Durante mucho tiempo pensé que había
sido lo correcto, aún en día lo pienso. No hay día que no
discutamos. Siempre está deseando saltar sobre mí intentando quedar
por encima de mi orgullo y mi ego. Aún puedo recordar el único día
que no discutimos, pues ella escuchó atentamente mis indicaciones
para no seguirlas. Creo que fue entonces cuando comprendí a Marius,
aunque jamás se lo he dicho a éste.
Mona es demasiado fuerte y alocada. El
mundo no fue generoso con ella en vida salvo años antes de su
muerte, y aún así sufrió tanto que fue en vano tener tanto dinero
mientras se perdía la salud, esperanza y sueños. Era una chica
hermosa, con una mente increíblemente brillante y un talento natural
para aparentar candor cuando ya había desaparecido hacía muchos
años.
Tuvo que ver morir a su madre en un
hospital por un ser que robó la vida a tantas brujas de su familia.
Fue apartada de First Street, pero no sólo acabó durmiendo bajo su
techo sino que fue la heredera y pudo ver a Julien bailar frente a
ella. Era la elegida. Una bruja cuyas manos tuvieron seis dedos una
vez, pero fue operada pese a todo, y un cabello rojo como el fuego.
Aún así su fuerza no era comparable con la de Rowan, pues ella no
podía matar con la mente.
Hermosa, de agradables proporciones,
ojos intensos, labios llenos, pechos turgentes y lengua afilada.
Directa, sensual, placentera y elocuente llena de rabia y rencor por
aquellos que la defraudaron. Me pregunto si tanto la he defraudado yo
a ella. Pues, aunque me duelen sus actos aún la quiero. Quiero a esa
maldita desgraciada que me ha clavado de nuevo un puñal en el pecho.
La quiero porque es mi criatura, mi sangre, mi hija, mi preocupación
y una mujer que si llegas a conocerla comprenderás que tiene mil
rostros y formas de amar como odiar.
Mona no es simple, es un enigma en sí.
Lestat de Lioncourt
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