidamente había un nuevo azote cubriendo mi cuerpo, y cuando se cansó hundió mi rostro en su entrepierna provocando que tragara todo su miembro desde el glande hasta sus testículos.

-Ahora mírame puta- dijo agarrándome del pelo con ambas manos- Mírame y óyeme bien- siseó- Esto es sólo el principio.

Mi vista se alzó hacia la suya y descubrí unos ojos dominantes que lejos de provocarme terror, como hubiese pasado tiempo atrás, me hicieron gemir ahogado. Mi cabeza se movía a un ritmo brusco y rápido, pero finalmente él me agarró del cráneo y empezó a penetrarme. Sus testículos chocaban contra mi mentón con una velocidad pasmosa y mis ojos se voltearon quedando en blanco por el placer. Deseaba correrme pero me era imposible y sentí que dolía. Sin embargo, quien logró correrse fue él hundiendo bien su miembro entre mis labios, dejando que el esperma bañara cada rincón y obligándome a tomarlo como si fuera una pócima sagrada.

Mi sudor y la sangre de mis heridas se mezclaban ofreciendo un aroma único a la sala, pues olía a sangre fresca como si hubiese tenido lugar un crimen. Miré de reojo mis cabellos y estaban rojizos, debido al contacto con mis fluidos. Él sin embargo estaba impoluto salvo por una pequeña mancha blanquecina en su miembro.

Pensé por unos segundos que me dejaría recobrar fuerzas, pero lo único que tuve fue un nuevo golpe en mi rostro mientras me tiraba a la cama. Allí tirado sentí su peso contra el mío y liberé en esos instantes un largo gemido. Mis ojos se cerraron pensando que al fin sería tocado y penetrado, pero obtuve más dolor. Él se apartó tomando una de las velas y echó la cera sobre mis endurecidos y sensibles pezones. Memnoch me estaba mostrando ciertamente otra forma de llegar al límite, sin embargo no sabía siquiera en esos momentos que podría ser peor.

Se marchó dejándome allí en la cama, para luego aparecer con un aparato cubierto por una especie de sábana oscura. Al descubrirlo, con un movimiento rápido, me mostró un potro de BSDM. Era tan sólo una pequeña superficie para colocar el cuerpo con unas esposas y cadenas a ambos lados. Tenía un pequeño hueco para meter el pene y poder estar más cómodo, aunque la comodidad en un aparato como ese no solía darse. Él no tuvo que ordenarme en absoluto que me aproximara, pues rápidamente lo hice y sin cuidado alguno me colocó en el artefacto, liberándome de las anteriores cadenas para imponerme las nuevas.

Desde aquella posición, con inclusive el cuello inmovilizado, no podía ver que tramaba. Sin embargo, pude sentir rápidamente un artilugio metálico y frío entrando por mi recto. Era un vibrador que rápidamente empezó a funcionar prácticamente a toda potencia. Empecé a gemir, aunque no podía mover mis caderas debido a las ataduras, y él me calló con la mordaza.

-No puedes gemir, puta. Sólo si yo quiero podrás demostrar cuanto te gusta todo lo que te estoy haciendo- musitó dejando caer de nuevo un poco de cera, pero ésta vez sobre mi espalda, e hizo ondear de nuevo el látigo para que impactara contra mi trasero.

Pasados casi cinco minutos de deliciosa tortura liberó mi miembro, el cual nada más sentirse libre eyaculó manchando el piso y el aparato. El vibrador se alejó de mi ano y él me penetró de una vez, de forma muy ruda y moviéndose violentamente. Podía percibir sus manos acariciando mi espalda, las cuales dejaban surcos por mis costados hacia mis caderas.

-Puta, eso eres. Una puta cualquiera que sólo querrá estar conmigo. Nadie, ni siquiera tu Rowan, podrán hacerte llegar a estos orgasmos tan deliciosos- decía entre gruñidos y jadeos.

Recuerdo que terminé corriéndome de nuevo y él me rellenó quedando más que satisfecho. Cuando salió fue hacia mi rostro, me quitó la mordaza y me introdujo el glande en le boca. Él deseaba que lo limpiara y eso hice. Con mi lengua limpié cada gotita de esperma que quedara en su sexo.

-Te amo- dije en un jadeo bajo mientras me agarraba del pelo y me hundía de nuevo su miembro en mi boca. Aquel pene era algo más grueso que el mío y se sentía delicioso entre mis nalga, pero también entre mis labios.

Creo que cuando estaba a punto de soltar mis cadenas me desvanecí. Sentí aquel sopor horrible que me trajo hasta él. Al despertar estaba en mi apartamento, tumbado en mi cama, pero lleno de cera y sangre como único recuerdo. No había sido una fantasía, sino algo real que me había dado un placer único.


Llevo dos noches encerrado en el apartamento aguardando el momento en el cual llegue. No soy capaz de marcharme por miedo a las consecuencias. Temo mirar a Rowan a los ojos y decirle que aún la amo pese a todo, engañar a todos como si nada hubiese ocurrido y también tengo miedo de encontrarlo frente a frente y no poder guardar las distancia frente a los demás.  

1 comentario:

Ga dijo...

Hola.
Tuve varios puntos altos con este fanfic. Iban más por Memnoch, Lestat se emparejó. Pero... Memnoch, se llevó mi noche. Siendo sincera, se me hacía mejor que Lestat estuviera más tiempo en la banca de espera sin embargo acá me hicieron cambiar un poquito de parecer. Fue fantástico.
Gracias.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt