La noche no hacía más que comenzar y
ya había discutido con Mona. La conversación había surgido de la
nada y la calma se rompió de golpe. Ni siquiera recordaba el motivo
por el cual habíamos iniciado la pelea, sólo comprendía mi enfado
y mis ganas de alejarme de Blackwood Farm. Me sentía molesto y
frustrado. Ella era una mujer explosiva con un carácter dominante
que chocaba bruscamente con el mío como si fuéramos dos trenes
sobre una misma vía. Jamás podría decir que no la amo, o que nunca
la he amado, pero en esos momentos la detestaba.
Había acudido a conversar con Tarquin,
pero no se encontraba y sólo estaba ella, en aquel pequeño
cementerio. Las silenciosas tumbas fueron testigos de la discusión
que habíamos tenido, las mismas que me miraban impertérritas con
sus nombres y fechas. Me había subido al viejo árbol recordando los
últimos momentos de Merrick, las llamas consumiendo su piel y
dejando que su hermoso rostro de caoba se perdiera.
Mona se había dirigido a la vivienda
quedando en el salón, quizás observando el viejo cuadro de Virginia
Lee, mientras que mi trasero se congelaba en medio de un otoño frío.
Me resguardaba en mi chaqueta de cuero, mientras mis cabellos rubios
ondeaban en la suave brisa helada que rondaba el lugar, y mis manos
las dejaba en los bolsillos de mis pantalones tejanos deslavados.
Parecía un joven arrogante con una banda de rock con nombre
estrambótico.
Las luces de un vehículo aparecieron
por el camino que daba acceso a la vivienda. Por unos segundos parte
de la fachada de la fastuosa mansión se iluminó. Era Tarquin. Él
había llegado para llenar de regalos a su hijo, su tío Tommy, Nash
y todos aquellos que aún apreciaba en su falsa vida mortal. Aguardé
sobre el árbol hasta poder observar su perfil desde la lejanía. Su
aspecto era el de un caballero con exquisitos modales que se movía
por la escena de una gran representación. Sin duda alguna éramos
muy distintos.
“Necesito hablar contigo. Es
urgente.”
Mi mensaje llegó alto y claro, pues
pude observar como se giraba hacia mi posición y caminaba por el
sendero hasta donde me hallaba. Allí, en medio de la oscuridad,
podía distinguirse fácilmente mi cabello rubio y mi tez clara. Los
ojos azules de Tarquin brillaban como los de un gato y sus rizos
negros marcaban su rostro con cierto aire de arrogancia. Era un ser
extraño e interesante, pero demasiado bobo debido a la inocencia que
poseía en ocasiones.
-¿Qué deseas?-preguntó de forma
cortés-¿Has vuelto a pelearte con Mona?-dijo acomodándose contra
el tronco del árbol que me sostenía.
-Sí, pero no es eso-respondí bajando
de un salto.
El césped estaba crecido y rozaba mis
botas hasta casi los tobillos. Mi chaqueta me protegía a duras penas
del frío y tenía hambre. A penas había cazado días atrás, aunque
ya era sólo un ritual para satisfacer la necesidad de jugar con mis
víctimas. Mi hermanito parecía taimado, con las mejillas
sonrojadas, los labios rosados y desprendía cierto calor.
-¿Qué es?-dijo quedando con su rostro
inclinado hacia el mío-¿Te alimentaste mal?
-No, no me he alimentado hoy. Creo que
por eso me afecta el frío-comenté con una leve sonrisa- Te
preocupas demasiado. Puedo estar días sin ingerir ni una gota de
sangre, pues prefiero perseguir y jugar antes que clavar los
colmillos-puse mis manos sobre sus hombros estrechos y sonreí- Con
esa ropa pareces todo un caballerito, pero sin embargo te hace ver
muy delgado.
-Soy delgado-respondió- ¿Para qué me
hiciste llamar?
-Deseo pasar la noche contigo. Hace
algunos días que necesito conversar a solas.
Deseaba conversar con Quinn como en
aquellas noches en las cuales conocí a su encantadora tía Queen. Él
era un buen amigo, como un hermanito pequeño al cual cuidar y dar
consejo. Mona estaba empezando a desesperarme aún más. Me sentía
hundido por haber tenido que dejar a Rowan porque no era el momento,
y aunque esperaba que eso sucediera no tenía todas las cartas
conmigo. La compañía de mi hermanito era lo único que podría
darme cierta esperanza. Él había pasado por varios tragos duros,
los cuales le habían dañado y aún así parecía fuerte. En ese
aspecto me recordaba a mí y por ello necesitaba verme reflejado en
su mirada.
-Tendría que volver con mi familia.
Estoy deseando contemplar a Jerome jugando con el enorme peluche que
he conseguido para él. Sin embargo, sé que no puedo ser egoísta y
necesitas mi apoyo como tú me lo diste a mí- guardó silencio
mirándome a los ojos con cierta intensidad y sonrió- ¿Es por
Rowan?
-Sí-respondí metiendo mis manos en
los bolsillos mientras me giraba hacia las lápidas.
Allí había más de una decena de
cadáveres. En aquel pequeño cementerio cerca de la vivienda se
hacinaban sueños, condenaban huesos a transformarse en pasado y se
olvidaba incluso que alguna vez pertenecieron a éste mundo.
Posiblemente, de no haber sido transformado, haría más de
doscientos años que mis huesos reposarían en una fosa como las que
tenía frente a mí.
-Lestat-dijo tocando mi hombro
izquierdo con su cálida mano- Podemos ir a otro lugar.
-No, no es necesario- respondí
sentándome a los pies del árbol.
Las ramas eran tan retorcidas como las
raíces que surgían de la tierra. Aquel árbol centenario, el cual a
penas tenía vida, se mostraba como el recuerdo a un lejano pasado
que siempre asecharía la finca. Tarquin tomó asiento a mi lado
pasando su brazo derecho sobre mis hombros para estrecharme. No supe
en ese momento que ocurrió, pero sé que nos quedamos en silencio
observándonos minuciosamente.
Louis ya no significaba nada en mi vida
salvo un amor que malogró el tiempo, Rowan había quedado atrás
siguiendo con un matrimonio infeliz y en mi futuro sólo veía
sombras similares a las que sentí en el limbo. Él tenía a Mona,
Nash y a mí mismo. Sentí cierta añoranza con respecto a los
inmortales que tanto había amado y aún amaba, los deseaba tener
cerca pues el golpe de mi última aventura había sido fatal.
Me sorprendí al notar los cálidos
labios de mi hermanito sobre los míos. Su boca se hundió con la mía
acariciando suavemente con su lengua. El aliento de Quinn se mezclaba
con el mío mientras mis manos comenzaban a despojando su ropa. Él
se apartó temblando ante la posibilidad que se estaba brindado
frente a sus narices.
-Mona nos puede ver-dijo mientras lo
recostaba sobre la hierba.
El zumbido de algunos insectos era
mucho más audible a ras de suelo, podía escuchar como algunos
reptaban por la corteza del árbol pero también como la respiración,
algo que prácticamente era un mero reflejo para nosotros, se agitaba
en Quinn. Estaba alterado, pero fue aún peor cuando desabroché el
botón de su pantalón y bajé su cremallera. Sus ojos de intenso
color azul se cerraron dejando escapar un sensual gemido de entre sus
labios.
-Al diablo Mona- murmuré hundiéndome
en su largo cuello, lamiéndolo, para luego mirarle a los ojos con
sus párpados caídos y bajar hasta su pecho, vientre plano y muslos
mientras él sus piernas se abrían, ofreciéndome de ese modo una
visión mucho más atractiva y apetitosa de su entrepierna.
Sabía que yo era el hombre que él
deseaba ser con cientos de aventuras a su espalda, sin embargo yo
deseaba poseer su cuerpo de apariencia frágil y deleitarme con el
sabor de su piel. Desabroché toda su ropa y ésta prácticamente
quedó destrozada a los pies del árbol. Mis manos acariciaban su
vientre mientras me incorporaba. Rápidamente, con un par de
movimientos sencillos, bajé mis pantalones y ropa interior. Mi
miembro estaba parcialmente dispuesto mostrándose frente a él,
esperando que lo succionara.
Rápidamente se aproximó a mí
lamiendo mi glande con cierta torpeza. Supe entonces que era la
primera vez para él y que debía ser algo considerado; sin embargo,
no podía controlar mis instintos. Comencé a masturbarme mientras él
pasaba su lengua sobre el inicio de mi pene, sus labios rozaron el
final del glande y pronto se llevó parte de éste a la boca. Tenía
una mirada intensa como las de cualquiera de las zorras que alguna
vez acabaron en mi cama. Parecía completamente decidido a ser mi
pupilo en este delicioso aspecto sexual.
-¿Quieres ser mi putita esta
noche?-pregunté acariciando sus labios con la punta de mis dedos-
Dime ¿quieres ser mi putita?-repetí tomándolo de la nuca para
hundirlo a mi entrepierna.
Sus ojos se voltearon quedándose con
éstos en blanco mientras sentía como me endurecía. Mi miembro
empezaba a palpitar sobre su húmeda lengua y a rozar su campanilla
con la punta de ésta. Llegaba a la garganta con facilidad y sabía
que no me lo perdonaría, pues había hecho un acto cruel y
desmedido.
-Sólo relaja- dije tirando de su pelo
para que echara la cabeza hacia atrás.
Provoqué tres duras arremetidas dentro
de sus labios, forzándolo a obedecer completamente fascinado,
mientras le miraba a los ojos y sentía que comenzaba a olvidar el
dolor que cubría mi pecho. Era algo momentáneo, pero al menos
serviría para alejarme de mi mala fortuna por unos instantes. Golpeé
su rostro con mi miembro y volví a hundirlo con movimientos rápidos.
Su sexo se había endurecido y sus testículos tenían marcadas
algunas pequeñas venas.
Tiré a mi hermanito al suelo de un
buen golpe, abrí sus nalgas y entré. Él gritaba de dolor, pero
rápidamente empezó a gemir. Sus manos palpaban la hierba y
enterraba sus uñas en la tierra húmeda por las pasadas lluvias.
Cada estocada le sacaba un corto gemido mientras que yo tan sólo
jadeaba concentrado. La lujuria desatada que ambos sentíamos merecía
la pena. Mis manos azotaron sus nalgas, arañaron su espalda y me
incliné mordiendo sus hombros.
Con rapidez lo giré en el suelo
dejando que sus manos arrancaran algo de hierba. Tenía el pelo
cubriéndole parcialmente el rostro como una erótica cascada de
ondulas negras, encajando sus mejillas en éstas asemejándose a las
cortinas de un telón, y sus labios estaban rojos. Tiré de él
elevando sus piernas por encima de mis hombros, dejándolas allí
descansar, para penetrarlo de nuevo. Su interior era algo estrecho
pero cálido, tanto que se sentía tan cálido como su boca.
-Lestat- balbuceó- Lestat dame más,
quiero más- llevó sus manos a mis mejillas y echó hacia atrás la
cabeza- Lestat, por favor.
Dejó caer sus brazos a ambos lados
debido al ritmo, pues necesitaba aferrarse a algo y la tierra era lo
más firme. Besé su cuello nuevamente mientras él buscaba mis
labios. Estaba desesperado por besarme, pero yo no lo permitía en un
juego cruel para incitarle. En aquella ocasión le acerqué mi boca y
me atrapó.
Fue un beso profundo y sincero, en el
cual dejamos que nuestros cuerpo se encajaran perfectamente. Levantó
entonces sus brazos, pasó mis brazos por sus hombros y me agarró.
Podía sentir sus delicados y finos dedos acariciando la nuca y
tirando de mis cabellos. Si bien, me alcé y le agarré del cuello
mirándolo con fiereza. Él abrió su boca mirándome sin ver, pues
tenía la visión nublada por la fuerza que ejercía y el placer que
sentía. El movimiento de mi pelvis se volvió extremadamente duro y
él no lo soportó. Llegó al orgasmo final eyaculando, pero yo no lo
hice y lo incorporé para manchar su rostro con mi esperma. Me
masturbé frente a su cara de hermosos ojos azules y lo arrojé al
suelo.
-Deberías vestirte porque tu familia
te estará esperando- murmuré subiéndome el pantalón- Pero me
gustaría que vinieras conmigo a despejarnos. Quizás en el Santuario
estaríamos cómodos.
-No, tienes razón-dijo incorporándose
a duras penas- Pero de momento pienso quedarme aquí, para descansar.
A solas, por favor.
Me encogí de hombros sin comprender
porque querría estar solo, aunque suponía que simplemente deseaba
digerir el momento que habíamos compartido. Decidí abandonar el
lugar intentando no levantar sospechas de sus familiares a pesar que
Mona nos había visto perfectamente.
3 comentarios:
Eres un maldito idiota, ojala Rowan te deje.
¡Hasta crees! Yo soy fiel a Rowan
¡Hola de nuevo!
Gracias por continuar cumpliendo nuestros cuasicaprichos, por llamarlo de algún modo. xD Me siento casi culpable porque también tienen responsabilidades... pero se me olvida rápido, cada vez que leo su trabajo, porque siempre los espero con ansias.
Apreciando su trabajo. Gracias.
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