Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Un momento que dejamos escapar.

Había perdido cualquier esperanza. Mis mejillas se hallaban teñidas de lágrimas sanguinolentas, las cuales centelleaban como si fueran carmín en los labios de una mujerzuela. Mis manos habían recorrido los muros de aquella ciudad con la esperanza de hallar al hombre de tan increíble sabiduría, un vampiro que podía ser la respuesta o la clave para desvelar el enigma. Sin embargo, me hallaba corriendo sobre unos adoquines mal colocados, el cabello revuelto y la ropa manchada. Aquel instrumento, tan maldito como Nicolas mismo, me recordaba que él no regresaría y que las noches de bohemia habían desaparecido en medio de la neblina. La luna se alzaba aún, pero ya estaba a punto de caer la noche y empezar a despuntar el día. Moriría abrasado, porque quizás era ese mi destino.

Me encontraba sin rumbo, sin esperanzas, sin el apoyo de mi madre y con las manos llenas de dolor y rabia. Gabrielle me había abandonado en medio de un Jardín Salvaje que parecía lleno de lobos hambrientos deseando arrancarme la piel y la carne a mordidas, esas que ya empezaba a sentir y no podía hacer nada. Inútil, destrozado y con nulo deseo de continuar decidí acabar con mi vida viendo directamente a los ojos a mi peor enemigo, y el de cualquier vampiro, que sin duda alguna era el sol. Mis pisadas eran firmes y rápidas para llegar a mi destino final.

Sin embargo, finalmente pensé en hundirme en la tierra y descansar. Allí me refugié dejando que los terrones de piedra cayeran sobre mí y el hambre avanzara. Esa tortura era mucho peor que el sol. Podía sentir como el apetito acudía a mí y poco a poco los recuerdos. Tal vez moriría allí, pero no lo hice debido a que alguien me sacó y habló.

-Bebe, joven mío, herido mío

Sin embargo, él me rescató. Al principio pensé que era sólo parte de la locura que se había instalado en mi alma, como si fuera un recuerdo de algo que nunca pasó, pero era real y me sostenía para llevarme a su lugar de descanso. Estaba tan confundido y herido que temía haber perdido todo, incluso mi juicio. La locura se estaba apoderando de mí, las sensaciones y emociones cada vez eran más intensas. No necesitaba que dijera su nombre, pues conocía su rostro y podía reconocer aquellos ojos llenos de sabiduría de los cuales me habían hablado. Sin embargo, era él.

-Marius...- dije para mí mismo, como si fuera una plegaria.

-Sí- respondió.

Caí en sus brazos como si fuera un inocente, satisfecho por la sangre que él me había ofrecido. Entre aquellos brazos no había dolor ni maldad, tampoco risas estruendosas mientras las tablas de un escenario crujen sin parar. No tenía que imaginar el destino cruel de Nicolas ni tampoco todo lo que había quedado atrás. Al despertar estaba a bordo de un barco. Me llegaba el ruido de las cuadernas, el olor del mar, la sangre de los tripulantes y el ritmo de los tambores. Era sin duda una galera, una de esas viejas embarcaciones. En aquel barco sentí una emoción incontenible, de igual modo que cuando subí por la empinada cuesta hacia la mansión. Allí tenía un lugar único.

El cabello de Marius ondeaba el viento dejando que pareciera paja al viento, sus labios masculinos, pese levemente carnosos, eran provocadores y parecían guardar cientos de secretos que se desnudarían frente a mí. La túnica era de seda y de un color rojo muy llamativo. Mis manos deseaban tocarla para apreciar su belleza y la calidad del terminado, pero simplemente seguí subiendo. Su mirada era pesada, serena y parecía confiar en mí. No tenía ni una arruga y su piel parecía nueva, como si hubiese sido regenerada. Me embargó una irresistible atracción hacia él, y la sensación de paz aumentó frente al deseo de conocimiento.

No hablamos durante el viaje y prácticamente no dijimos nada durante la ascensión. Sin embargo, una vez sentados cómodamente empezó a conversar conmigo de forma íntima. Había visto ligeramente la decoración de las diversas salas y me había sobrecogido las pinturas extremadamente realistas y detalladas, objetos varios, pesados volúmenes y ricas cortinas. Era envolvente el lugar, pues estaba lleno de una magia que provocaba asombro y seducción. Finalmente me dio un ataque de locura debido a las diversas emociones, completamente hundido en el juego de imaginar y ver, que terminé riendo a carcajadas. Terminé saliendo de la galería y me adentré en una biblioteca atestada de libros, manuscritos y una selección gigantesca de periódicos de todas las lenguas. En el centro de la sala había dos cómodos sillones. Allí fue cuando realmente empezamos a conversar.

-Dime, ¿qué sería más sencillo? ¿Explicarte porque te traje aquí o el motivo por el cual tú deseabas verme? Dime, ¿por dónde empezamos?-preguntó en perfecto francés.

-Deseo que hables tú primero-quería escuchar su voz reverberar por la sala, provocar ese efecto excitante en mí y hundirme en sus palabras como si fueran revelaciones cuasi divinas.

Escuché sus palabras, consejos y sobre todo su halago. También me explicó el motivo por el cual no había regresado junto a Armand. Yo era el elegido por él y no aquel ángel con corazón de piedra llenos de caprichos, dudas existenciales y rabia. Me sentí especial debido a ser tomado entre sus brazos, bebido de su sangre y ser encomendado a la misión de comprender toda la sabiduría que abarcaba. Siempre amé comprender el mundo.

Tuve miedo. Miedo de no poseer tiempo suficiente de poder saborear los libros, manuscritos, periódicos y documentación que su mansión poseía. Quería aprender de arte, música, literatura y bajarme en el placentero mundo de la contemplación. Al menos, deseaba hacerlo en esos momentos. Era como si al fin pudiera tener todo lo que siempre había querido con tan sólo estirar la mano. Por supuesto, deseaba sentir que las aventuras continuaban porque la travesía de seis meses desde Francia habían sido sin duda una auténtica locura.

En cierto momento aproximé el sillón al suyo y lo miré fascinado de la misma forma que él lo hacía conmigo. Deseaba preguntarle más sobre su forma de vida, las cosas que había comprendido o visto, pero él se aproximó a mí y tomó mis labios como si fueran suyos. No rechacé el contacto y simplemente abrí los labios, dejé que hundiera su lengua en mi boca y comencé a saborearlo.

Él se levantó del sillón, el cual estaba forrado en rojo como su ropa y poseía unos acabados dorados muy elegantes, para quedar arrodillado frente a mí mientras desabrochaba el pantalón. Mis manos fueron a los brazos del mueble y eché mi cabeza hacia atrás jadeando. El sólo roce de mi mano por mi entrepierna me electrocutó. Estiré mi brazo diestro y acaricié sus cabellos enredando mis dedos en ellos. El frío aliento de su boca cayó sobre mi miembro y pronto comencé a sentir las lamidas más eróticas y deliciosas que jamás me habían dado hasta aquella noche. Ni siquiera Nicolas o las mujeres de los prostíbulos lo hubieran hecho mejor.

Su lengua cubría mi sexo y apretaba suavemente toda su extensión. La punta de su lengua acabó jugando con mi glande y los labios apretaron el borde de éste. Mis gemidos bajos empezaron a golpear los altos muros y pronto eran tan altos que incluso me asombraba de mí mismo. Sin embargo, paró incorporándose mientras yo me encontraba sumido en un placentero frenesí. Sentía que todo mi cuerpo ardía y que la sangre que él me había ofrecido tenía un efecto colateral el mí.

Rápidamente me arrodillé frente a él, pues estaba levantándose cuando lo hice, y levanté su túnica observando que no tenía ropa interior alguna. Estaba sudoroso y excitado, como ni siquiera la sangre me había puesto aún en ese comprometido frenesí. Comencé a succionar su miembro, el cual se hallaba duro, y lo hice de forma frenética. Él gruñó pegando mi cabeza hacia él, dejando que entrara por completo su miembro como si de una daga se tratara. Me sentía un faquir engullendo lanzas, pero aquella tenía un sabor único.

-Así, aprendes rápido- dijo tirando de mis cabellos para terminar agarrándome del rostro y penetrarme bruscamente -Serás un excelente alumno.

Mis ojos azulados, pues por aquel entonces aún no tenían tonos violetas, se entrecerraron por el placer. La mano diestra fue hacia mi miembro y comencé a masturbarme mientras él tiraba de mi pelo. Me hacía desear ser obediente debido a su belleza y la fuerza de su mirada. Podía sentir como el mundo giraba a nuestro alrededor de una forma frenética y cuando sentí su esperma en mi boca temblé. No pude evitar no beber de él y seguir succionando hasta dejar su miembro limpio. Tal era la emoción del momento que nada más ver mi labor llegué manchando mis pantalones, mi mano y el suelo.


Deseaba seguir, pero él tenía más lecciones para mí. Sabía que si me quedaba a su lado disfrutaría de una nueva clase de sexo que hasta el momento no había deseado disfrutar. Sin embargo, no tomé la decisión apropiada y Akasha despertó, destrozó el último recuerdo de mi antiguo amante y me vio obligado a marcharme lejos de Marius. Recuerdo que deseé quedarme entre sus brazos, en aquel lugar lleno de pinturas increíbles y libros extraños, pero debía buscar mi lugar. Estar con Marius aquellas horas fue esclarecedor, pero sin duda me hizo replantearme la vida como un juego donde se aprende por segundos.  


Lestat de Lioncourt

1 comentario:

Ga dijo...

Holi~ otra vez.
Creo que en las últimas votaciones mi pareja elegida no ha salido con tiro ganador, pero sí que gano yo leyéndolos. No había comentado, me faltaba tiempo en la mañana y así. Continúo al pie porque ustedes también invierten tiempo y esfuerzos en esto. Me hace feliz leer algo de estos dos, había olvidado lo mucho que deseaba a Marius x Lestat.

Y esto se me pasó en el otro fanfic: ¡Julien! ¡Julien vuelve!... Bueno, no es que se haya ido, pero ustedes me entienden. Oh, sí. Grité de la emoción.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt