Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 23 de noviembre de 2013

Una extraña conversación

La noche no hacía más que comenzar y ya había discutido con Mona. La conversación había surgido de la nada y la calma se rompió de golpe. Ni siquiera recordaba el motivo por el cual habíamos iniciado la pelea, sólo comprendía mi enfado y mis ganas de alejarme de Blackwood Farm. Me sentía molesto y frustrado. Ella era una mujer explosiva con un carácter dominante que chocaba bruscamente con el mío como si fuéramos dos trenes sobre una misma vía. Jamás podría decir que no la amo, o que nunca la he amado, pero en esos momentos la detestaba.

Había acudido a conversar con Tarquin, pero no se encontraba y sólo estaba ella, en aquel pequeño cementerio. Las silenciosas tumbas fueron testigos de la discusión que habíamos tenido, las mismas que me miraban impertérritas con sus nombres y fechas. Me había subido al viejo árbol recordando los últimos momentos de Merrick, las llamas consumiendo su piel y dejando que su hermoso rostro de caoba se perdiera.

Mona se había dirigido a la vivienda quedando en el salón, quizás observando el viejo cuadro de Virginia Lee, mientras que mi trasero se congelaba en medio de un otoño frío. Me resguardaba en mi chaqueta de cuero, mientras mis cabellos rubios ondeaban en la suave brisa helada que rondaba el lugar, y mis manos las dejaba en los bolsillos de mis pantalones tejanos deslavados. Parecía un joven arrogante con una banda de rock con nombre estrambótico.

Las luces de un vehículo aparecieron por el camino que daba acceso a la vivienda. Por unos segundos parte de la fachada de la fastuosa mansión se iluminó. Era Tarquin. Él había llegado para llenar de regalos a su hijo, su tío Tommy, Nash y todos aquellos que aún apreciaba en su falsa vida mortal. Aguardé sobre el árbol hasta poder observar su perfil desde la lejanía. Su aspecto era el de un caballero con exquisitos modales que se movía por la escena de una gran representación. Sin duda alguna éramos muy distintos.

“Necesito hablar contigo. Es urgente.”

Mi mensaje llegó alto y claro, pues pude observar como se giraba hacia mi posición y caminaba por el sendero hasta donde me hallaba. Allí, en medio de la oscuridad, podía distinguirse fácilmente mi cabello rubio y mi tez clara. Los ojos azules de Tarquin brillaban como los de un gato y sus rizos negros marcaban su rostro con cierto aire de arrogancia. Era un ser extraño e interesante, pero demasiado bobo debido a la inocencia que poseía en ocasiones.

-¿Qué deseas?-preguntó de forma cortés-¿Has vuelto a pelearte con Mona?-dijo acomodándose contra el tronco del árbol que me sostenía.

-Sí, pero no es eso-respondí bajando de un salto.

El césped estaba crecido y rozaba mis botas hasta casi los tobillos. Mi chaqueta me protegía a duras penas del frío y tenía hambre. A penas había cazado días atrás, aunque ya era sólo un ritual para satisfacer la necesidad de jugar con mis víctimas. Mi hermanito parecía taimado, con las mejillas sonrojadas, los labios rosados y desprendía cierto calor.

-¿Qué es?-dijo quedando con su rostro inclinado hacia el mío-¿Te alimentaste mal?

-No, no me he alimentado hoy. Creo que por eso me afecta el frío-comenté con una leve sonrisa- Te preocupas demasiado. Puedo estar días sin ingerir ni una gota de sangre, pues prefiero perseguir y jugar antes que clavar los colmillos-puse mis manos sobre sus hombros estrechos y sonreí- Con esa ropa pareces todo un caballerito, pero sin embargo te hace ver muy delgado.

-Soy delgado-respondió- ¿Para qué me hiciste llamar?

-Deseo pasar la noche contigo. Hace algunos días que necesito conversar a solas.

Deseaba conversar con Quinn como en aquellas noches en las cuales conocí a su encantadora tía Queen. Él era un buen amigo, como un hermanito pequeño al cual cuidar y dar consejo. Mona estaba empezando a desesperarme aún más. Me sentía hundido por haber tenido que dejar a Rowan porque no era el momento, y aunque esperaba que eso sucediera no tenía todas las cartas conmigo. La compañía de mi hermanito era lo único que podría darme cierta esperanza. Él había pasado por varios tragos duros, los cuales le habían dañado y aún así parecía fuerte. En ese aspecto me recordaba a mí y por ello necesitaba verme reflejado en su mirada.

-Tendría que volver con mi familia. Estoy deseando contemplar a Jerome jugando con el enorme peluche que he conseguido para él. Sin embargo, sé que no puedo ser egoísta y necesitas mi apoyo como tú me lo diste a mí- guardó silencio mirándome a los ojos con cierta intensidad y sonrió- ¿Es por Rowan?

-Sí-respondí metiendo mis manos en los bolsillos mientras me giraba hacia las lápidas.

Allí había más de una decena de cadáveres. En aquel pequeño cementerio cerca de la vivienda se hacinaban sueños, condenaban huesos a transformarse en pasado y se olvidaba incluso que alguna vez pertenecieron a éste mundo. Posiblemente, de no haber sido transformado, haría más de doscientos años que mis huesos reposarían en una fosa como las que tenía frente a mí.

-Lestat-dijo tocando mi hombro izquierdo con su cálida mano- Podemos ir a otro lugar.

-No, no es necesario- respondí sentándome a los pies del árbol.

Las ramas eran tan retorcidas como las raíces que surgían de la tierra. Aquel árbol centenario, el cual a penas tenía vida, se mostraba como el recuerdo a un lejano pasado que siempre asecharía la finca. Tarquin tomó asiento a mi lado pasando su brazo derecho sobre mis hombros para estrecharme. No supe en ese momento que ocurrió, pero sé que nos quedamos en silencio observándonos minuciosamente.

Louis ya no significaba nada en mi vida salvo un amor que malogró el tiempo, Rowan había quedado atrás siguiendo con un matrimonio infeliz y en mi futuro sólo veía sombras similares a las que sentí en el limbo. Él tenía a Mona, Nash y a mí mismo. Sentí cierta añoranza con respecto a los inmortales que tanto había amado y aún amaba, los deseaba tener cerca pues el golpe de mi última aventura había sido fatal.

Me sorprendí al notar los cálidos labios de mi hermanito sobre los míos. Su boca se hundió con la mía acariciando suavemente con su lengua. El aliento de Quinn se mezclaba con el mío mientras mis manos comenzaban a despojando su ropa. Él se apartó temblando ante la posibilidad que se estaba brindado frente a sus narices.

-Mona nos puede ver-dijo mientras lo recostaba sobre la hierba.

El zumbido de algunos insectos era mucho más audible a ras de suelo, podía escuchar como algunos reptaban por la corteza del árbol pero también como la respiración, algo que prácticamente era un mero reflejo para nosotros, se agitaba en Quinn. Estaba alterado, pero fue aún peor cuando desabroché el botón de su pantalón y bajé su cremallera. Sus ojos de intenso color azul se cerraron dejando escapar un sensual gemido de entre sus labios.

-Al diablo Mona- murmuré hundiéndome en su largo cuello, lamiéndolo, para luego mirarle a los ojos con sus párpados caídos y bajar hasta su pecho, vientre plano y muslos mientras él sus piernas se abrían, ofreciéndome de ese modo una visión mucho más atractiva y apetitosa de su entrepierna.

Sabía que yo era el hombre que él deseaba ser con cientos de aventuras a su espalda, sin embargo yo deseaba poseer su cuerpo de apariencia frágil y deleitarme con el sabor de su piel. Desabroché toda su ropa y ésta prácticamente quedó destrozada a los pies del árbol. Mis manos acariciaban su vientre mientras me incorporaba. Rápidamente, con un par de movimientos sencillos, bajé mis pantalones y ropa interior. Mi miembro estaba parcialmente dispuesto mostrándose frente a él, esperando que lo succionara.

Rápidamente se aproximó a mí lamiendo mi glande con cierta torpeza. Supe entonces que era la primera vez para él y que debía ser algo considerado; sin embargo, no podía controlar mis instintos. Comencé a masturbarme mientras él pasaba su lengua sobre el inicio de mi pene, sus labios rozaron el final del glande y pronto se llevó parte de éste a la boca. Tenía una mirada intensa como las de cualquiera de las zorras que alguna vez acabaron en mi cama. Parecía completamente decidido a ser mi pupilo en este delicioso aspecto sexual.

-¿Quieres ser mi putita esta noche?-pregunté acariciando sus labios con la punta de mis dedos- Dime ¿quieres ser mi putita?-repetí tomándolo de la nuca para hundirlo a mi entrepierna.

Sus ojos se voltearon quedándose con éstos en blanco mientras sentía como me endurecía. Mi miembro empezaba a palpitar sobre su húmeda lengua y a rozar su campanilla con la punta de ésta. Llegaba a la garganta con facilidad y sabía que no me lo perdonaría, pues había hecho un acto cruel y desmedido.

-Sólo relaja- dije tirando de su pelo para que echara la cabeza hacia atrás.

Provoqué tres duras arremetidas dentro de sus labios, forzándolo a obedecer completamente fascinado, mientras le miraba a los ojos y sentía que comenzaba a olvidar el dolor que cubría mi pecho. Era algo momentáneo, pero al menos serviría para alejarme de mi mala fortuna por unos instantes. Golpeé su rostro con mi miembro y volví a hundirlo con movimientos rápidos. Su sexo se había endurecido y sus testículos tenían marcadas algunas pequeñas venas.

Tiré a mi hermanito al suelo de un buen golpe, abrí sus nalgas y entré. Él gritaba de dolor, pero rápidamente empezó a gemir. Sus manos palpaban la hierba y enterraba sus uñas en la tierra húmeda por las pasadas lluvias. Cada estocada le sacaba un corto gemido mientras que yo tan sólo jadeaba concentrado. La lujuria desatada que ambos sentíamos merecía la pena. Mis manos azotaron sus nalgas, arañaron su espalda y me incliné mordiendo sus hombros.

Con rapidez lo giré en el suelo dejando que sus manos arrancaran algo de hierba. Tenía el pelo cubriéndole parcialmente el rostro como una erótica cascada de ondulas negras, encajando sus mejillas en éstas asemejándose a las cortinas de un telón, y sus labios estaban rojos. Tiré de él elevando sus piernas por encima de mis hombros, dejándolas allí descansar, para penetrarlo de nuevo. Su interior era algo estrecho pero cálido, tanto que se sentía tan cálido como su boca.

-Lestat- balbuceó- Lestat dame más, quiero más- llevó sus manos a mis mejillas y echó hacia atrás la cabeza- Lestat, por favor.

Dejó caer sus brazos a ambos lados debido al ritmo, pues necesitaba aferrarse a algo y la tierra era lo más firme. Besé su cuello nuevamente mientras él buscaba mis labios. Estaba desesperado por besarme, pero yo no lo permitía en un juego cruel para incitarle. En aquella ocasión le acerqué mi boca y me atrapó.

Fue un beso profundo y sincero, en el cual dejamos que nuestros cuerpo se encajaran perfectamente. Levantó entonces sus brazos, pasó mis brazos por sus hombros y me agarró. Podía sentir sus delicados y finos dedos acariciando la nuca y tirando de mis cabellos. Si bien, me alcé y le agarré del cuello mirándolo con fiereza. Él abrió su boca mirándome sin ver, pues tenía la visión nublada por la fuerza que ejercía y el placer que sentía. El movimiento de mi pelvis se volvió extremadamente duro y él no lo soportó. Llegó al orgasmo final eyaculando, pero yo no lo hice y lo incorporé para manchar su rostro con mi esperma. Me masturbé frente a su cara de hermosos ojos azules y lo arrojé al suelo.

-Deberías vestirte porque tu familia te estará esperando- murmuré subiéndome el pantalón- Pero me gustaría que vinieras conmigo a despejarnos. Quizás en el Santuario estaríamos cómodos.

-No, tienes razón-dijo incorporándose a duras penas- Pero de momento pienso quedarme aquí, para descansar. A solas, por favor.


Me encogí de hombros sin comprender porque querría estar solo, aunque suponía que simplemente deseaba digerir el momento que habíamos compartido. Decidí abandonar el lugar intentando no levantar sospechas de sus familiares a pesar que Mona nos había visto perfectamente.  

3 comentarios:

Unknown dijo...

Eres un maldito idiota, ojala Rowan te deje.

Lestat_De_Lioncourt dijo...

¡Hasta crees! Yo soy fiel a Rowan

Ga dijo...

¡Hola de nuevo!
Gracias por continuar cumpliendo nuestros cuasicaprichos, por llamarlo de algún modo. xD Me siento casi culpable porque también tienen responsabilidades... pero se me olvida rápido, cada vez que leo su trabajo, porque siempre los espero con ansias.
Apreciando su trabajo. Gracias.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt