Bonsoir mes amis
Os dejo un texto de Armand dedicado a sus sentimientos más profundos.
Lestat de Lioncourt.
Un hueco en el mundo
Como si fuera un ángel de piedra que
toma conciencia de si mismo, encontrándose con los brazos clamando
al cielo y el rostro cubierto por pesadas lágrimas que recorren sus
mejillas, igual que ellos me encontraba. Mis alas habían sido
amputadas, por muy negras y espesas que fuesen, y en mis espaldas
tenía cientos de recuerdos que me aplastaban contra el frío
invernal que siempre acompañaría a mis frágiles huesos. Desperté
en medio de la oscuridad con miles de imágenes sin sonido más allá
de las oraciones de los monjes. Vivir con un vacío en el corazón y
mil latigazos en el alma no es sencillo, por ello hundo mis dedos en
la sangre que tanto alimenta mi cuerpo de frío mármol moldeado por
los siglos. Igual que un ángel, con el mismo concepto de piedad y
con la espada desenvainada para poder clavarla en el enemigo, sea
cual sea, con la rabia de un niño perdido.
En realidad, mi lugar en éste mundo no
existe. No hay un sitio donde pueda perderme y decir que he regresado
al hogar. El mundo es un laberinto lleno de enigmas y frases en las
cuales citan mi belleza, crueldad e inteligencia. Sin embargo, puedo
ser estrechado con el amor puro de mis dos pupilos. Y aún así, pese
a todo, no quiero quedarme allí entre los mares de afecto y palabras
dulces que llenan mi mundo de una satisfacción banal.
Mi último refugio, en el cual me hallo
recordando viejos momentos en los cuales fui atormentado y besado con
mesura, son los fuertes y robustos brazos de Santino. Él regresó de
entre los muertos para ofrecerme su compañía, su mirada profunda y
oscura, el aroma de sus prendas y besos apasionados. Sin embargo, sé
que simplemente terminaré huyendo como siempre para perderme en la
ventisca, escuchar de nuevo los cascos de los caballos y terminar
rezando a un Dios que parece prescindir de mí y de mi amor hacia él.
La guerra ya se terminó entre el dolor
y el placer, pero los viejos sueños siguen ardiendo en mi interior.
Si sigo vivo es por el instinto de curiosidad que parece no querer
aplacarse y porque aún tengo fuerzas para continuar. No puedo
cambiar, aunque el mundo me ha moldeado a su modo. El amor que tuve
de Marius, aunque ya desconozco si fue sólo una ilusión, la rabia y
odio de Nicolas, el sufrimiento de las llamas, los secretos de
Santino, la piedad de Lestat ante mis actos y mi venganza hacia los
suyos, la frialdad de Gabrielle y la bondad en los ojos de Sybelle y
Benji. No es mi final, pero en ocasiones desearía encontrar un hueco
en el cual volver a nacer.
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